Cuentos. (Laura en el país de los asombros). 119

El CUENTO se rió.

-¡Yo soy feliz… porque sí! -Miró a Alex -. ¡El sabe! -El niño sonrió-. No hay que depender de nada, y menos de nadie para serlo… O al menos para intentarlo.

Laura resopló como cuando se va Internet en medio de una búsqueda.

-¡La teoría! ‘Podemos escribir un tratado sobre la conducta’, decía la abuela. Pero de ahí a explicarlo…

Alfonso asintió.

-¡Menudo cuento tienes! Pareces un político presentando los presupuestos. Además, tú ya estás bien asentado. ¡Nadie puede cambiar tu historia!

El cuento lo negó.

-Te equivocas. Ignorarme, por ejemplo, me hace inexistente.

-Como a todos.

-No, no. Es distinto. Tú existes aunque nadie te piense.

El Pájaro Soñador parpadeó. El cuento lo señaló con la mano.

-Este es como yo, pero al revés. Contiene todas las historias y las va deglutiendo según otros las piensan, ¡Una caja de Pandora!

-La creación. Es como Dios. ¡Vaya poder! ¡Y sin saberlo!

-Sin saber utilizarlo. Porque no le hace falta.

-Entre el final y el comienzo está la afirmación de lo que uno es, pero también de lo que no es. El carácter, por ejemplo. O el desarrollo de lo que sea. Aunque sea no hacerlo.

El cuento se encogió de hombros.

-Bueno, entre galimatías, retóricas y logomaquias, lo importante es eso que no está escrito: ¡Sé feliz!. Así no te equivocas. ¡Cuántos ángeles se habrán salido de la cabeza de su alfiler!

Anita le miró asombrada.

-¡Eso lo he soñado! Mis cuatro ángeles se iban, y su casa era un alfiler de oro.

-De plata. Son custodios de segunda. Los humanos no necesitáis más. No les prestaríais atención.

-¿Y si yo te dijera…?

Se detuvo, como si aguardara a otro testigo de sus palabras. O como arrepintiéndose de haberlas iniciado.

-¡El País de los Asombros…! En realidad -suspiró- es una parte de tu mundo. ¡Todo está allí! -suspiró de nuevo, como si fuera algo muy importante-. Incluso lo que no existe… Esa es la diferencia que los inventores de historias no perciben apenas. No tienes que viajar demasiado…

-Para ver lo sórdido que es… Pero ¿qué tiene de maravilloso?

-Vosotros, por ejemplo. Los niños. Sí, ruidosos, crueles… Pero ¿algo puede suplir el ángel? Cuando se asoma a los ojos y te mira.

-¡El chocolate!

Llegaba un aroma irrepetible. En la hondonada, los sonrientes TIPURO habían hecho un fuego de ramas corta, sobre el que humeaba un caldero reluciente.

-Es la hora, chicos -siguió el AMA TIPURO, que agitaba una campanita de plata. ¡Necesitamos fuerzas para seguir oyendo historias! -Rió a carcajadas, luciendo unos dientes blancos e iguales-.

-¡Como los mayas!

-Claro, hombre. Ya te lo digo…. Y su ciudad no se llama igual porque utilizan sólo nombres de tres sílabas. Se llama TILACÁN.

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