Cuentos. (Laura en el país de los asombros). 89

……………….

-¿Qué lees, abuela?

Las nubes habían esculpido un bosque animado, de grises y blancos que combatían en el cielo torpe de mayo, perdido entre los informes de la meteorología. Nunca había llovido tanto, y la cerca nueva del seto tenía charquitos por todas partes.

-Podría haber hasta…tritones. -Dijo Anita, porque le habían dicho que eran ya muy raros.

La abuela sonrió. Contestó a Laura mirando a la pequeña.

-Estoy un poco intranquila. Hace mucho que no gritas como si te estuvieran pinchando…

Anita hizo un puchero. Para compensar, Ales comenzó a chillar. Agarraba con fuerza un artilugio medio roto como si fuera la lámpara de Aladino.

-¡Es mío! -repetía como un poseso.

La abuela les miró moviendo la cabeza.

-Me temo que esto no tiene remedio…

No sabíamos a qué se refería, pero daba igual. Porque nadie le hacía caso, a esas alturas. Cada cual se dedicaba a lo suyo, mientras los mundos cercanos echaban una siestecita. Eso pensaba, quizás, cuando respondió alzando el libro.

-¿Sabes qué dijo el unicornio a la niña? ‘Si tú crees en mí, yo creo en ti’. Pessoa dice que la realidad no nos necesita… El pasado es impredecible -Laura arrugó la nariz pero comprendió enseguida. Era una de las paradojas-. Los cambios en la realidad son como las perspectivas de Don Quijote…

-Pero la vida, abuela… Es una cosa mucho más… prosaica. No son iguales para unos y otros.

La abuela suspiró. Una nube en forma de hongo simulaba el holocausto nuclear.

-Ya tenemos soluciones. Ahora, a buscar los problemas.

    Laura echó un vistazo a su alrededor. Le parecía que iba a estar sola mucho tiempo. Alfonso enfadado, quizás consigo mismo. Mamá ausente, y papá… Suspiró. ¿De qué servía todo ese esfuerzo? Conocer que el mal puede vencerse pero siempre resurge no era un consuelo precisamente. Nunca tuvo seguro si era cosa de la naturaleza o de la convención… Sonrió. Qué más daba… Excusas para los retóricos. Los políticos y los millonarios creen que manejan el mundo. Los delincuentes y los sacerdotes adoran a sus dioses, Mamón y el todopoderoso. Sólo los niños ven que el emperador está desnudo. Papá, en su última etapa, apenas hablaba, pero escribió mucho. ¿Dónde estarían sus papeles? Hacía planos y signos, y les miraba a hurtadillas, con los ojos tristes. Ya lo sabía. Sabía que no iba a estar mucho tiempo con ellos y necesitaba terminar algo. Cada noche, cuando estaba en casa, se levantaba y les acariciaba la cabeza musitando una palabras que, entre sueños, no entendían. Con Alejandro sobre todo estaba un buen rato, y al arroparle le daba un beso.

De repente, se le ocurrió.

-Abuela.

-Dime, hija.

-¿Tu tienes los papeles de papá? Los que escribió antes de… Hace poco…

-Que más quisiera… Creo que…En fin, creo que los destruyó. Estaba muy raro últimamente, ya sabes… Pero no pienses en ello ahora.

Aquella noche Laura le vio. Estaba en una playa como la de Contact, pero no caminaba solo. Iban de la mano. Papá le habló de su nuevo ángel, porque cambian cuando uno se va. Está contento. Puede verles, y él se ve a sí mismo y a los otros, y ya no le duele el cuello..

-Una parte de el País de los Asombros es reflejo del cielo.

Laura habló, o eso intentaba, pero no le salía la voz.

-En realidad siempre lo ha sido el mundo, tan pequeño y tan grande porque imita el universo. El espíritu se debilita pero no muere. Bueno… hay que disfrutar la vida: eso es lo que quiere, y lo del valle de lágrimas es una necedad… Aunque -agitó el dedo como Indiana Jones en clase de arqueología apuntando un mapa raro- disfrutar es hacer el bien. Acompañó su afirmación con un gesto. Hacer el bien, sí. Hubo alguien, hace tiempo, cuando era el tiempo de decirlo, que lo dijo. -A papá le gustaban los trabalenguas en cualquier situación-. Y fue uno de los principios que nunca cambiarán. Bonum facere. En la lengua de los ángeles lobo del Lazio. Los otros eran más de lo mismo. -Señaló a su izquierda, arriba. Pregúntale.

Laura miró, y sólo veía una tenue neblina pegada a la oreja de su padre.

-Dar a cada uno lo suyo… ¡No es tan difícil si se quiere! Para evitar que se hiciera así inventaron a los jueces… No hacer daño a nadie. Para impedirlo inventaron las armas y todo lo que las rodea. Claro que la primera arma fue…

Laura saltó.

-La mano, el puño, la quijada de asno con que Caín mató a Abel, el palo del simio en 2001…

-Nada de eso… Fue la palabra. Afilada como una cuchilla, dura como el acero, destructiva como una bomba de racimo, envenenada como el vapor de cianuro…

-¿Y no hacemos nada bien? ¿Es verdad que somos una plaga?

-Desde luego. Lo somos.

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