Archive for 17 agosto 2010

Micro-relatos. (Camorra, Modern, Prostatic, War, Cursor, Cispejo, Remeber, Tradittore).

17 agosto 2010

CAMORRA

Lo mejor son las putas”. M. observaba al potentado, que esgrimía un Cohibas de a palmo como un estilete. “Menos problemas, y, al final, más baratas”. El acólito asintió, eructando cococha a la cebolla. Madrid resucitaba después de las siestas obscenas del ferragosto, y las terrazas eran ya un incipiente hervidero. El prócer aventó un anillo de ceniza carísima, con epitelios de cubana. “Aquellos buenos tiempos del Riscal, o el Pigmalión… Cuando los vecinos no gritaban como horteras frente al D’Angelo… Hoy hay que hacérselo en los clubs de autopista”. M. asentía, tranquilo porque no iba a pagar la factura. De vez en cuando perdonaba la vida a los ricos y departía una sobremesa al Epulón, mientras uno de sus olvidados recuerdos zurcía los calcetines del tiempo. El maitre paga millón por su ático de lujo, que no es ni la sombra del de la pija Adams, señora de las espinilleras, y Madrid se harta de un vino ácido mientras va muriendo el mundo. “Los últimos artículos de fondo son una mierda. Enjuagues de ideología y de politimoñigos”. El kokotxo sacó los planos. “Aquí mismo. Es la salida natural de la Castellana”. En los despachos de los elegidos cambiaban el marco de fotos eternas, y la Cibeles bebía los vientos del sur. “Le hicieron una fiesta en Helen’s. Los viejos leones no deberían jubilarse”. “Ni morir”, dijo M., volviendo a por la factura, para el cómputo de gastos. Eran sus pequeñas venganzas. Por Príncipe de Vergara una niñata de bronce paseaba dos caniches, formando. M. saludó al menos peligroso, recordando que ya tenía barriguita. “Así se liga mejor, como le dijo Mari Espe al Umbral”, comentaba con su mejor sonrisa amarillenta. La chica sacó su pitillo, ralentizando el paso del verano.

MODERN

Yo uso los mejores zapatos, marca…; son los de…”. M. escuchaba los nombres y veía los rostros, debajo de las caras hendidas por la maquinaria del tiempo. “No hay niños ya”, pensó, mientras se rascaba el lobanillo. “Son las exequias del hombre feliz. Ahora ya tiene su camisa”.

PROSTATIC

M. pulsó el botón del ascensor. 13. La puerta comenzaba a cerrarse, impulsada por un dios benéfico cuando pareció la mano. Luego un brazo simiesco, seguido del homínido. “Llegué a tiempo”, decían sus dientes amarillos. M. cerró los ojos confiando en la soledad de los mártires. En su bajo vientre aleteaba un vencejo inquieto. “¿A qué piso va?” –quiso argüir al visitante sin que se percibieran sus miserias. “Espera”, contestó. “Viene una vecina”. M. golpeó la mandíbula del inepto en un Matrix reloaded, pero la risa cesárea persistía. Las tres paradas le agotaron. Abrió la blindada y se arrojó sobre la taza, ebrio. Una gota dulce resbaló por la cerámica, lágrima del Jabalón. M. recordó entonces la parálisis del mesentérico, memorias de sudaca famosillo, crisis del mal. Le hizo un verso nuevo: “Próstata, próstata impía, que ni queriendo miccionas, barragana que acojonas mi más señera hidalguía”. Abrió el grifo, rezando.

WAR

M. observó el bosque pálido de la estrella roja. “Ellos tenían más estilo”, pensó. Los otros.

CURSOR

¿Por qué estás triste?”. “Me paso la vida corrigiéndome”. “¿Por qué?”. “Para gustar a los demás. Me corrijo, y corrijo mis actos, para satisfacer a otros”. “Claro”, dijo M. “Por eso estás triste”.

CISPEJO

La cita es el espejo”, le pareció oír a M. en la conferencia. El sol se ponía, y Sthendal agitaba un vaso de absenta. “Ahora lo comprendo. La diferencia entre el bien y el mal. Como todo, cuestión de tiempo”. “Y de confianza, una virtud teologal”. “Te equivocas, eso es humanística”. El sol ocultó la sonrisa picarona del travesti. “Ya había notado yo algo raro”, disculpó M. El fin en blanco y negro. “Y ahora, ¿cómo voy a entusiasmarme?”, preguntaba la vida, cita en el espejo.

REMEMBER

Siempre me ha gustado la precisión”, recordó M. haciendo rodar la naranja sobre la mesa. Los demás niños le miraban absortos, una escena de Dickens.

Siempre me ha gustado la imprecisión”.

TRADITTORE

¿Vírgenes satisfechas? ¡Imposible! Contradictio in terminis, como lo del pensamiento navarro. Y no hay más nísperos”. M. releyó la frase de Ulises “iubilantium te virginum chorus excipiat”, y se mantuvo en sus trece, eso sí, trasladando a la memoria el recital de las frutas: ‘quien nísperos come y bebe cerveza, espárragos chupa y besa a una vieja, ni come ni bebe ni chupa ni besa’. “¡Vulgarismos!”, repitió el corrector estirándose los mostachos de galán caduco en blanco y negro. A M. le parecía que todos los papeles de las comedias americanas eran representados por un clon, sosias de sí, que era el mismo. Sólo que era subjuntivo y por ello benevolente: que te reciba, o algo así. Le había decepcionado tanto el politiqueo de su ídolo que cualquier paradoja se le antojaba obvia. “Otra mala traducción: ob viam ire, salir al encuentro, como Cristo ante la Magdalena, en el desayuno post mortem”. “Post resurrectionem, muchacho, post resurrectionem”. Al fin y al cabo aquello era italiano, ‘beati Toscani quipus vivere vivere est; beati Tudeschi quibus deus verus deus ferus est’. El tiempo descansaba en el seno de Abraham, travestido al uso, como el idioma. ¿Idioqué? Pánfilo, que todo lo quieres y todo gustas y así te huelen los pedos. Y el mar sin enterarse de que los diez mil han regresado.

Anuncios

Cuentos. (Laura en el país de los asombros). 104

17 agosto 2010

Don Matías rezongó.

-¡Siempre ha salido mal! Desde el primer momento… Bueno, antes.

-¿Antes del primer momento? ¿Y eso cómo se come?

-Pues así, que ya en la creación… se le torcieron las cosas..

-Y esta especie es mala. Por naturaleza. O una mezcla algo…insidiosilla.

-De vez en cuando los iniciados hacen una ‘cruzada’, y acaban… ¡crucificados!

-Lo único que se entiende es la fuerza. Y sus hijastros, la corrupción y la mentira.

-El fin justifica los medios.

-Los medios justifican el fin.

-¡Es el fin! -Rieron- ¡Son los medios, al fin!

……………

Belial apretó el cuello de Don Matías con su bastón. Terminaba en punta, como los de escalar o esas falsas dagas florentinas.

-Adiós, curilla. Bon voyage… ¡Podías haberlo tenido todo!

Una sonrisa apareció en el rostro congestionado del sacerdote. Belial aflojó la presa.

-¿Algo que decir? ¿Una última voluntad?

Don Matías asintió.

-Lo tengo todo, eso es lo que quiero decir. Que yo lo tengo todo. Así que no puedes darme absolutamente nada. Ni siquiera la muerte.

Regresaron muy deprisa.

Parecía que el Pájaro Soñador estaba medio dormido, o cansado, como si le molestara su oficio de transportista. Les dejó en la vereda del seto, justo donde la alteración se iba notando ya, como un claro en el bosque.

-Estoy temblando, Laura -dijo Anita.

-Tata, tengo frío.

-Ven, Alex, acurrúcate conmigo.

La abuela les estaba esperando. Bueno, eso pareció cuando subieron el tramo de escalera que conducía al vestíbulo de atrás.

-Yaya, ¿ha vuelto papá?

-No, hijo. Va a tardar un poco.

Se miraron. Alex seguía esperando. ¿Cómo iban a decírselo?

-Se marchó justo después de pegarle, ese día. No lo hacía nunca, y precisamente esa tarde…

-Tu abuelo se lo dijo: No pegues nunca a los niños…Por lo menos, no a éstos…

Rieron, sin muchas ganas. Recordaban bien a su padre, pero el abuelo… Se había difuminado, como un daguerrotipo antiguo. Era suave y fuerte al tiempo, y caminaba más derecho que papá. Él lo decía.

-Tienes buena percha. Unos huesos nutridos por la escalada a los frutales.

-Yaya -preguntó Anita-. ¿Dónde está papá?

La abuela lo repitió. A la niña le gustaba oírlo.

-Se ha ido al LUGAR DE LOS QUE ESPERAN. Es como… una dimensión.

-¿Como un limbo?

Alfonso, esa noche, le contó que Encarnita y Teresita, los personajes de uno de sus cuentos iban al País de los Asombros, que era eso, como un limbo.

…………..

-¿Sabes? Sueño que estoy en el País de los Asombros, ¡en cuerpo humano!

Rieron. Anita se mosqueó.

-¡Cada día os parecéis más a los mayores!

Llegaron a un doble sendero óctuple. Parecía el inicio de la tela de araña que les dijo BUDA.

En el centro le vieron: un gordito con un pato. ¿Iba a resultar así de simple?

Alfonso leyó el pensamiento. Por algo había visto cien veces Star Wars.

-¡Anda! ¡El doble trípode de valoración de daños!

Yovi arrugó la nariz.

