Regreso al futuro. Cuentos. Laura en el país de los asombros. 133

REGRESO AL FUTURO

 

Luzbel había ganado. Tenía el LIBRO, tenía el SHIVA… y tenía a Alex y a Anita. El rescate del diverti había sido un señuelo, una trampa para incautos. ¡Se habían confiado! Albert-Belial y su gemelo Belfegor, pero sobre todo la falsa NELY, eran demasiado astutos. Quedaba LILIANTH. Su fracaso en el intento de apoderarse del mando del infierno, y la debilidad que sentía por el arcángel, podrían convertirse en un punto de apoyo. ¡Nada mejor para combatir a un enemigo poderoso que su antiguo aliado! Las rencillas de los amigos son las peores. ¡Que se lo cuenten a las potestades y a los inferi, antes parte del mismo ejército del cielo!

 

Laura buscaba con ese afán que da la esperanza un nuevo sortilegio. Luzbel los había destruido… O eso parecía. Don Matías estaba muerto, o eso parecía también. Alfonso seguía tocado, el rayo negro estuvo a punto de matarle, pero su espíritu aguantó y el hilo de la vida comenzó a fluir, como un arroyo que está a punto de secarse y las últimas gotas de una pequeña nube le alimentan.

 

-¿Pero dónde estaba los ángeles?

 

Se lo repetía una y otra vez. ¿Por qué lo habían permitido? ¿Para eso tanto esfuerzo? Ya sabían que nada está garantizado… Pero, si uno hace lo que está en su mano, y aún más… y no elige el camino que ya le traza la obligación o la necesidad… o esa fuerza imbatible que es el destino… Si su albedrío está tan limitado como lo está la respiración, que sólo puede tomar el aire de que dispone, allá donde se encuentre… ¿a qué o a quién culpar… no es la palabra, pensó, pero ninguna otra se le ocurría… de ese fracaso? ¿O es que aún no había terminado?

 

De repente lo supo: ¡claro que no había terminado! ¡Quedaba ella! Algún día, sí, acabaría. También ella… Pero aún no.

 

Cerró el Libro. También los ojos. Durante unos segundos le hablaron los duendecillos de las luces, esos que aparecen cuando se pasa de la claridad a lo oscuro, y que flotan en el aire sólo cuando las demás cosas desparecen.

 

Enseguida vio el mapa. Y los nombres. Y la ruta… Todo estaba allí. Le faltaba la mano de Yovi, la sonrisa del Hada, el valor de Nika… ¿O no?

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