Cuentos. (Laura en el país de los asombros). 85

EN LA GUARIDA DE LUZBEL

-¿Puedes sentirlo?

Anita lo preguntó como si diera por supuesto que estaba allí. Sólo se trataba de determinar la forma.

-¡Vaya! Puesto así… –Miró alrededor, buscándole-. ¡No hay duda de que está con nosotros!

Anita sonrió. Ya no echaba tanto de menos a papá. En cierto modo, sólo en cierto modo, lo prefería así, seguro de que estaba bien, y de que él también podía sentirla.

-El cielo es un día de felicidad… –Suspiró-. ¡Qué cosas! Eso es porque la eternidad es el instante, ¿no?

-Pues si es eterno, dará lo mismo cualquier tiempo en que se encuentre, así que sí… Compro poco coco así que como poco coco, un trabalenguas facilón; dabale arroz a la zorra el abad, un palíndromo, como serrar el serrín…

Alfonso puso cara de ingeniero.

-¿De qué vais, niñas? Sobre todo la grande, que nos ilustra malamente sobre figuras…¿se llaman retóricas?

-¿Ves como nos tienen miedo, Anita? –Laura miró a Alex, que dormía abrazado a un tigre de goma-. Bueno, cuando crecen un poco…

-Nos va a hacer falta –suspiró de nuevo-. ¡Anda, vamos!

El camino hasta la guarida de LUZBEL olía a huevos podridos. Pero se pasaba enseguida. Pronto, sí, desembocaba en un palacio que parecía de hielo, aunque era cálido como el peluche de un sueño.

Las nubes se agolpaban en la colina, arropándola, como la estola de visón al cuello de una vieja dama.

Al pie de la colina, justo en los bordes del jardín, se alzaba un pabellón de mármol, o eso parecía. Un arco de medio punto adornaba la entrada, por la que se asomaba una fuente sin susurros. En el frontispicio de la puerta ondulaba una bandera de nombres. YOVI señaló con el dedo índice, esa costumbre romana.

-El LISTADO DE PERSONAJES. Ahora están en plenos ejercicios espirituales.

Alfonso saltó.

-¡No! Esto es una locura… ¿Ejercicios de los de San Ignacio, esos que hacían en el siglo XIX los meapilas?

-Tu abuelo y tu padre eran del siglo XX y los hacían. Y eso les dio, posiblemente, más lucidez, no sé. Estuvo de moda mucho tiempo, entre la gente guapa. También era un regreso a los orígenes de la paz y la longevidad, y ya sabes, eso no se compra.

-La religión y la fe como moneda de cambio. No hay creyente deprimido, o casi. Lo del opio del pueblo, pero en fino.

Yovi siguió indicando la BANDERA DE NOMBRES.

-Ellos están ahí. Su nombre les preserva la vida. Se enclaustran para renovarse, como dicen que hizo el conde CAGLIOSTRO… Bueno… Se intercambian entre ellos y dialogan. En el diálogo encuentran las soluciones.

-¿Y qué solucionan?

-Todo… Son el sustrato del pensamiento lógico, de la invención y de los argumentos. Menos, pero algo también, la creatividad. Todo ello reposa un tiempo, se macera y en su momento regresa al MUNDO. ¿No os acordáis del EUREKA?

-O sea que no tiene mérito la formación, el trabajo, la organización…

-¡Claro que sí! ¿No dijo Cela –o fue tal vez Picasso- que la inspiración existe, pero debe encontrarnos trabajando?

LOS ÁNGELES ACUDEN EN AYUDA DE LOS NIÑOS

-Mirad –dijo Laura- Bueno, esto no es Indiana Jones, ni todo eso de fantasías para adolescentes… ¡Esto va en serio!

Anita la miró, agarrando fuerte a Alex, que tenía los ojos muy abiertos.

-¿Como lo de Harry Potter? ¿Como lo de Narnia, o lo de Alicia, o lo del mundo de tinta?

-¡Vaya! –dijo Alfonso… Menos mal que no se lee en este país… Quiero decir –apuntó con la mano en todas las direcciones, y al final la bajó, como resignado- quiero decir, en el otro, el nuestro… Ya me entendéis… ¡En fin! –se resignó.

Laura tenía el gesto serio de las facturas de mamá.

-No sé… Todo tiene su enigma. Incluso las oraciones, cuando invocamos algo, o a alguien que no podemos tocar, o…cuando lo pensamos, y ese pensamiento, como el del PAJARO SOÑADOR, se hace realidad… Una realidad que es también imagen, y sueño… Me acuerdo de los mundos de PLATÓN, pero es algo tan obvio…

Alfonso asintió.

-Aquí maduramos –dijo. Fíjate en el pequeñín. Observa con tanta atención… Y es como si la fuerza estuviera en el equipo, como en el fútbol.

Laura se enfurruñó.

-¡Pues vaya ejemplo! Tenéis una imaginación de boniato… Digo los hombres –Le miró de arriba abajo- O los hombrecitos, por decir algo… –Arrugó la frente, y se le veía el hoyito de la caída- ¿Recuerdas el libro de Don Matías?

-¡De Don Matías! ¡Menudo farsante! Ese tiene de cura lo que yo de…

Laura le cortó. Los pequeños se habían sentado a disfrutar de la conversación de sus hermanos. Les gustaban esas discusiones, cortas e intensas como una degustación de juegos.

-Lo que tú de adicto al sushi, o sea la mitad de lo que eres, porque una cosa es la tapadera y otra la mentira. Así fue en los monasterios, o en las catedrales, o en los conventos, o en las universidades antiguas, y en las órdenes militares, y todo eso… Algo encubrían, porque es parte de la verdad, lo que está oculto, y es peligroso darlo a conocer a todos.

-¡Un arma! Como la bomba atómica… Cuando se ha divulgado el secreto de la fuerza, ésta ha sido mal utilizada.

-Y antes. Los hombres siempre usan mal su poder. –Suspiró-. Me temo que es una de las razones de que estemos aquí…

-Pero somos humanos… También la usaremos mal nosotros.

Quedaron en silencio. Se habían percatado de que tenían miedo. Siempre es un inocente el elegido. No importa su edad. Tampoco el nombre que se le de. A veces, un lego barrendero. Otras el marqués o la monja de clausura. Una madre que cuida a su bebé enfermo. El brujo, el misionero, la panadera, el niño que aprieta la mano de su padre antes de dormir.

-¡Pero todo tiene un punto de unión!

El silencio, denso como un atardecer en el trópico, se había quebrado, como un vaso de cristal que contuviera mercurio y fuese tan grande como el mundo.

-¡Nosotros! Vuestros…

¡Ángeles! –gritó Anita, mientras Alex aplaudía como los niños en el cine cuando viene su héroe.

Eran cuatro, cuatro figuras corpóreas, gigantescas en el aire, pero que se veían cercanas, un efecto óptico, un milagro, un juego de los sentidos. Y tras ellos una legión de sombras, pero no sombras grises y oscuras, no; eran sombras de luz, una paradoja más que contenía respuestas a preguntas aún no pronunciadas. Esas preguntas eran el miedo y la debilidad, y a ellas respondía una fortaleza invencible y el valor.

-¡Hola! ¡Hola! Alex y Anita les saludaban. Laura sonrió.

-¡Lo sabía! Todo el tiempo lo he sabido.

-¡Faltaría más! –Dijo Alfonso, que esta vez parecía impresionado de verdad-. Lo que tú no sepas.

-No hombre… Quiero decir, el enigma del libro… ¡Lo hemos descubierto a su manera! Seguimos sin conocerlo, pero lo conocemos…

-Estupendo… Lógica femenina pura.

-¡No! ¡Lógica…divina! –Dudó-. O por lo menos –señalaba a sus guardianes- por lo menos, lógica angélica… Como la de Santo Tomás.

-Panis angelicus…fit panis hominum…Mamá lo tocaba al piano… Ya recuerdo.

-¿Lo ves? Tampoco ella sabía por qué eligió ese texto, y seguro que la música encierra algo… Como un timbre que abre las puertas…las puertas…

-¡Vale, vale! Tampoco vamos a volvernos tarumba ahora… Será la puerta de lo que sea, pero por ahí han salido… Y parecen muy dispuestos a dar caña…

-No frivolices. Son nuestro ejército. Y seguro que la caña de que hablas no son los palos de siempre. Estos parecen más finos. Y más fuertes. No necesitan armas ni gritos para convencer.

¿Y para vencer? Al final, hermanita… todo es la historia de las guerras.

Laura reflexionó.

¿Y si estuviéramos aquí para algo más? Digo para algo más que lo de la alegría, recuperar ese objeto de pasión y de goce que Luzbel ha robado, como si Prometeo se llevase de nuevo el fuego al Olimpo? ¿Y si esta misión –o lo que sea- encumbra otra, que tal vez estén llevando a cabo por otro lado, y seamos un cebo?

-¡A mí no me mires! De cebo nada, monada.

-Sí… Percibo que hay algo más… El libro… El libro también puede ser un señuelo… Como es arriba… –Miró el lago, que reflejaba las luces de los ángeles, o tal vez unas estrellas invisibles-. Sería maravilloso… Sólo pensarlo…

-¿Pero de qué hablas?

-Laura llamó a los pequeñines.

-Este es el secreto… Mira sus ojos. No son sólo ellos, tiene dentro…No sé. Un segundo, una eternidad… El tiempo es tan relativo…

-Tan relativo como las hipotecas. Si no lo tienes no lo tienes, y si no tienes pasta no la pagas. Lo de Einstein es para las pizarras.

-Y para las dimensiones. No me lo niegues. –Movió la cabeza, con los ojos entrecerrados-. Así lo veo mejor… Los iniciados, los maestros, todos ellos, han querido traer la paz.

-Pues Jesús dijo que no traía la paz sino la guerra. Y se cabreó con los mercaderes del Templo, y…

-Vale, vale… Todo eso es simbólico. Al final su mansedumbre encubría la mayor fortaleza del universo.

-Eso también es simbólico, dirán algunos.

Laura suspiró. Dio en el suelo una patadita.

-Pues digo lo de Galileo… E pur si muove!

-Creo que voy entendiéndote –dijo Alfonso-. No estaría mal… Una jugada para engañar al Diablo… ¿Pero no será tan listo como Dios?

-¡No digas herejías, muchachito! Además, Dios no actúa, deja que lo hagamos nosotros.

-Claro, claro… La excusa de siempre…Así no nos enteramos nunca de si existe de verdad… Con lo fácil que sería mostrarse un poquito… claramente.

-Será nuestro eterno dilema… Y no le demos vueltas. Las cosas son como son, ¿o no?

Alfonso se echó a reír.

-Pues no sé…Pregunta a estos chicos, que por lo visto quieren cambiarlas… o ayudarnos a hacerlo.

-¡Ahí está la cosas, guapo! El cambio, por fin. La supresión del mal, el retorno al Paraíso con la pérdida del pecado original…que viene a ser como una maldición de la especie, o una mancha genética, o…

Alfonso alzó los brazos. Alex y Anita se habían aproximado a ellos y ahora estaban los cuatro juntos, con un ángel al costado de cada uno, y tras ellos una hilera plateada interminable.

-Perdónalos porque no saben lo que hacen…-Laura musitaba estas palabras, y otras similares, como en sueños-… No saben, no saben…Es decir, no saben el daño que hacen, ni sus efectos… Como los terroristas, los asesinos, los violadores… Si conocieran la magnitud del mal los secuestradores de niños, los maltratadores, los genocidas, los pederastas… El mal se les oculta, con la sombra de…

-Con la sombra no, con la oscuridad total, hermanita.

Los ángeles les cubrieron con una coraza invisible. Parecía un campo de fuerza. Un campo de protección antes de la batalla. Los niños sintieron que su mente se aligeraba, que los pensamientos fluían como un río de aire limpio.

-La destrucción definitiva del mal. El retorno a la edad dorada. La pureza de la creación… Algo de todo eso, sí, recordadlo, de ello se ha hablado mucho, desde siempre… –Se estremeció-. ¿Por qué no va a ser este el momento? ¡No todo tiene que ser malo en la vida de Iván Desinovich!

-Me parece que era Denisovich, y se hablaba de un día… –Alfonso estaba mosqueado-. Y te estás poniendo solemne… como todos los salvadores… Por cierto, a Jesús le llaman Salvador.

