Cotilleo.

Azorín descubrió el cine ya mayorcito, y yo he descubierto, algo menos talludo, las revistas del corazón. ¡Qué hallazgo! Ximenez de Sandoval escribió una secuela de las Crónicas del ojo de buey, por no remontarnos a Aristófanes, y me divertí muchísimo en la primera juventud -voy por la tercera, creo- hasta que algún pedante me arrebató la ilusión diciendo que eran cutrerías. Ahora tengo mi personalidad casi definida, sobre todo cuando duermo, y adoro las lecturas del hígado. Lo de la tele, que he visto a ráfagas, es otra cosa. Indigesta nada más consumirla, como el botillo admirado por el Gran Comunicador, dios de las ondas, el serio y perfecto grandullón del Olmo. Cada cual que se alimente de lo que guste, pero que no me quiten el Hoy Corazón.

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