Cuentos. (Laura en el país de los asombros). 106.

Laura, a todo correr, con el trípode Shiva en la mano

-un diamante piramidal grande como el puñito de Alex- alcanzó el vestíbulo. Sentía los jadeos de sus perseguidores, agotados por la antifuerza del talismán. Ella, sin embargo, cada segundo que pasaba se sentía más segura, casi no sentía dolor en la pierna herida, que estaba cicatrizando a ojos vista.

Un murciáguila blanco cruzó la bóveda chillando. El sonido se amplificaba a través de los corredores al máximo que la física consentía, como un código.

Se detuvo ante los guerreros sedentes de frente rugosa que la sonreían. Ya quisiera realismo el ejército del gran Qi. Aquello sí que era para quitarse el sombrero. Al fin y al cabo los escultores y orfebres del REINO PERDIDO eran de la mismísima estirpe del GRAN QUERUBÍN, el arquetipo de la figura, del que procedía la mejor técnica del universo.

Sea como fuere, en aquel momento no recordaba la consigna, la señal, lo que les hacía moverse y dejar libre el paso. Se acordó de la señora gorda de Potter, y las genialidades asociativas de él y de sus amigos para acertar con la clave, pero… Rowling no estaba allí…ni su talento tampoco. Suplicó, como de pequeña, a su ángel de la Guarda, porque sabía que no la dejaba sola nunca, prometió algo como si estuviese en campaña electoral, o sea a sabiendas de que luego iba a olvidarlo y el destinatario del óbolo se quedaría a dos velas… El caso es que…

Albert, desencajado, apareció al fondo del gran salón. Le acompañaban sus dos retoños gemelos, el Can mayor, al que parecía sujetar de la cadena una mano invisible, como esa que se ocupa de los mercados, y una fementida cohorte de SUBFELAYM. Al parecer, el amo no confiaba demasiado en que Albert, su lacayo, pudiera conservar diligentemente a sus gurkas. ¡Y todo persiguiendo a una niña! Pero claro, una niña con el talismán más poderoso de la galaxia en sus manos. De repente, se acordó. En susurros pronunció las palabras de Baltazar.

-Mane, tezel, fares.

Los guerreros se miraron sorprendidos. Después de tantos siglos, se les hacía raro el lenguaje de Babilonia. Rechinaron los goznes que parecían venir del subsuelo, y alzaron la gran verja de cinco pasos, sucesivamente, uno a uno, según Laura, tan sorprendida como ellos, los iba cruzando. Ya al otro lado vio a Albert, con los ojos muy abiertos. Y le oyó exclamar:

-¡Maldita puerta! ¡Siempre encontramos el mismo escollo!

¿Pero, a qué se refería? ¿Cuántas veces se había encontrado en aquella situación? El escollo sería el santo y seña, claro, pero ¿no era el gran Luzbel capaz de sugerirlo? No. Sería otra cosa. Tal vez… Tal vez buscaban algo diferente. Tal vez no la perseguían a ella… ¡Qué absurdo! ¿Por qué se le ocurrían esas cosas? Como si alguien las dictase en el interior de su cabeza.

Volvió la vista atrás. Albert miraba el vacío, como si hubiera perdido, de nuevo, la oportunidad de vivir.

De repente Laura comprendió.

¡Era el Shiba! No dejaba que la engañaran… Ya sabía que Luzbel había infiltrado gentes del mal -no los felaym ni los tgroll del cieno- con apariencia normalita, como niños, o padres, o vendedores de prensa…aunque éstos eran un poco sospechosos…y que había cambiado su estilo… Ya no era terrible, no asustaba, como en los cuentos de brujas, sino que parecían estrellas del cine o de la tele. A Laura siempre le extrañó que no eligiera el teatro, que es más minoritario, por lo del caché. Pero no era momento de reflexionar, sino de actuar. Ya sabía por qué Albert se detuvo: eran órdenes directas, y por qué lo del escollo, y es que los guardianes no soportan la violencia.

Miró el Shiva, que tenía nombre de dios, ¿o era una diosa? El diamante fulgía como un sol que soñara con su reflejo, y en éste mostraba un anillo de oro… El amuleto del enlace cósmico, que adopta la figura que desea su portador. Invencible, mucho más allá del poder y de la gloria… La puerta de la acción, que unida a la palabra puede situar a un ángel en la dimensión del Creador. El ser humano nunca podrá alcanzar ni la sombra de esa…capacidad. Laura recordó la explicación del hada consejera, en el LUGAR DE TODAS LAS PALABRAS, y luego el encuentro en la FUENTE DE LA SALUD. Una realidad psico-somático-espiritual, un anillo, una pirámide… La palabra… Laura estaba aturdida. ¿Iba a durar mucho aquello? Quería dejar el Shiva y rescatar a sus hermanos. Al menos estaban juntos… No, no lo estaban, lo estarían, si tenía suerte. ¿Suerte? ¡Algo que parecía excluido en el País de los Asombros! ¿Es que no les gustaba el parchís?

