Cuentos. (Laura en el país de los asombros). 103

PARTY

BELIAL se lo montaba bien. Eso era lo normal, claro. Porque cuando se ponía farruco, se pasaba. Era lo más top de la galaxia. Y esta era una de esas ocasiones, una muy especial, que nos pilló en medio, como la cresta del tsunami. ¡Era imposible evitarlo! Así que aprovechamos la ocasión para barrer un poco para casa, si es que podíamos. Los preparativos fueron más cachondos que el rodaje de MAMMA MIA, y al final nos presentamos con los atavíos cuasi perfectos de LARA, la costurera de las hadas, que, no es por nada, pero dejaba cortitos todos los cuentos, con eso de la aguja de oro, el hilo invisible, incluso los vestidos de CENICIENTA.

-¡MAGNUS! ¡Se te nota mucho el aura! ¡Buen disfraz!

Laura apretó la manita de Alex. Iban de paje y princesa. Un poco visto, pero pasaban más desapercibidos. O eso creían, porque los invitados iban tan estrafalarios que un corte normalito llamaba más la atención. “¡Qué vulgaridad!” parecían manifestar los mohines desdeñosos de los empingorotados diableses.

Más atrás, Alfonso y Anita, de Calabaza y Blancanieves, miraron a Yovi.

-No digáis nada -musitó, mirando de soslayo a Belial-. Ya os contaré.

La enorme sala acogía toda una legión de máscaras. Algunas miradas furtivas daban a conocer que no todos estaban allí por su voluntad. O algo más: que no eran Laura y su troupe los únicos infiltrados.

Las luces, predominantemente rojas, de tonos tan distintos como los matices del sol en las escamas de un besugo, iban y venían, columpiándose en el enorme vacío de la estancia, cuyo techo parecía suspendido sobre la nada. Tan sólo unas columnas de jade que soportaban arcos de media punta.

-¡Vaya paradoja! -dijo Laura-. Parece la nave central de la catedral de Burgos.

Yovi asintió, y al tiempo se puso el índice en los labios.

-O de Notre Dame. Este bicho tiene gustos franceses. Y os recuerdo que oye a través de las paredes, como las comadres.

-Cuando se construyeron las catedrales los gustos no estaban nacionalizados. Eso llegó después, con el ferrocarril y la caza.

-¡Pues vaya disertación! No estás para nota precisamente.

-Ni para aprobado raso. Eso ya no existe. Desde que el geógrafo Oya descubrió la excelencia insuperable de su asignatura. La deja para superdotados, como él.

-¿Superidiotizados, dices?

-¡Calla! ¡Se abre el techo!

De la bóveda cayeron unos cables, que sustentaban equilibristas, cuyos trajes despedían un fuego azulado y amarillo. El contraste sobre el fondo rojo de un horizonte incendiado, era tributario de los ancestros chinos de la abuela de Luzbel, una emperatriz de las dinastías anteriores al diluvio, cuando los hombres tenían los ojos rasgados y hablaban el lenguaje de los pájaros. Un HIJO DE DIOS se unió a ella, con el permiso del CREADOR, en el viaje décimo de los protectores de Urantia. Se llamaba RAFAEL.

-Estamos emparentados. Todos. Dicen que bastan seis contactos para atravesar las galaxias.

-Doce. Seis para un planeta medio. Mira.

LUZBEL sabía impresionar. También cuando celebrada su quincuagésimo milenio en el cómputo de la Tierra. Un mozo.

Diez mil jinetes alados atravesaron el espacio entre la segunda luna, que había descendido aparentemente hasta que podía tocarse con las manos, en una ilusión desconcertante, y el trono del anfitrión. Cada uno dejó a sus pies una corona diferente, que invocaba su nombre al tocar el brocado púrpura y se deshacía luego, como un fuego de artificio. Las cien últimas rodearon el trono, adoptando la forma de las figuras del techo de la CAPILLA SIXTINA.

-¿Quiere ser MIGUEL ÁNGEL?

-No -dijo el hada consejera, vestida de libélula gigante-. Quiere ser Dios.

