Cuentos. (Laura en el país de los asombros). 94

LA CIUDAD DE LA JUSTICIA

-¿Y por qué sabes que es la ciudad de la justicia?

Porque está en ruinas, abandonada. No sé de qué te extrañas. Hay espejos rotos por todas partes, sin recoger. Será para reflejar interminablemente a quien se acerca, para que acabe perdido sin saber dónde está y por qué ha venido.

-Noto algo… No sé, diferente.

Yovi asintió.

-Es la falta de belleza. Se percibe como una ausencia íntima, no como algo material. Sin justicia no hay paz, y sin paz nadie es feliz.

-Pues yo creo que eso es una chorrada. Los malos son felices precisamente siendo unos cabrones.

-Entonces ¿la justicia no es posible?

-La justicia es una quimera.

Anita parpadeó.

-¿Y qué es eso?

-Una quimera es un monstruo mitológico.

-O sea que no existe.. ¿O es un monstruo?

-Bueno, no existe tal como la describimos. ¿Pero te refieres a que existe o a que es un monstruo?

EL LUGAR DE LAS PALABRAS

-Pues yo creía que todas las palabras estaban en el PÁJARO SOÑADOR. Como si fuera un diccionario de ideas,y de todas las cosas posibles.

El HADA CONSEJERA acarició a Aris, que ronroneó como un gatito.

-P.A. -bueno, lo llamamos así desde que entró la señal del satélite de Hollyvood- es como el estómago de los críticos literarios. Se come las palabras de los otros, las mastica y les da vueltas, pero no las digiere. Dentro tiene todo, pero como el caudal de un río circular… En fin, así funciona. Pero existe un LUGAR DE LAS PALABRAS, que es como el crisol del oro de las cosas, una fábrica de realidades.

-Cuya puerta es secreta, y se abre con unas claves -YOVI y su gemelo hablaron al tiempo-. El GRANDE lo hizo así para que pudiéramos inventar, o sea para que al innovarlas nos salváramos de la rutina y cuando estuviéramos enfermos de nostalgia o del recuerdo nos aportaran salud. ¿Qué te parece -preguntó a Anita, que le escuchaba con esa atención que ponía en los cuentos de papá-. ¡Las oraciones, por ejemplo!

-Pero eso no es hablar, así, como suena; es más, porque se habla desde dentro, pensando, o mejor, sintiendo, y no hace falta que se oiga, ¿verdad?

-¡Claro! -dijo Laura. Es como la telepatía, por ejemplo. Pero otra cosa, como explorar el fondo del mar.

-Seguro que encuentras algún cable tirado… O un experimento, si te pones a ello. ¿No dicen que lo del paraíso terrenal era algo así? Un laboratorio.

-Bueno, bueno… Ya estamos divagando otra vez. -Miró alrededor-. Y es que que parece que lo pide esta calma, que no exige nada para aceptarla y descansar en ella. Ni motores, ni recuerdos… Digo de esos de agenda, los que anotamos para complicarnos la vida.

Aris ladró y dio un salto. Se le escapó literalmente de las manos al Hada y brincó hacia los matorrales. Antes de llegar salió despacio, asomando un hocico brillante y negrísimo un perro lobo.

-¡La mascota de la reina blanca! -Yovi se lanzó hacia adelante con su agilidad de genio del aire para atrapar a Aris. El lobo se detuvo. Olisqueó y tranquilamente volvió grupas para desaparecer por la hierba alta. Los niños se miraron.

-¿Pero qué es eso de la reina blanca? ¿Como la del hielo? -Alfonso miró hacia las montañas-. Desde luego por allí no se ve nada de nieve.

El hada consejera suspiró, acogiendo de nuevo al Yorky.

-Son dos hermanas, y ya supondréis, la otra es negra… Sí así es… Mismo padre, misma madre, y en fin… Pero no seáis mal pensados. Es un cruce de genes, que en su origen estaban mezclados. No es tan raro en el país de los asombros, porque ya sabéis que aquí se reproducen los universos a escala reducida… La reina blanca es la íntima de CLEO, la dama de hielo, favorita de Luzbel.

-O sea, una pieza.

-Bueno -El Hada parecía dudar-. Está en la frontera… Como si tuviera unas ciertas obligación de rebelarse contra todo, porque así se lo pide la naturaleza. Como vosotros decía, nació así. No le cuesta ningún trabajo ser…una calamidad.

-No la consideras mal, a lo que parece.

-Es que nosotras vemos la intención, y también los condicionamientos de cada uno: somos como una gota de conciencia, y detectamos eso que hace tomar diferentes caminos, a veces obligados.

-¿Y el libre albedrío?

-¡Aquí no hemos sido rescatados de un pecado original, Alfonso! Y la teología es demasiado complicada -sonrió Yovi-. Casi tanto como la informática.

Anita saltó.

-¡Yo tengo un juego de palabras también! Se pueden mezclar y salen nuevas, y las llamamos y vienen como mascotas.

-¿Quién dijo que la educación eterna es responder la pregunta de un niño creyendo que eso es la verdad?

EL LUGAR DE LOS TIMOS FAMOSOS

-Es como Disneyland -dijo Anita. Hay tiovivos mágicos por todas partes.

En realidad era diferente. La sala mayor reunía muestras del falso arte, y estaba llena a rebosar: puntura, escultura, fotografía, literatura… y al fondo unos edificios que parecía cubos grises, y lo eran.

-Es lo que más nos hace reír. Esa arquitectura galáctica, ya veis, bloques de hormigón que se consideran el hallazgo de los siglos.

-La gran revolución, el gran cambio, la transformación. El arte no imita -dino el ayudante de JANO-. Así que ya me contaréis: el vestido del emperador.

Anita intentó revolver un pegote de colores sobre dos tablas enormes, unidas con clavos de hierro oxidado. Parecía el desecho de un vertedero.

-El último medallón de la bienal de arte. Una mierdavilla, como dice el catalogador de verdades.

-¡Símbolos de la estupidez! ‘La caída del imperio romano! -Rieron-. Llegan los bárbaros y nos comen mientras divagamos.

-Si fuera divagar… Mientras jugamos a engañarnos. Luego hablan de Bizancio.

-Pues a papá le gustaba mucho eso que hacía Warhol. Lo de colorear fotos y dar una apariencia distinta a lo que es igual… Es bonito.

-Siempre volvemos a lo mismo. Como si hubiera una fuente, o unos principios inexorables. ¡Pero parecemos filosofillos, vaya lata! ¡Viva Indiana Jones y la gente de acción! ¡Viva la alegría del alma, que es eso mismo, aunque lo dijera un poeta!

-Esto me recuerda que los niños, ya sabéis, nos hacen pensar: son los únicos sabios.

-¡Los niños SABIOS! -Exclamó Jano, como si le hubieran pisado una ceja-. Están en el Valle de ALGODÓN. Su cole se llama ‘hakuna matata’, como en el rey león.

-Pero sólo son libres los que dan a otros. No los que dicen ‘hakuna matata’…

-Oye -dijo Anita- Eso de las reinas hermanas… ¿Es como lo que nos dijo Mirta? Los seres que son dos en uno, como los gemelos que viven juntos en la barriga de la mamá?

-Los dos polos, las dos caras -Jano se sonrojó- poliedros…

-El ser lumínico poliédrico de Cela, el gran olvidado.

Yovi suspiró.

-Todo se olvida. En todas partes. Es la única solución.

Le miraron en silencio. ¿Habría querido decir medicina?

La sombra del Pájaro soñador les cubrió en una fracción de segundo, como aparecida tras el espejo de Alicia.

-Ahí vamos -saltaron los hermanos PONCI como si volaran-. ¡Y con regalito!

Laura dio un respingo cuando agarró el objeto que le lanzaron, como aficionados al desaparecido balón tiro, el deporte más barato después del veo-veo que se haya inventado.

-¡La piedra de cristal! ¡Qué alegría!

Tiró un beso a los hermanos,

-¡Hola patitos feos! ¡Pero qué maravillosos sois… por una vez!

Todos rieron, aguardando que les contaran su historia, porque estaba claro que la traían… y bien interesante: ¡habían recuperado un talismán!

LAURA MIRÓ A SU ALREDEDOR.

¿Será este el país donde se perdió Alicia?” -se dijo.Como no estaba segura y tenía que ponerle un nombre lo llamó ‘EL PAÍS DE LOS ASOMBROS’. “Así me la recordará, porque ¡me gustaría tanto ser su amiga!”.

