Micro-relatos. (Vita II, Expiación, Professio, Polis).

VITA II

La palabra ‘fracaso’ no refleja, ni de lejos, la realidad”. Dolía cada paso, y M. era parte del entramado gris de las aceras.

EXPIACIÓN

M. repasó las injusticias que había cometido o consentido… Pero cuando ya veía el final, sin que Dante reparara el daño, ‘Una buona morte tutta la vita honora’, el niño le pidió agua.

PROFESSIO

Cuando M. percibió la orden era ya tarde. El día luminoso y seco, como las vainas de una legumbre de metracrilato, se diluía en colores, sin el sol, supuestamente de guardia por el oeste. M. colgó el teléfono como si se tratara de la negativa del Gobernador a indultar a un reo inocente. ‘Obediencia debida’, dijo al botón, remarcado en gris ámbar, excremento de orca asesina. La siguiente llamada fue de un cliente, ejecutivo agresivo tipo boxer oscuro y peludo algo felón. Discutió algo, por aparentar que los abogados tienen opinión propia, y no hacen siempre lo que les mandan esos clientes interesados y paganos.

POLIS

La política es un invento de los sofistas” –M. depositó el huevo de oro en la muñida alfombra de pajas y ahuecó sus plumas rojizas- “Hay que ser demagogo y creer firmemente en la capacidad de manipulación”. Una larva blancuzca reflejaba en su abdomen la luz difusa del poniente, y en la pared alta del recinto se exponían imágenes asombradas, gentes en su vaivén rutinario. “Los humanos son así –dijo el gran escorpión mudando la piel, que era una túnica y un sudario, pero en su corte la guardaban tratada con aceites y le ponían el rótulo de casulla o casita- necesitan que alguien les engañe para sentir su importancia”. “De eso sabe mucho el pelotero”. Una suave carcajada acogió la ocurrencia y el azabache cristalino del escarabajo se tiñó de rojo con el aliento último del sol. “La conciencia de la debilidad es lo que genera la fuerza”. “O la traición a uno mismo”, respondió la hormiga itinerante arrastrando una piedrecilla como los operarios de concejalías urbanas. M. movió la cabeza, cacareando. “Ahora que el gallo duerme, podemos entendernos sin ese canto pagado de sí con que nos aturde las orejas”. Erasmo abrió la puerta de la granja musitando en latín ‘auriculas teneras mordaci radere vero’ y George, disfrazado de campesino de Yorkshire, anotó su nombre en la lista de dudosos. “Eso es política”, abrió el gallo un ojo nictitante , una cortina al mundo. “Listas de amigos y enemigos que fabrican pobres genios enamorados”. En aquel momento vino la noche, como un amigo olvidado, porque las horas transcurren y son el cauce de un río caudaloso y ocasionalmente hostil. El jerarca más votado –listas unidas como yugos- subió al carro del triunfo sin esclavos admonitorios.

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