-¿Y eso qué es? -preguntaba Alex

Volvieron a reír, que es muy sano. Pero Anita seguía con las ojeras, Laura se acordaba de mamá y sus preocupaciones y Alfonso tenía unas ganas enormes de marcharse. No se encontraba bien en el papel aventurero, prefería medir mejor los pasos y conocer el terreno. Además, los niños son imprevisibles y sus hermanos pequeños más aún. Sobre todo Anita, que además de índigo era de aúpa.

-¿Te encuentras bien, mi niña?

Anita apretaba los ojos como si le molestara el cristalino. Era un tic, ansiedad tal vez, o ese malestar que se siente cuando se va despertando al mundo y van cerrándose las ventanas de los cuentos. Las únicas que muestran los paisajes tal como son, porque la llamada realidad es sólo una parte de lo que podemos ver; también imaginar, y adivinar, es real. Y un atributo de la inteligencia. Un autista que mira el cielo cuando le dicen que mire la tierra no es un desobediente, sino independiente. Esas órdenes, como casi todas, tienen menos sentido que una infusión de lentejas.

-¡Cómo echo de menos el yoga! ¿Se llamará nirvana a eso que hace el gordito?

Los niños que seguían a la BANDA tenían todos la misma cara, como clones o gemelos. Eran demasiados para ser hermanos y muy pocos para ser los únicos de ese pueblo, como llamaban, para entenderse, a aquel lugar extraño. Los músicos iban a paso lento de ganso, un horror, y sus instrumentos de viento, excepto dos traveseras, estaban desafinados. Una cohorte de penitentes llevaba en andas la efigie de la diosa.

-La DIOSA LLORONA. Sale cuando es tan pertinaz la sequía.

-O sea, que aquí no llueve ni para atrás. Pues no es tan raro.

-Lo raro es la costumbre. Parece una rogativa.

-‘Es’ una rogativa -apuntó el HADA CONSEJERA. Estamos en el reflejo del sur. Este lugar fue ocupado en su tiempo por un silencio del ángel, el tutelar de la zona, que vete tú a saber si se marchó con Luzbel.

-Y se quedaron así, pasmados.

-No exactamente. Tienen el recuerdo. No cambian, pero tampoco se dan cuenta de ello.

-¡Vaya aburrimiento! ¡Siempre iguales!

-Muchos creen que recuperar los años pasados, eso del tiempo perdido, les hará bien. Se equivocan, aunque sean Goethe.

-¿Un amigo de papi, Lala?

-Algo así le habría gustado. Aunque no sé… Por lo de Mefistófeles… Es como mentar la soga en casa del ahorcado, Hada. ¡Vaya ejemplo! Y Anita las pilla todas al vuelo.

-Pues esta vez no me entero, y no sé quien es ese Metistómetes. Un cotilla, seguro.

-Desde luego. Se le ocurrió espiar lo que hacíamos para saber qué nos gustaba más, y engatusarnos con ello.

-¡Como los psicólogos y los políticos! -Alfonso no estaba tan dormido como parecía. ¡Lo que no sepa el diablo…! -Selló los labios con el índice-. ¡Chitón!

-Es la ciudad sumergida. ¡Como la Atlántida! Pero de verdad, y sin trampa ni cartón.

-La Atlántida no es de trampa… Que se lo pregunten a Platón.

-Un charlatán. Dirigía un reality show en el siglo V antes de Cristo, ahí es nada. Un precursor de la telebasura. Los Diálogos son el Gran Hermano de la filosofía, una tropa de niñatos adulando al bujarrón.

-¡Qué cosas dices! ¡Te sale de vez en cuando el pellejo del diablo!

Yovi asintió.

-No son palabras mías. Las digo como poseído. Eso pasa con mucha gente. Se irritan sin saber por qué, se vuelven agresivos, discuten, no perdonan, buscan camorra, eso los normalitos. Y los extra, golpean, matan, roban e incluso tienen malos modales en la mesa.

-¡No!

Bueno, ahí lo tienes -mostró una vitrina de un material transparente como el vidrio, irrompible como el metacrilato, perfecto, sin embargo: ni una sola raya o mácula-. La piedra ROSETA es un fiasco. Más falsa que Judas.

Laura negó con la melena.

-No puede ser. Está ya muy visto todo eso. Traduce un papiro al griego, eso está demostrado.

-Lo único demostrado es que parece un crucigrama para niños. Le falta una hoja con las instrucciones y se vende para Reyes.

-¡Pues no estaría mal! Así aprenderíamos algo, entre cubata y cubata!

Cuentos. (Laura en el país de los asombros). 103

17 agosto 2010

PARTY

BELIAL se lo montaba bien. Eso era lo normal, claro. Porque cuando se ponía farruco, se pasaba. Era lo más top de la galaxia. Y esta era una de esas ocasiones, una muy especial, que nos pilló en medio, como la cresta del tsunami. ¡Era imposible evitarlo! Así que aprovechamos la ocasión para barrer un poco para casa, si es que podíamos. Los preparativos fueron más cachondos que el rodaje de MAMMA MIA, y al final nos presentamos con los atavíos cuasi perfectos de LARA, la costurera de las hadas, que, no es por nada, pero dejaba cortitos todos los cuentos, con eso de la aguja de oro, el hilo invisible, incluso los vestidos de CENICIENTA.

-¡MAGNUS! ¡Se te nota mucho el aura! ¡Buen disfraz!

Laura apretó la manita de Alex. Iban de paje y princesa. Un poco visto, pero pasaban más desapercibidos. O eso creían, porque los invitados iban tan estrafalarios que un corte normalito llamaba más la atención. “¡Qué vulgaridad!” parecían manifestar los mohines desdeñosos de los empingorotados diableses.

Más atrás, Alfonso y Anita, de Calabaza y Blancanieves, miraron a Yovi.

-No digáis nada -musitó, mirando de soslayo a Belial-. Ya os contaré.

La enorme sala acogía toda una legión de máscaras. Algunas miradas furtivas daban a conocer que no todos estaban allí por su voluntad. O algo más: que no eran Laura y su troupe los únicos infiltrados.

Las luces, predominantemente rojas, de tonos tan distintos como los matices del sol en las escamas de un besugo, iban y venían, columpiándose en el enorme vacío de la estancia, cuyo techo parecía suspendido sobre la nada. Tan sólo unas columnas de jade que soportaban arcos de media punta.

-¡Vaya paradoja! -dijo Laura-. Parece la nave central de la catedral de Burgos.

Yovi asintió, y al tiempo se puso el índice en los labios.

-O de Notre Dame. Este bicho tiene gustos franceses. Y os recuerdo que oye a través de las paredes, como las comadres.

-Cuando se construyeron las catedrales los gustos no estaban nacionalizados. Eso llegó después, con el ferrocarril y la caza.

-¡Pues vaya disertación! No estás para nota precisamente.

-Ni para aprobado raso. Eso ya no existe. Desde que el geógrafo Oya descubrió la excelencia insuperable de su asignatura. La deja para superdotados, como él.

-¿Superidiotizados, dices?

-¡Calla! ¡Se abre el techo!

De la bóveda cayeron unos cables, que sustentaban equilibristas, cuyos trajes despedían un fuego azulado y amarillo. El contraste sobre el fondo rojo de un horizonte incendiado, era tributario de los ancestros chinos de la abuela de Luzbel, una emperatriz de las dinastías anteriores al diluvio, cuando los hombres tenían los ojos rasgados y hablaban el lenguaje de los pájaros. Un HIJO DE DIOS se unió a ella, con el permiso del CREADOR, en el viaje décimo de los protectores de Urantia. Se llamaba RAFAEL.

-Estamos emparentados. Todos. Dicen que bastan seis contactos para atravesar las galaxias.

-Doce. Seis para un planeta medio. Mira.

LUZBEL sabía impresionar. También cuando celebrada su quincuagésimo milenio en el cómputo de la Tierra. Un mozo.

Diez mil jinetes alados atravesaron el espacio entre la segunda luna, que había descendido aparentemente hasta que podía tocarse con las manos, en una ilusión desconcertante, y el trono del anfitrión. Cada uno dejó a sus pies una corona diferente, que invocaba su nombre al tocar el brocado púrpura y se deshacía luego, como un fuego de artificio. Las cien últimas rodearon el trono, adoptando la forma de las figuras del techo de la CAPILLA SIXTINA.

-¿Quiere ser MIGUEL ÁNGEL?

-No -dijo el hada consejera, vestida de libélula gigante-. Quiere ser Dios.

El dedo de Luzbel atravesó, como una espada láser, la distancia que le separaba de Adán. Su holograma adoptó los contornos del Creador, y suspirando como si rugiese, lanzó un rayo. Todo comenzó a arder, ante el regocijo de las asistentes.

-Pues esto parece un ‘déjà vu’. Como las bacanales, o los festejos del pueblo elegido, que tanto cabrearon a Moisés. Pronto comenzarán las guarradas.

-¿Va a vomitar? -preguntó Alex-. Papá me dijo un día que un señor bebió mucho y luego devolvió, y olía fatal.

-Algo así -dijo Yovi. Creo que deberíamos intentar hacernos con la llave de la cueva y largarnos. La tienen allí, en el falso Grial.

-¿Y por qué no la esconden? Si no quieren que salga el dragón…

-Creen que está mejor así, hechizada. Es que para ellos es invisible.

-Como tantas cosas… El mal hace que no se vea mucho de lo bueno que tenemos ante nosotros, y que todo lo veamos oscuro. Nos hace tristes. Eso -señaló la copa, un cáliz granate de vaso corto, con piedras preciosas en la planta- es un símbolo. Representa la cesión del poder al hombre, cuando EL HIJO DEL CREADOR adoptó a JUAN, y con él y su MADRE a todo el mundo.

-Y ellos, que llevaban ya mucho tiempo esperando la ocasión, se sintieron humillados. Fue la segunda insurrección, Pero Dios no quiso castigarlos nuevamente. Le dolía la contumacia de sus criaturas, para entendernos. Rodeó de símbolos el universo, y prometió que los seres humanos serían como sus ángeles.

-Pero no contaba con que el ser humano también le volvería a fallar.

-Bueno. Todo esto es propio de un lenguaje limitado. Pero nos sirve. -Miró hacia lo alto-. Si vieseis lo pequeñitos que parecemos desde arriba…

Alex le tiró de la manga.

-Yo quiero verlo. ¿Verdad que me vas a llevar?

Yovi sonrió. El pequeño iba a disfrutar de ese espectáculo muy pronto, pero ahora prefería no decírselo. ¡La batería de preguntas de Alex podía ser demoledora!

-¿Y por qué te llamaba…cómo era…?

-Magnus. Pues yo era un discípulo de Belial, hijo del GIGANTE OPTUSUS y la HIJA DE DIANA, la cazadora de estrellas. Al principio todo iba bien, ya sabéis, aprendiendo y eso. Un poco raro, porque me daban accesos de ira, como si fueran tercianas, y tenía insomnios extrañísimos, de semanas. Recuerdo que anhelaba el nuevo día, sólo quería que amaneciese.

Anita miró al pequeño.

-Alex dice eso algunas noches. Yo se lo he oído. “Papá, quiero que sea de día”.

-Sí, es verdad. Cuando no se puede dormir y está en la cama. Como si supiera que debe intentarlo, que hay que descansar y todo eso, pero no puede. Y sabe que el día le libera, puede estar despierto, hablar, correr…En fin.

-Pues eso nos demuestra lo parecidos que somos. El caso es que yo iba para insurrecto fiel -sonrió-. Porque nuestra fidelidad era al líder, al gran Lucifer.

-Luzbel.

-Se ha cambiado el nombre para dar menos miedo. ¡Como es el amo del Registro!

-¿Y qué más pasó?

-Bueno..Pues el caso es que luego me reformé.

-¡Vaya resumen!

-Es que… -Yovi hizo un gesto, iniciando su explicación-. ¡Mirad!

-¡Vaya! Parece un espectáculo de Eisenhein! Hologramas y ectoplasmas…No; están vivos. Eso no es un truco.

-Pero…¿es que puede crear?

-Sólo de forma limitada… Sí, no pongáis esa cara… Ya sé que suena rarito. El caso es que los sistemas celulares… Bueno, es algo complicado, como si fuera una manipulación en la materia, algo de laboratorio… Eso puede hacerlo.

-Como en el Edén.

Yovi asintió

-Allí, la serpiente, lo que simboliza y algo más real, fue el medio, y se sometieron voluntariamente. Sabían lo que iba a suceder. Si no, no se puede. Es como un ‘consentimiento informado’. -Suspiró-. Ahora sigue sucediendo igual. Lo del libre albedrío… Pero hay un truco. Una tendencia a aceptar y a rechazar, y con eso se nace. No existe la igualdad. Ni la de oportunidades ni ninguna otra.

-Te pones tan escatológico… Pareces un fatalista de salón. Pero con dos oes, del far West.

Los hologramas, tangibles hasta el punto de que olían, mostraban las guerras estelares y terrestres, una destrucción sólo limitada por el tiempo. Mundos que desaparecían y eran la génesis de otros mundos. Un círculo interminable de ferocidad y de ambición. Gente que huía de todo, hasta de sí misma, como reflejo de quienes se les mostraban semejantes. Seres deformes con cualidades que sólo superaban los ángeles mayores. Mutantes y potestades invisibles. El ojo de Dios, una galaxia, en el centro del universo.

-El País de los Asombros es el refugio de Luzbel.

El hada consejera tenía en sus manos las de Alex y Anita, que miraban fascinados el espectáculo.

-¿Un refugio? ¿Lo hizo él?

Cuando los seres puros dejaron el Paraíso, algo sucedió. Estaba programada su autodestrucción, pero era tan perfecto que se resistió a desaparecer. Un organismo de materia inerte, que en sus componentes era pura vida. Quedó envuelto en sí mismo, en una dimensión que nadie podría alcanzar… O eso era lo previsto.

-Pues parece que siempre fallan las previsiones. Como en meteorología.

-Es la cualidad del ser humano. Sirve para aguar la fiesta… o para iniciarla.

-Pues no sé si éstos saben lo de la fiesta.

Los invitados de Luzbel iban retirándose. Simplemente se esfumaban después del beso ritual, una mafia organizada. Algunos pasaban a las salas subterráneas donde se rebozaban en el azufre que servía de pasto a sus genes. Otros se trasladaban a los cuerpos de los humanos que les sustentaban. Los bestiales ocupaban el ser del animal salvaje que animaba su cuerpo. Un ejército variopinto.

-No se quedan aquí.

-Luzbel no les quiere tan cerca. Tened en cuenta que su arma principal es la mentira; engaña tanto como puede. Pero sus lacayos pueden no ser tan hábiles. La astucia de la serpiente y la prudencia de la paloma. Es su lema. Se enrosca delicadamente en el cuello antes de fracturar las cervicales de su víctima.

-Pero si es perfecto, no puede ser su casa. Porque él es malo.

-Anita tiene razón. Puro silogismo -apuntó Alfonso.

-También engañó a la materia del País de los Asombros. Pero al tiempo abrió la puerta de la dimensión, para que el bien pudiera contrastar sus efectos. Es la ley del universo. Algo así como la norma o el ideal Kantiano.

-Muy rocambolesco, ¿no crees? Parece una de Harry Potter.

-Pues si ves lo de Chandler, o Chesterton… Por decir algo. Nada, todo es sencillo. Simplemente, existe.

-Hay bichitos muy pequeños, que no se ven, y existen.

Alex cerró la discusión. Para algo había mirado por el microscopio. Yovi extendió la mano, muy cerca del cáliz.

-No estaba de acuerdo con el mal… y me transformé. Y ahora me toca la revancha.

La gran llave de oro de la CUEVA DEL DRAGÓN se deslizó entre sus dedos.

-Así que Yovi es Magnus -apuntó Laura.

-Pero ‘él’ me reconoce. ¡Y ahora no sabemos qué hará! ¡Ha visto mi aura!

-¿Tu…qué?

Luzbel se había incorporado. Todo el salón se detuvo y miro al pequeño grupo.

-¡Mi aura! No puede ocultarse. Es…

-Una fuente de energía -dijo Alfonso-. Rodea tu cuerpo, en especial la cabeza. Sí, papá tenía una cámara Kirlian, un bochinche de madera y metal, para fotografiarla. Pero no funcionaba.

-Pues ahora van a fotografiarla de cerca. ¡Ahí vienen!

Cuentos. (Laura en el país de los asombros). 102

17 agosto 2010

LA CONJUNCIÓN

Laura corrió hacia su hermanito, que había llegado al borde del abismo. El Pájaro Soñador les miraba, con el enorme pico abierto. Parecía un polluelo de águila caído del nidal, que aguardaba a su madre sin saber qué hacer, extraviado entre el camino y los pinares.

-¡No, Alex, no!

El niño la miraba musitando las frases del ritual, aprendidas de memoria, en la sesión de hipnosis. Pasaba el dedito por las fórmulas, que iban rasgando su piel. De las yemas brotaban gotitas de sangre muy roja, absorbidas al instante por el pergamino, que parecía beberla ansiosamente.

Se hizo una repentina oscuridad. El cielo se llenó de estrellas, y Orión, resplandeciente, empezó a girar. Laura sabía que era un espejismo, que aquellos astros estaban a muchos años luz, que cualquier movimiento sería imperceptible, que no se trataba de unos adornos de Navidad colgados en el árbol del cielo.

Y, sin embargo…

Golpeó instintivamente el suelo con la punta del pie, como tal vez hiciera Galileo en aquella sesión inquisitorial.

Y, sin embargo… Se mueve…

Por el otro lado del horizonte oscuro fue asomándose una formación de estrellas. El resto acompañaba aparentemente inmóvil, como siempre a las dos constelaciones.

Esta era Escorpio. Por primera vez juntas en el mismo espacio visible para el ojo humano desde la Tierra.

¿No significaba eso que el País de los Asombros estaba en este mismo mundo?

¡Daba igual! Todo era ya una paradoja. ¿Y el significado?

El Escorpión se lanzó contra el cazador. A medio camino se detuvo. El espacio, silencioso, aguardaba.

Del cinturón brotó un rayo que chocó contra otro rayo de luz que salió de la uña envenenada. En la confluencia de las luces apareció un planeta azul.

-¡Un rayo cósmico! ¡Nadie los ha visto nunca! -Alfonso estaba emocionado-. Dicen que son el origen del big bang.

-Pues espero que no empiecen ahora… ¿No te das cuenta de que es como… una función teatral? -Laura se encogió de hombros, pero estaba muy seria-. ¡Eso es un decorado de nuestro amigo Luzbel…!

-No, Laura. Eso -Yovi señaló la esfera azul- es el planeta de Dios. Luzbel ya tiene la omnipotencia. Ya puede crear.

-¿Y no le bastaba con ser inmortal?

-Nada es bastante… Ese es el error de los guardianes, los místicos, los serafines… Dios ha descuidado un poco sus planes.

-¡Pero si lo sabe todo!

-Yovi asintió.

-Claro. Incluso el albedrío…

-Es… como la democracia… Como los derechos humanos y esas cosas… Papá lo decía. Hay que respetar la libertad de decisión, hay que proteger a los que no piensan como nosotros… Es complicado. ¿Por qué respetar a quien no te respeta? ¿Por qué acunar a una bestia?

