Cuentos. (Laura en el país de los asombros). 104

Don Matías rezongó.

-¡Siempre ha salido mal! Desde el primer momento… Bueno, antes.

-¿Antes del primer momento? ¿Y eso cómo se come?

-Pues así, que ya en la creación… se le torcieron las cosas..

-Y esta especie es mala. Por naturaleza. O una mezcla algo…insidiosilla.

-De vez en cuando los iniciados hacen una ‘cruzada’, y acaban… ¡crucificados!

-Lo único que se entiende es la fuerza. Y sus hijastros, la corrupción y la mentira.

-El fin justifica los medios.

-Los medios justifican el fin.

-¡Es el fin! -Rieron- ¡Son los medios, al fin!

……………

Belial apretó el cuello de Don Matías con su bastón. Terminaba en punta, como los de escalar o esas falsas dagas florentinas.

-Adiós, curilla. Bon voyage… ¡Podías haberlo tenido todo!

Una sonrisa apareció en el rostro congestionado del sacerdote. Belial aflojó la presa.

-¿Algo que decir? ¿Una última voluntad?

Don Matías asintió.

-Lo tengo todo, eso es lo que quiero decir. Que yo lo tengo todo. Así que no puedes darme absolutamente nada. Ni siquiera la muerte.

Regresaron muy deprisa.

Parecía que el Pájaro Soñador estaba medio dormido, o cansado, como si le molestara su oficio de transportista. Les dejó en la vereda del seto, justo donde la alteración se iba notando ya, como un claro en el bosque.

-Estoy temblando, Laura -dijo Anita.

-Tata, tengo frío.

-Ven, Alex, acurrúcate conmigo.

La abuela les estaba esperando. Bueno, eso pareció cuando subieron el tramo de escalera que conducía al vestíbulo de atrás.

-Yaya, ¿ha vuelto papá?

-No, hijo. Va a tardar un poco.

Se miraron. Alex seguía esperando. ¿Cómo iban a decírselo?

-Se marchó justo después de pegarle, ese día. No lo hacía nunca, y precisamente esa tarde…

-Tu abuelo se lo dijo: No pegues nunca a los niños…Por lo menos, no a éstos…

Rieron, sin muchas ganas. Recordaban bien a su padre, pero el abuelo… Se había difuminado, como un daguerrotipo antiguo. Era suave y fuerte al tiempo, y caminaba más derecho que papá. Él lo decía.

-Tienes buena percha. Unos huesos nutridos por la escalada a los frutales.

-Yaya -preguntó Anita-. ¿Dónde está papá?

La abuela lo repitió. A la niña le gustaba oírlo.

-Se ha ido al LUGAR DE LOS QUE ESPERAN. Es como… una dimensión.

-¿Como un limbo?

Alfonso, esa noche, le contó que Encarnita y Teresita, los personajes de uno de sus cuentos iban al País de los Asombros, que era eso, como un limbo.

…………..

-¿Sabes? Sueño que estoy en el País de los Asombros, ¡en cuerpo humano!

Rieron. Anita se mosqueó.

-¡Cada día os parecéis más a los mayores!

Llegaron a un doble sendero óctuple. Parecía el inicio de la tela de araña que les dijo BUDA.

En el centro le vieron: un gordito con un pato. ¿Iba a resultar así de simple?

Alfonso leyó el pensamiento. Por algo había visto cien veces Star Wars.

-¡Anda! ¡El doble trípode de valoración de daños!

Yovi arrugó la nariz.

-¿Y eso qué es? -preguntaba Alex

Volvieron a reír, que es muy sano. Pero Anita seguía con las ojeras, Laura se acordaba de mamá y sus preocupaciones y Alfonso tenía unas ganas enormes de marcharse. No se encontraba bien en el papel aventurero, prefería medir mejor los pasos y conocer el terreno. Además, los niños son imprevisibles y sus hermanos pequeños más aún. Sobre todo Anita, que además de índigo era de aúpa.

-¿Te encuentras bien, mi niña?

