Cuentos. (Laura en el país de los asombros). 74

Aunque la senda era plana

y el horizonte estaba muy, muy lejos, los niños se cansaban como si estuvieran subiendo una montaña.

-Algo raro pasa aquí –dijo Alfonso, resoplando, al tiempo que todos se detenían-. ¿Notáis que el aire está espeso, como el puré de zanahoria de mamá?

Anita hizo una de sus famosas muecas de niña del exorcista.

-¡Puaff! Estaba malísimo. Y papá me obligaba a tomarlo aunque en el cole hubiera comido puré al mediodía.

Laura movió la cabeza y alzó la mirada, como invocando a los santos de la corte celestial.

-¡Ay, Dios mío! Pero qué cosas dices, Anita. No me extraña que se enfadaran tanto contigo.

-Claro, siempre me regañan, y por eso estoy de mal humor. No es al revés.

-Diálogo para besugos –intervino Alfonso-. Y nadie me hace caso.

Laura sacudió unas migas de magdalena de la camisa de Alex.

-Ponlo en tus memorias.

Alfonso no se inmutó.

-Eso me recuerda algo que estoy pensando hace tiempo. Si escribiéramos la mitad de deprisa que hablamos…haríamos mil páginas al año.

Laura reconvino.

-¿Y para qué quieres unas memorias tan largas?

Alfonso sonrió a Anita que ponía su otra cara de animación de Pixar.

-¿Y quién dice que son memorias? Yo no me acuerdo de casi nada, así que… Lo que iba a decirte es que no sabes lo deprisa que pienso.

-Autoestima, creo que se llama. No consiste en pensar deprisa sino en lo que piensas. Es como la comida.

Anita cogió a Alejandro de la mano.

-Nosotros nos vamos. Ya podéis seguir con vuestro rollo.

Laura salió corriendo detrás. Les alcanzó enseguida, y tomó a Alex de la otra mano. Siguieron despacio en la misma dirección.

-¡Eso no está inventado! El transcriptor simultáneo. ¡Cómo lo echarán de menos los soñadores!

-Pues no sé… Yo creo que Tarantino usa uno, digo en sus pelis, por lo que se ve…

Rieron con ganas. Sobre todo Alejandro, que se apuntaba enseguida. Los vencejos y las gaviotas aprenden a escribir en el cielo. Y nos entregan sus relatos, que apenas miramos. Los niños aprenden en los ojos de los mayores, y nos entregan los trocitos de su vida, que pasa cada día sin que sepamos apreciarla. Luego ya no podemos recuperarla, como tampoco se repite el vuelo del pájaro o el agua del río.

Laura se detuvo. Como una carreta del oeste, la comitiva frenó mirando hacia adelante, una loma rojiza.

-Ya sé por qué nos cansamos tanto.

-Ero agua.

Alfonso entregó a Alex la botellita. Ana señaló la cima del montículo.

-Es la colina de los filósofos. Hemos atravesado una galería invisible, la de los pensamientos de los genios. Por eso se le ocurrieron a Alfonso esas cosas… –Le miró, como si a su hermano no pudiera ocurrírsele nada en circunstancias normales-. Y por eso nos cuesta tanto trabajo avanzar, en medio de tanta teoría…

-Lo peor viene luego, supongo. Cuando nos examinen.

-No te lo tomes a coña. Después vienen los reyes, y entre ellos los emperadores, tan pesados, y los inventores, los historiadores, tan falsarios, los descubridores, que hicieron la geografía para que catedráticos gorditos se creyeran héroes, como Oya, y los poetas… ¡Faltaría más!

-¿Quién es ese Oya?

-Uno de políticas, que se creía Menéndez y Pelayo, y además pensaba que eran dos.

-¡Bienvenidos!

Yovi y Adelphi hicieron una reverencia de lo más cortesano. Habían aparecido como solían, en el momento más inesperado y como saliendo del aire, que es lo que hacían realmente.