-Dicho así… Pero es cierto. A través de los siglos se ha ido reflejando en los actos humanos la señal del creador. El bien, la bondad, esos signos que parecen propios de un débil, y son el símbolo de la mayor fuerza del universo. El amor. ¡Y el amor a veces es duro, no tiene que dar todo lo que uno pide!

-Ser como dioses… La era de Acuario… No significa nade de poder, volar, o visitar planetas… ¡Significa amar, querer a los demás, aunque sean nuestros enemigos! ¡Imposible! ¡No está en nuestra naturaleza!

El Hada consejera intervino.

-No, desde el Edén. El Paraíso sirvió para intentarlo, pero el hombre…eligió. ¡Y desde entonces estamos en estas cirugías!

-¿Y el país de los asombros?

-Grietas en el vacío que el ser humano ha construido para destrozar el universo, a manos del mal. ¡Lo asombroso es que aún perdure!

Laura estaba concentrada.

-¿Y ahora? ¿Habrá dos seres supremos? ¿Se destruirán el uno al otro?

-Sólo hay un ser supremo. No sé qué pasará, pero sólo hay uno. No lo dudes. ¡Y deja ya los debates ontológicos, que no es lo nuestro!

Laura musitó.

-¿Acaso puedo yo detener el tiempo?

-¿Cómo? -Alfonso arrugó la nariz. Creía que su hermana desvariaba.

-Sí. Don Quijote, lo dijo… cuando alguien se burlaba de sus años, creo… ¡Esa es la clave! Él no puede gozar de su poder si no detiene el tiempo, porque de otro modo le estorba la inmortalidad, que viene a ser un infinito físico, un imposible en nuestra dimensión. Así que… no le sirve para nada…

-¿Cómo?

Laura guiñó. Un ojo.

-El Creador sigue jugando con su criatura, se ríe de la maldad, ya que no puede destruirla. La omnipotencia no se entiende bien con la arbitrariedad, se somete a unas reglas indescifrables. Luzbel nunca podrá igualarle, porque no puede detener el tiempo. Nadie puede… Pero el diablo cree que Dios sí…

Alfonso abrió la boca.

-¡Claro! ¡Vaya debate escolástico! Para que le aproveche y le satisfaga ser inmortal y todopoderoso debe hacerlo en unas coordenadas temporales, y para eso debe renunciar a todo eso y adaptarse a lo humano. ¡Vaya truco del Boss!

Yovi dio la mano a Alex. Le abrazaron. Anita se sentó junto a él, que parecía cansado.

-No podía servirse de la inocencia para hacer daño, No, al menos, para siempre.

-Aquí, o se gana o se pierde. Así que -Yovi estaba lanzado- vosotros esperad. -Miró a Alfonso-. Y de fracaso, nada, que ya te veo venir.

-¡Si es que esto parece un agujero negro!

-Sí -dijo Laura, sonriendo-. Un black Hole, en el que los papeles tienden a desaparecer. ¿Os dais cuenta? Aquí no existen los documentos tal y como estamos acostumbrados a manejarlos.

Unas nubes altas absorbieron el color dorado del poniente. Se entrecruzaron como el entramado de un enrejado andaluz.

-Un sueño en el cielo.

El Hada Consejera les miraba como la primera vez. Se sintieron bien, con una placidez que recordaba un beso de buenas noches.

-Los ancianos, los niños, los débiles… y la gente amable… El Creador ha determinado que su valor supere todo lo que signifique fuerza y violencia… Es el comienzo de la Nueva Era.

-¿Entonces?

Yovi abrió los brazos.

-Tardaremos en verlo… Pero comenzará por aquí -señaló sus sienes con los índices- de modo que les irá pareciendo cada vez más ridículo presumir de musculines y no de bondad.

Alfonso negó con la cabeza.

-Tal y como van las cosas por allí… Muy largo me lo fiáis…

Todos callaron. El Hada suspiró.

-Sí. Será largo. Pero es la única esperanza. Y esta vez, real, gracias a vosotros.

Laura protestó.

-Mira, eso no es así. Nosotros no hemos hecho nada.

-Creer, primero. -Miró a Alfonso sonriendo-. Sí, hombre, tú también. Cuanto más cuesta llegar, más se disfruta. Y hay cosas que van poco a poco… Recuerdas, ¿Laura?: “No arranques de cuajo la hierba del estanque…porque no volverá a crecer”.

-Eso es verdad -dijo Anita-. Una vez, el yayo Juan me dio césped para el patio secreto del cole, y cuando fuimos a plantarlo, Daniela lo arrancó, y ese trozo nada, no salió.

-¿Ves, Anita? Pues tú enseña a Alex.

-Es que no me hace caso. Sólo cuando hago como que no me importa.

Yovi subió a Alejandro sobre los hombros y galoparon un rato. El Hada les miraba. Tomó la carita de Ana entre sus manos y la miró a los ojos.

-¿Te acordarás de mí, Anita?

La niña la abrazó.

-¡Pero si tú eres mi Hada madrina!

Cuentos. (Laura en el país de los asombros). 101

17 agosto 2010

EL HACEDOR DE CANCIONES

El hombre llevaba con esfuerzo un paraguas enorme, abierto para cubrirse del sol, tal vez porque no era lo único que se traía entre manos, y es importante, cuando se sube una cuesta, calibrar bien lo que da uno de sí, para que no le pase lo que a aquel borrico, que a la mitad de la ascensión se paró y no hubo manera de arrancarlo a andar, hasta que le aligeraron la carga, que era tan excesiva como la ambición de los arrieros, siempre midiendo con varas extremas lo que se tercie, pequeñas para dar y largas para exigir. Mucho arrierito hay en el mundo, incluyendo en éste el país de los asombros, que no sabemos aún si forma parte del todo o es el todo de una parte-a lo mejor nunca nos lo dice quien lo sabe, si hay alguien que lo sepa- y en el camino los arrieros se encuentran, se saludan y se va cada cual por su lado, porque se recelan y estorban. Ahora pon otro sustantivo, de sustancia, donde dice arriero, y otra bestia, más o menos cultivada, donde dice burro, y ya puedes mirar por la ventana y observar cómo discurren los días del Señor.

Se detuvo, como la acémila, terciada ya la loma, secó el sudor, que corría por su frente y aguaba el bigotillo, suspiró como una novicia dos meses después de los votos, y tomó asiento sobre una peña que le pareció tan cómoda como el trono de un rey. O más. Luego se abrió el chaleco y extrajo, como los prestidigitadores que se llaman magos en esta parte, un conejo de la chistera. Digo un artilugio desplegable, de esos que caben en el cuenco de una mano, una mano un poco grandota, eso sí, y fue haciéndolo crecer como si lo inflara, como esas construcciones que van formándose según abres las hojas de los hermosos libros que las contienen, plegadas como la boca de un inquisidor.

-¿Y qué más pasó, HORUS?

Anita había hecho la pregunta porque el relator se había callado de repente, y no era, precisamente, su costumbre, ya que quienes le escuchaban solían obligarle a ello para descansar unos segundos.

-NUMIR, Anita. Te has empeñado en cambiarme el nombrecito…

-Es por el OJO. -Alfonso señaló el emblema que lucía en la coraza, una pupila de oro que lanzaba rayos, como el sol que todo lo ve, o algo así.

NUMIR, o bien HORUS se encogió de hombros.

-Bueno. Me toca ser dialogante, y eso es casi como ser dilógico, o ser dual, o…

-¡Vaya! -dijo Laura, interrumpiéndole-. Le diremos a Italo Calvino que te busque un mote, digo un título, bueno, que a ver cómo te llamamos, ya que eres tan…equívoco.

-Ese señor me suena. Escribe unos disparates tan bien traídos que uno se los cree y encima busca más, como los unicornios del rey Juan.

-Esa historia es una belleza… Fueron a buscarlo, y un Galán hizo la crónica.

A todo esto, el viejo oscuro -un negrazo algo talludito, para entendernos- terminó la colocación del artilugio, que resultó ser un piano, de media cola, eso sí, porque completo ya hubiera resultado ser un truco excesivo. Y comenzó a tocarlo con el estilo cálido de los buenos jazzistas. Sólo que su música era de swing. Y la letra, oh la letra, un paseo por el parque en calesa de mulas blancas, con claveles rojos en la cincha del bocado.

Lo más curioso era el coro.

-¿Dónde están las otras?

-Las voces. No hay nadie más. Lo hace él todo. Es CARMINO, el hacedor de canciones. Empezó con el gregoriano en un monasterio del siglo XII y…

Se detuvo un momento como para tomar impulso.

-Digo que él empezó en el siglo XII, en Silos o por ahí. Ha cambiado un poco, porque en New Orleans se aficionó a los sombreros grandes y las chaquetas de tweed. Pero sigue siendo el mismo Carmino de siempre.

Númir, Horus, hizo un gesto de comprensión que su corte de tertulianos aceptó como el final del discurso. Las canciones eran tan magníficas como divertidas, solemnes por su calidad, pero con esa forma informal que caracteriza la auténtica clase.

-¿No lo habíais visto antes? -Númir miró a YOVI.

-¡Pues claro! Bueno, no exactamente… Lo habíamos… oído… que es lo importante… O mejor dicho, lo inevitable. Porque su música está por todas partes, y cuando no suena es que se lleva dentro.

Númir asintió.

-Te entiendo… Es el lenguaje que enlaza. Lo aprendimos en la escuela de Daniel. Los ángeles antes sólo cantaban. ¡A Dios no se le podía hablar en prosa!

Laura sonrió.

-Eso me suena a comedie francaise, un pelín plagiada del arte español. O sea, el burgués que hablaba en prosa sin saberlo… ¡Querrás decir que simplemente no se le hablaba sino que se le cantaba!

Yovi miró a Númir como a un cómplice.

