Archive for 29 octubre 2010

Catedral (otra), Funus, Ordo, Cisne. (Micro-relatos).

29 octubre 2010

 

 

CATEDRAL

Cuando se encendieron las luces M. la vio. El coro con las enormes sedes de roble encendidas de ocaso la encerraban, un dibujo ocre en los ojos de agua. Y sonaron los primeros compases de la pavana.

 

 

 

FUNUS

Había un funeral de gente sencilla, cuyas muertes cantaban en silencio los poetas oscuros; otro de próceres y adláteres, corte de bufones que como zorros se acercaban olisqueando ventajas al alto triclinio. M. prefirió el último, más clase. Pero el órgano sopló en el otro, porque quiso. ‘Spiritus ubi vul spirat’, recordó. Y el retablo era aún más dorado, como el tinte de las damas esquinadas, como los cálices sin vino, sangre de Dios. M. aún tuvo tiempo; llegó justo al repicar de las campanas.

 

 

 

ORDO

El prócer augusto le miraba desde una distante soberbia. “¿Tú aquí?”, parecía indicar el gesto, altivo como un Ovidio prepontum. M. balbució. “¿Que qué he hecho? Pues varios hijos, trabajar, comenzar siempre. Un actor del repertorio”. “¿Y los talentos?” Algo le sonaba a M. de viejos escritos, tal vez normas incumplidas, dejaciones de oro. “¿Talentos? Creo que tengo pocos”. Pedro guiñó un ojillo y con el brazo ejecutor le ordenaba colarse un montón de puestos. El otro se indignó. “Yo he triunfado, fui artista, describí los mundos, me enriquecieron generaciones de ociosos…”. El guardián de los muertos mantuvo su alegato. “No has aprendido nada”, dijo, y tensó el arco porque Ulises dormitaba en el jardín.

 

 

 

CISNE

Las galeradas recién corregidas olían a tinta de ámbar, y M. sintió el vacío de siempre al entregarlas. “El salario del miedo”, dijo cuando el emisario le dio la moneda de oro, una corona inglesa de 1600.

 

 

 

Cultura. (Micro-relatos).

29 octubre 2010

 

CULTURA

M. alzó la voz, inútilmente. El fárrago de normas ocultaba el derecho, y cuando esa certeza se le impuso, recordó su debut ante un auditorio de comic. Padres de alumnos disciplinados por la Congregación de los Hermanos de la Pía Orden, en las butacas del Coliseo. Miró a los bastidores, la puerta-refugio de su seguridad. “Es que no me escuchan”, casi lloraba dirigiéndose al Prior. El Maestro de Confusiones gesticulaba como un lacayo, preocupado por el qué dirán. M. se irguió en su metro veinte y sacó el micro de sus casillas. “Señoras y señores, si ustedes gritan y hablan yo no voy a recitar”. Porque había sido electo para el bombazo infantil, trasladar los ripios del florista de turno a las masas. El decano asustado indagó en los cánones ocultos cómo un niño de nueve años manejaba aquel rebaño de postpacem. Lleno de envidia decidió que nunca más obtendría el privilegio de representar a los pastores y se deslizó como una sombra de camuflaje hacia las ocultas dimensiones del local. M. recitaba como un pavo navideño, y los ecos de la rima volaban entre los sudores de las primeras filas. El patio de butacas callaba, y un conserje gris se restregaba los ojos, soñando con su niño alumno; entretanto el general y el ministro debatían. M. les miró y callaron porque M. era el hijo alumno modelo, vástago de todos in pectore, como una prolongación cursi de las vanidades. El derecho está oculto como un diamante bajo el barro de las normas, dijo o pensó.

Ex-ceptio. (micro-relato).

