Cuentos. (Laura en el país de los asombros). 113

¡ERA VERDAD?

El mapa estaba desplegado sobre la mesa grande de la biblioteca. Era un viejo entramado de tablones de nogal español, sobre unos caballetes de arce. Anita lo alisó con cuidado.

-Laura… ¿lo hemos soñado? ¿Era verdad?

Los trazos eran piramidales, con unas líneas casi rectas que unían sus vértices. Separados por unas manchas verdes y azules, casi todo el espacio estaba ilustrado con figuras de animales, personas, edificios, y signos extraños, como runas o petroglifos, además de montañas, cuevas, seres alados, en fin, todo un muestrario de la imaginería.

-Mira, Anita. Es tan verdad como… los sueños. ¿O es que los sueños son mentira? La imaginación también cuenta en la tabla de multiplicar. ¡Al fin y al cabo, todo es inventado!

Ana movió la cabeza. El flequillo rebelde brillaba sobre su frente, como un rayito de luz al atardecer.

-No,Laura. No todo es inventado. Por ejemplo esto -le dio un beso- o esto -la pellizcó sonriendo. Laura dio un respingo.

-Bueno, es que da lo mismo. En los sueños también se besa… y se pellizca -le devolvió el pellizco y empezaron a jugar haciéndose cosquillas.

-De todas formas -añadió Laura- no le des muchas vueltas. Verás, papá decía que la imaginación y el talento son cosas personales. Yo no entendí bien eso, porque papi decía cosas muy raras, hasta hace poco.

-O sea, que los demás aprecian las cosas de una manera distinta, cada uno según le parece.

-O según le dicta la moda, la propaganda, en fin. ¡Pero hay cosas que permanecen! Por cierto, lo de la moda es curioso. ¿Te has puesto a pensar que sólo está de moda lo que pasa de moda?

-No lo entiendo, Laura.,

La mayor sonrió. La abrazó fuerte mientras susurraba: “Es igual, mi niña”.

De refilón observaba el plano. Sí, allí estaba, la abuela lo había visto. También mamá, desde la primera vez que el peque se perdió. Subieron las dos a la biblioteca, lo sacaron del estante, guardado en un estuche, con el planisferio ese tan raro, en el que no aparecían nuestras constelaciones. Lo pisaba una esfera armilar, y así el conjunto era fácilmente discernible desde cualquier punto de la habitación, como una referencia.

-Isla de TI. Junto al Valle de Algodón… Y cerca, situado al centro, un punto marcado en rojo.

-¡La casa del seto!

¿Cómo podía estar allí su casa? ¡Era el País de los Asombros! Nada de los alrededores de Madrid, ni siquiera España, o el mundo, o… ¡Era otra dimensión! Miró a Anita, que estaba casi dormida, arrullada como un gatito. ¿Tendría razón? ¿O más que un sueño todo era una aventura imaginada? No, no podía ser. El mapa, al menos, era real. ¿Lo era? Por la ventana abierta se coló una ráfaga de aire, el pergamino se dobló ligeramente, ondulándose como si quisiera resaltar su presencia.

Laura siguió observando. Ahora veía cosas diferentes, y se acordó del plano del merodeador, o algo así, de Harry Potter, en el que aparecían las personas como patitas de mosca, vivos sobre el papel. Recordaba que era una vieja costumbre de los magos, esa de ocultar en libros y papeles y a veces en lámparas viejas y en otros objetos el poder y la gloria… Pero le parecía que era distinto. Como caminar en el aire, sobre el agua, en realidad soportado por un andamio transparente, por un tabla de surf. Laura se daba cuenta de que tenía sueño, que se le estaban cerrando los ojos. “No es hora de dormir. Tengo que hacer los deberes”. Los labios de Anita se movían. ¿Era ella quien hablaba?

-La cueva de los TROLES. La montaña del DRAGÓN. ¡La ISLA ROJA!

Luego estaban LOS BOSQUES DE LAS PALABRAS, el BOSQUECILLO DEL VERBO, con sus manantiales cristalinos, que albergaban las nereidas azules y doradas, las que unían las letras que formaban los nombres de los dioses.

Y también el VALLE DE LOS SUEÑOS.

Laura cerró los ojos. Claro -pensó- eso era. Los SENDEROS DEL VIENTO, que unían el país del sueño con el mar de plata. Y ese punto rojo, en el centro del mapa… ¿Por qué estaba allí? Ahora se desplazaba ligeramente, hacia arriba, como un perrito de las praderas en Faunia asomando despacio por la chimenea de su madriguera, oteando el mundo.

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