Cuentos. (Laura en el país de los asombros). 128

-¡La evolución! -LUZBEL, que había aparecido como por ensalmo, golpeó el aire con sus brazos- Un truco de ilusionista.. El ser ha existido siempre. Él -señaló un lugar indefinido en el cielo- lo guardaba, como una parte de sí. ¡Vaya tontería! Poder hacer algo… perfecto y estropearlo con un jueguecito de albedrío… Otra farsa. -Suspiró. De sus ojos surgía una neblina dorada-. Todo es eterno, y eso nos hace al tiempo serenos e inquietos, porque cambia nuestra forma y no podemos reconocernos…Sólo en nuestra estirpe. -Alzó la voz, que sonaba ya como un trueno-. ¡Mi linaje, eso es lo que me hará inmortal!

-Pero… dejarías de ser tú mismo. ¿No querías la inmortalidad?

Luzbel abrió aún más los ojos. Dio otros golpes en el aire, como si el espacio sostuviera su ira.

-¡Esa es la inmortalidad! Une futesse! ¿Acaso no tiene Él un Hijo?

Laura reflexionó. Se le agolpaban las ideas, como si estuviese consultando una fuente de datos, conexiones que se intercambiaban y enriquecían su pensamiento.

-El cuerpo místico, compartir el ser.

-El mito del gran organismo, la vieja Gala… El único origen. Sí… Bueno para diletantes. Pero yo Le conozco. Él me engendró, también nos tenía en su infinitud desde siempre; y sin embargo me creó… No. La única forma de emularle es esa. Engendrar.

-Eso lo hace cualquiera -Laura se sonrojó al hablar.

Luzbel meneó la cabeza.

-¡Cómo te equivocas! Los humanos yerran cuando hablan. Necesitan… cómo lo decís…Un herbor. -Se encogió de hombros. La toga púrpura, pesada como un manto de viaje, chasqueó-. No estoy hablando de ese vulgar acto que tanto os conmueve -Se detuvo. La miró-. Os conmoverá, o puede conmoveros cuando llega… No… Yo hablo de ‘dar el ser’, mover la vida, contar cada molécula, sentirla. Y eso no es propio del hombre, claro. El hombre se limita a ser un animal manipulado. Una especie de híbrido ruidoso.

-¡Estamos hechos a imagen y semejanza de Dios!

Luzbel se echó a reír.

-¡Vaya empanada os metió el Maestro! ¿Y por eso le crucificaron? ¡Buen sosias hizo su Padre!

-Tenemos… Intuiciones comunes. Adivinamos.

-¡Imagináis! Ya sabes: adivinar es imaginar con justeza. -Rió- Pero creo que me contradigo.

-Eso hace el hombre. Por algo es tan inmenso.

-Tan inmensamente torpe, mi pequeña. Sí. Pero, ¿qué hacemos aquí, filosofando? Vende ya tu alma. No importa el precio. Al final será igualmente mía. Como la de todos.

-La de todos no.

Luzbel rezongó.

-La excepción confirma la regla. Pero el plan del Creador, en ciertos aspectos, es tan vulgar, tan… previsible… tan cómodo.

-Te refieres a la religión. Bueno, las religiones.

-Me refiero a la fe. Es agradable, con solera, de buen tono. ¡Hasta los excépticos presumen de ella ‘a sensu contrario’! Creer es preferible a mirar la vida con incertidumbre. ‘A nadie le gusta por mucho que presuman los seudo-ateos!

-Alguien dijo que era el opio del pueblo.

-Pseudoendorfinas… -Luzbel asintió- tal vez. Un inteligente mecanismo…con distintos efectos secundarios. No los comunes, claro.

-Tu inteligencia no puede nada frene a mi percepción. ¡Es como la sombra en una pared! ¿Te recuerda a algo?

BELIAL rechinó los dientes.

-¡Esa maldita fe! ¡El arma del poder!

-Eso hace que no os temamos. Al contrario. ¡Nos hace más fuertes saber que no podéis dominarnos!

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