29 octubre 2010

EX-CEPTIO

“El mundo se reduce a lo que yo no hago”, se dijo M. observando. Y es que mirar alrededor en el sentido circular que condicionaban sus ojos metálicos –esferas de poliedros en una geometría de agua- delataba minúsculos y molestos universos en los que era, y peor aún, se sentía un bicho raro. Los demás bichos aparentaban ser tan raros como él, pero no era así en realidad, porque se comportaban y conducían siguiendo unas pautas que les hacían acordes y normales. “Quiero ser vulgar y monótono y que no se me vean los élitros debajo de estos párpados azules”. Las palabras eran también un mar sin algas, o un mar todo de algas, en el que la confusión tenía el aspecto de la normalidad, porque todo lo invadía y dominaba. Lo único propio de M., y esa propiedad le era también ajena, como el don fatal de un amigo griego, era la tristeza. Al saludarla cada día iba construyendo una relación sólida, que muy pocas venturas eran capaces de modificar. Entre el pesimismo de su historia y la fantasía que el miedo de vivir traslada al paisaje de cada cuarto de baño, M. optaba por la siesta. En ella, los sueños conscientes y electos habitaban su paladar, y por fin se sentía unido a la normalidad de las cosas. Incluso las sonrisas y las manos de los semejantes y semejantas se le antojaban algo más que una presa de plástico que sus dientes de acero no podían triturar, o carnes de horca maloliente. Hasta los vulgares conceptos del sexo o el yantar formaban parte de su vida. Entonces gritaba y lloraba y reía, todo al tiempo, para aprovechar al máximo la caricia de esas pestañas o el tacto de un viento que le llamaba.

 

 

 

 

 

Equilibrio.

29 octubre 2010

El equilibrio es como las manchas de la luna,

ahí están, cada cual las ve de una manera,

y ellas también te observan curiosas.

Si la energía hace que nos movamos,

y el equilibrio que estemos quietos, entonces

aquí pasa algo raro, o no, según lo veas,

manchas en la luna.

¡Telescopio, como me acercas

a la verdad! ¿Verdad? ¿Y si yo te dijera…?

Bueno, mejor me callo, porque seguramente ya está todo dicho.

Seguramente no es la certeza,

la duda se parece más al equilibrio,

así que… ¿Entonces?

Aquí pasa algo raro…

Manchas en la luna.

En la terracita de ‘El anciano rey de los vinos’

Luis Aguilé -no, Luis no es el anciano rey de los vinos, era un alegre poeta sencillo

que se tomaba una Perrier mientras la tarde miraba su corbata con asombro,

una niña siempre- descansaba tras el recital de Palacio.

Fin.

Y vuelta a empezar. Manchas en la luna.

¡No son manchas! ¿Acaso quieres engañarme?

¡Pues claro! De eso trata la vida.

 

Qué difícil es saber si se hace poesía leyendo a los críticos.

29 octubre 2010

De lo visual a lo moral,

de lo instantáneo a lo ético

voy avanzando, sigo la estela del crítico de Kikí, la griega,

en El Cultural, y de pronto me tropiezo,

avergonzado miro hacia abajo, y ¡oh coloquio perdido antes de comenzar!

no veo ninguna excusa

entre mis piernas.

Entonces me alegro como un cachorro que ve aparecer de lejos a su amo,

un niño, claro,

o niña políticamente gramaticada…¡misterio de la desigualdad

con que nacen y mueren los conceptos del ser!

me alegro, digo, porque en mí no se ha fijado el crítico

y su crónica es para otro, aunque sea el mismo. (Los poetas

toman el pelo, incluso el que no se cae, a quienes degluten sus palabras

para hacer cuscús

y las colocan en el menú francés de Le petit bristó,

al lado de un florero vacío).

Pero ya nada será lo mismo, ni siquiera

las delgadas huellas de gaviota que dejó Neruda en su playita

para que se enamoraran de él las jovencitas, ta, ta, ta, así que

le pedí al sueño que volviera

y me abrazase.

 

El rey de Castilla. (12). Escenas familiares.

28 octubre 2010

-¡Que no, Leti, que por ahí no paso!

Y es casi mi última palabra.

 

Sofía, la vastaguilla segunda, miraba con expresión de muñeca congelada a su padre. Filipo I de Castilla, muñidor de nuevas dinastías, se rascaba el occipucio calvete, mientras la soberana, en jarras, le dirigía un vistazo de ‘connaisseuse’.