-La escuela de Daniel era muy severa en la aprehensión de los conceptos. Verás, es algo diferente a lo que estáis acostumbrados. ¿Puedes oír crecer la hierba? ¡Ya sé que conoces lo del león parlanchín! ¡Pero eso ya sale en Narnia, aunque exagerado!

Laura esperaba que Alfonso, o Yovi, o alguien, saliera al quite, porque ese toro la estaba arrinconando y no se sentía a gusto en el ruedo. Nadie hacía nada, así que se limitó a esperar.

-Todo era verso, verso libre, como decís, no era precisa la rima, o no de esa forma tan pesada que conocemos… Era más bien como los ritmos griegos, como las sílabas entonadas del latín, ¿no lo ves? Eso es música, la matemática del lenguaje, primero, y luego, el sonido del silencio. Cuando se une sale La Flauta mágica.

-O la coral de la Novena, o…

-Carmina burana. Una primita del maestro. Y un montón de piezas más, incluyendo las de Bernstein, o Porgy and Bess, o…

-¡No sigas! Sufficit. Esto no es un catálogo. Aunque parece un prospecto de diletantes sin pretensiones.

Cuentos. (Laura en el país de los asombros). 100

16 agosto 2010

SE DESVELA EL SECRETO DEL LIBRO

LAURA acariciaba las páginas del incunable. Parecía una niña con su primera muñeca entre lo brazos. DON MATÍAS la ayudó a sostenerlo.

-¿Pesa, eh? -Sonrió con esa carilla de conejo que reservaba para las grandes ocasiones-.Sí, porque contiene algo más que las grafías, que los miniados, que el pergamino. -Alzó el dedo, como en los Pantocrator de Bizancio, como si fuera a bendecir el mundo-. ¡Contiene la verdad! Ahí, escondida, oculta entre los pliegues de un infolio, en un punto, tal vez sobre la pupila de uno de los dragones que guardan la puerta del castillo -buscó hacia la mitad del libro- aquí, ¿ves?. Como Jorge, el cuidador de la bestia, que nunca peleó contra ella, sino la cabalgaba, jinete esotérico. Sí.

A Laura le pesaba, desde luego, pero los discursos del cura tampoco eran moco de pavo.

-El palimpsesto, suponemos, ese manuscrito del ángel, la fórmula secreta, no se puede leer sin un corazón limpio. Ellos -señaló los dibujos de seres extraños, algunos con forma de diablo, otros de animales o mezcla de humanos y plantas, como un sueño de El Bosco- lo ven en blanco. Y él -hizo un gesto con el pulgar- no ha podido desentrañar el misterio, y está muy, pero que muy -se echó una risita saltimbanqui- cabreado.

Laura miró a sus hermanos. Alex, ya tranquilo, esperaba sentado en un banco de coro, como un pequeño abad. Anita acariciaba un balaustre de metal dorado, llevándose, como de costumbre, la epidermis de los objetos con que tropezaba, para rociarse con ella los ojos y la boca. Eso que enfadaba tanto a mamá. Y Alfonso parecía meditar, mirando al techo, que se perdía como una ojiva gótica de Notre Dame. A Laura todo eso le parecía un ‘dejà vu’.

-Es el dedo de Dios.

Lo dijo sin pensar. Don Matías la miraba boquiabierto.

-¿Que has dicho?

-No es el ángel. Lo escribió directamente Él. Y Miguel Angel lo reflejó en la capilla Sixtina. Por eso se tocan, apenas, pero se tocan. Es la transferencia del conocimiento, el ser mismo del creador. ¡Por eso lo quiere Luzbel! ¡Es la puerta de la fascinación, a través de la cual se pasa al mismo Dios!

Alfonso se había acercado. Le brillaban los ojos.

-Muy teológico, hermanita. Pareces una iluminada, ¿sabes?

Laura callaba, como meditando en sus propias palabras, como si no las hubiera pronunciado ella o no fuera consciente de su significado.

-Y tu.. ¿sabes cómo se traduce todo eso? Porque al final es todo igual, una especie de acertijo.

Don Matías se interpuso entre Laura y su hermano. Había alzado su cruz de plata.

-¡Vade retro! -gritó. Se hizo un fogonazo y Alfonso cayó al suelo, mientras una sombra gris se alejaba flotando, con una especie de chillido. Anita se acercó.

-¡Parecía la sombra de Peter Pan! ¡Iba sola, sin su cuerpo!

El cura le acarició el cabello.

-No era Peter Pan, Anita. No, precisamente.

-¿Entonces? Gritaba como un búho que hubiera perdido su ratón.

Sonrieron, ayudando a Alfonso a levantarse.

-¿Qué ha pasado?

Laura cerró el libro. D. Matías lo colocó sobre el atril. Alex se había unido al grupo, y daba la mano a su tata Ana.

-Pues que te has descuidado un poco, digo yo, porque te has comido un sapo.

-Sin bromas, Laura. Es muy serio. Un intento de posesión ipso facto. Es muy rara, y más aún en este recinto. Se requiere un poder inmenso, y una voluntad por encima de todo, excepto de… -señaló la cruz de plata, que ahora lucía un rubí en la cruceta-. ¡Creo que era Luzbel!

La Asunción. (15 de agosto).

16 agosto 2010

“…Pronuntiamus, declaramus et definimus, divinitus revelatum (dogma) esse: Inmaculatam Deiparam, semper virginem Mariam, expleto terrestris vitae cursu, fuisse corpori et anima ad coelestem gloriam assumptam…”

Pío XII, P.P, 1 nov. 1950.

Cuentos. (Laura en el país de los asombros). 99

15 agosto 2010

Era un espectáculo. Los seis de Albert

-ahora les pegaba más el gentilicio- les miraban, todos a todos, como en la magia del sueño de papá. Los cuatro hermanos, oponentes, con la pareja de Yovi y el Hada. A los pies. Aris y el cachorro de Tintín, que se movían el rabito. Y eso fue lo que alertó a Alejandro.

-¡Son amigos, mira!

Bueno. Los perros de ciertos amos son igualmente traidores. No hay que confiar demasiado, porque acaban pareciéndose. Pero en aquella ocasión, con ambos grupos escapando a toda pastilla de las fumarolas, cualquier tonto habría prescindido del odio un par de minutos.

¿Cualquiera?

Albert tenía bien tatuada en su alma la consigna del diablo. Él mismo era BELIAL. Y sus retoños, aunque hubieran querido, no podían escapar a su destino.

¿De ninguna manera?

Laura tendió la mano. La pequeña Niobe miró a Robert. Se escuchaban cercanos los pasos de un cuerpo enorme. O eran los latidos del mismísimo LUZBEL, cuyo corazón dormía en la CAJA DE LOS TRUENOS. La pequeña se soltó de Stella y dio un saltito. El vapor le salpicó la túnica roja ribeteada de negro. Le faltaba la capucha y el cestito. El lobo ya estaba cerca para engullir a la abuelita y a todo el bosque.

-Se ha abierto un hueco, una perturbación inversa. Pueden decidir -Alfonso pensaba rápido, no como en las prácticas de la Facultad-. No sé cuánto puede durar, es como una serotonina, puede haber rebote.

-¿Eso es un deporte? -Preguntó Anita.

Laura movió la cabeza, preocupada.

-Estamos al borde del caos y empezamos como siempre. ¡Sois incorregibles!

-Es el karma, Laurita… Nos busca para premiar o castigar, y lo recibimos con alegría, como en ‘Bienvenido mister Marshall ‘ a los americanos.

Por primera vez observaban un cambio evidente en los seis, en todos. Robert, Harald y Marcus tenían apretadas las mandíbulas, y se destacaban los maxilares germanos en sus caras aún adolescentes. Stella, Mirta y Niobe se miraban con un gesto de estupor, como si no hubieran esperado algo que, sin embargo, tenían ya demasiado cerca.

-Al fin y al cabo… son hijos del diablo.

-Como todos… No hay diferencia, y además ellos no tienen la culpa. -Pareció dudar, como si consultase una homilía sabática de Prada-. En principio, los niños son inocentes, es decir, culpables.

El ruido de la tierra, como una voz de dragones que despertasen, iba en aumento, Sólo que ahora acompañado de temblores y de calor. Una erupción volcánica, a eso se parecía…según los libros y la peli de Aladino, cuando el guardián de los tesoros cierra la puerta de la gruta. Que alberga la lámpara.

Laura dio un tirón a Niobe, arrancándola casi del brazo de su hermana.

-Esto parece todo un ‘déjà vu’…, -Suspiró-. Como cuando lees una novela moderna.

Alfonso llamó a Marcus con el gesto. El niño le dio la mano.

-No querrás que seamos originales, hermanita. Eso déjalo para Indiana, la próxima vez.

Ya quedaban frente a ellos dos parejas y en su grupo dos tríos. Un póker descubierto.

-¡Vamos! -gritó Anita-. Y salió corriendo con Alex, que trotaba como un potrillo.

De repente algo les detuvo. Una sombra gigantesca se hizo corpórea en segundos. La figura de LUZBEL, y a su lado BELIAL, que miraban de hito en hito a unos y otros, aún separados por un corto espacio, justo al borde de la sima.

-Bien -la voz del Boss parecía dulce y severa, como la de un catedrático de metafísica-. Ahí los tienes -señaló a los hijos de Albert-. ¿Son o no son tus retoños? -Rió, y su carcajada cambió los rasgos de su cara y la expresión del sucedáneo que le acompañaba-. ¡Habría que preguntarlo a su madre! Míos no son, te lo aseguro… Tuvimos… un ligero escarceo… sin llegar a nada… pero ella tenía fuerza, sí. Sus ojos nunca acababan, eran interminables como el odio de los FELAYM…

-Sí, amo… -Su voz, bien timbrada, sonaba algo balbuceante-. Lo son, a tu imagen, como ordenaste. -Esperó un momento, como si aguardara la reacción del diablo, o tal vez sopesando sus palabras. Bien sabía que su pensamiento era casi transparente para quien le dominaba-. Pero al fin y al cabo, son niños…también; diablillos -rió con una carcajada seca y corta- como dicen ellos, aludiendo, sin duda, a tu poder, porque te admiran. Tienes tantos seguidores como el otro, y más leales…

Luzbel amagó un gesto de sorpresa.