Laura recogió a Anita en la clase de primaria A.

Ese día no le habían puesto deberes. Alfonso llegó con cara de dibujo.

-Me han suspendido en mates.

Alex salió de su aula-teatro con un libro nuevo en las manos.

-¡Nos ha salido intelectual el peque!

Alex se metía en la camita a ‘leer’ y representaba a su profesora regañando a su selecta fauna de ‘animalitos’. “Papá, ven a jugar con mis animalitos”, era su consigna para atraerle.

-No van a dejarnos, y es el día de Renée y Veronique. Las niñas de Danielle, la dentista. ¡Son tan ricas!

Ales no estaba de acuerdo.

-¡Me quitan la bici! ¡Y las chuches!

Anita estaba conciliadora.

-Pero Alejandro, tienes que compartir…

EL INSPECTOR movió la cabeza, nada convencido.

-Ni visitantes ni invitados de BELFEGOR por muy delegado de Luzbel que sea. ¡Tienen que ir!

Yovi se resignó. Miró a Laura desalentado.

-¿Podemos empezar…mañana?

-¡Ahora!

Y golpeó la tarima con su bastón de mando, que lucía una estrella morada en la cabeza.

-Parece un chichón gigante -dijo Alfonso entre dientes. El inspector BRONCAS le oyó.

-Eso está bien. Creo que no tendréis que desaprender demasiado.

La ESCUELA DE DESAPRENDER estaba casi vacía. Pocos habitantes en formación quedaban en aquella parte de el país de los asombros. El maestro de DESAPARECER era un GORGOI, que adaptaba para cada uno el aspecto con que deseaban -o esperaban-verle. Anita no parecía tan preocupada.

-¡Pues menos mal que no es la escuela de los SIGNOS! ¡Eso sí que es difícil! ¡La escuela de los signos! Una especie de tortura por gestos. Un híbrido -decía Alfonso- entre los indios y los sordos.

-¡Pero ellos son muy listos! ¡A nosotros nos cuesta mucho entendernos así!

-Cuando alguien desarrolla otros medios para actuar y comunicarse y aprender nos damos cuenta de que son cualidades comunes, pero el sentido común es ya un residuo. Ahora se sustituye por cables, o por ondas. Somos robots vigilados.

El ujier, vestido de naranja con una pañoleta azul tipo travestón de muelle, batió unas palmas de rociero.

-¡Vamos, vamos, a clase! -Se echó a reír-. ¡O a la no clase, ya que estamos en el país de los asombros y esto suena al banquete del conejo!

-Lo dice por el no cumpleaños -apuntó Anita mientras se ponía en la entrada, dispuesta a ser la primera. ¡Le gustaba tanto el cole y se lo recordaba tanto! Era, además, incapaz de imaginar una escuela de desaprender. ¡Eso no podía existir!

El aula estaba repleta. Cientos de niños con cascos de colorines llenaban los pupitres, y escuchaban, se suponía, algo que les tenía absortos. Ninguno miraba las paredes, que a izquierda y derecha, sin ventanas, estaban repletas de paneles con rótulos luminosos.

-¡Uces de olores! -Dijo Alex, señalándolas. Luego preguntó a un niño que estaba a su lado, con la vista baja-. ¿No estás contento?

El niño siguió callado. Alfonso puso el brazo sobre los hombros de su hermanito.

-¡Los niños probeta! -dijo Laura-. Mirad las fotos. Y otras de los jóvenes detectives, la mina de oro de los enanos, todo… Y en animación, como en ‘el profeta’.

-Sí -dijo Alfonso-. Y ahora nos encontraremos a Harry Potter con cascos, escuchando a Alejandro Sanz.

Anita leyó un cartel mientras Laura dirigía a su hermano una mirada de jueza en prácticas.

-Docendo discimus. Está mal, no se entiende nada.

-Si te oye papá… Ya le dije que nos enseñase latín. En casa todos saben. Por cierto, ¿a qué viene ese interés por una lengua más muerta que el egipcio?

-A saber. Mira el euskera. Con cuatro raíces, como los chinos, ya llevan no sé cuantos vocablos. ¡Les divierte! -Se dirigió a Anita-. Enseñando, aprendemos. Eso dice.

-Pues vaya tontería. Porque si se enseña no se aprende, y si tienes que aprender no puedes enseñar.

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