Cuentos. (Laura en el país de los asombros). 110

ENCUENTROS EN EL PAÍS DE LOS ASOMBROS.

-Sí -dijo Yovi- Podemos hacerlo. De hecho, para que adquiráis la fuerza, es necesario pasar por ello.

-¿Pasar por ello?

-Bueno… -El Hada consejera miraba de refilón- Algo así… Veréis… No todo es..bonito o agradable en la vida, como es natural.

-Natural, natural -dijo Laura- pues yo veo pocas cosas últimamente. Lo más natural que recuerdo es la bajada al Molino de Anacleto, en San Pablo, que ni era bajada, ni había molino, ni era de ese señor. Y a todo el mundo le parecía natural hablar de ello, como si tal cosa. Luego han venido ciertos acontecimientos… que pueden cambiar la naturaleza, como decía Don Cruz, el profesor de arte.

-El arte es transformación o deformación de la naturaleza…

-Eso. Y…

-Verás, Laura -terció Adelphi- Lo que queremos decir es que sí, que veréis todo lo que hay que ver, bueno, casi todo, porque aquí, como en todas las dimensiones, hay cosas que no se conocen, se ocultan, se olvidan.

-¡Haremos una excursión!

Pili era muy práctica. Cogía de la mano a Anita y a Alex, que la adoraban, y esa era la razón de que estuviera allí. La miraron como si hubiera metido en la jaula a un canario extraviado.

-¡Pero si es así! Como cuando Alicia se mete por ese agujero y empieza a ver cosas raras, gente extraña, galletas, mares de lágrimas, conejos tontos, reinas de corazones, en fin, que yo también me lo sé. Pues igual, sólo que de verdad, o eso creo, porque una vez soñé que estaba en el arroyo de la Viña, mojándome el culete, y es que me estaba haciendo pipí.

Todos se rieron excepto Laura. No le gustaba que la chica acabara hablando siempre de lo mismo, como un aficionado escatológico… o un marranillo.

LAS GEMELAS ENTRAN EN EL VALLE DE ALGODÓN

Willy, el perraco que los niños llamaban Tintín, un fox-terrier malas pulgas

que se dedicaba a perseguir con saña a Aristóteles, el yorkshire de Laura, estiró las orejas y aguzó el olfato. Aris había desaparecido, con Alejandro por allí, estaba seguro. Miró de reojo a Stella y a las gemelas. Marta yMaría que observaban el seto con la boca abierta y la mirada fijo.

-¡Se ha colado!

-¡Pero si no hay hueco!

-Ha dicho algo. ¿Tenías puesta la grabadora del wifi?

-Claro. Estoy recogiendo poltergeist.

-¡Pon la cinta!

-Pero…

-Hazlo -dijo Stella. Me huelo que vamos a tener suerte. Acuérdate. Albert le dijo a Harald y a Níobe que apuntasen todas las palabras, que eran tan importantes como la fruta.

Se oyeron unos chasquidos, como si alguien manipulase la grabación. De repente, tras un silencio total, sonaron tres palabras:

MANE, TECEL, FARES

-¡El rey Baltasar!

-¿Los Reyes Magos? ¡Pero si estamos en octubre! ¡Como no sea por el festival de KALI! Es como la Virgen María de los hindúes.

-Pero bueno, ¿es que aquí no estudiáis un poco, y lo sabéis todo por ciencia infusa? Acuérdate… El banquete…

-Ese fue Platón.

Stella se tiraba de los pelos.

-¡No, hombre! El de las palabras escritas en la pared! ¡Como hace la peque!

-Todos ellos, no sólo Greta. Pero vamos al grano, que estoy en ascuas.

-Pues las palabras valen por sí mismas. O sea, si las dices tú lo mismo que si las dice… -miró alrededor. No parecía encontrar a nadie que la convenciese- …pues si las dice esa mema de Anita.

Las otras asintieron. Con razón la peque se quejaba: “Es que me tienen manía, Laura. Yo no les hago nada”. Porque las manías no necesitan justificación. Vienen como las nubes del verano, con un poquito de calor… y se descargan empapándolo todo, luego vuelta a secar, y así, mientras el objeto o el sujeto de tu manía esté cerca o te acuerdes de él, o… Pero bueno, las manías no se justifican, se tienen y ya está.

-Mane, tezel, fares.

Sonaba hueco, con esa voz timbrada de contralto que usaba Stella entornando los ojos para lanzar maldiciones a los gatos.

Nada.

MANE TECEL FARES

Las miró. Las gemelas a su vez observaban, pero era poco pacientes. Greta, la tercera hermana, tan bicho como ellas, salía corriendo cuando las dos la miraban fijamente y a la vez. Los niños, al fin y al cabo, conocen la verdad. Cuando les dices : “Dame la mano”, y no lo hacen, es que se les ha cruzado un trozo de destino y ese trocito ya no está contigo, es libre, sea eso bueno o malo, en fin… Y la verdad de esa mirada era, casi siempre, que algo tramaban, como los depredadores en la sabana.

-Has pronunciado mal la zeta.

-¿Y tú cómo lo sabes?

-Porque los tudescos distinguen al hablar la uve, la be, la zeta, la ce, y nosotros no.

-¡Pero qué niña! -dijo Stella- ¡Tienes un oído de fábula!

-Mejor de solista del Coro de Los doce apóstoles. Hago el solo alevín.

-Bueno, el caso es que las palabritas no funcionan… Algo pasa.

-¿Y no será que hay que añadir algo a eso de mane tecel fares?

De repente las envolvió un viento suave y potente al tiempo, una fuerza que no las molestaba pero de la que no podían escapar, y que les iba produciendo un cosquilleo creciente en las sienes, que iba bajando por la espalda hasta los pies. Luego algo las empujó, esta vez con menos delicadeza, y cerraron los ojos como al bajar de la montaña rusa.

-¡Mirad!

Allí estaba. El gran Pájaro Soñador, atusando el abrigo dorado de plumas, lentamente moviendo su cuello,los grandes ojos vueltos hacia su corpachón, que parecía, sin embargo, ligero, como si en cualquier momento fuera a alzar el vuelo con la elegancia del halcón. Tras él, las sombras azulonas del Monte del Dragón, con sus barrigas tumbadas a los soles de Horus, que a aquella hora, cerca del crepúsculo, navegaban ya hacia su puerto, justo cuando al otro lado, por el horizonte del oeste -porque en el País de los Asombros los puntos cardinales van al revés, como la brújula en el Sur- iba apareciendo ya la triple luna de Selene.

Stella recordó al Nibelungo, e inmediatamente -no supo por qué- a Orión.

-¿Quién es el cazador y quién la presa? -Miró a las gemelas. ¿Seremos nosotras? -Se detuvo un momento, respirando agitadamente, como si hubiera corrido los cien metros libres. Volvió su mirada al primer sol, que ya se escondía.

– ¿Y ahora?

-Pues bien fácil. Llámale.

Se refería, claro, a su padre. ¿O era al mismísimo Luzbel?

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