Cuentos. (Laura en el país de los asombros). 104

-¡Mira! ¡Es Aris!

-¡Aristóteles Plauto Terencio! ¡Pero de dónde sales, bichejo!

-¡Ha sido Ron! ¡Le ha encontrado!

-No: le han encontrado; mira a Swit.

-¿Y qué hace por aquí? ¿No se lo había comido Tintín?

-Esa bestia morirá a espada, porque quien a hierro mata…

-Bueno, vale. No te pongas bíblico.

-Neotestamentario, acota la cita, que es importante.

-Pues la cita de la cita…Se refería sin duda a esa costumbre de alancear enemigos, tan socorrida.

-¡Ya está bien, chicos! Parecéis una caterva de tertulianos que se venden insultando al prójimo… y a la inteligencia del espectador, que viene a ser lo mismo.

-Pues yo creo que la inteligencia es permanente y el número de gente a compartirla es mayor cada día. Así que…

-Tocamos a menos.

-Lo que os digo es que los gemelos lo tenían secuestrado. Se escapó por un vacío creado por vuestro interés, que es el magnetismo del bien, se quiera o no.

Yovi y Lisa se sentaron entre los dos mayores. Frente a ellos, Alex y Anita jugaban con los cerditos blancos y los dos hijos del porquero viudo, que había sonreído al verles.

-A veces se llama cuerpo místico, otras karma, en ciertos casos energía, fuerza, poder, aura, todo son manifestaciones del ser que fluye. Eso genera puentes de salvación o condena para siempre.

-Porque está su opuesto, claro. Es lo mismo, en cierto modo.

-Un reflejo en el agua.

-Pero ahora os voy a contar lo que pasó. Será divertido captarlo después de tanto tiempo… y con vosotros.

LISA sacó su bola de cristal,

que relucía como un gran rubí de berilo. La puso sobre una mesita baja, de estilo oriental, y comenzó a acariciarla. Sus manos parecían pegadas a la esfera, deslizándose como una serpiente que danzara frente a la mangosta.

-Aris huele. ¡Es un can!

-Como Diógenes. Vamos bien.

-Alfonso, no seas ganso. Concéntrate, por favor. O ve a jugar con los niños.

-Mirad, está en el parque con esa zorra, la esclava de Belial. Le acaricia.

-Pero gruñe. El bobo gruñe… ¡Van a degollarle!

-No. Los satanes nunca matán. Son refinados, como su amo, el bello Luzbel. Así le gusta oírse llamar, ¿sabéis?

-Puede adoptar la forma que guste. Así no tiene mérito.

-Claro, no es un tratamiento de belleza en ocho días. Ni siquiera un lifting continuo.

-Nada de eso, guasón. Jamás ha simulado. Lo vemos tal cual es. Un ángel magnífico, caído.

-Como los de Cuelgamuros.

-No mientes la bicha, a ver si nos agua alguien la fiesta, que esto de las represalias históricas no acaba nunca.

-Ni a tiros, nunca mejor dicho.

-O peor. Pero entonces, ¿es que huele sus sentimientos?

-O su carencia de ellos. Los animales de compañía, a su modo, y los salvajes, detectan eso y mucho más. Por ejemplo, el miedo, o el dolor, o la preocupación… Y, sobre todo, la soledad. Tal vez porque los domésticos la sufren y los otros la desean.

Aris se lanzó al vacío… Porque eso parecía, diminuto, saltando desde los largos brazos de la diablesa, negra y elegante en su atuendo de noche. Corrió el bichejo hacia la salida, pero un guardián de pelo largo, un enorme jabalí le cortó el paso. El yorky temblaba como el azogue, y el colmillero babeaba, aun consciente de que en la guarida de Luzbel, EL PALACIO DE LA ROCA TARPEYA no se podía matar.

-¡ES UN CATALIZADOR DE PRESENCIAS! Mirad como se van apartando a su paso. Sólo le resiste la bestia, que está vacua de sentimientos, es un baúl acorazado.

