Cuentos. (Laura en el país de los asombros).76

EL PALACIO DE LUZBEL

Tras el alto muro, superado únicamente por las ramas de una gran árbol, se ocultaba la avenida de piedra, una roca pulida que parecía de plata, pero sólo era un granito gastado por el aliento de los dragones.

-¡Se parece a la Ciudad Prohibida!

Sonó un gong. O era una campana profunda, como las de los rituales budistas del Tibet que albergan, cada vez más, las vitrinas de los salones en Europa. La caída del Imperio romano se quedará en nada, parecía decir, aunque sólo por un instante, porque enseguida llegó la voz.

-Más bien al revés, muchacho.

La voz, sí, majestuosa, resonaba como un eco maligno. Luzbel era alto, pero no gigantesco. Reflejaba crueldad, pero también armonía y distinción, y fuerza; sobre todo fuerza.

Los niños le miraban. Boquiabiertos, no podían moverse.

-Ellos, los Ming, no fueron los primeros. Siglos antes yo la edifiqué en Babel… ¿Os suena? –Hizo un mohín- Los bíblicos la convirtieron en Torre… –Arrugó la frente- Quizás para que los egipcios forjaran la carta XVI del Tarot. Les faltaba, claro, para completar el enigma. –Volteó los brazos- En fin… Diletancia de humanos. Esos aprendices… La ciudad prohibida –sonrió mirando a los pequeños- era mi corral en el mundo.

Pero qué chulo es este tío” –pensó Alfonso.

El diablo fijó en él unos ojos como rendijas inquietantes.

-Con che de China… silbante y expresiva, como el pársel.

-Verás… –Alfonso miraba de reojo a Alex, que jugueteaba con un diablillo de goma- El caso es que… no sabemos para qué nos quieres… O sea, que…

-¡Que no me servís para nada! ¡Chico modesto! –Hizo otro mohín, amanerado- Pues verás… El caso es que… ¡Sí! –Remarcó mucho la voz- Ya ves… Y ellos –señaló un exterior luminoso, lejano- que creían lo contrario… ¡Deja eso, niño! –Alex soltó el muñeco-.

-¡Itán Arfio! –dijo, y era cierto: la figurilla parecía un remedo del rival de Peter Pan.

Luzbel lo cogió.

-Pues es verdad… ¡Qué palabra tan confusa!… No me había percatado… En fin. –Se sentó, alborotando una capa púrpura-. Si no me fuerais de utilidad… –les miró y unos ojos dorados ardían en su cara- …no estaríais aquí.

Los niños se estremecieron.

-La cosa es…muy simple… –remolineaba con los brazos, como un orate-. Se trata de…cómo decirlo,,,-acarició a Ales los cabellos y el pequeño abrió los ojos como nunca- …de entrar en vuestro mundo… Sí, veréis.. El poder que tengo –sonó un murmullo lejano-… el poder que se me ha dado… que arrebaté al Gran Señor –hocicó el rostro, como un cerdo- no me vale nada si no queréis ser parte de él… o de mí…

-El albedrío.

Luzbel sonrió. Comenzó a recitar sordamente, como un opositor aburrido.

-Se han gastado ríos de tinta en definirlo… y ni su inventor sabe qué es exactamente. Bueno, Me servís para eso, para facilitarme la entrada. Si os ven a vosotros, tan inocentes, tan frágiles…

-¡Como instrumentos del mal! ¡Pero es absurdo!

Luzbel sentó a Anita en su regazo, como un abuelete.

-¿Hay una alternativa? –Lucía unos dientes perfectos, como de actor reciclado-. El mal es hermoso, mi querida niña –dijo dirigiéndose a Laura- justo como tú… y como ellos… En realidad tenéis tanto del mal como del bien en vosotros mismos. ¿Lo comprendes?

Alfonso se irguió.

-Pero no somos tus criados…y menos tus esclavos.

-Por supuesto, por supuesto –rió por lo bajini, y ese asentimiento sonó tan frío como Judas.

Anita dio un respingo.

-¡Ya sé lo que te pasa!

Luzbel puso cara de caníbal. Pero, incomprensiblemente, calló. Parecía un contertulio de Poirot aguardando una explicación a la belga, de lógica imposible.

-Ana, por favor… –Empezó Laura. Y seguidamente Alfonso dijo:

-No te pases, chiqui, que estamos en un apuro de los de verdad. No como en Narnia y esos armaritos de doble fondo.

Sólo faltaba Ales. Señaló hacia delante, un punto próximo:

-¡Io Ajo! ‘¡Io Ajo!

-¡Pero Ales, eso no es el río Tajo, hombre!

Luzbel sonrió.

-¿Y cómo lo sabes? –Preguntó con rentintín-. ¿Lo dices por el puente?

Allí estaba. Con sus arcos mudéjares, la espuma de los meandros, el sonido de las pequeñas cataratas.

-¡Pero bueno!

-La imagen de los recuerdos, ya ves… Una realidad después de todo. ¡Es el poder!

Anita le miró con ojos violeta.

-Pero a ti no te satisface porque estás solo. No lo compartes ni lo disfrutas.

-Bueno… ¿Tenéis hambre? Primum vivere: vamos a comer bien, y luego pensaremos juntos…en un viaje muy agradable que os tengo preparado.

-Esto debe ser una tentación, Alfonsito –Laura musitó quedamente- Y papi decía que las tentaciones están hechas para caer en ellas.

-Era en broma, tonta… Ya te está comiendo el coco ese grandullón.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: