Cuentos. (Una vela a San Honorio).

UNA VELA A SAN HONORIO

Pues sí señora Antonia, y que vd. lo diga. Este mundo es un asquito. ¡Ay, Señor! ¿Dónde vamos a llegar! Y que cada día están peor las cosas… Y que no hay forma de arreglar nada, porque la juventud, ya sabe vd. No, no me diga, si sabré yo, con este par de gazapos que tengo en casa. Ya sabe, no es alquiler, alquiler. Es que como son estudiantes, y conozco a sus padres… Del pueblo, sí. Pues, como le decía, saben más que Lepe. Casi aprendo yo… Me da risa algunas veces. No, no son malos chicos, en el fondo. Bueno, es que estos son de lo mejorcito, porque si yo le contase. Oiga, y que me dice vd. de su hijo, el mayor, el que… Bueno, no sé si le gustará hablar de eso. Es que, ya sabe, la gente habla mal, y una, que tiene buen corazón, pues eso, que quiere ayudar a soportar lo que sea. Porque, tiene que ser un golpe, una cruz bien grande, ¿verdad? Eso de que se lo lleve, así, de cualquier forma una forastera…¿De dónde decían que venían? ¿Ah, ya sé! Su madre era alemana. Ya sabe, liada con uno que trabajaba allí. Casimiro, el hijo de la Eulalia, la que vive en la cuesta de los zarzales. Buen mozo que era, si señor. Pero eso de ser guarda no le gustaba mucho, y… lo que pasa. Ahora se llevarán mejor vds., ¿no?. Como casi son de la familia. Porque, lo que yo digo, que las cosas hay que tomarlas como vienen. No, no es para admirar esta forma mía de ser… Yo es que lo procuro, pero de la fulana aquella, ¿Recuerda? la que pillamos en el puente, con el hijo del farmacéutico, y es que yo lo quiero como si fuera mi hijo, y no lo puedo remediar. ¡Será desvergonzada! ¿Que vd. no vio nada? Pues no sé que quería ver, hija. Si lo decían todo con los ojos, y el sitio, y las posturas… ¿No vio que estaban cogidos de la mano? Y eso para empezar, claro, que luego… Pero, mujer, ¿Cómo iban a estar allí dando un paseo? Aquello lo había tramado esa, para meter en un jaleo al pobre Federico, que es un ángel, si lo sabré yo… Vamos, vamos, cuando yo paseaba por el puente, era distinto… lo hacíamos todas… Claro, ellos también. Pero, eran otros tiempos. Entonces había decencia, y no como ahora, que se acuestan con cualquiera, sin importarles nada. Ni siquiera que lo sepan. Pero, señora Antonia, ¿Que dice vd.? Casi creo que está vd. enfadada… Que eso es lo que importa para mí ¿Que se sepa? Pero yo creo en Dios, y Dios lo ve todo. Eso es lo que importa. ¡Jesús Bendito! ¡Si a lo mejor la he enfadado y todo! (¡Ay, Señor, qué desgracia! Y todo es porque le he hablado del cochino de su hijo, que se larga con la primera furcia que encuentra. Y más gorda por todas partes que era… No, si esa ya habrá tenido cinco hijos por ahí. Se le nota. Tiene mas barriga que la mujer del Alcalde. Es que no se puede decir la verdad a nadie , eso es lo que pasa) ¿Cómo dice, señora Antonia? No, si la estoy escuchando. Es que me había quedao un poco pensativa. Pero claro que la escucho, ya sabe vd. que la considero una estupenda amiga (Claro, como ve que me quedo pensando, y no le interesa que me de cuenta de algunas cosas, pues quiere distraerme. ¡Será zorra! Así le ha salido la otra, que a los 14 años ya va sola por ahí, con quién sabe Dios. ¡Ay, Señor, cuánto te agradezco el estar soltera, sin hijos que me den los disgustos de ser como todos esos! Y dicen que el otro día la vieron en una esquina, con uno que parecía gitano. Seguro que ya le habrán metido mano. Claro, su madre ya tuvo que ver con el hijo de Asunción antes de casarse con el otro, y después, ya se sabe. Estas piensan que, hecho una vez, que más da muchas. Y, además, estando casados…) Pues sí, señora Antonia, le digo a vd. que este mundo está muy mal. Ya no hay respeto ni nada. ¿Sabe vd.? Ayer, según venía yo de la Novena, al cruzar la plaza, unos niños que estaban allí, jugando en la tierra, empezaron a tirarme chinarros, y a decir; ¡una bruja, una bruja! Ya ve vd. Y es lo que yo digo, que ya no hay respeto por las canas. ¡Brujas, sus madres, eso es! Una buena paliza, eso les hace falta. A todos. Porque no crea vd. que los mayorcitos son mejores, no. Son todos unos sinvergüenzas. Claro, que hay excepciones, como los suyos. ¡Pero qué hijos tan preciosos y tan educados tiene! ¡Y tan buenos! Claro, que tienen a quién parecerse. Pues no faltaba más. Adiós, Laurita, adiós, guapa. ¿Se ha fijado, señora Antonia? Si tiene la cara que parece una paella. ¿Del tiempo? No, no crea, es que son así. Tienen la piel como su padre. ¿Sabe vd.? El otro día la vi con el novio. No vale nada, pero, por lo visto, está bien de cuartos. Ya sabe. Pero ella miraba con descaro a todo el que pasaba. No, si le está poniendo los cuernos con los ojos, es lo que hay. Después será en serio… Hasta se volvió una vez, para ver mejor a uno que pasaba por detrás del otro. Y, él en la luna. Tiene cara de panoli. Pero no parece mal chico, ¿eh?

Pero, señora Antonia ¿qué hora es ya? ¡Ay, Señor, si son las siete y media! Y tengo que ir a la Iglesia de S. Marcos, a ponerle la vela a S. Honorio. Por mi hermano, ya sabe. El que murió en Cuba. Que Dios le tenga en gloria, que bien se lo merecía. Y como se llamaba Honorio… Y, luego, tenemos la novena del Carmen, que es de sentida… Adiós, señora Antonia rezaré un padrenuestro por vd. De nada, mujer, pues no faltaba más.

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