 

-Pues te vas a fastidiar, me temo, porque esta vez va en serio.

 

-No me pondré eso, y a este paso no te aseguro si iré al baile. Ya sabes que a mi me va la salsa, y no el minué.

 

-Para salsas estamos, querido. No sólo has perdido el reino, digo el otro, el bueno, sino que te crees aún jovencito y en forma, como tu padre. Padres como ese no hay más que uno, gañán.

 

Filipo tomó de su cajita de rapé un lexatín doble, tipo benzosúper, y esperó unos segundos. Cuando la bioquímica recuperó su estabilidad, se sentó en el alféizar del ventanón y abrió la gaceta. Pedro J., después de la expropiación de su Monda, que había copiado tan bien del Habanés añadiéndole el XXI en pequeñito, dirigía el Diario Oficial, y se regodeaba en las pruebas de imprenta, que iban todas por ordláser, un invento español.

 

-Bueno, pero la golilla un poco crema, que el blanco me destaca mucho los poros, y estoy atascado de espinillamen.

 

Leti, que había engordado un quintal después del parto doble, el de los mellizos burlones, sonrió. Siempre había ganado por K.O. en los combates familiares. ‘Muy flojos estos bombones’, decía, como en la letra de su amigo el juglar rojo, tan publicano como Armenio Ortega, tan comunista y distribuidor como el matrimonio de Victontino y Jezabel.

 

La cosa esta vez era el gran baile de gala de primavera, al que asistirían todos, es decir, los que importaban, los de siempre, y además los neoaristos, o sea el Conde DuraCarot, de Barselona y Visorrey Rovirosa, de Valencia, el gran Botifarra balear, jefe del sindicato de taxis, o sea barón Urnd and Tassis, descendiente de la Éboli, Borja Cordera Tristen, baronet de Recoletos, Sir Botines de Cantabria, en fin, hasta Don García de Villagarcía, príncipe regente de Galiza, y por supuesto el bueno de Nuño, sobrino de Patacero I, el gran oso leonés.

 

-Una ensalada campera, diría mi abuelo. No sé qué vino le iría a ese condumio.

 

-Pues un Albariño de cosecha, bobón. –Leti se calzaba el verdugado aunque ya casi no lo necesitaba al natural, y probaba el contraste de colores-. Así volveremos al blanco, que ya estoy de Riberas hasta el moño.

 

-¡Mamá, no seas ordinaria! –ELinor entró en el saloncito vestida de Langoste, después de su partidillo de tentequash con Froinlancito-. Desde luego, que a estas alturas no cuides tus modales… En fin –dejó caer la raqueta lánguidamente en la alfombra de Fernández, producto de la gran fábrica española, reducida a un sótano en el Alcázar-. No se pueden pedir peras al olmo.

 

-¡Niña, no seas impertinente! –Leti miraba a Filipo, pero éste se encontraba absorto en un puzzle de, al menos, diez piezas-. ¡Y tu padre sin decir nada! ¡Con lo que nos queríamos!

 

Entro Gustavito, el mayordomo.

 

-Señora, su té de las cinco.

 

ELinor se echó a reír.

 

-¡Ay, mami! ¡Con lo rico que está el chocolate!

 

-Calla niña o te castigo.

 

-¡Papi!

 

Leonor corrió a los brazos de Felipe, derribándole al llegar a su altura, porque la niña ya media más de un metro ochenta y estaba gordita. Era monísima, y desde el suelo aún tuvo el buen humor suficiente para cantar aquello:

 

En tu fiesta me colé…

 

Felipe se sacudió un par de piezas, que representaban dos figuras de almanaque de camionero, sus preferidos.

 

-Ya estamos otra vez… –Recriminó Leti– Voy a tener que inspeccionar de nuevo los armarios.

 

-Nada, es que lo he encontrado por casualidad, y ni me había fijado.

 

La tele daba ya el parte de las ocho. Salieron los Milá, claro.

 

“Y la fecha para el Apocalipsis se ha fijado en el…..