Se armó un barullo en el vestíbulo. Los cortesanos del OSCURO discutían. Aris saltaba de un lado a otro, zampándose unos puntos nebulosos que flotaban con un vuelo rápido y corto.

-¡Se está comiendo los ectoplasmas del mal! ¡Qué tío! Es un descubrimiento como el de la gravitación universal, a base de manzanitas y siestas.

-¡Pero si son moscas!

Anita y Alex se habían asomado, como a un balcón, y con los gemelos del porquero miraban la bola de cristal.

Lisa asintió.

-Un bicho asqueroso, que no sirve para nada y cuya actividad permanente es incordiar y ensuciar. Justo. Son moscas. ¡Una metempsícosis elemental!

-¡Y tanto!

Los seres del palacio parecían alerta, en guardia frente a ellos mismos, como las paradojas del Windows.

-¿Y esto puede provocarlo un ser mínimo, irracional y todo?

Yovi miró a Lisa. El Hada consejera les tomó de la mano. Formaron un triángulo perfecto. Girando sobre sí mismos, desaparecieron. Aris saltó sobre Laura.

-¡Pero has vuelto!

La bola no estaba tampoco. Laura miró a sus hermanos, al perrito, a los gemelos, a todos, y se sintió sola.

-Es que no me entero de nada… ¡Qué importa la forma y el tamaño! ¡Si lo más poderoso es invisible!

Lo dijo a media voz, mirando el lugar del APORTE. No quería que tardasen en volver.

EL LUGAR DE TODOS LOS SERES

parecía un mercadillo de pueblo. Y pensándolo bien, ¿no es eso exactamente? Los pequeños estaban encantados: nade parecía extrañarse de sus fechorías, en especial las de ALCOR Y MIZAR, los gemelos, que no se separaban de Anita y de Alex, a quienes habían adoptado como hermanitos. La última fue probar los churros de néctar sin pagar, y subirse a los castillos de aire, flotando sin tocar el suelo. Alex no quería bajarse y Laura tuvo que ejercitar sus dotes de mando.

-No puede ser -dijo Alfonso-. Es inútil buscar aquí un objeto, de forma y apariencia desconocida, que contiene unos datos supuestamente vinculados a una energía que percibiremos si estamos cerca.

-Al menos sabemos que está por aquí.

-Y que no se ve. Quiero decir que no se ofrece a la venta.

-Vale, vale -dijo MIRTA-. Puestos así nos vamos.

-Como si no hubiera Casera.

El hada puso cara de gnomo.

-¿Y eso qué es?

-Una broma de publicidad. No importa… Pero no quieres que nos vayamos, ¿verdad?

-¡Claro que no! -Echó una ojeada alrededor. Las grandes puertas de bronce y selenio se alzaban, herméticas, muy lejos-. De hecho… creo que no podemos… por ahora.

Laura se paró en seco.

-Ya me extrañaba algo. No sé. Las puertas son automáticas, obedecen a una consigna oculta, algo como las claves de Zener. -Devolvió la mirada a Alfonso-. Sí, las cartas que se usan en parapsicología, para los telépatas.

-El tercer ojo… Esto sigue siendo un batiburrillo de cosas raras. -Rehizo el gesto-. Bueno, de cosas interesantes, entre la ciencia y la fantasía.

-El denigrado Disney -será por el talento, que se aguanta mal cuando tiene un pelín de armonía- hizo una peli que llamó así, ‘Fantasía’, con música clásica y dibujos clásicos… Un gustazo, ahora que no nos oyen los progres.

Yovi sonrió.

-Volverá. Digo esa forma de ver el mundo.

-¿Como MacArthur? ¿Para dar estopa?

-Para demostrar que los humanos tampoco son los culpables de todo… sólo de casi todo lo malo que sucede en el mundo.

-¿Y por qué han escondido aquí la segunda clave?