El dedo de Luzbel atravesó, como una espada láser, la distancia que le separaba de Adán. Su holograma adoptó los contornos del Creador, y suspirando como si rugiese, lanzó un rayo. Todo comenzó a arder, ante el regocijo de las asistentes.

-Pues esto parece un ‘déjà vu’. Como las bacanales, o los festejos del pueblo elegido, que tanto cabrearon a Moisés. Pronto comenzarán las guarradas.

-¿Va a vomitar? -preguntó Alex-. Papá me dijo un día que un señor bebió mucho y luego devolvió, y olía fatal.

-Algo así -dijo Yovi. Creo que deberíamos intentar hacernos con la llave de la cueva y largarnos. La tienen allí, en el falso Grial.

-¿Y por qué no la esconden? Si no quieren que salga el dragón…

-Creen que está mejor así, hechizada. Es que para ellos es invisible.

-Como tantas cosas… El mal hace que no se vea mucho de lo bueno que tenemos ante nosotros, y que todo lo veamos oscuro. Nos hace tristes. Eso -señaló la copa, un cáliz granate de vaso corto, con piedras preciosas en la planta- es un símbolo. Representa la cesión del poder al hombre, cuando EL HIJO DEL CREADOR adoptó a JUAN, y con él y su MADRE a todo el mundo.

-Y ellos, que llevaban ya mucho tiempo esperando la ocasión, se sintieron humillados. Fue la segunda insurrección, Pero Dios no quiso castigarlos nuevamente. Le dolía la contumacia de sus criaturas, para entendernos. Rodeó de símbolos el universo, y prometió que los seres humanos serían como sus ángeles.

-Pero no contaba con que el ser humano también le volvería a fallar.

-Bueno. Todo esto es propio de un lenguaje limitado. Pero nos sirve. -Miró hacia lo alto-. Si vieseis lo pequeñitos que parecemos desde arriba…

Alex le tiró de la manga.

-Yo quiero verlo. ¿Verdad que me vas a llevar?

Yovi sonrió. El pequeño iba a disfrutar de ese espectáculo muy pronto, pero ahora prefería no decírselo. ¡La batería de preguntas de Alex podía ser demoledora!

-¿Y por qué te llamaba…cómo era…?

-Magnus. Pues yo era un discípulo de Belial, hijo del GIGANTE OPTUSUS y la HIJA DE DIANA, la cazadora de estrellas. Al principio todo iba bien, ya sabéis, aprendiendo y eso. Un poco raro, porque me daban accesos de ira, como si fueran tercianas, y tenía insomnios extrañísimos, de semanas. Recuerdo que anhelaba el nuevo día, sólo quería que amaneciese.

Anita miró al pequeño.

-Alex dice eso algunas noches. Yo se lo he oído. “Papá, quiero que sea de día”.

-Sí, es verdad. Cuando no se puede dormir y está en la cama. Como si supiera que debe intentarlo, que hay que descansar y todo eso, pero no puede. Y sabe que el día le libera, puede estar despierto, hablar, correr…En fin.

-Pues eso nos demuestra lo parecidos que somos. El caso es que yo iba para insurrecto fiel -sonrió-. Porque nuestra fidelidad era al líder, al gran Lucifer.

-Luzbel.

-Se ha cambiado el nombre para dar menos miedo. ¡Como es el amo del Registro!

-¿Y qué más pasó?

-Bueno..Pues el caso es que luego me reformé.

-¡Vaya resumen!

-Es que… -Yovi hizo un gesto, iniciando su explicación-. ¡Mirad!

-¡Vaya! Parece un espectáculo de Eisenhein! Hologramas y ectoplasmas…No; están vivos. Eso no es un truco.

-Pero…¿es que puede crear?

-Sólo de forma limitada… Sí, no pongáis esa cara… Ya sé que suena rarito. El caso es que los sistemas celulares… Bueno, es algo complicado, como si fuera una manipulación en la materia, algo de laboratorio… Eso puede hacerlo.

-Como en el Edén.