 

Sofía hizo una pedorreta justo a tiempo.

 

-¡Vaya! No nos hemos enterado… ¿Y ahora qué hacemos? Porque no se lo vamos a preguntar al jefe de la Casa…Pensará que somos unos ignorantes.

 

-Siempre preocupada por el qué dirán, Leti, querida… Ya deberías estar acostumbrada a hacer lo que te venga en gana, mujer.

 

-Y lo hago, lo hago… Pero guardando un pelín las apariencias, como decía mi suegra.

 

-¿La reina decía eso?

 

-No, hombre, la otra, la del primero.

 

-No me gusta que hables de esas cosas.

 

-¡Y de qué vamos a hablar, si contigo no hay conversación!

 

-Mi padre dice que es lo peor. No tener con quien hablar.

 

-¿Seguro?

 

-¿Que es mi padre?

 

-No, no, si eso… Digo el verbo, lo de hablar… ¿No querría decir…?

 

-¡Calla, hombre! Es que no se te va el pelo de la dehesa…

 

La tele seguí su curso, o sea con la ‘guía comercial’.

 

‘Marina de Oro, su paraíso definitivo’

 

-¡Hay que tener mal gusto! Después del Apocalipsis, el descanso eterno…

 

 

 

 

 

En la corte del rey de Castilla. (11). DURACAROT.

28 octubre 2010

-Date prisa, Yusep, que llegamos tarde a la recepció.

 

Así sonaba, má o meno, a los tiernos oídos de Amadea, la nurse de los cipayitos del baranda, la admonición de su consorte. El Conde de Barselona, DuraCarot I de L’Ampurdá, jugaba con el nuevo concurso de la tele autonómica secreta, la emisora andorrana que emitía desde la sede de Radio Libertad, propiedad de la heredera del imperio Romasa. Era fascinante. Se trata de asaltar la Moncloa, o sea de hacerse con el antiguo poder del Estado. ¡Qué tiempos aquellos! O como decía el abad mitrado de Monserrat los domingos, después del aperitivo, O tempora, o mores! Se ponía interesante el juego-concurso justo en el momento más inoportuno…O era al revés…Justo cuando se ponía interesante, llegaba el momento inoportuno… En fin… Estaba hecho un lío con tanto giro idiomático, ahora que el euskara, el galelo, el franco-navarro, los novísimos catalá y valenciá, su variable balear, el andalusí chávico, y los dialectos marroco-norteños del subcontinente, se había unido al castellano, antes español, como lengua oficial de los territorios. No se estilaba demasiado el bable, ni las parlas de la frontera lusa, y ganaba fuerza el leonés montañudo, el manchego y los leguajes mesetarios y planetarios del ancho centro. En la nueva escuela, escola, ikastola, colege, se estudiaban dos asignaturas, la básica de educación en el espíritu nacional y los idiomas de la antigua Iberia, llamada por los romanos Ispania o tierra de gazapos. A DuraCarot le sonaban los ríos, antes de los trasvases y los cierres de fronteras, y suponía que todo eso era un simulacro ¿o era una metáfora? del conocimiento desbordado, tan difícil de contener en los reducidos muretes de la política.

 

Amadea reconvino al venerable.

 

-Ande usted mi señor Don Pepito, que se le va a caer la banda.

 

Al bueno del Conde le sonaba a Vargas Llosa, no a García Márquez, no, a… cómo era, ese huevón morrudo, Asturias, Miguel Ángel de, sin la de, ese acento de Amadea. Pero se lo aguantaba, entre otras cosas porque le había dado de mamar; no, no a biberón, sino de la pura teta, nodriza al estilo antiguo, naturalmente.

 

 

 

 

En la corte del rey de Castilla. (10). Patacero I el de las mercedes.