-No la han escondido. Lo hace ella sola. En el LIBRO se revela con la lectura de un inocente, como la antigua invocación a los ángeles. Es un don del Creador.

-¿Y ésta? ¿No es un objeto así como mágico, tipo anillo o varita, o corona…?

-Bueno, bueno… Todo eso son símbolos de poder, claro. Aún se conservan: el cetro, el bastón de mando, la corona real…

-Y la alianza, símbolo del poder de la mujer en el matrimonio.

-¡Eres un misógino, Alfonsito!

Alfonso miró de reojo a Laura. Confiaba en que no se hubiera percatado de que le subía el pavo a los carrillos. Y es que se acordaba mucho, peligrosamente, de SIBEL.

Laura sí lo había notado. Pero sentía una gran ternura por su hermano. Al fin y al cabo, ella echaba de menos mucho, peligrosamente, a ZAHIR.

-¡Mirad! Se detuvieron frente a un puesto de fruta. Todas las imaginables formas y colores estaban allí, apetitosas, en su punto. El tendero, un SILBÁN de ojos verdes, sonreía.

-¡Buena troupe, a fe mía! ¿O debo decir tropa? ¡Me encanta jugar con las palabras! O que las palabras jueguen conmigo…no sé.

Yovi susurrró.

Son muy guasones, inteligentes y pícaros además. Viven en el mito de los bosques, y sólo aparecen en este zoco para vender su fruta. No les interesa el dinero. La intercambian por un don, una promesa o una mirada.

-¿Una mirada?

-Donde ellos viven, y desde que nacen, nadie les mira. Están solos. Los inanimados que conviven con ellos carecen de ojos reales, sólo sienten y memorizan.

-¿Se puede elegir? ¿O ellos te piden el precio?

-Es como en el ajedrez. Cuando tocas la pieza, hay que moverla. Entonces sabes lo que debes hacer. Y si no, es que te rechaza. Mal asunto.

-Me dan miedo -dijo Anita.

-No les gustan los niños. Son criaturas elementales, sobre todo las jóvenes.

-Pues éste no parece muy niño que digamos.

-Un silbán adulto no tiene menos de mil años. Sus bosques no se extinguen, están fuera del alcance del hombre.

-Claro, sólo existen en el país de los asombros.

Lisa sonrió.

Hay muchos como éste. Y muchas Tierras, aunque todas son la misma… No lo comprendemos. Es como uno mismo, en el espejo, en sueños, contento, afeitado, con maquillaje, disfrazado… Una molécula de más o de menos hace otro ser, que sigue siendo el mismo.

El silbán ofreció una especie de manzana a Laura.

-La bruja, Laurita, la bruja. Está envenenada, seguro. O es la del Paraíso…

-Calla, bobo.

La niña tomó la fruta. En ese momento sintió que el silbán le estaba pidiendo

algo. Quería que volviese para mirarla. Dos cosas al tiempo, como un tramposo. Sonrió.

La fruta era dulce. Tal vez demasiado. Al tragar la pulpa, Laura notó que se le taponaban los oídos. Escuchaba de lejos los susurros de sus compañeros. Les miró, contenta; sonreía como una boba, o eso dijo alguien.

-Está manchada. Es un alcaloide, seguro.

-Llamamos así a los alimentos que contaminan para guiar la voluntad. Aquí venden redomas para todos los gustos.

-¿La ha drogado? -preguntó Alfonso.

-Sí. Debimos tener en cuenta esa posibilidad. Tu hermana es muy confiada.

Lisa estaba pensativa. Arrugó la frente antes de hablar.

-No lo toméis a mal, pero sé como aprovechar esta circunstancia.

Yovi asintió.

-Estaba escrito. Yo creo que el silbán no lo ha hecho a propósito. Le pidió su precio, si no Laura no habría podido comer.

-Pero ¿de qué habláis? Mira -señaló a la niña-. Parece feliz, como si hubiera sacado matrícula en solfeo.