Yovi asintió

-Allí, la serpiente, lo que simboliza y algo más real, fue el medio, y se sometieron voluntariamente. Sabían lo que iba a suceder. Si no, no se puede. Es como un ‘consentimiento informado’. -Suspiró-. Ahora sigue sucediendo igual. Lo del libre albedrío… Pero hay un truco. Una tendencia a aceptar y a rechazar, y con eso se nace. No existe la igualdad. Ni la de oportunidades ni ninguna otra.

-Te pones tan escatológico… Pareces un fatalista de salón. Pero con dos oes, del far West.

Los hologramas, tangibles hasta el punto de que olían, mostraban las guerras estelares y terrestres, una destrucción sólo limitada por el tiempo. Mundos que desaparecían y eran la génesis de otros mundos. Un círculo interminable de ferocidad y de ambición. Gente que huía de todo, hasta de sí misma, como reflejo de quienes se les mostraban semejantes. Seres deformes con cualidades que sólo superaban los ángeles mayores. Mutantes y potestades invisibles. El ojo de Dios, una galaxia, en el centro del universo.

-El País de los Asombros es el refugio de Luzbel.

El hada consejera tenía en sus manos las de Alex y Anita, que miraban fascinados el espectáculo.

-¿Un refugio? ¿Lo hizo él?

Cuando los seres puros dejaron el Paraíso, algo sucedió. Estaba programada su autodestrucción, pero era tan perfecto que se resistió a desaparecer. Un organismo de materia inerte, que en sus componentes era pura vida. Quedó envuelto en sí mismo, en una dimensión que nadie podría alcanzar… O eso era lo previsto.

-Pues parece que siempre fallan las previsiones. Como en meteorología.

-Es la cualidad del ser humano. Sirve para aguar la fiesta… o para iniciarla.

-Pues no sé si éstos saben lo de la fiesta.

Los invitados de Luzbel iban retirándose. Simplemente se esfumaban después del beso ritual, una mafia organizada. Algunos pasaban a las salas subterráneas donde se rebozaban en el azufre que servía de pasto a sus genes. Otros se trasladaban a los cuerpos de los humanos que les sustentaban. Los bestiales ocupaban el ser del animal salvaje que animaba su cuerpo. Un ejército variopinto.

-No se quedan aquí.

-Luzbel no les quiere tan cerca. Tened en cuenta que su arma principal es la mentira; engaña tanto como puede. Pero sus lacayos pueden no ser tan hábiles. La astucia de la serpiente y la prudencia de la paloma. Es su lema. Se enrosca delicadamente en el cuello antes de fracturar las cervicales de su víctima.

-Pero si es perfecto, no puede ser su casa. Porque él es malo.

-Anita tiene razón. Puro silogismo -apuntó Alfonso.

-También engañó a la materia del País de los Asombros. Pero al tiempo abrió la puerta de la dimensión, para que el bien pudiera contrastar sus efectos. Es la ley del universo. Algo así como la norma o el ideal Kantiano.

-Muy rocambolesco, ¿no crees? Parece una de Harry Potter.

-Pues si ves lo de Chandler, o Chesterton… Por decir algo. Nada, todo es sencillo. Simplemente, existe.

-Hay bichitos muy pequeños, que no se ven, y existen.

Alex cerró la discusión. Para algo había mirado por el microscopio. Yovi extendió la mano, muy cerca del cáliz.

-No estaba de acuerdo con el mal… y me transformé. Y ahora me toca la revancha.

La gran llave de oro de la CUEVA DEL DRAGÓN se deslizó entre sus dedos.

-Así que Yovi es Magnus -apuntó Laura.

-Pero ‘él’ me reconoce. ¡Y ahora no sabemos qué hará! ¡Ha visto mi aura!

-¿Tu…qué?

Luzbel se había incorporado. Todo el salón se detuvo y miro al pequeño grupo.

-¡Mi aura! No puede ocultarse. Es…

-Una fuente de energía -dijo Alfonso-. Rodea tu cuerpo, en especial la cabeza. Sí, papá tenía una cámara Kirlian, un bochinche de madera y metal, para fotografiarla. Pero no funcionaba.

-Pues ahora van a fotografiarla de cerca. ¡Ahí vienen!

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