Cuentos. (Laura en el país de los asombros). 102

LA CONJUNCIÓN

Laura corrió hacia su hermanito, que había llegado al borde del abismo. El Pájaro Soñador les miraba, con el enorme pico abierto. Parecía un polluelo de águila caído del nidal, que aguardaba a su madre sin saber qué hacer, extraviado entre el camino y los pinares.

-¡No, Alex, no!

El niño la miraba musitando las frases del ritual, aprendidas de memoria, en la sesión de hipnosis. Pasaba el dedito por las fórmulas, que iban rasgando su piel. De las yemas brotaban gotitas de sangre muy roja, absorbidas al instante por el pergamino, que parecía beberla ansiosamente.

Se hizo una repentina oscuridad. El cielo se llenó de estrellas, y Orión, resplandeciente, empezó a girar. Laura sabía que era un espejismo, que aquellos astros estaban a muchos años luz, que cualquier movimiento sería imperceptible, que no se trataba de unos adornos de Navidad colgados en el árbol del cielo.

Y, sin embargo…

Golpeó instintivamente el suelo con la punta del pie, como tal vez hiciera Galileo en aquella sesión inquisitorial.

Y, sin embargo… Se mueve…

Por el otro lado del horizonte oscuro fue asomándose una formación de estrellas. El resto acompañaba aparentemente inmóvil, como siempre a las dos constelaciones.

Esta era Escorpio. Por primera vez juntas en el mismo espacio visible para el ojo humano desde la Tierra.

¿No significaba eso que el País de los Asombros estaba en este mismo mundo?

¡Daba igual! Todo era ya una paradoja. ¿Y el significado?

El Escorpión se lanzó contra el cazador. A medio camino se detuvo. El espacio, silencioso, aguardaba.

Del cinturón brotó un rayo que chocó contra otro rayo de luz que salió de la uña envenenada. En la confluencia de las luces apareció un planeta azul.

-¡Un rayo cósmico! ¡Nadie los ha visto nunca! -Alfonso estaba emocionado-. Dicen que son el origen del big bang.

-Pues espero que no empiecen ahora… ¿No te das cuenta de que es como… una función teatral? -Laura se encogió de hombros, pero estaba muy seria-. ¡Eso es un decorado de nuestro amigo Luzbel…!

-No, Laura. Eso -Yovi señaló la esfera azul- es el planeta de Dios. Luzbel ya tiene la omnipotencia. Ya puede crear.

-¿Y no le bastaba con ser inmortal?

-Nada es bastante… Ese es el error de los guardianes, los místicos, los serafines… Dios ha descuidado un poco sus planes.

-¡Pero si lo sabe todo!

-Yovi asintió.

-Claro. Incluso el albedrío…

-Es… como la democracia… Como los derechos humanos y esas cosas… Papá lo decía. Hay que respetar la libertad de decisión, hay que proteger a los que no piensan como nosotros… Es complicado. ¿Por qué respetar a quien no te respeta? ¿Por qué acunar a una bestia?

-Dicho así… Pero es cierto. A través de los siglos se ha ido reflejando en los actos humanos la señal del creador. El bien, la bondad, esos signos que parecen propios de un débil, y son el símbolo de la mayor fuerza del universo. El amor. ¡Y el amor a veces es duro, no tiene que dar todo lo que uno pide!

-Ser como dioses… La era de Acuario… No significa nade de poder, volar, o visitar planetas… ¡Significa amar, querer a los demás, aunque sean nuestros enemigos! ¡Imposible! ¡No está en nuestra naturaleza!

El Hada consejera intervino.

-No, desde el Edén. El Paraíso sirvió para intentarlo, pero el hombre…eligió. ¡Y desde entonces estamos en estas cirugías!

-¿Y el país de los asombros?

-Grietas en el vacío que el ser humano ha construido para destrozar el universo, a manos del mal. ¡Lo asombroso es que aún perdure!

Laura estaba concentrada.

-¿Y ahora? ¿Habrá dos seres supremos? ¿Se destruirán el uno al otro?