-LA FUENTE DE LA SALUD. Iremos y nos indicará -bueno, a ella- dónde está lo que buscamos. Ahora comprendo que hay un plan para todo esto. Y me dan escalofríos…

-Perdone, señor -Alfonso se dirigió a un robot de ojos saltones- ¿puede usted decirme donde se encuentra la fuente de la salud?

Los otros le apartaron, mientras el interpelado giraba sus ojos buscando el defecto del clon.

-¡Tómalo en serio! La fuente habla a través de una conciencia libre que no haya buscado esa liberación. Es como programar un estado de conciencia. Tú sabes de eso. Está cerca. Siempre hay gente.

Unos arbustos ocultaban el chorro, decepcionante de una fuentecilla protegida por mármol rosado. Sentaron a Laura en una especie de pretil y le pusieron unas gotas en los labios.

-Está en la frente de Shiva, en el nuevo Tibet. -Laura señaló un lugar hacia el este, tras las colinas.

-¡Debí imaginarlo! ¡El primero secreto es la palabra; el segundo, la obra! ¡Ambas son la acción, lo que libera! Y todo ello en el silencio, la oración, la paz.

-Muy místico, para ponerlo en manos de plebeyos del alma. No somos precisamente santurrones, digo yo. Si fuera el yayo, siempre con sus letanías…

-Alfonso, la santidad, o eso que quieres llamar más o menos así, tiene todas las formas de la vida. Te aseguro que en las galaxias se conoce bien. ¿No has visto las coronas de los planetas mayores?

-¡No me vaciles! ¿Qué tendrá que ver?

-Símbolos. Signos del aura. Pero bueno, déjalo.

-¿Quieres decir que la tierra, el fuego, la materia, siente y piensa?

-A su modo. En el conjunto de la vida. No existe lo que en el mundo llaman materia inerte. La osadía de los sabios es tan inmensa como el vacío de su ciencia.

-¡Vaya frase! Lo de los jesuitas, ¿no? Poca ciencia aleja de Dios, mucha ciencia acerca a Dios, o algo así.

-Algo así, dijo LISA, sonriendo.

-¿Y qué tenemos que buscar? ¿Lo sabemos ahora?

-Lo sabemos: el trípode de Shiva, las líneas de su entrecejo, la pirámide.

-¿Os dais cuenta? Es la condición humana según los iniciados: la realidad psíquica, somática y espiritual.

-Eso lo dijo Zubiri, no los iniciados.

-¿Y quién dice que ese señor no es uno de ellos? O que les representa

-Bueno. Algo hay de eso. Cuando santo Tomás dice que Dios habla a través de la recta razón…

-Contradictio in terminis. No existe la recta razón.

-Menos coña. Alfonsito. Pues eso significa que la palabra no siempre es el producto del análisis. Hay otras cosas.

-Ahora que recuerdo -dijo Lisa- tenéis conceptos muy galácticos: pasar del orden lógico al ontológico, por ejemplo; como los intentos, o argumentos, para probar la existencia del Creador.

-El ser mayor que el cual nada puede pensarse, existe, y es Dios, claro.

-La Trinidad. El triunvirato. La tríada…

-Vaya mezcla, y vaya jerga. Yo me abro.

-¿Y tú hablas de jerga? Cuando te pones guay eres un niñato previsible.

-Las tres edades del hombre. Edipo aparte. Por lo del bastón.

-El doble trípode de circunstancias de índole dañosa, la cadena de DNA, el triángulo equilátero, tres eran tres las hijas de Elena, one, two, three, a la de tres, interminables secuencias elementales y figuras: Triángulo, estrella de cinco, estrella de seis puntas, la troika, el trío de la bencina, la trilogía del Nibelungo, tres tristes tigres, tribuno, tributo, triciclo, tríduo, ¡qué cosas!

-¡No vayas ahora a por el diccionario!

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