-¿Más leales? ¿Te refieres a ti mismo, por ejemplo?

-Desde luego. Sabes que yo lo doy todo por servirte. Todo.

-Lo sé, lo sé, amigo mío… Por eso he decidido pedirte algo.

Un silencio hosco se adueñó del recinto, que a pesar del fuego parecía enfriarse más y más. Los niños se habían ido retirando, lentamente, pero algo les retenía, un peso que aprisionaba sus piernas.

Belial, cada vez más diferente del Alert que conocían, se inclinó.

-Ellos -señaló al grupito de los cuatro que quedaban solos, los hijos mayores- se quedan. Tengo algunas vacantes en mi pequeña corte de… aprendices…

En ese momento Laura sintió como una liberación. Echó a correr, sabiendo que todos estaban sintiendo lo mismo. Anita pasó a su lado tirando de Alex como una exhalación. Alfonso y Marcus les seguían.

Perdieron de vista la capa púrpura y las sombras que el fuego acrecentaba, y no oyeron nada más. Sólo el crepitar de unos leños, o eso parecía, que se iban consumiendo, e imaginaron que era otra cosa: el rechinar de los dientes de Belial, o de Albert, que nada podía hacer ante los deseos de su amo y señor.

-¡A ver cómo se lo cuenta a Nely esta noche! -Saltó Alfonso.

Laura le miró como siempre que se pasaba.

-Seguro que lo sabe, tontorrón… Ya has visto que se llevan estupendamente…

Anita tendió la mano.

-¡Vamos, Níobe! ¡Salta!

Debajo rugía el mar de fuego. Luzbel había dispuesto bien sus trampas.

-¡No, déjame! -Miraba hacia atrás, con el temor de los niños a los mayores, que es el peor de todos cuando se siente de verdad.

-¡Tú eres buena! ¡Vamos! ¡Ven con nosotros!

El puente de piedra cedió justo en el último momento, como sucede en la películas. Sintieron el calor, el olor acre, los rugidos del fuego y de los inferi. Pero allí estaban, todos juntos. Parecía un milagro. Tal vez lo fuese -pensó Laura.

-¡Vaya susto! Pero ¿por qué nos habrá dejado marchar? ¡Y los otros cuatro se quedarán encerrados para siempre!

-Creo que no… Ya, ya… No me miréis así… Pero es que no puedo olvidar la mirada de Harald y MIRTA cuando les señaló ese… engendro… con el dedo. ¡Estaban aterrorizados!

-Yo no me dí cuenta… Bastante teníamos con lo nuestro. ¡A mí me daba más miedo el otro, sabiendo que es el vecino!

-¿Pero volverá? Quiero decir como vecino…

Los pequeños dormían plácidamente, con las cabecitas juntas. Alfonso se mordió el labio inferior. O sea que pensaba.

-Me pregunto cómo entraron por la puerta del seto… Está claro que no deberían haberlo hecho. Los retenían en la casa, como si su misión, por decirlo así, fuera pasar desapercibidos.

-Sí, crecer y aprender cómo funcionan las cosas y las personas, para luego…

-Aplicar la técnica del sectario, captador de incautos, entre los que sin duda estaríamos nosotros… ¿Recuerdas cómo nos daba penilla verles allí, detrás de los visillos, como queriendo jugar con nosotros?

-¡Vaya sorpresa! Aunque, pensándolo bien… ¡a lo mejor ellos también están sorprendidos! ¡Como cuando uno se entera de que la gente se muere!

Alfonso suspiró.

-Pues hay quien se comporta como si fuera a vivir eternamente. Vaya aburrimiento! ¿Te imaginas estar oyendo siempre la misma canción? Aunque sea Pretender, o Candles in the nigh o….

-Bueno, déjalo. Pareces un catálogo recitativo, y al final sólo vale una canción del lote, la que hace vender el disco… Oye, así somos nosotros, todos. Nos distinguimos por una sola cosa, algo nos hace diferentes, y en el resto… no valemos nada.

-¿Estás depre, hermanita?

Laura suspiró, un aliento rubio que se iba perdiendo hacia el sur.

-Reconozco que siento mucha nostalgia, algo que me debilita. Pero no lo identifico, no sé… Como si fuera un parásito, pero yo quisiera alimentarlo, o al menos no alejarme de él.

-Sí -Alfonso miraba a sus hermanitos, que jugaban con una raíz de ALLIBUSTRE PELÓN, la que se enreda como las hélices y despega, volando al modo de un boomerang- y vive por su cuenta, como si fuera tu huésped. Esas cosas no son raras, son los huecos del ser, o algo así, espacios que no podemos rellenar como si fuera un pastelillo de carne.

Laura se echó a reír.

-¿Te das cuenta de que parecemos dos adultos pesados, haciendo discursillos para una tertulia? ¡Basta de tópicos! Dejemos que la vida fluya…

-Pues eso es también un topicazo… Y es que no hay que plantearse si lo que dices o lo que piensas va a ser aplaudido, sino el bien que hace o la necesidad que tienes de ello.

-¡Vaya, Alfonsito! -dijo Laura-. Me estás sorprendiendo… Será que el País de los Asombros también cambiamos nosotros.

-Y ellos. -Señaló el lugar donde estaban ‘los Albert’, acurrucados y descansando.

LAS GEMELAS vieron el resplandor justo cuando Harald se metía por el seto. Sintieron que algo las devolvía a un lugar que no les era desconocido, pero donde no se encontraban a gusto, como si aún no les hubiera llegado el tiempo de volver.

Y eso era justo lo que pasaba.

Corrieron, con el corazón desbocado, hasta alcanzar la cima de un montecillo. Allí se sentaron contemplando la CIUDAD DE LUZBEL. Había tantos campanarios que más parecía una villa medieval clonada sobre sí misma hasta el horizonte. Torres que escavaban el cielo, hurgando entre las nubes bajas, cargadas de un gris luminoso como los paisajes de Van Gogh.

Al poco, fueron bajando, despacio, sin perder de vista el pináculo más elevado, que reventaba en una aguja oscura y brillante, como un rayo inverso teñido por la noche.

Las atraía. Eran dos objetos metálicos absorbidos por un imán poderoso, dos barquichuelos que se tragaba un remolino, y aún así mantenían su voluntad, como el águila que se sostiene sobre la catarata, jugando con todas sus fuerzas contra las corrientes de aire que el agua expulsa hacia lo alto, hundiendo su pico en la espuma, mostrando su fuerza ante el riesgo de la muerte.

Cuando llegaron, la luz del primer sol se había extinguido, y un reflejo dorado de su gemelo alumbraba el primer peldaño de una escalera de caracol. Subieron de la mano, rozando con los codos y los hombros las paredes y llegaron a una azotea donde palomas blancas zureaban inquietas. Una sombra gélida llegó en el mismo momento, una sombra que precedía la figura majestuosa de CLEO, LA REINA FRÍA. La mujer sonrió, alzó su mano derecha y dio de comer a un palomo, al rey del harén.

-Mis pequeñas han venido antes de tiempo. -Hizo un gesto que abarcaba toda la extensión del mundo, la ciudad, a sus pies-. Parece cierto lo de la… ¿cómo la llaman?… Perturbación. Una palabreja que inventaron esos taradillos de las galaxias, que a veces aciertan.

Las niñas la miraban con reverencia. Se sentían al tiempo temerosas y seguras. Aquella mujer, o diosa, iba a protegerlas y a amarlas, pero también a enseñarles cosas que nadie podía saber. Ella pareció leer su pensamiento.

-Sí… Esa… perturbación… os ha traído antes de tiempo… Pero, como dice el MAESTRO, no hay bien que por mal no venga… Así que…

Hizo un movimiento rápido con los brazos. Se envolvió en la capa, atrayéndolas hacia sí, como un bello vampiro abrazando su presa, dos flores de ciruelo recién brotadas. Girando sobre sí misma, levitó un instante y luego, muy velozmente, se elevó hasta desaparecer en la oscuridad.

Cuentos. (Laura en el país de los asombros). 98

14 agosto 2010

Aquel verano iba a ser especialmente caluroso.

Lo de siempre, que se echa encima y parece nuevo todo eso del tiempo. ¡Como si el verano no estuviera hecho precisamente para pasar calor! El caso es que en el viaje las nubes se asomaron un pelín por el oeste y desaparecieron después de saludar tímidamente a los ocupantes del coche, un haiga vetusta y destartalada que albergaba media docena de rostros tranquilos. Una novedad que iba a durar muy poco, naturalmente.

……………..

El pueblo era como todos, un pueblo. Nada expresa mejor lo que significa, todo el mundo lo entiende, y de la misma forma, como si Babel saliera corriendo cuando ve las casa derramadas en las colinas bajas y la torre de la iglesia, que muchos quisieran ver sustituida por un obelisco de ladrillo, porque odian lo que representa. Si escarbas un poco, verás que ese odio es como el que se tiene a un rival apenas conocido, sólo porque así viene impuesto por el uso social, de esas sociedades humanas que tanto se parecen a los rebaños. La gente de ciudad, cuando llega al pueblo, se siente mejor, pero no por el aire o la comida, sino porque los lugareños se les antojan inferiores, incultos, toscos, paletos. Y los urbanitas, chupatintas y cuellicorbatos, les miran con el suave desdén del plutócrata a su criado, sabiendo que le necesita y compadeciendo su oficio.