27 octubre 2010

Patacero Primero, el de las mercedes,

salió al balcón, donde Lonsoles reposaba envuelta en muselinas. “Aún es atractiva”, se dijo, mirándole la entrepierna, donde reposaba el último best-seller de Carmenchu. “Esta Alborch va a hacerme sombra algún día”, pensó, aunque el reino de Valencia no era, precisamente, lo que le preocupaba. Tampoco la posición del Atleti, penúltimo en la Gran Liga de fútbol ibérico, ni el precio de la carne de importación –una vez extinguidos los rebaños hispanos, por falta de pastos- y que suponía ya a la altura del petróleo. Lo que realmente ocupaba la mente del ínclito prócer, líder perpetuo de la Semifederación Casiibérica, era el Nomenklator. Tras la última peregrinación al santuario que albergaba la momia de Castro, en el Palacio de invierno, Rustikov se lo dijo muy claro: era necesario limpiar la lista de impurezas. Ya no podía consultar desgraciadamente al gran especialista en RH, Farfalluz, que había dejado seguidores pero no escuela, o sea ikastola. Movió la cabeza con pesadumbre, mientras la luna se derretía entre las sombras plateadas del jardín. Recordó a sus ancestros, cuyos restos exhumados por la memoria histórica, junto con los de Mozart y Atila, reposaban en el Panteón. ¡Ese era el auténtico descanso del guerrero! Lo habría aprobado el mismísimo Bogart, seguro. El fresquito del Guadarrama parecía velar en los ventanucos del ático, donde decían que se paseaba a mediados de diciembre, cada año, el espectro del General. Se estremeció. Un individuo tan semejante a Moncho Borrajo no podía dar miedo a nadie, y menos a él, que conservaba gran parte de su famosa melena. Aunque para melenas, la del enano. Nazarín, sí, su demonio familiar, el alter ego contrario, los antípodas. Había aprendido mucho en las clases particulares de culturilla general, ahora que la educación para la ciudadanía era materia obligada en las nuevas repúblicas beligerantes del Este. “Para que digan que España no exporta nada”, susurró, y su aliento se detuvo en el cristal, que le miraba con una pupila temblona, como si El Pardo fuera una mascota que reconociera a su nuevo amo.

Lonsoles bostezó.

-Mañana tengo faena… Disculpa, se me pegan las expresiones provincianas, y es que llevo unas conversas larguísimas con la baronesa.

-¿La Tyssen?

-No, La Carot. La llamamos la carótida, porque tiene más cara que espalda. Lo que no se lleva puesto dice que se lo envíen…Por cierto, tú deberías ser más espabiladillo.

“A ti te lo voy a decir”, intimó Patacero, orgulloso de su discreción. En eso era un buen discípulo de Gonzálvez el tortuoso ex premier. Y eso que no soportaba a los andaluces, especialmente al cabezón del sevillano.

-Lo malo de estos videos es que también pueden ellos reírse de nosotros.

Recordaba ese comentario de Chotaves cuando presentaron la peli sociata en la que se mofaban de los populares. Un ejemplo de la mala baba –que decían buen gusto y libertad de expresión- al uso político desde los años de la segunda transición, que fue la segunda guerra púnica.

-Por cierto –Lonsi se levantó como una hetaira, grácil y coquetuela, abriendo un pelín el bies de la camisa, y mirando de reojo al amo, atenta a su reacción como debían estar las concubinas del Gran Mogol en el palacio de atrás- ¿cómo va lo del himno?

Lo había olvidado. Era ya mucho trajín para esa etapa de sosiego y consejo que se había concedido… El himno…. Desde que fabricaron los fascistas, en el año 12, el nuevo himno nacional, uno de sus objetivos fue cargárselo. Lo consiguió en el 18, tras la guerra, aunque la perdieron los de siempre, claro. Movió la cabeza, como la superiora del convento cuando el confesor le imponía una penitencia severa. No llegaba a entender eso de Pío Cavanillas: “Hemos ganado los de siempre”. Y es que nunca llegó a comprender a los gallegos después del viaje a Cuba que hizo con Pepiño.