-¡Vamos! ¡Por aquí! Has tardado mucho.

‘Encima’ -pensó Laura. Eran capaces de echarle una bronca. Por eso se quejaba tanto Anita cuando la regañaban. ¡Era tan injusto!

-¿Has traído el enlace?

Laura se paró en seco. ¿El enlace? ¿Por qué lo llamaba así? ¿Y quién lo llamaba así? Había dado por hecho que iría a buscarla Yovi, o Adelfoi, y en la penumbra no lo había podido ver con claridad. Era su voz. Y la mano que le tendía… Sí, parecía la mano de…

-No he podido. En el último momento pasó algo…

-¿Algo? ¿Y por eso te perseguían? ¿Para darte un susto?

Laura apretó el Shiva. Pudo sentir cómo un temblor, parecido a un calambre, atravesaba su mano y la rodeaba. El falso amigo farfulló algo ininteligible. Dio un paso hacia ella. Luego otro. Andaba como a cámara lenta.

-Creo que en esta ocasión Luzbel se queda sin linaje. Y van dos.

Poco a poco, como flotando, se alejó. Ahora debía llegar al refugio, y no tenía ni idea de dónde estaba. ¡Si hubiera un armario, y al fondo una salida como en Narnia! Pero aquello no era una fantasía. ¿O sí lo era?

Comenzó a sentir frío. Hasta entonces, protegida por el ZAHIR y el SHIVA, como los yoguis, había paseado por la nieve como si estuviera en una cala de Mallorca. Pero no: aquellas montañas eran el Tibet, y ella había atravesado la puerta de una dimensión para alcanzarlo. ¿Es que no estaba previsto volver? ¿Y el plan b? Una niebla helada le tapaba ya las piernas, sentía que iba a marearse, dulcemente.

Entonces las vio.

Mamá y Anita, en el cuarto de estar. La pequeña rodeaba el cuello de su madre con los brazos.

-Quiero ser pequeña, mamá. Para no desobedecerte y no contestarte.

Sonrió. ¡Qué cosas tenía su hermana! Y Alex jugaba con Alfonso en la alfombra. Llaman a la puerta. Es la vecinita, Inés. Alejandro hace pedorretas y la moto, para agradarla. ¿Cuánto tiempo había pasado desde entonces? ¿Era de nuevo el futuro?

Laura sintió en lo más profundo de su alma que ya no volvería a verles.

-LATQUEO

-¿Pero qué dice?

Laura se encogió de hombros.

-No sé… Entiendo alguna palabra, o quizás una parte de algunas palabras… Una cosa muy rara.

La figura, alta y delgada, con una túnica verde que casi ocultaba unos escarpines de charol negro, ajustó el ala del sombrero, que parecían las alas desplegadas de un águila. Tenía la mirada dulce, y menos mal, porque no despegaba los ojos de ellos, como si pudiera mirarlos a todos a la vez y a cada uno en particular al mismo tiempo.

-Es el ‘latogrec’. La lengua del cielo desterrado.

¡Lo que faltaba! -pensó Alfonso- Por si no tenían bastante, ahora salía Babel. Porque se temía que a partir de entonces no iban a entender ni una palabra. Se preparó para lo peor: escuchar y escuchar sin saber qué contestar, como cuando te cuentan cosas en la discoteca y no te enteras de nada, pero lo dicen de una manera que… cualquiera no atiende…

-Estamos en la Tierra Dorada. Más allá se agota la dimensión y con ella el lenguaje. Todo es silencio… Pero es difícil llegar.

-¿Al silencio?

-No. A la frontera.

La frontera. Un lugar que siempre existe. ¿Por qué siempre hay algo que quiere separarnos?

Laura se dio cuenta: estaban comunicándose por telepatía. ¡Ese era el misterio! Cuando el lenguaje oral no era comprensible algo les concedía el don de conocerlo, comunicarse sin saber. Alfonso podía estar tranquilo: Babel no existe en el País de los asombros. Pero, ¿y si las palabras encerraban algo que no podía traducir el pensamiento? Ya tenían la experiencia con el sortilegio del incunable. O con la consigna de Baltazar.

¡Y eso mismo sucedía con los números! Al Pájaro Soñador se le nublaba la vista cuando cruzaba zonas recónditas del ABALA, el mapa vivo, porque allí se formaban las cifras, los números del Paraíso, de las sílabas silentes del nombre de Dios, del Verbo, y así todo era circular, como en SEAGULL.

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