-Y lo es, pero de todos, no sólo de los católicos. Él no era católico…precisamente…

Entre la filas de los ángeles se detectaba un revuelo, pero tranquilo, una inquietud quieta, otra paradoja. Como si quisieran llamar la atención de alguien. Los cuatro se mantenían cercanos, tanto que parecían fundirse con los niños.

Laura dio un respingo.

-¡Otra vez! La figura que indica al ángel el camino…

-¡Nosotros! ¡Digo…tú! ¡Están esperando!

Laura tragó saliva.

-Eso parece… ¿Y qué hacemos?

-Qué haces. –Alfonso la miraba fijamente-. Qué haces tú. Te tocó la china.

-Pensar, pensar….No, así no… Con el recuerdo interior, como los colores del alma…Algo así, el centro de las cosas y la superficie de las cosas, las mil pequeñas verdades que hacen la verdad; una palabra, una palabra que son todas las palabras.

-Imposible.

-No, no es imposible. Es otra palabra. La que significa todo lo posible.

-Digo que es imposible, que no se puede, que no hay, eso. Y lo reitero, después de tu explicación, que parece un sudoku.

Laura miró a su ángel. Tenía unas facciones transparentes, y también él la miraba. Laura vio en sus pupilas imágenes de muchas vidas, y quizás el futuro. ¿O era el pasado, un pasado que no le pertenecía?

-Caridad. El amor.

-¿Pero hablas en serio? Si algo no existe entre las personas es eso, precisamente. Hasta un villancico lo dice. Pero los de izquierdas han entendido que eso merece el infierno, y no el cielo.

-Nadie tan soberbio como los autodenominados intelectuales de izquierdas. No admiten que haya nadie superior, ni en el deseo de hacer el bien.

-Porque el bien para ellos es humillante. Así piensa el diablo, y tiene muchos seguidores…

-No me digas.

-¡Pobre mamá! Un día papá le dijo que lo de dar limosna, como se decía antes, era una muestra de mezquindad, porque se da siempre poco y lo que sobra, pero sobre todo de vanidad, como propio de los fariseos y cosas así. Ese día lloró, pero ya nunca más lo hizo.

-¿Y el amor de verdad? El generoso y el oculto, el que da sin publicidad, el del silencio.

-Eso queda para la literatura –dijo Alfonso.

-De todas formas, ahora creo que lo entiendo… Es lo de siempre, en este extraño viaje. Estaremos unidos –miró de nuevo a su ángel- porque creemos, y no deseamos el mal. Como en la democracia, nuestra fragilidad es nuestra fuerza.

Alfonso señaló las legiones que ocultaba el horizonte.

-Es como Alien, pero en guapo… ¡Vaya colección! ¿Y qué piensan hacer ahora?

Laura suspiró.

Ya lo están haciendo, bobo. Lo que vemos es su símbolo. ¿Has oído hablar del Cuerpo Místico?

-¿Una especie de karma? La unión hace la fuerza, o todo lo que hagas influye en los otros…

-Pasable… Una definición de diletante, así que vale. Oye, ¿no te parece que esto es como una peli?

Alfonso sujetó de las manos a Alex, que se deslizaba como un gazapillo hacia el fondo del valle.

-¡Espero que lo sea! Porque no estamos en condiciones de dar lecciones a nadie. A mí me daría vergüenza, por lo menos.

-Bueno. Es que alguien tiene que hacerlo. Quien critica tal vez lo haga porque le gustaría a él… No sé…Una amiga de mamá se tiñe de rubio los meses impares, y de negro los pares. Febrero es para el rojo o el caoba.

-Improvisa, Laurita, improvisa… Mira lo que viene por ahí…

Allí estaban. Las sombras. Se detuvieron inquietas, y el tiempo regresó. Ya había pasado aquello, o no iba a suceder, pensaba Laura, y los chiquitines, de repente, se soltaron y fueron junto a sus custodios. Porque eso eran, claro, y ellos lo sabían. Y los cuatro hermanos sintieron que no podía caber en su pecho una estrella de luz mayor, y en ella estaba todo lo bueno que deseaban, a todos, a todo lo creado, ahora y para siempre.

La batalla seguía, sin embargo, y desde el otro lado del espejo era dura y cruel, como todas las luchas, en los mundos vivos.

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