Mientras Sonsoles hacia un mutis de Actor’s ´Studio, tipo método Stanislavsky, el líder incombustible repensó la historieta, que era lo suyo desde que accedió a la suplencia de la agregaduría de la vicecátedra de políticas. ¡Pues no querían ahora reimplantarlo! Y todo porque Galardón había conseguido a la undécima la designación de Matritum -o sea Detritum, por las cacas-como posible sede olímpica, y los cuatro deportistas de la Semiferación exigían poder cantar el himno común. ¡Común! Lo único común entre las antiguas Autonomías y los actuales Taifas era el río Tajo… ¿O no? Bueno, minucias de geografía, y para esas gilipolleces ya estaba Poya, el cátedro vitalicio elegido capullo del siglo en la Asamblea.

Como hacía en estos casos –lo aprendió del Dalai Lama, que era su peluquero- ‘pelillos a la mar y a otra cosa, mariposa’. Así que pidió al chófer que sacara el Jaguar –el Rolls estaba en la revisión mensual, poniéndose una transfusión de sin plomo- y se dirigió al palacete de Alfonso. Llegó enseguida, porque estaba a la vuelta, en el ala norte, que siempre le gustó, y llamó con los nudillos porque el timbre no sonaba. Le abrió personalmente.

-Picxxsha, tú por aquí, jodío, pero qué passsa…

Se lo explicó. Guerra le tenía miedo desde que descubrió el análisis sociológico de Armando del Inglés sobre las bases de votantes del Pepesoe, que era la antigua Falange.

-Si lo chivas, te capo.

Era una manera de hablar, claro, pero por si acaso…

-Tenemos el mismo interés, por una vez, así que sin miedo.

-Haz lo del burro.

-¿Qué?

-La flauta, tócala y lo que salga. Coge una frase de uno, otra de otro, y así. Como en el juego de las definiciones. Será una cagada más.

-No sé…

-Yo tampoco, pero eso decía dios. Y le salía bien siempre.

-¿Y si lo encargamos a los de ‘Els Segadors’? Tiene una letra muy expresiva.

El otro le miró rascándose la nuez.

-¡Y tanto! ¡Nos convierten en tinta de incunable! -Sonrió, con todos los dientes, al viejo estilo zorruno-. Díselo al Conde.

-¿Pero no es Barón?

-Bueno, empezó así, pero luego pasó a duque, y ahora ya es el conde, como Olivares.

-¿Olivares el de Nintendo?

Guerra, que había vendido la Machado III a los japoneses, dudó un momento. ¿Le estaría tomando el poco pelo? El líder sin embargo adoptaba la expresión ambigua de su mentor Pepiño. No, no se enteraba de nada.

-Claro, hombre, el del caballo a la corbeta.

-¡El del imperio! -Le pareció haber visto a Saulo justo cuando la luz le tiraba del potranco. ¡El Imperio Austrohúngaro! -Z. Se pimpló un doble de 150.2CE exBeyergal.

Pepiño White le masajeó los cataplines.

-Emperador… Si hay naciones y tú las mandas, eso es lo que eres, zeta.

-¡Qué invento, Pepiño, qué invento! -Z. Puso el gesto de preorgasmo y PW abrió los ojos como platos. ¡Las autonomías!

El otro arrugó un belfo.

-No hombre… -Recitó, suavecito-. Eso está ya pasado, acuérdate. Es más, y más y mucho más.

-¿Más? ¡Pues vaya!

En la corte del rey Felipe. (9). PRISAS (News).

27 octubre 2010

Diario de la prensa Sunday, adquirida por Prisas.

 

Este verano la familia real pasa sus vacaciones entre el pinar de Rio Seco –nunca mejor dicho- en Sotillo de la Adrada –a Leonor y a Sofía les flipa chapuzarse en la pisci natural del entorno, rodeadas de gitanillos del nuevo régimen- y la finca de los Fontanón, en Málaga, cercana al feudo Chotaves –los dos potentados de igual nombre que fundaron la Chavetada Montaraz– un nuevo rico silesio, descubridor de vacunas contra el tifus que asoló Iberia hace dos lustros.

