Príncipe de Asturias del deporte.

No tengo dinero, ni amigos ni esperanza. Soy el hombre más feliz del mundo. A Miller, en sus Trópicos, no le hacía maldita la falta eso de los honores, y Borges lo declara igual en uno de sus versillos, dedicado a Spinoza: No le turba la fama, ese reflejo de sueños en el sueño de otro espejo… Además, ¿qué hay más importante que el fútbol? Los grandes Mou Y Guardi -en el diario de un chimpancé, de este blog, el guardián del zoo se llama así, pero es casualidad- dan plantón a Leti, y un poco menos a Felipe, que se hace cargo y ya quisiera que a él no le mandaran tanto. ¿Qué esperábamos, si el portugués está escocido con el argentino y el dictador de los cuartos, porque no le han dejado ir a su terruño a recibir parabienes? Le pagan poco. Y el otro, el triplete, mira lo de Asturias como los de Bilbo miran Cantabria, para comprar barato. Y encima, él ni es seleccionador ni nada, con lo que vale, que sale en los escorzos del Sabadell como si al fotógrafo se le hubiera quemado el negativo.

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