Poemas. (Conversaciones en la Catedral). (Coplas del pequeño sur, 1.).

CONVERSACIONES EN LA CATEDRAL,

Así llamó ¿M? Así iba a titular su libro,

Lo presentaría a un premio de lujo, con pseudónimo

Y encuadernación filtrada de rumores

Para que pensaran que era otro, quizás un leguleyo retirado

Hoy consejero de algunas entidades financieras,

Pero todo quedó en una rápida fabulación

Mientras desviaba su coche para no pisar a las putas

En la ancha avenida de los rosales. Luego

Silbó una canción memorando aquellos mirlos

Que nunca conocieron a Shakespeare,

Nunca fueron alondra o ruiseñor,

Nunca enamoraron palabras en balcones.

Conversación en la catedral

Mientras la cocacola se me sube a los párpados

Como anfetaminas de pardillo,

Iba a transformar el mundo y de repente

Viendo la salida del metro abarrotada de sudacas

Lo vió claro: de qué vas muchacho

Si no has pisado en tu vida una discoteca,

Si sabes quién es Terencio –no, el estilista de moda es otro,

Casi gallego-

Y aún sueñas con dar clases de mímica

A unas asombradas jovencitas

Mientras suena tu retiro de jazz en un puerto pequeño de Mallorca

Donde también vendes cuadros del Mare Nostrum

Antes y después del póker.

Conversaciones en la barra de un bar que no visitas,

Un título afortunado

Que pudo dibujar entre absentas decadentes

La novia de Moliére.

Entretanto construye una vida

Que se venda barato

Como las amistades de los burgueses.

Hoy les he visto, paseando entre mirtos

Vestidos con el terno de la risa,

Parecían niños escocidos, serios y torpes, niños ancianos

Que no tienen quien les quiera,

Y nada hay más triste

Porque esa mano pequeña que guardas como un bucle

Entre los pliegues del verso

Nunca ganará otro premio,

Nunca jugará a esa lotería que se compra

Ni será ministrable

Ni verá en la tele la irresistible ascensión

De otro ídolo de barro.

COPLAS DEL PEQUEÑO SUR 1

Acab

He vuelto a equivocar

el rumbo,

pero ya no tengo combustible

para volver al puerto.

Nasón

En un papel que no encuentro

anoté las ideas que iban a hacerme feliz.

A veces sueño

que te conozco,

nos amamos y vivimos

para siempre

en una casa con flores y niños

y siempre me despierto

un poco antes de saber cuáles son

nuestros nombres.

Ovidio II

Cada mañana

mirando tu alcoba:

tú has dejado la puerta con una línea de luz

y yo gozo con el perfil de relámpago

que deja en el aire tu pupila

y el montículo de fresa

de tus labios

y el gesto azul de las manos dejando en la silla

tu camisón.

Venid, venid todos

a ver si conozco a alguien

por su risa.

A ver si alguien me conoce

por mi risa.

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