-Nosotros haremos las presentaciones –Yovi señaló a su hermano-. Adelfi se quitará el PH para no confundir a los racistas, y será el primer tributo a la filología. ¡Viva la ciencia!

-Oye, oye –Laura recuperó su aplomo enseguida, como una buena Tauro-. Explícate un poquito, por favor.

-Pues es fácil, hermanita… –Alfonso adoptó el aire de superioridad de los Leo-. Ya estamos metidos en el lío, y tienen que conocernos. Como una fiesta en Marbella.

-No me gustan esas fiestas, y menos la gente que las sufre… Y estamos al comienzo del otoño, así que tengo pocas ganas de conocer gente nueva.

Adelfi se tocó la naricilla.

-Ya os conocen. Habéis entrado en su pensamiento al avanzar por la senda de los filósofos, porque fuisteis parte del aire –Hizo un gesto, como si espantara una avispa- Es complicado…la primera vez que se oye… Mirad, nosotros –señaló a su hermano, que tenía a Alex a horcajadas e imitaba un rebuzno, mientras el pequeño le sacudía las costillas con un palito- nosotros empezamos así… Y ya veis… Nos hemos quedado.

-Sencillito… Una transmutación alquímica, la reencarnación, metempsicosis, en fin, lo normal de un día entre semana…

Habló el borrico, volviendo la cabeza como el jumento de Balaán.

-Lo mismo le pasó a Mirta. Por cierto, nos están esperando, más adelante.

Laura arrugó la frente, cosa que hacía cuando esperaba una sorpresa e intentaba imaginar qué sería.

-¿Nos esperan? ¿Quienes?

-Pues eso, Mirta. Y su gemela, Yuna, claro. Ahora siempre van juntas.

Anita suspiró.

-Me habría gustado tener una gemela. Una hermana igualita, para que fuera al cole e hiciera los deberes, y se tomara la sopa… La tendría escondida, y jugaría siempre con ella… O si no un cachorro, un perrito que no creciera nunca.

-¿Y esa novedad? –Alfonso parecía enfadado.

-A Mirta no le estaba permitido hablar de ella, porque es su sombra. Cuando la menciona aparece, una especie de holograma o de ectoplasma…

-¡Iter Pan!

Alex había estado muy atento, como siempre. En el cole ya tenía fama de observador perspicaz, el muy tunante.

-No, Alex –Anita le abrazó como si fuera un osito de peluche- No es Peter Pan… A Peter se le perdió la sombra y luego tuvo que pegarla o que cosérsela Wendy a los talones, y fue cuando Campanilla se enfadó y el papá no se creía nada, el pobre…

Yovi, liberado de su jinete, prosiguió.

-A Mirta la expulsaron del Consejo por haberse casado con un humano… Ya veis… No –contestó al gesto de Alfonso- No es cuestión de racismo, hombre. Es la norma, una preservación de los secretos, o si quieres, pura seguridad… Es que no sois de fiar.

-Pues cada vez entiendo menos…qué pintamos aquí.

-Adelfi sonrió.

-Tenéis también lo mejor. Criaturas especiales en el universo sois, que dijo Yoda, el gran pequeño.

-¡No me digas que conoces Star War!

Adelfi cruzó los brazos, al estilo Jedi.

-Fanático, eso soy yo, fan-ático, o sea el fan más alto… Y de Dune.

-Esa la entiendo peor, pero me gusta.

-¡Hola chicos!

Aparecieron también surgiendo del aire. Laura pensó cómo iban a arreglárselas sin gerundio, en estos casos, ahora que alguien los había prohibido.

-Mirta y … Yuna, supongo –Alfonso puso cara de inglés.

Todos rieron y les hicieron coro. Parecían un Goya festivo, la gallina ciega o así.

-Pues…sí, claro -volvieron a reír. Alfonso se ruborizó-. Oye… ¿no se parece a…

-El filósofo estepario. Le da un airecito…

-¡Pues vaya nombrecito! ¿Sabéis? Sic sum; si placeo, utere. Yo soy así, y si os gusta, pues adelante. ¿Pero qué tiene de particular ese amigo vuestro?

