Cuentos. (Laura en el país de los asombros). 112

LOS HIJOS DE LUZBEL

-Debieron ser muy monos de pequeños. Como los gorilas. Ahora dan un poco de miedo.

-No seas tonto. ¿Has oído hablar de la metamorfosis?

-Una cosa que inventó Ovidio, el del destierro.

-O los gusanitos de seda -dijo Anita.

-Os usanitos comen muuucho, están gordos, son feosss…

Alex matizaba bien sus palabras, con la mímica de un profesional.

-Bueno, pues pueden tomar cualquier forma, incluso la de nosotros mismos. Se les nota sólo un ligero temblor, porque no dominan la integración de las moléculas. Cosas de la física.

-O sea, nada de brujería.

-No. -Asintió Yovi-. Es como la alquimia. Funciona de verdad, con la transmutación de la materia. En los mundos paralelos de ORIÓN esta muy desarrollada esa ciencia. Se estudia en las universidades. Por cierto, hace unos tres o cuatro milenios, una de esas Escuelas se trasladó una temporada a Babilonia. Los caldeos era oriónicos, al menos alguno de sus maestros. Daniel fue uno de ellos. O un discípulo aventajado.

Se escuchó un sonido que iba creciendo como si se aproximaran rápidamente al borde de una catarata, impulsados en una barca por la corriente.

-¡Esto es Niágara! ¡La peli de la Monroe!

-¡Pero si no estamos en el agua! ¡Sólo suena igual!

-Te lo has creído. Soy del Actor’s Studio.

-Nero!

Había aparecido, corriendo que se las pelaba, un chico moreno, garboso, con el pelo ensortijado sobre la frente, que llevaba en cada mano, casi ahogándolas, dos cabritillas.

Alex le hizo frente.

-¡Haces daño a los animales! ¡Suelta a los animales!

El chico, que le duplicaba en tamaño, y además era nervudo y fuertote, las soltó. Se agachó enseguida y alzó a Alejandro por los pies, comenzando a hacer molinetes con el niño, cada vez más deprisa. Anita chillaba.

-¡Deja a mi hermanito!. Le vas a hacer daño. ¡Suéltale!

Alex parecía divertirse. El hada consejera hizo un gesto, pidiendo calma. En ese momento Nero -uno de los gemelos de Luzbel- soltó al pequeñín. Voló unos metros y cuando estaba a punto de estrellarse contra el tronco de una sequoia, el mismo diablillo, de un salto, le detuvo.

-¡Buen chico! -BELCEBÚ, que había surgido de la nada, acarició las guedejas negras de su sobrino, que parecía un cachemir-. ¡Sólo nos faltaba tener ahora una disputa con sus angelitos, los muy pelmas! ¡Y cabrear al jefe -sacudió el mentón de Nero- tu papá!

-¡Ay, déjame, tío! ¡Me estoy divirtiendo! ¡Ni siquiera he asfixiado a las cabras!

-Pues te lo imaginas, y disfrutas. Por cierto, ¿dónde está tu hermanita?

-Nera está con PERSEIDA, la cuidadora. Yo me he escapado.

-¡Faltaría más! ¿Sabes? Los diablos ya no vamos por ahí matando gente y destruyendo mundos… No es rentable. Y cansa una barbaridad… Ahora usamos más -se golpeó la frente con el índice- la cabeza… -¡Vamos!

Pasó por los hombros del chico una mano perfecta, recién sacadas de la manicura -o eso parecía- y comenzaron a andar. Enseguida volvió la cabeza.

-¡Vosotros, superhéroes ridículos! Mis muchachos os detienen sólo con el pensamiento… ¡No valéis nada!

Alfonso habló entre dientes.

-Como Indi con el tío del alfanje.

Laura arrugó la nariz.

-¿Como quién?

El del turbante, ese de la chilaba negra, el de los cuchillos. Le pegó un tiro, claro. Para no discutir.

Laura asintió.

-A Anita le daba miedo. Bueno, sobre todo esa escena del corazón.

-Como los curanderos de Filipinas, que son unos farsantes. Higadillos de pollo sangrante; eso sacan. ¡Pero son prestidigitadores!

Nero se volvió también. Saludó a Alex con la mano. El niño le devolvió el saludo. Entonces, el otro le hizo un gesto con el dedo medio.

-La higa. ¡Menudo cabronazo!

Yovi y el hada rieron.

-Y que lo digas… Sabiendo quien es su padre… Ya sabes, en la iconografía se representaba como un macho cabrío.

-Pero ahora es como George Cloony, en guapo.

-¿Más? -dijo Laura-. ¿Y eso cómo puede ser?

Alejandro reprodujo el gesto. Nero parecía enfurruñado, en la distancia.

-¡Pues si vieras a la hermanita! El chico es un… bueno, un… encanto, a su lado. ¡Ella sí que es un demonio!

-Claro, por eso se dice así. Todos tenemos un ángel y un diablo cerca.

El hada asintió.

Ya muy lejos, LUCIFER, sentado en un trono de cinabrio, murmuraba sortilegios, ensayaba los nombres intentando en vano crear las cosas que significaban, inventaba fórmulas de alquimia para transmutar los elementos, su fuerza inmensa se acrecentaba con las almas que se le rendían, el mundo era un filón inagotable, la obra del Creador una chapuza, su criterio inconmovible, su anhelo, que el mal fuera la única opción.

-Todos tienen un momento bueno. Yo he tenido tantos que a veces se me olvida odiar.

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