Cuentos. (Laura en el país de los asombros). 105

Cualquier palabra es, puede ser, un enredo. Hemos dejado que evolucionen demasiado. Cerró el libro.

Al abrirlo de nuevo buscó la página 247. Pero ni el texto ni los dibujos ni siquiera los márgenes o el tipo de letra eran los mismos. ¡Había cambiado! ¡No era el mismo libro! Sin cerrarlo miró la tapa. “El libro del país de los asombros”. Claro. ¿Cuál iba a ser si no? Recorrió con su índice las líneas del primer párrafo. “Y allí estaba, mirándole fijamente con su ojo dorado”. ¡Y un ojo dorado de cíclope le miraba desde su pupila, que era un pozo sin fondo!

-¡Vaya contrariedad! -dijo Alfonso. ¡Y Ulises de vuelta a Ítaca!

-Y Penélope en plena operación triunfo, eliminando pretendientes.

-A mucha gente vivir le hace estar de mal humor. Por eso el conde Drácula tiene tan mala sangre.

-El sueño era tan real…

No sé… Sabíamos que el tío Juan había muerto, pero… ¡estaba allí!

Joi asintió.

-Habéis entrado en la dimensión que algunos llaman cuarta o quinta…a saber.

-Donde viven nuestros muertos.

-No sólo ellos -puso cara de póker pillín-. También nosotros.

-Quandocumque…

-Siempre, Laura. Siempre.

Los hermanos alzaron las cejas -pero las bajaron enseguida porque ese gesto les recordaba una consigna del Nomenklator. Eso decía papá.

-El libro aulló.

Un golpe más y se abriría. Aún sostuvo bien prietas las tapas, como la obra póstuma de un español cabreado.

-Tautología. El español siempre está cabreado. Es.

-Entonces ‘un día de furia’, recordando el 2 de mayo.

-Tautología histórica… Bueno, es broma. Si el autor se entera… nos arrea.

-Vanitas vanitatum…

-Es la ley de la vida. Nada tan vano como el verbo ni tan vanidoso como su artífice.

Los PREPOTENTES alzaron su varita.

-Como la voz de los montes-dijo Sarita, la decana-. Así es mi palabra.

Alfonso reprimió una tos.

-Parece un sermón.

-¡Cállate! Se ha puesto a nuestras órdenes; eso dice. Como un sargento furriel.

-Cabo -apostrofó Alfonso, que tenía soldaditos de plomo del AMS.

Yovi movió la cabeza. Lejos quedaba el eco de un vals. El vals de los duendes despistados.

-Era travesti. Digo la otra ‘queen’. Ésta no los tiene ni la mitad de bien puestos.

-Me recuerda a los tertulios y las dueñas de la radio y la tele, señoritas de la plebe…

BAJO EL ÁRBOL

La tarde reflejaba un sonido gris contra el cielo, y éste lo devolvía en la voz de los pájaros. Pero ya coloreado y alegre, aunque iba apagándose como si formara parte de la luz.

Sentados bajo el árbol respiraban casi suspirando, porque sentían la vida dentro de cada uno, y sin saberlo a conciencia la disfrutaban, y esa era una alegría dulce, sin el menor asomo de la estridencia que hemos inventado para soportarnos.

No se les habría ocurrido gritar, ni censurarse, ni siquiera mirar con un gesto de ira o de envidia. No hacía falta. Cada uno se conformaba con lo que era, y el concepto de poseer era algo lejano, de lo que podían casi reírse.

Fueron momentos mágicos de verdad. De esos que nos descubren lúcidamente todo lo que está en nuestra mano y constantemente se olvida.

-Si el conocimiento del mundo -reuniendo lo que saben todos los cerebros de las personas- se concretaran en uno solo, tendríamos…

-Mucha ansiedad -dijo Laura- que deforma el conjunto.

-Eso le pasó a Enrique, un compañero de clase. Sabía demasiado, así que se perdía dando vueltas, como Humphrey Bogart en ‘La reina de África’, cuando iban por el río.

-Pero al final llega.

Cosa de suerte y del guión.

-Bueno -siguió el MAESTRO, que como los yoguis daba sus clases al aire libre- en ese caso un noventa por ciento se repetiría y de ese porcentaje el noventa por ciento sesgado, o sea más o menos igual pero no idéntico, por la visión.

-La visión decide la conducta. ¡Lástima que no vemos apenas nada interesante!

-No importa. El caso es decidir. La mayoría de la gente se pasa la vida sin nada que la haga interesante. Hay que inventar, imaginarse que es otra cosa.

El Maestro hizo un ademán entre la bendición y la reprobación, pero era más bien una regañina por el guirigay. Laura se acordó de La Eneida, cuando Dido pide a Eneas que les cuente su historia. Todos callaron y escuchaban atentos.

Conticuere omnes, intentique ora tenebant.

-Un diez por ciento que no tiene nada que ver, enormemente disperso, en miles o millones de unidades, casi una por individuo. De ese diez el diez, o sea el uno por ciento es auténticamente original y creador…

-No se me dan bien las estadísticas…aunque me parece que sé por dónde va… Anita y Alex se han dormido. Serán del uno por ciento.

-¿Te acuerdas del profe de literatura? Sí, hombre… La minoría de la mayoría y la mayoría de la minoría.

El maestro les apuntó con el índice.

-…Y me paso por lo alto.

Anita dio un respingo.

-Entonces, Yovi -preguntó con cara de susto- lo que aprendemos en el cole, ¿no sirve para nada?

-¿Y quién ha dicho eso? -Alfonso se reía. Miró a Laura-. ¿Ves lo que pasa con las estadísticas? ¡Como todas, son mentira!

