El rey de Castilla. (6).

La homilía del presidente resultó muy aleccionadora.

Felipe dormitaba muy a gusto en los mítines, porque había adquirido la habilidad de soñar con los ojos abiertos, y esa expresión estúpida que tan bien caracteriza a los Borbones.

 

-Es hereditario. La tenía ya Luis XIV, y al pobre del XVI le costó el pellejo. Ya sabes, ese perfil con el labio en Babia, que reconoció un sádico liberto.

 

La libertad. Sí. Era el secreto. Cuando le llevaron a ver la ludoteca para Leonor, lo comprendió perfectamente. Con la lucidez que hasta ese momento sólo había visto en Leti, pero ella era harina de otro costal, tan perfecta…En ese espacio jugaba a ser hombre, más bien hombrecito, porque ya estaba harto de la estatura, que le hacía tropezar en los dinteles y en los arcos, hechos a la medida de pigmeos.

 

En aquel momento el presidente era aclamado por sus huestes. No, por la feligresía, ateos de salón, agnósticos de cenáculo, tertulianos preceptores de la ignara sociedad. Todo eso, y más, le enseñó su preceptor, el primero, cuando aún regoldaba el Caudillo, y las leyes fundamentales aún no habían sido copiadas a lo bajini por la progresía.

 

Leti lo resumía da buten.

 

-La democracia, querido, es la religión del XXI. Bueno –decía, rectificándose en un dulce gesto conciliador- desde finales del XVIII, cuando a tus tío-abuelos les cortaron la cabeza. ¡Una concesión a la galería!

 

A Felipe le parecía que era ya mucha concesión. Pero viendo cómo el fanatismo de los partidos y el liderazgo de sacristía era un formulario ex cátedra, pues tenía que admitirlo y dar la razón otra vez a la dama de hierro. Flaquita pero molona, y a prueba de óxido.

 

Sí. La democracia era un gran invento. Sobre todo en esos ratillos en los que los demás iban a cazar osos y él ponía un DVD bien elegido y apenumbraba la salita. Almendras y gin-tonic, el paraíso.

 

¡Y encima los Sindicatos tan adictos al Régimen! Demasiada tranquilidad, quizás. No nos merecemos este sueñecito. ¿O sí?

 

-¡Un pesimista feliz! ¡Cosa de plebeyos!

 

Bueno, todo ha cambiado. El buen gusto, la moda, circunstancias. Esto es también una circunstancia, o quizás una caja de muñecas chinas.

 

-Japonesas.

 

 

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