Anita apretaba los ojos como si le molestara el cristalino. Era un tic, ansiedad tal vez, o ese malestar que se siente cuando se va despertando al mundo y van cerrándose las ventanas de los cuentos. Las únicas que muestran los paisajes tal como son, porque la llamada realidad es sólo una parte de lo que podemos ver; también imaginar, y adivinar, es real. Y un atributo de la inteligencia. Un autista que mira el cielo cuando le dicen que mire la tierra no es un desobediente, sino independiente. Esas órdenes, como casi todas, tienen menos sentido que una infusión de lentejas.

-¡Cómo echo de menos el yoga! ¿Se llamará nirvana a eso que hace el gordito?

Los niños que seguían a la BANDA tenían todos la misma cara, como clones o gemelos. Eran demasiados para ser hermanos y muy pocos para ser los únicos de ese pueblo, como llamaban, para entenderse, a aquel lugar extraño. Los músicos iban a paso lento de ganso, un horror, y sus instrumentos de viento, excepto dos traveseras, estaban desafinados. Una cohorte de penitentes llevaba en andas la efigie de la diosa.

-La DIOSA LLORONA. Sale cuando es tan pertinaz la sequía.

-O sea, que aquí no llueve ni para atrás. Pues no es tan raro.

-Lo raro es la costumbre. Parece una rogativa.

-‘Es’ una rogativa -apuntó el HADA CONSEJERA. Estamos en el reflejo del sur. Este lugar fue ocupado en su tiempo por un silencio del ángel, el tutelar de la zona, que vete tú a saber si se marchó con Luzbel.

-Y se quedaron así, pasmados.

-No exactamente. Tienen el recuerdo. No cambian, pero tampoco se dan cuenta de ello.

-¡Vaya aburrimiento! ¡Siempre iguales!

-Muchos creen que recuperar los años pasados, eso del tiempo perdido, les hará bien. Se equivocan, aunque sean Goethe.

-¿Un amigo de papi, Lala?

-Algo así le habría gustado. Aunque no sé… Por lo de Mefistófeles… Es como mentar la soga en casa del ahorcado, Hada. ¡Vaya ejemplo! Y Anita las pilla todas al vuelo.

-Pues esta vez no me entero, y no sé quien es ese Metistómetes. Un cotilla, seguro.

-Desde luego. Se le ocurrió espiar lo que hacíamos para saber qué nos gustaba más, y engatusarnos con ello.

-¡Como los psicólogos y los políticos! -Alfonso no estaba tan dormido como parecía. ¡Lo que no sepa el diablo…! -Selló los labios con el índice-. ¡Chitón!

-Es la ciudad sumergida. ¡Como la Atlántida! Pero de verdad, y sin trampa ni cartón.

-La Atlántida no es de trampa… Que se lo pregunten a Platón.

-Un charlatán. Dirigía un reality show en el siglo V antes de Cristo, ahí es nada. Un precursor de la telebasura. Los Diálogos son el Gran Hermano de la filosofía, una tropa de niñatos adulando al bujarrón.

-¡Qué cosas dices! ¡Te sale de vez en cuando el pellejo del diablo!

Yovi asintió.

-No son palabras mías. Las digo como poseído. Eso pasa con mucha gente. Se irritan sin saber por qué, se vuelven agresivos, discuten, no perdonan, buscan camorra, eso los normalitos. Y los extra, golpean, matan, roban e incluso tienen malos modales en la mesa.

-¡No!

Bueno, ahí lo tienes -mostró una vitrina de un material transparente como el vidrio, irrompible como el metacrilato, perfecto, sin embargo: ni una sola raya o mácula-. La piedra ROSETA es un fiasco. Más falsa que Judas.

Laura negó con la melena.

-No puede ser. Está ya muy visto todo eso. Traduce un papiro al griego, eso está demostrado.

-Lo único demostrado es que parece un crucigrama para niños. Le falta una hoja con las instrucciones y se vende para Reyes.

-¡Pues no estaría mal! Así aprenderíamos algo, entre cubata y cubata!

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