El rey de Castilla.(1. El jardín de las delicias).

EL JARDÍN DE LAS DELICIAS

 

Existir, ex-sistir como le gustaba disgregar a Unamuno, que no podía con sus dos vicios, la papiroflexia -pajaritas de papel- y la etimología. Estar fuera de sí, loco. Pero de necio nada. Unas cajas japonesas, coloreadas como el maquillaje del bukido, paréntesis, como los nacimientos y las exploraciones al Amazonas. Este es un libro de circunstancias. Como la Biblia y El Quijote, o sea de comentarios sobre la vida, que es en sí un comentario vete a saber de quién. Un periodista que se olvidó de parar su artículo. Los artículos, las columnas no terminan, se paran para dejar pasar a los otros, los del cruce. No es necesario que te lo comas.

 

La monarquía democrática es ya una democracia burófoga. Lo ha dictado un vistazo por la ventana. Nada serio: nubes y falta de pedagogía. Tampoco orden ni meta, ni expertos en Goya o El Bosco o comentarista sabios -¡qué horror!- de Bacon o de Proust, tan aburrido. Harry Potter y La isla del tesoro ya están escritas, al menos un poco. Ni límites, esa obsesión de los psicólogos y de las madres con hijos crecederos. Los otros ya les imponen los suyos, en revancha. Sociólogos patólogos enólogos.

Y el tributo a los políticos, que llevan siglos como Luzbel Y Dios motivando al personal sin ninguna garantía e incumpliendo casi siempre. Chapeau! Y a los banqueros, los magos, ilusionistas, trafulleros y circunspectos estafadores. ¡Más chapeau!

 

La gente real sufre y disfruta. Discute y duerme. Se aguanta y no te aguanta. Sobre todo al fisco, al jefe, al partenaire, a la lluvia. La gente se repele y se junta, por el olor, y esa es la razón de que nuestro Club esté en el zoológico, la comedia humana, la jungla del asfalto, la noche, la otra de cristal o de cemento, las convenciones de los Partidos, los encuentros en la tercera fase del estadio Bernabéu, cuando en el Metro el vecino huele, o al amanecer te miran como si olieses, y es que hiedes, aunque lo peor es cuando ves que se te apartan, porque las arrugas de la frente, o la preocupación y la culpa, como dice la guapa Vallvey, tienen un olor mohoso que espanta de tu lado.

 

En el Club citamos a los seres felices, no a los sabios, porque eso nunca coincide. A los místicos también, porque mola, sobre todo por las paradojas: si es para vivir tan poco, de qué sirve saber tanto, que le decía Inés a los otros, Tomás y cia., supongo. Nosotros ignoramos de qué va esto que hacemos, porque estamos un poco pallá, un gramo de locura. Una cada día, como el taco de los santos del corazón de Jesús, que cuenta el chiste: ¿La jaula de los monos? ¡Si no sabes volver, no te escapes! Allí, en la jaula de Maqui pudo comenzar la evolución.

 

-¿Jardín? ¿Eso es lo de Virgilio y El Paraíso?

 

Bueno… ¡Podría ser una idea!… Que nos guíe alguien aunque sea pagano…

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