 

Los nuevos Decretos del Gobierno Patacero II establecen que los expedientes de limpieza de sangre pasen a los bebés por unas maquinas importadas de Bangladesh –factorías Laden– para detectar genes fascistas. Se excluyen los hijos del Nomenklator y afiliados.

 

Un científico malayo, inmigrante clandestino en los años de la convulsión, cuando se cocinaba el exterminio de los pepes, descubre que los políticos en el poder que sostienen principios intolerantes tienen genes regresivos, hacia el orangután. Aunque sus estudios no han sido publicados por ninguna revista acreditada, ya ha sido invitado por la corte de Patacero II, (en realidad era el I, pero se intitulaba II por modestia) quien alaba su falta de estudios como prueba de que éstos no sirven para nada.

 

El TORO de Osborne ha sido definitivamente sustituído por perfiles básicos del líder PZ, o sea Jack Nicholson en el ‘malo’ de Batman.

 

Han sido fundidas las últimas estatuas de los fascistas para hacer una chimenea en la M-90.

 

Ruingalón ha sido nombrado presidente de la Internacional Socialista.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El rey de Castilla. (8). Leti, El Patas y más.

27 octubre 2010

Somos dos. Por lo menos. Seguro.

Al menos durante un tiempo. Hasta que llega la hora, y entonces sabes que has vivido mucho, o poco, o según. La vida se acorta a sí misma, o se alarga a así misma, según lo veas. Demasiados planes, quizás. Demasiado. El pesimismo se retroalimenta. Y el optimismo. Aquella tarde, antes del tumulto, Lonsi estaba muy guapa, con un delgado arrebol en el pómulo. Por eso nadie notó que se sonrojaba.

 

-Qué fascinante es encontrar seres horrorosos!

 

Nos miramos de refilón, porque a todo el mundo aquello le parecía bien. No supimos de repente si se refería a su primer encuentro o cita con El Patas.

 

-Tan ausentes de belleza e inteligencia que nos producen escalofríos… Quisiera dedicar a eso mi vida. No sé si estaré a la altura del desafío. Porque si profundizamos un poco, casi todo el mundo tienen algo que lo salva. ¡Aunque sea por los pelos!

 

Así que era por eso. ¡Lonsi era una paraca! La paranoia, nuestra común tarea, el falansterio de las ideas inexistentes, lo único vetado por la acción y la belleza. ¡Vaya lío! Todo tiene su karma, su destino, el equilibrio, el fin, el principio. O sea las dos caras, el haz, l envés, el grito, el silencio, Dios, el diablo, vida, muerte. ¿No será todo lo mismo?

Habría seguido…pensando, o lo que fuera eso de manejar palabras y conceptos en silencio, harto de todo o sea de nada, si no hubiera sido por la jaqueca.

 

-Tú no sabes que es eso. La migraña, nada que ver con el dolorcillo de cervicales.

 

Y es que el dolor siempre es de uno, y el de los otros no existe, sólo molesta que te lo cuenten. ¡Que lo aguante ellos!

Pero se le ponía el cuello tieso y no valía de nada un analgésico, era ya tarde como cuando llega la sed es ya tarde para la necesidad de agua. El dolor es un mal compañero de viaje, vaya topicazo, es siempre mal recibido como un aficionado en la sede de la Real Academia de lo que sea, en el Colegio profesional, en las reuniones de expertos, vaya timo. M. lo había percibido en la Asociación de escritores y artistas, donde miraban a todo el que tuviera otra profesión diferente de la de calzapluma o pincelillo como a un advenedizo insustancial y temerario.

-Aunque plagies a Keats, dirán que tu verso es malo. No estás en el elenco.

-Y así.

Cuando salía un fenómeno terminaban acatándolo, pero a regañadientes y con una envidia biliosa, el atrabilis romano, que es el pedo del infierno en el tríptico de ‘El jardín de las delicias‘, cuando un condenado le sale por el culo azul al cagoncete. El cura fustigó al alumno pecador: ¡Vas a ir al infierno! ¿Y qué harás entonces? Y contestó: “Pues confesarme”. ¿”Confesarte en el infierno? ¿Con quién?”. “¡Pues con usted!”.