-Sólo hay un ser supremo. No sé qué pasará, pero sólo hay uno. No lo dudes. ¡Y deja ya los debates ontológicos, que no es lo nuestro!

Laura musitó.

-¿Acaso puedo yo detener el tiempo?

-¿Cómo? -Alfonso arrugó la nariz. Creía que su hermana desvariaba.

-Sí. Don Quijote, lo dijo… cuando alguien se burlaba de sus años, creo… ¡Esa es la clave! Él no puede gozar de su poder si no detiene el tiempo, porque de otro modo le estorba la inmortalidad, que viene a ser un infinito físico, un imposible en nuestra dimensión. Así que… no le sirve para nada…

-¿Cómo?

Laura guiñó. Un ojo.

-El Creador sigue jugando con su criatura, se ríe de la maldad, ya que no puede destruirla. La omnipotencia no se entiende bien con la arbitrariedad, se somete a unas reglas indescifrables. Luzbel nunca podrá igualarle, porque no puede detener el tiempo. Nadie puede… Pero el diablo cree que Dios sí…

Alfonso abrió la boca.

-¡Claro! ¡Vaya debate escolástico! Para que le aproveche y le satisfaga ser inmortal y todopoderoso debe hacerlo en unas coordenadas temporales, y para eso debe renunciar a todo eso y adaptarse a lo humano. ¡Vaya truco del Boss!

Yovi dio la mano a Alex. Le abrazaron. Anita se sentó junto a él, que parecía cansado.

-No podía servirse de la inocencia para hacer daño, No, al menos, para siempre.

-Aquí, o se gana o se pierde. Así que -Yovi estaba lanzado- vosotros esperad. -Miró a Alfonso-. Y de fracaso, nada, que ya te veo venir.

-¡Si es que esto parece un agujero negro!

-Sí -dijo Laura, sonriendo-. Un black Hole, en el que los papeles tienden a desaparecer. ¿Os dais cuenta? Aquí no existen los documentos tal y como estamos acostumbrados a manejarlos.

Unas nubes altas absorbieron el color dorado del poniente. Se entrecruzaron como el entramado de un enrejado andaluz.

-Un sueño en el cielo.

El Hada Consejera les miraba como la primera vez. Se sintieron bien, con una placidez que recordaba un beso de buenas noches.

-Los ancianos, los niños, los débiles… y la gente amable… El Creador ha determinado que su valor supere todo lo que signifique fuerza y violencia… Es el comienzo de la Nueva Era.

-¿Entonces?

Yovi abrió los brazos.

-Tardaremos en verlo… Pero comenzará por aquí -señaló sus sienes con los índices- de modo que les irá pareciendo cada vez más ridículo presumir de musculines y no de bondad.

Alfonso negó con la cabeza.

-Tal y como van las cosas por allí… Muy largo me lo fiáis…

Todos callaron. El Hada suspiró.

-Sí. Será largo. Pero es la única esperanza. Y esta vez, real, gracias a vosotros.

Laura protestó.

-Mira, eso no es así. Nosotros no hemos hecho nada.

-Creer, primero. -Miró a Alfonso sonriendo-. Sí, hombre, tú también. Cuanto más cuesta llegar, más se disfruta. Y hay cosas que van poco a poco… Recuerdas, ¿Laura?: “No arranques de cuajo la hierba del estanque…porque no volverá a crecer”.

-Eso es verdad -dijo Anita-. Una vez, el yayo Juan me dio césped para el patio secreto del cole, y cuando fuimos a plantarlo, Daniela lo arrancó, y ese trozo nada, no salió.

-¿Ves, Anita? Pues tú enseña a Alex.

-Es que no me hace caso. Sólo cuando hago como que no me importa.

Yovi subió a Alejandro sobre los hombros y galoparon un rato. El Hada les miraba. Tomó la carita de Ana entre sus manos y la miró a los ojos.

-¿Te acordarás de mí, Anita?

La niña la abrazó.

-¡Pero si tú eres mi Hada madrina!

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