-Mamá es socióloga y dice que las estadísticas son importantes.

-¡Claro! ¿Pero con qué tipo de importancia?

-Bueno, lo que se aprende en el cole, eso. Eso sí es importante. ¡Y lo que menos se olvida! Para lo malo también…

-Lo importante es ser feliz. Cada minuto sin serlo, cuando tienes la oportunidad, es un minuto más en el infierno.

-Es fácil decirlo. ¿Y cómo se aprende eso?

-¡En el colegio!

El maestro se había callado. Parecía buscar algo en el bolsillo de la túnica que aparentemente no llevaba bolsillos.

-Sí, pero esto… Es la manía de enseñar a los demás: qué bien lo hacemos entonces. Pero no nos lo aplicamos.

-Video meliora proboque, deteriora sequor.

-Pues podía haber seguido calladito, porque no entiendo una jota.

-Veo lo mejor y lo aprueba, pero hago lo peor. Algo así -dijo Laura. La verdad -suspiró- el latín no servirá para nada, pero da un gustinín…

Alfonso no se dio por aludido.

-Porque sólo tenemos ojos para ver la paja en el ojo ajeno… ¿Quién lo dijo?

-¡El Maestro!

Le miraron. Evidentemente se refería a otro, y ya sabía a quien. Tenía un objeto en la mano, como un frasquito.

-¡Anda! -dijo Yovi-. ¡La redoma que baila!

-¿Cómo?

-Es un frasco de esencias que muestra el lado alegra de las cosas.

-Como la recaptación de la serotonina… Un inhibidor de sinapsis.

-Bueno, es de la alquimia SIBIL. Supongo que todo se parece… Lo llaman APRENDEDOR y los nuevos titulados de la escuela Sibil lo llaman APRENDMASTER. Suena algo snob.

El maestro entregó el frasquito a Yovi y se marchó. En ese momento el último rayo del poniente se abrió paso desde el horizonte, en un ángulo que superaba por poco la altura de los árboles, y se detuvo un instante dorando el perfil de una nube baja.

-Es la señal. Nos están mirando, desde el OJO DE LUZBEL. El rayo verde.

-Pero ese viene del mar.

-Te equivocas. Cuando nos concentramos en un punto del océano, al caer la luz, podemos verlo. Pero es un reflejo del diamante de fuego. Dicen que tiene mil aristas, y en cada una se refleja la presencia de mil mundos, y en éstos se fragmenta hasta el infinito.

-Pero lo usa poco. Es como un juguete gastado. El OSCURO prefiere las armas directas. Le gusta el culto a su imagen, que le adoren… como a los superhéroes. De hecho inspira varios comics. En fin. Ahora vendrá su mascota, a husmear.

No había acabado de hablar cuando entró en el claro un lobo negro, de pelo brillante y mirada feroz. Tenía entreabierta la boca, mostrando una buena colección de marfil.

-¡Quietos! Dijo el Hada consejera. Nunca ataca a lo que no se mueve. Es un híbrido de robot y animal. Ahora está enviando información.

-¡Vaya! ¡Tiempos modernos! Nunca supuse que utilizaran esas técnicas. ¡Son muy humanas!

-Al comienzo no fue así. Los animales, sin embargo, se entendían mejor con las personas nobles, las que no emanaban odio o crispación. Y Luzbel decidió cambiar algunos de sus elementos auxiliares… con la ayuda de la ciencia. La ciencia es una constante universal. Sólo hay que ir descubriéndola. Digo sus efectos o sus instrumentos.

-Por eso no tiene límites.

-Sólo los propios de la creación y de la vida. Y eso se da en la otra dimensión, ya sabéis. Por eso…

-Estamos aquí -Laura movió la melena-. Cada vez lo entiendo menos… ¡Ni siquiera somos los mejores de la clase!

-Luzbel arrebata la alegría del mundo, lo llena de espectros, de maldad, y no se conforma. Quiere crear, y también que le quieran. Quiere ser el Dios de una nueva era, que sin embargo no tenga principio ni fin. Para eso debe transformar…

-El círculo. Debe cuadrar el círculo.

-Bueno, Alfonso. Te ríes, pero es algo así.

-Si no me río. Y sé cuadrar el círculo. Dame una cuerda flexible. Mira, un círculo. Y ahora. Sujeta esta punta, luego las otras. Y está. La misma circunferencia son ahora los cuatro lados.

-Algo fallará.

-Dime tú qué es.

Anita y Alex pintaron algo sobre la figura.

-El círculo más ancho es el más generoso.

Yovi susurró.

-Les habla el ángel No sé qué significa, pero recordadlo. El bien no siempre se exterioriza como gratificante y remuneratorio. Pero siempre lo es.

-Yo tengo una teoría sobre eso, que sirve para cuadrar el círculo. Bueno, no es una teoría, sino un teorema: los hermanos son todos los que te rodean. Un hecho imposible de aceptar si lo tomas en plan buenista, pero muy revelador, porque los hermanos se llevan muchas veces a matar. Después del matrimonio es la institución más conflictiva…si se quiere. Y se quiere, claro.

-¿Y a qué viene esto ahora?

-Os lo pondrán como un ejercicio o una trampa. Es la cara más oculta del mal, la apariencia de bien que engaña al más pintado.

-¿Y quién lo distingue? Porque la gente se mezcla. Excepto en el VALLE DE LA GENTE MALA.

-En la MONTAÑA DEL RECUERDO se ve mucho de eso… Sobre todo cuando la gente justifica su conducta echando la culpa a otros y lavándose las manos. ‘Es que no había otro remedio’. Bueno… a veces es así de verdad…

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