……………………….

-No hay seto.

Alex señalaba el contorno de la casa. Una verja alzada sobre el muro de piedra, y a trechos unos pilares de piedra y ladrillo, como los del Campo del Moro, pero en chiquitín. Era un jardín pequeño, casi minúsculo si se considera que en el pueblo todo es campo, pero es que mamá quería una casa cómoda, y la mandó hacer para trabajar lo menos posible, porque en este país esos trabajos de hogar son tan poco considerados que casi están mal vistos, así que no vale la pena… Pero a Alejandro le preocupaba que no pudieran salir a darse un garbeíto… por el país de los asombros.

-En vacaciones no hay… -Anita se detuvo a la mitad de la frase. Algo le hizo pensar que quizás si hubiera… Bueno, el caso es que no dijo nada más, así que nos quedamos con las ganas de saber si se refería a que no iban a salir por la puerta invisible que les comunicaba con sus amigos y sus enemigos, en ese mundo que tanto se parecía, si lo pensabas bien, a este otro.

De repente abrió los ojos, rápida como una ardilla.

    -¡Hay gente muy rara!

Iban caminando al sol, que apretaba. La sierra -como llamaban allí a las altas lomas de robles y pinos, con tramos de monte bajo donde se guarecían los cervatos y el jabalí- reverberaba como la panza de una sartén. De vez en cuando se veían barcos y ciudades suspendidas en el aire, entre las nubes y un punto tembloroso en el espacio, espejismos que desaparecían en cuanto les prestabas atención, como el gesto de los niños. El paisanaje les miraba con gestos indecisos, entre la simpatía y la hostilidad, como sucede en los ambientes rurales, que son un punto hoscos e insensibles, alejados de la propaganda bucólica que hace Fray Luis, un intelectual. Anita hablaba por lo bajini, dando zancadas, imitando sin saberlo a Jack Nicolson, para evitar las rayas que araban el asfalto, de un gris feo y opaco, tirado de mala gana por obreros sin profesión.

Aquella noche durmieron de un tirón. Amaneció un día tórrido y fueron a la piscina pronto. La más sombreada, la de los álamos negros. Así mamá podía descansar mientras vigilaba a Alex, el fugitivo de las olas, el velociraptor guaperas. Y así lo hacía mientras observaba discretamente unos grupitos dispersos, gente desconocida que a aquellas alturas no podía identificar con los antiguos veraneantes del pueblo, cuando se tomaban las aguas y los aires como un lujo del estío, y no estaban aún de moda los exilios masivos a las playas.

-No son de aquí, ¿verdad?

Anita la miraba y señalaba de reojo una mesa algo separada, en la que tres individuos jóvenes y una chica parecían jugar al mus.

-No son del pueblo, mami. Laura también lo dice. Están aquí para vigilarnos, porque algo va a pasar, o eso creen.

Alfonso llegó vestido, y les dio un besito.

-Me voy a la churrería, Quiero mirar por la ventana, a ver si han brotado las ramas que se quemaron el último año.

Al pasar por la mesa de los cuatro museros, le echaron una mirada, y eso nunca lo hace un discípulo de Mingote. Nadie puede distraer un buen envite.

-Inquietante. -Laura sacudía la melena y llevaba de la mano al pequeño, que se resistía. Alzó las cejas y musitó:

-El frutero no es el mismo. El otro era de la Puebla de Montalbán. Y no llevaba una Vito.

-Pues sí que te fijas.

-Y no es todo. Además de ésos -señaló las mesas contiguas, separadas por los árboles- hay otros que no vienen a cuento; una tienda de chuches, ya ves, cuando con El Caqui sobra, y además sin kit-kat ni Lacasitos.

Alex se sujetaba la tripita.

-Me duele.

-Yo noto algo raro también. ¿Será el agua?

Mamá se levanto.

-No es el agua. El agua la beben todos… Y nosotros seguimos con las botellas de Lanjarón, ya que tu padre nos acostumbró desde siempre a beberla.

-Porque está al lado de Órgiva. El pueblo de los abuelitos.

Laura suspiró.

-¡Cuánto me habría gustado conocer a los ‘bisa’! Pero, ¿por qué nos duele la barriga?

-¿Has oído hablar del mal de ojos? Te cuento una historia. En un poblado del Senegal, un hombre probó la comida de otro. Le dijeron que era del jefe, algo tabú. Y empezó a sentir dolores, se sintió obligado a morir, porque así lo imponía la superstición.

-Pero nosotros no nos creemos todo lo que nos echen, mami.

-No es sólo creer. El mal que nos desean otros nos influye, sin duda. Aunque sea sólo por la tristeza de sentirlo; de sentir la mezquindad y el vacío de esas almas vendidas por tan poca cosa. ¡Y como decía el abuelo, sursum corda!

A los niños les encantaban esos gritos de guerra. Se imaginaban a Julio Cesar declamando en el Senado de Roma.

Laura se pasó la tarde hecha migas, pensando el el karma y en que los buenos siempre parecen ir a la zaga de los malos, a quienes les importa muy poco las consecuencias de sus actos. En esas estaba, y en aventurar dónde se habría metido Alfonso, cuando oyó trastear al tío Arturo en el garaje.

-Me voy a Madrid. Tengo una exposición de escultura moderna. La mitad superior de unas está pegada a la mitad inferior de las otras, y viceversa. Así parecen más originales. Desde que Picasso se equivocó en el escorzo y no quiso rectificar, todo el mundo se siente creador especialmente si no sabe hacer bien las cosas.

-Como si a un busto le cortases la cabeza y pusieras en su lugar…las patas de una mesa.

-O al revés. Bueno. Volveré tarde.

Laura no se lo pensó dos veces. Tenía una cosa que hacer.

-Oye, tío… ¿Me llevas a Madrid? Es que he olvidado…algo.

Arturo se encogió de hombros.

-Tú sabrás lo que haces. Si te atreves a volver tan pronto a los infiernos…

Laura se estremeció.

-Bueno, muchos dicen que de Madrid al cielo… No será tan mala…

-Porque te mata si no huyes rápido… Y encima con el gobierno por allí, como si no hubiera bastante con las huelgas de basuras y los calzones horteras de las jovencitas, enseñando la frontera del sur.

-Bueno… ¿Nos vamos? Le dejo un recado a mamá.

La casa parecía distinta. Laura se acercó casi furtivamente, con miedo. Sabía que era necesario, y esa necesidad la impulsaba con una fuerza extraordinaria. Llegó hasta la verja. La sombra de un gran pájaro la alertó, pero no miró hacia arriba, sino enfrente, a las ventanas del dormitorio de Níobe. No se movía nada, ni los visillos, ni las ramas del sauce, ni el agua quieta en la piscina. La llave que dejaban para emergencias estaba encima del murete, junto a la puerta de entrada, en una ranura que servía de escondite. Dio dos vueltas a la cerradura y pulsó el código de la alarma. Sonó un pitidito y suavemente cerró la puerta tras de sí.

-¡Mane, tecel, fares!

Nada. Por entre las hojas del seto se deslizaba un abejorro de arizónica, lamiendo los tallos amargos. Laura pensó que eso no servía para nada, y que tal debería mejorarse el código genético de algunas especies. Cerró los ojos. Se concentró, o lo intentó de nuevo. Pero miraba de reojo la sombra del gran pájaro, que ahora parecía un águila acechando caza en un secarral manchego -hacía mucho calor y le apetecía darse un baño- y el esquinazo de la gran casa de Albert, que se proyectaba como la proa de un buque fantasma, repleto de piratas invisibles. “¡Vaya cosas se me ocurren!”, pensó, mientras daba vueltas a la llave entre los dedos. La miró y volvió a esconderla en su refugio del muro. Eso necesitaba. Una llave de entrada al PAÍS DE LOS ASOMBROS. Porque necesita consultar, urgentemente, a YOVI o al HADA CONSEJERA. Comenzaba a inquietarse. ¿Y si volvía al pueblo con las manos vacías y empeoraban? Porque algo les estaba debilitando. Sentía los párpados pesados, aunque no tanto como antes, y respiró hondo. “Que fluya la vida”, sonrió. Y el aire perfumado de jazmín, desde la enredadera del patio, la saludó. “Un ángel” -se dijo. “Un ángel que me guíe, como en el Edén. Pero eso fue para expulsarles… Vaya contrariedad”. Fue un momento surrealista, en el que se mezclaba la reflexión con el desvarío. Vio una escalera imposible, como las que fabrica el genio de Escher. Unos peldaños que ascendían y llegaban a lo alto. Entonces las sintió. Las palabras que brotaban de su alma, los números del verbo. “Uno de los nombres de Dios”, musitó mientras se abría la puerta y le vio sentado, esperándola.

-Hola, YOVI.

-Hola LAURA.

Ahora todo se iba a arreglar. Pero el ÁNGEL tenía la mirada triste. ¿Qué estaba pasando?

Hablaron un rato. Yovi parecía saberlo todo, pero aguardaba los detalles. Y también al HADA CONSEJERA, que en aquellos momentos viajaba a su encuentro. Desde lejos se veía una perturbación en el aire, que alteraba el horizonte. Luego un ruido como las sedas antiguas, frú, frú. Y el vientecillo.

-Lo hacen para debilitaros y que no luchéis. Es una buena técnica, porque rehuyen el enfrentamiento, nadie se percata de lo que está pasando, aunque sus consecuencias son evidentes. Cambia el humor, la perspectiva, todo. En su grado máximo lo llaman posesión o popularmente endemoniamiento. Los psiquiatras dicen que son brotes histéricos o psicóticos, cosas así.

