Cuentos. Laura en el país de los asombros. 121

Luzbel propuso la ejecución de su plan.

Se basaba en dos puntos, según explicó. Le gustaba eso de imitar a los políticos, por ejemplo, que explican las cosas para engañar a la gente.

-El todo es menor que la parte. La parte vence al todo… si se maneja adecuadamente. La locura precede y sigue a la razón. Y es más poderosa. La emoción es fuerte, y por eso debilita.

Los cuatro escuchaban con atención, casi como cuando acompañaban a la abuela a Misa. Alex no se enteraba de lo que se enteraban los demás, pero sí de cosas que los otros no comprendían.

-¿Es homeopático? -Alfonso estaba sardónico-. ¿El Diabloss es pura homeopatía?

-Querrás decir aporético, hombre. ¡Se ve que eres de ciencias! Y no hagas jueguecitos de palabras. No me gusta que tú también le llames el Boss, como a Bruce.

– Será para espantar el miedo… Y en las sesiones de la Asociación de parapsicología se habla siempre en ‘ía’, así que eso de aporético suena a menos griego.

Anita resopló.

-¡Pues yo no lo entiendo! Es como la primera vez que jugué a la Wii. ¡Es que no me enteraba de nada!

Alex tiró el abrigo al suelo. Laura le regañó. Alejandro puso cara de sorpresa. ¡No sabía que eso estuviera nada pero que nada mal!

-¿Y a qué viene eso de la parapsicología?

-¡Hombre! ¡Es que eso viene muy a pelo para hablar del diablo! A veces no es más que una neurosis, pero otras es el mal en estado puro. ¡Vaya paradoja!

-¡Alex! No te muevas tanto. ¡Se te va a caer el disfraz!

Para entrar en la ACADEMIA DEL MAL se había agenciado un disfraz de PORTADORES DE FUEGO. Era el único disfraz compatible con el bien.

No hizo falta. Los guardianes del escalón -una especie de paraíso en la sala de conferencias- llegaron enseguida. El olor a ángel les había delatado. Un olfateador de colmisable, que recordaba a esos tigres del paleolítico, babeba cerca.

-Está entrenado. Es un detector de droga, pero al revés.

-¿Cómo se pueden hacer las cosas al revés? -Preguntó Anita. Alex miraba fascinado a la bestia. Porque no sentía miedo. El bicho lo supo y reculó, dispuesto a hacer valer la justicia de su fuerza.

-¡Vade retro! -gritó Laura.

Pero era tarde: una red de hilos de araña oscura, tan irrompibles como el ciclo de los días cayó sobre ellos.

Los llevaron ante Luzbel, que aguardaba en el estrado, tamborileando sobre el atril con una garra de oso. Los niños le miraban asustados.

-¡Vaya! Este es un ejemplo magnífico del segundo punto: el bien sigue al mal como un cachorro a su madre. ¿Veis? Su angustia vence a su razón y a su fuerza. La amenaza supera su lógica. ¡Por eso se aceptan los chantajes! Porque se teme el aquí y no se piensa en el mañana.

Murmullos… Cierto desconcierto…

-¡El mundo entero es de cristal! ¡Frágil como una niña! Si un acelerador de partículas puede destruirlo, provocando antimateria, ¿qué no será si el caos viene provocado por la antimateria misma, el nuevo agujero negro que es la maldad?

¡Física pura! ¡Por eso funciona el reiki, y la hipnosis, y el yoga… Por la energía. ¡Tomad una sinapsis y habréis atravesado el universo! ¡Escanciad una copa de odio en su corazón y estallará como un big bang!

Se levantó BELFEGOR. Bramaba como un volcán joven. Y habló como Cicerón en las Catilinarias.

-¿Cuánto tiempo te aguantaremos, Luzbel? En otro tiempo quisiste ser Dios y te seguimos. Y tú no te conformas con el poder; quieres también su aceptación. ¡Quieres que te adoremos!

En la Sala se abrió el espacio como cuando un estilete raja la piel de un conejo. O de un león, porque el silencio rugía broncamente, y el vaho de la nariz del gran demonio, que tenía el rostro de una furia mitológica, era como una nube cenicienta, a punto de descargar azufre. Una lluvia seca y ácida que comenzaba a arder.

Pero no fue así. ¿Qué estaba pasando? Aquello no estaba en el guión, o el autor del guión lo cambiaba a su antojo.

Luzbel, en su deseo de parecerse a Dios estaba dispuesto a la magnanimidad. Una perversión teológica, pero así son las cosas. ¿Cómo se puede querer ser todopoderoso, eterno y todas esas cosas sin ser a la vez al menos por un momento bueno y justo?

