Mineros vivos: la asunción de los treinta y tres.

¡El mar, el mar! Gritó así el vigía de los diez mil de la Anábasis. Habían regresado, y allí estaba su premio. Zalata, zalata! Se nos cruzan los cables sólo de pensarlo y memorarlo. El más pequeño de ellos es ya un héroe, pero quien ha logrado -seguro que existe el líder- cohesionarlos y mantenerlos intactos es un caudillo. Bueno, no se me ocurre otro nombre mejor así que admito réplica. No habrá más iniciático viaje que este al Hades y de allí al Olimpo. El Ave Fénix, esta vez, no resurge de sus cenizas sino de su propia vida, el aliento de un moái de Rapa Nui.

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