-Pero son las sombras de los FELAYM.

Todos se miraron. Aún recordaban la primera batalla, que dejó incierto el curso de la guerra. Una batalla que les estremecía, sus ojos se cerraban, las fuerzas se apoyaban en la espalda y les obligaba a agacharse, a mirar el suelo, a caminar con la cabeza baja. Porque era el vacío, la huida del valor, el mal.

Laura regresó con el tío Arturo, que tenía cara de pocos amigos. La exposición, claro, no le gustó nada. Él era un clásico, y le daba mucha importancia a la técnica.

-Para hacer una escultura hay que saber trabajar la piedra. El mármol, por ejemplo, no piensa igual que el granito. Se mueven de manera diferente en las manos, son cuerpos que se moldean a sí mismos, y esperan que tú les guíes.

Laura creyó comprenderle cuando se fijó en los árboles del camino, que un viento de julio, seco y eléctrico, conmovía. Ninguno se agitaba de la misma manera. Como las personas.

-Pero es muy importante la creación, imaginar, no sé, ese punto de genio que no es golpear o fabricar, como hacen las máquinas.

Arturo asintió.

-Eso dicen siempre. Para justificar la ineptitud o el descaro. Eso dicen, sí.

El día de la Procesión amaneció nublado. “Menos mal”, dijo la abuela, auscultando el sur, donde se alzaba la colina de la ermita. Un monte medio, que se desplegaba hacia los llanos de Cabañeros, como las ondas de una boa gigante.

………..

El Cristo iba a hombros de costaleros con el gesto obligado de quienes no gozan el dolor, que es un signo de las cofradías de Semana Santa en los territorios andaluces, donde las vírgenes se visten de noche para llorar, en las fiestas paganas de la primavera. La mayoría eran consortes de las viejas beatas, que pagaban su redención eterna con el trabajo de los demás, como los capitalistas de Rolex y platino en las puñetas.

………

En el recodo de la Fuentesanta, el cortejo se detuvo. El cura alzó la voz, aunque dio lo mismo porque nadie le escuchaba y casi nadie le oía, para el ensalmo de la imagen, cuando se le pide que todo sea bueno y nos libre de quienes no nos quieren. Un saludable propósito que se repite micrométricamente en el universo, porque para eso están los dioses, para proteger a sus leales. Los niños estaban cansados, y sólo Alex vio cómo alzaba la mano, lentamente, la descolgaba desde el brazo de la cruz y señalaba un punto en el suelo.

Anita, a caballo de Alfonso le sacudió.

-Bájame. ¡Mira!

Indicó el lugar que marcaba con su índice de madera policromada. Alfonso tiró del pelo a Laura, hecho un flan.

-Ya lo he visto. Y parece que a todo el mundo le resulta normalísimo que su talla del diecinueve articule como un robot. O eso, o no lo ven.

-¡Es un awatsi! ¡Un paso al país de los asombros!

Anita podría tener razón, pero el caso es que no encajaba demasiado. ¿Es que el más allá, encarnado en el Hijo del Hombre, se ponía de su parte? ¿O jugaba al mismo rol que ellos, como un invitado? Dios tiene buen humor, como demostró Chesterton, pero aquello podía ser una alucinación, o una prueba, o una trampa.

El cura sí les miraba. Don Matías se alzó la sotana y bajó un par de metros. Puso dos piedras de granito cruzadas y regresó al frente del cortejo.

Por la mañana acudieron al lugar. Habían madrugado y el día era fresquito.

-Hace frío aquí.- Dijo Anita.

-No es para tanto.

La voz de Don Matías les sorprendió. Cerró el libro y les sonrió. Parecía un conejito simpático, pero de ojos pequeños.

-Así es… -Lo dijo como si llevaran una hora hablando y resumiera el argumento-. Así es… porque así os parece -Se rió, y parecía complacido con sus citas, como los actores de baratillo-. Ahora… sólo tenéis que hacerlo… -Señaló el punto marcado-. ¡Pero…! ¡Cuidado! Hay sorpresas… Tal vez, antes, deba explicaros algo.

Tomó asiento, como D. Julio en las clases del huerto, apoyado en un roble viejo. Los niños le rodearon. El cura suspiró. Desde el lugar se cubría toda la meseta hasta Toledo, y en los vallecitos de olmos iba evaporándose el agua de los arroyos, los que alimentan el Tajo antes de que se ensucie y se haga mayor.

Luzbel me dijo, ya sabéis, que nuestro mundo es un remedo del infierno. Y es verdad que hay bien y buenos, pero muchos sólo buscan la pelea, la traición, la guerra, y dan todo por poseer y mandar. Me llevó a dar un paseo -hizo una mueca irónica- por sus dominios y era asombroso: todos sus colaboradores eran voluntarios; la ley, los negocios, las bombas, el terror, la política, incluso la ciencia y la investigación… Estuve a punto de abandonar, y sólo recordaros, sí, me dio fuerza. ¡Recuerdos del futuro! ¡Vaya acierto! Cada niño que nace trae consigo la capacidad de transformar el mundo. ¡De mejorarlo! Porque ya estamos hartos del jueguecito de palabras con eso de la transformación…

Cuentos. (Laura en el país de los asombros). 97

11 agosto 2010

LA CIUDAD DONDE ESTÁN TODAS LAS CIUDADES

-Una vez oí que en una biblioteca estaban todos los libros y que se expandía como el universo.

-¡Vaya glosa, peque! -Yovi sonreía-. Borges era el interfecto, sin duda, pero no dijo exactamente eso… Eres un interpolador…

-¿Y eso es malo? -Preguntó Anita mirando a su hermano.

-¡Nada de eso! Es muy…creativo. Bueno, pues al arquitecto del país de los asombros se le ocurrió esto. -Señaló al sur, donde el murmullo de un bosque animado parecía surgir del aire, a media altura entre los troncos y el pensamiento de un gnomo dormido-.

-Pero yo veo una línea en el horizonte, Lala. Y es como si abriese y cerrase los ojos una cara larga y suave, de hierba.

-Pues la hierba parece que la toman los niños cuando se explican. -Alfonso estaba criticón-. Y eso se llama parpadear.

-No, no. -Apunto Yovi-.Déjala. Creo que ha visto el NIDO.

-¿El nido? ¿Otro pájaro soñador?

-Lo llaman así. Como el rayo verde del mar.

-Yo lo vi. En Cádiz, en la barandilla del Atlántico. Con ese amigo de papá.

Laura suspiró.

-Sí, ya sé qué dices. Pero no eran amigos, sólo estaban en el mismo sitio, y ese señor era importante, Laín.

-Papá sí era importante -protestó Anita-. Y jugaba conmigo, y ese señor sólo me hablaba y me daba la mano. Y se hizo una foto.

Yovi continuó su explicación.

-Cada uno ve lo que le importa de la ciudad, o la ciudad que le importa. Pero eso puede ser inconsciente, o futuro. No vais a comprenderlo…aún.

Ladró un perro, indolente, como por obligación. Nadie lo veía. Tal vez era parte del paisaje, del tinglado en el que la ciudad que abarca todas las ciudades se aposentaba. Un espacio inútil, pero en el país de los asombros el espacio no ocupaba lugar. El saber, sí, naturalmente.

-Comhospitae.

-¿Qué?

-Es parecido al falansterio… Una especie de comuna, bueno, tampoco, en la que viven todos juntos y crían a los hijos en común,, por eso me he acordado de la palabreja… Lo hacían ya los romanos. También tenían apartamentos en altura, las insulae, que también me recuerdan…

-¡A Sancho Panza!

-Sí, al Quijote, y no sé por qué lo de la ínsula no quería decir un buen edificio de apartamentos para sacar las perras del alquiler.

-La especulación.

-Eso lo dicen los ignorantes, o los maliciosos, o los demagogos, o los mentirosos. Pero no es especulación ni explotación indecorosa. Es lo natural. Como ir al mercado a por merluza o huevos o fruta. En economía se llama igual, ‘mercado’, porque se ofrecen y se piden cosas, que se pagan o se cobran.

-En Roma al supermercado se le llamaba taberna. Los chinos a la cafetería lo llaman cafetín, suena así. ¡Qué bonitos son los juegos de palabras y de sonidos!

-El sonido interior. Kandinsky hacía colores con ellos. Y Miró, el pintor de las estrellas.

-Papá decía que no, que pintaban laberintos sin salida. Y peor aún, sin entrada.

-Pues eso es una chorrada -dijo Alfonso-. Como todo lo que decís. ¿Para qué iba a servir un lugar como éste?

En esas estaban cuando pasó Daniel, hablando con un león. Luego, Elías, sobre un carro de fuego, tirado por caballos alados, y claro, la conmoción fue general.

-¡Eso lo hemos visto todos! ¿Es la decoración?

-No -dijo Yovi, algo inquieto. Eso es que alguno de vosotros es…vegano.

Laura se volvió. Habló dirigiéndose al Hada Consejera.

-¡Vamos! ¡Menudo cuento! Anita parece ser índigo, sí, pero veganos… Es una superchería.

-Los hijos de dios se unieron a las hijas de los hombres y engendraron…

-Sí, ya lo sé, y lo del Arca de la Alianza, y la nube de fuego, y todo eso, que se parece a las armas modernas, pero son símbolos.

El hada sonrió.

-¿Y qué más da? No estamos peleados con lo imposible… Además… -habló en bajito a Laura- yo conocí a Enoch… Un cascarrabias, pero de muy buen corazón.

La cosa quedó así, oscura y en tablas. Porque atravesaron la ciudad de las ciudades como si hubieran cruzado el río por un puente viejo y señero, que les defendiera de la corriente.