-¡Sólo quien sufre puede reflejar emoción! Sólo el desequilibrio puede engendrar arte y riqueza. ¡Lo rutinario y lo normalito no merece la pena! ¡Puaf! Por eso la gente de ese mundo es tan manipulable… Cerdos de Epicuro, rebaños de Polifemo, ovejitas de la caridad, contribuyentes dóciles, ciudadanos orgullosos de ser pisoteados y exprimidos por una minoría, cuanto más inepta más prestigiada y admirada. ¡Puaf! ¡Y son el reflejo de Dios, según dicen! -Rió con ganas-. ¡Ya me gustaría a mí tenerlo tan fácil!

Miró a los niños. Se habían llevado aparte a Yovi y al hada. Adelfi y Lisa, ocultos bajo la capa de azufre, que tapaba el olor a ángel, seguían por algún lugar de la sala, muertos de miedo.

–¿Qué me decís de las consignas? -Se dirigió a sus feligreses, que ya daban muestras de impaciencia, y alguno asentían a las miradas de Belfegor. Alfonso hizo cálculo mental rápido: allí iba a pasar algo en pocos minutos, y ellos podrían pender la chispa-. ¡Les gustan tanto! Ponen siempre carteles, para darse a conocer, sí, porque eligen a gente que apenas conocen, y la eligen para que les dominen una temporada. ¡Eso debí inventarlo yo, pero lo hizo el otro, miex-jefe, el arcángel, un pringao con enchufe! Pero como lo hicieron ellos, pues está bien. Lo llaman democracia, y es más o menos como lo nuestro, porque a mí me conocéis y me queréis mucho todos, ¿verdad Belfegor?

Resonó un estallido en el aire, y un rayo blanco salió despedido de la frente de Luzbel, chocó violentamente contra el cuerpo de Belfegor y se hundió en sus entrañas a cámara lenta, como si quisiera poseerle. El diablo se miró despacio, puso las manos en el pecho y exhaló un profundo suspiro.

-¡Un alma! ¡Me ha lanzado un alma!

-¡Sí, amigo mío! ¡Y una bien elegida, para que te entretengas un tiempo con tu caterva de seguidores!

De los ángulos de la Sala brotaron al unísono cien arqueros negros, que asaetearon, con una precisión electrónica, a otros tantos demonios aquí y allá, entre la multitud. Se elevaron por el aire y fueron absorbidos por una enorme cavidad hueca, un globo opaco, donde se debatieron un instante y luego fueron cayendo, como el poso del café.

-¡Vaya con el filósofo! -susurró Laura-. ¡Es un depredador!

-¿Y qué esperabas? James Bond viste de Armani, pero es un asesino, por muy seductor que parezca. Y las buenas maneras del diablo son un señuelo, no lo olvides. ¡Ya pasó la época de asustar a la gente con monstruos! Ahora se la convence por las buenas, untando de azúcar las tostadas.

-Y con drogas, o alcohol, o sexo, o subvenciones, o liberticidio, que es la libertad falsa de hacer lo que conviene o gusta. ¡Pero te tienen enganchado! ¡Como los del nomenklator! Si opinas como ellos, o haces como ellos, eres guay, y si no… pues lo que toque, nazi, fascista, o lo que sea… Y te ponen un cordón sanitario, como si tuvieras la peste. ¡Vaya forma de aceptar lo que otros piensan!

-Como lo de ser generoso y solidario… Siempre que no te toquen lo tuyo, claro. Los únicos que reparten de verdad son los santos. Y de esos se burlan los progres.

-¡Guía para los momentos duros! -Se encogió de hombros-. Podría ser un título de esos manuales de autoayuda que tienen tanto éxito… ¡Aunque me gustaría saber cómo funcionan los autores!

-No seas mal pensado. ¡Cómo te gusta llevar la contraria!

-Soy un pecador. Por cierto, Luzbel cree en el pecado, y en la virtud. Sus seguidores andan un poco despistadillos con eso. ¡Creen que es ateo, como los guays de la progresía.

La sala se había mediovaciado. Pronto llegaría la batalla con los rebeldes, algo frecuente en la historia del infierno, que al fin y al cabo se parece mucho al planeta Tierra. Luzbel había tenido un momento de debilidad, y eso se paga. Siempre hay alguien esperando para hacer daño a quien se deja…

El gran Diablo se embozó en la capa, que destellaba como un artificio chino. Empuñó un cetro de oro y sonrió como un actor a quien acaban de dar el papel de su vida.

-¡Qué vulgar aceptar lo inamovible!

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