-Hace lo que le apetece porque dice que es bueno para la salud. Y es muy guapo.

Laura se tapó con las manos una carcajada.

-Raza y coraje, pero también temple y silencio. -Susurró al oído de Mirta. Yuna se acercó a escuchar-. Son cosas de los clásicos, creo. O se las inventaba papá. En Gladiator sale lo de fuerza y honor, creo.

-¿Y tú crees que lo necesita ahora?

-Pues… No sé… Se me ha ocurrido de repente.

Las hadas se miraron.

-Sortilegios o invocaciones. Es como rezar. ¡Todo va bien!

…………………………………………………………………………………………………………………………

D. Matías suspiró.

-Los antiguos dioses eran guerreros y vengativos. Así sus religiones y seguidores –Miró de reojo a Luzbel, que esbozaba una sonrisa de fauno-. El camino está trazado. La vida es válida per se. Quienes lo han entendido saben que hay que confiar, creer. Y serán más rápidamente testigos de la verdad. Dios es el Padre –El gran ángel caído torció el gesto, como si le hubieran pisado el rabo-. ¿Por qué renunciar a imitarle?

Le interrumpieron unos aplausos lentos, apagados entre los negros guantes del diablo.

-¡Bravo! Un guioncillo de carnaval, para los festejos de cualquier aldea en Adviento… Pero te falta feligresía, amigo, y el púlpito que utilizas va a derrumbarse. En fin… –Hizo un gesto ampuloso, recogiendo bajo el brazo el capote de mariscal nazi que llevaba puesto, como si lloviera siempre sobre su cabeza- Luzbel no acepta la paz del Señor. Se cree más fuerte y superior… ¿No dices que es tan importante eso de creer?

-¿Y ahora?

Pues a celebrar la Pascua. Todo va pasando, y no es cosa de perdérnoslo. Esto es como la final de la Champions.

-¡Pero qué bestia eres! Lo del fútbol está de más ahora, campeón.

-Pues tú lo tomabas muy en serio, acuérdate, cuando el Madrid jugaba al fútbol y no a las finanzas.

Laura refunfuñó.

-Esto es lo de nunca acabar, un cuento sin fin, la historia interminable… Contigo es fácil comprender lo insoportable que debe ser la convivencia de una pareja, todo el día sacando punta a cualquier cosa que el uno o el otro digan o hagan.

-¡Eh, eh! Para el carro, que nos chocamos… –Guiñó un ojo y dio a su hermana un suave topetazo- ¿No será esa la razón de que papá viaje tanto? Los marinos mercantes discuten poco con sus mujeres…

Yovi les interrumpió. Señaló la hilera de oferentes que se dirigían al templo.

-Los ritos de sacrificios, desde Abraham a Moloc… Sí, son hechos ciertos que dan lugar a símbolos, claro.

Yuna, especialista en el verbo, hizo un apunte.

-Como las palabras. Al principio crearon el lenguaje, y después éste voló por su cuenta, como un polluelo que sale del nido. Abraham alzó de veras su cuchillo, pero nunca hubiera descargado el golpe. Antes habría muerto, y eso esperaba, que se le rompiera el corazón.

-El corazón se rompe pocas veces –había aparecido Mirta, tan sigilosa como un trueno en octubre- y encima no duele. Es la poesía del sentimiento. Todo es culto a la renovación de la vida y a los salvadores, hijos de Dios.

Sólo faltaba Adelfi, que les miraba con los ojos de color cambiante, como el atardecer de cada día.

-Por eso dijo que se acercarán a Él los niños. Bueno, eso creo; los inocentes agradan al Padre, y salvan a los malos, como en las pelis de John Ford.

-El Séptimo de caballería.

-Bueno, no… Las oraciones de algunas beatas desprestigiadas, esos legos que barren a conciencia, las amas de casa planchando… El karma, sí señor. La bondad genera más energía que una supernova.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: