Luzbel, Belial, Belfegor y el catálogo. Cuentos. Laura en el país de los asombros. 132).

EL CASO ES QUE DESPUÉS DE CONTARLE LAS TRES HISTORIAS

 

A LA VEZ, según se recoge en estas memorias de lo que aconteció a Laura y sus hermanos … Bueno, es broma, así hablaban antes, algunos incluso ahora, en esos libros tan extraordinarios, y lo digo para que no creáis que éste quiere copiarlos, porque para eso hace falta mucho, mucho talento…. Pues bueno, el caso es que después de patatín y patatán, Débora se durmió, con sus tres cabezas a la vez, la esfinge, o la mujer, que sonreía y tenía un hilillo de baba, la del león, que rugía como si roncara o roncaba como si rugiese, y la del caballo, que se quedó a medio relincho, así que los niños rescataron al diverti y le regalaron el CATÁLOGO DE SERES DEL PAÍS DE LOS ASOMBROS, que también figura en este texto, aunque no sé si servirá como guía o sólo para despistarse entre tanto nombrecito, como dice Ana.

 

Luzbel se estaba cansando de delegar, porque queriendo imitarle y ser más malos cada vez, metían la pata a espuertas. Y es que los malos no dan una cuando se pasan, como los políticos haciendo alegatos mitineros o los bancos pidiendo garantías y no dando ninguna.

 

-Tráemelos. No los quiero en mi guerra. -Sonrió con la nueva dentadura white kiss- . Pero sí en mi paz. ¡Es lo mismo, pero nadie lo sabe!

 

-¡Qué agudo eres, Milord! Un día vas a pincharte.

 

Nadie rió el chiste. BelBel, la pareja maligna, ya había volado hacia el abismo del séptimo sello, que era el atajo para alcanzar a los elegidos. Un agujero de gusano en el continuo espacio-tiempo del País de los asombros.

 

Y entonces algo les detuvo. ¿Lo sabía el boss? A ella no pareció importarle ese detalle. Usaba un detector de rayos negros, que podía detener cualquier forma de energía. Como parar una explosión con una bomba. ¿A quién se le podía ocurrir esa barbaridad?

 

-¡La trilliza! Luzbel tuvo dos hermanos y no sólo un gemelo. Ella conservó la esencia del poder, el control sobre los actos delegados, ya que el directo no es posible; sólo corresponde al Creador.

 

Belial y Belfegor la miraban con la misma expresión de los tigres cuando el domador les echa el lazo, y no pueden recorrer esa distancia exigua que les separa, a tiro de zarpa y…un poco más.

 

-Bien, chicos, se acabó. Este lugar es mío. ¿Habéis oído hablar de Odiseo? Un señor muy atrevido que viajaba, pasó por muchas dificultades y al final llegó a tiempo… ¿Queréis ser como él? Bueno, pues nada de eso. Lo del trago malo se termina aquí, un par de correctivos, y de vuelta, como los de las multas.

 

-No te atreverás, somos los emisarios del Grande.

 

-Emisarios…. Grande… ¿Pero esto qué es? ¡Menudo lenguaje! Mirad… Luzbel no es el bicho ese fantasmón de Harry Potter. No. Es un pedazo de demonio, de los de verdad. Pero conmigo no puede. Y si queréis pasar por aquí, o sea, si queréis un atajo para la conquista, eso conlleva un peaje.

 

-Habla con él.

 

-Ya lo estoy haciendo.

 

LILIANTH alzó la mano, y en el aire se dibujó el salón de Luzbel, que les miraba como si estuviera ante ellos.

 

-Eh, voilá! -dijo. Ella asintio.

 

-Mientras te ojeas el ombligo, ellos avanzan.

 

Se oyó un trueno. Pero no: era un cañonazo. Los campos estaban llenos de humo. Las fogatas de los vivacs, los restos de la pólvora, el trasiego de las multitudes de soldados calzando la bayoneta, un mar de sangre. Sobre los campos de Austerliz, la sombra de Luzbel. Enseguida, una sucesión de batallas, los trescientos, exterminados por Jerjes, Hiroshima, en cuyo cielo el Satán de los infiernos establecía su paradoja.

 

Un oficial de caballería, manchado el uniforme de sangre y de barro, desmontó al cruzar un puente desvencijado sobre el último afluente del Elba. La ciudad estaba aún lejos, pero el hombre se detuvo en una granja que parecía abandonada. Ese es el efecto de las guerras; se detiene la vida, cuando se vive, por muy lejos que esté la batalla, porque la muerte no se para nunca.

 

Pero…¿qué hacían allí? Porque eran ellos, los cuatro, sentados en una banqueta de la sala, los peques jugando con un niño algo mayor que Alejandro… ¿Era un holograma atemporal? ¿Una grabación superpuesta?

 

-Es el juego del tiempo -dijo Lilianth. Están ahí, en este momento. Como vosotros. Hay una conjunción temporal, ellos han viajado hacia el pasado y pueden hacerlo, podrán hacerlo hacia el futuro… y desbaratarnos los planes, cazurros, si no espabilamos… ¡Ese es el peaje! ¡Yo dirigiré la operación acoso y derribo a esos mequetrefes!

 

-Esos… mequetrefes… -BeBel habló al unísono, como un dúo concertado- están protegidos… ¿No lo sabías? Tienen la fuerza, los siete grados del ángel, la sombra del Creador… -rebuznó- Y no me obligues a mencionar alguno de sus nombres… ¡Aunque están por todas partes!

 

-Eso se llama panteísmo, imbécil. ¡Una trampa vulgar de los diletantes!

Como sucede con la ambigüedad y ese falso equilibrio que llaman eclecticismo, cuando no saben profundizar, o simplemente cuando no saben, presumen de sencillez, o hacen como si todo diera lo mismo. ¡Pues no es así! -Señaló levemente, con rapidez, un punto hacia arriba, donde la bóveda se abría y una luz cenital filtraba la noche-. ¡También…Él… prefirió la guerra al perdón… También, al hacerse hombre, pecó, y esas zarandajas de la doble naturaleza no le sirvieron para nada: metió la pata. ¿Sabéis por qué? Porque sus cachorros… Ya veis -les amenazó con el índice, mientras sonreía. ‘Beautiful smile’, pensó Belial-. Temeros es de guasa, mis leones. Un poco más y el rugido del dragón sonará como el balido de la oveja. ¡Ese miedo ha llegado hasta aquí! Si no lo combatís, si no os oponéis al mismísimo Luzbel, aunque sea de vez en cuando… pues vais a convertiros en parlamentarios españoles, que sólo hablan cuando el jefe del Partido les dice que aprieten el botón. ‘Botón de los votos’.. Tiene gracia.

 

-Mira Lili -empezó a hablar Belfegor-…

 

-¡Calla, estúpido! ¡Y no me llames así! Me recuerdas otros tiempos, en los que la eternidad parecía sincera, no una bola de pelo engañosa en la garganta… Esto es mucho peor. Un tiempo indefinido, una sucesión de instantes infinitos… Y una remota posibilidad de regresar, venciendo.

 

Los niños se despedían. El oficial estaba abrazando a su hijo, pero era otro: un recién nacido. Cuando recibió el aviso pensó que jamás podría conocerle. No se explicaba qué había podido suceder, cómo un instinto o un mensaje diferente le había llevado sano y salvo a su casa, después de la batalla, sólo pensando en ellos. Los pequeños ángeles de la misericordia, así iba a invocarles a partir de entonces. ¿Dónde estaban?

 

Lilianth abrió los brazos, como lo oradores ante el atril.

 

-Así es como sucede. Esos discontinuos en el tiempo hacen que los testigos crean haber recibido la visita de espíritus, de santos… de demonios… Y les atribuyen poderes, virtudes, cosas así, y luego cualquier alteración en su vida la achacan a esa visita, a esos poderes. Pensadlo: si hay mucho que atribuir a los llamados santos, ¿no habrá otro tanto para los demonios? Si hay milagros…para el bien… ¿no los habrá para el mal? Si hay acontecimientos extraordinarios y maravillosos, en esas Arcadias felices… ¿no es lo mismo para las guerras y la continua destrucción de la bondad y del equilibrio? Los humanos son estúpidos, fáciles de manipular: no tenéis más que ver cómo se comportan y cómo les engañan sus representantes, las instituciones que veneran… ¡Son una especie de esclavos! Cuando vino el Hijo pensamos que la cosa se acababa, con ese ejemplo de concordia y generosidad… Pero tuvo el efecto contrario. No sólo le mataron: le escarnecieron, sepultaron sus ideas junto con su cuerpo, y si uno resurgió, las otras desde luego se pudrieron rápidamente. ¿No predicaba el amor? ¡Pues echad un ojito a los cristianos y al resto! ¿No hablaba del perdón? ¡Toma castaña! ¿Y del desprendimiento, de la pobreza, esos detalles del espíritu? ¡Pues su Iglesia, sus representantes y sus afiliados son en general codiciosos, mezquinos, ricos y materialistas! Como todos. Los que se salvan huyen, se refugian en la paz de la miseria… ¡Porque es imposible organizarse sin medios, amigos míos! El Gran Padre duerme, recostado en sus galaxias, y desde que le falló ese memo de Adán no quiere saber nada de los otros. ¡Sólo de vez en cuando, en la agenda de sus potestades, aparece este rollo de los elegidos, los iniciados, esas farfullas! -Y nos toca intervenir activamente.

 

-Luzbel es el líder. Nadie puede discutirlo. Ni siquiera tú.

 

-Vale, vale… Pero es que se ha vuelto un poco…blandito… Con eso de que quiere la conquista, no la fuerza. ¡Quiere que le quieran! ¡Si no fuera inmortal pensaría que se está haciendo viejo!

Belial se removió en el asiento.

 

-Es su inteligencia. Ha evolucionado. Creo que ellos -señaló el holograma, nítido como la realidad- tiene la culpa.

 

-Una flor pequeña para Buda -susurró Lilianth- Algo muy peligroso…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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