Cuentos. (Laura en el país de los asombros). 78

-Pero le han ofrecido el trono de Zintia…

Es demasiado bueno para rechazarlo.

-Zintia es un valle profano de Erantia. Lo rechazará. _movió la cabeza, negándo-. Seguro que tiene esa intuición, seguro que sabrá, instintivamente, que es un bien aparente y un mal real.

Laura y sus hermanos asistían al debate, sin saber qué decir. Alfonso musitó bajito.

-Se parece al Parlamento, una discusión que sólo les interesa a ellos.

Laura le corrigió.

-No es así. Sí importa, porque se trata de saber si la ambición puede más que la conciencia.

Alfonso sonrió.

-Es lo de siempre. Digo que esto me recuerda mucho a…todo.

En el salón se hizo un revuelo, como si hubiera llegado un diseñador de moda a la pasarela.

-Es Minor. Le llaman así por ser el hijo pequeño. Ya ves qué poca imaginación. Pero ahí lo tienes, erguido y triunfante, como un actor de Hollywood.

El muchacho subió al estrado. Era un joven pálido, de aspecto inteligente. Recorrió con ojos vivos la asamblea.

-‘Conticuere omnes, intentique ora tenebant’.

-¿Qué…?

-Eneida, libro II. Todos callan y van a escuchar atentos lo que diga.

-¡Qué suerte, saber latín, Laura! –Anita admiraba todo lo que desconocía, especialmente si sonaba raro.

-Bueno, tres o cuatro cosas, tampoco es saber, saber… Pero ayuda.

-A los pocos minutos el discurso se hizo aburrido. Minor dijo que si hubiera sido el mayorazgo también lo habría querido, que no era mejor ni menos ambicioso, sino que, simplemente, nació en otras circunstancias.

-Parece Marco Antonio tras la muerte de César. Lo vi en una peli de romanos. Decía que todos los que lo habían matado, eran malos, pero era buenos. Un lío.

-Es que a Shakespeare no deberían leerle los niños.

-No, si no lo he leído, ya te digo que fue una película. Pero algo se pega.

-Oye, sí es verdad. Esto se parece a lo otro.

Anita se enfadó.

-Es que habláis para que no se os entienda. A ver, ¿qué es esto y qué es lo otro?

-Pues esto es esto, y lo otro es lo otro. Está bien claro.

-¡Ah, bueno! ¡Ya lo entiendo!

Los mayores se miraron, estupefactos. Luego todos se echaron a reír. Sobre todo Ales, que había estado callado mucho rato, observando.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: