Archive for 27 julio 2010

Micro-relatos. El narrador de historias. (Cat, Plan, Ulises, Latens, Gritos, Revival, Fata, Hacker, Axis2, Gracias por venir, Nofinis, Placer del alma, Vamp, Sevilla).

27 julio 2010

CAT

Podía comprender que para cada cual era distinto el aspecto de la noche. Atisbaba desde sus ojillos pardos, atenta la nariz y tensos los oídos, sabiendo que su horizonte era diferente cada segundo y que para los demás sería otro, como si la vida fluyese a través de un caleidoscopio. La noche albergaba los sueños de sus habitantes, que la aguardaban como espera un niño la pubertad, desconociéndola y construyéndola en el milagro del tiempo. Oyó discurrir el agua, casi podía oler las porciones de jugos y mensajes diluidos entre el desagüe y la corriente principal del jardín. La luna jugaba con sus rizos de paja, como una novia con el recuerdo de su primer amor, mientras crecía o desmembraba el perfil dorado de las luces. En cualquier momento de esos mágicos instantes iba a sentir el pálpito, y un fuego inconsciente le subiría hasta el gaznate. Entonces, llegada la señal, atacaría como un tigre.

PLAN

Téngalos ocupados. Deles un plan sin fisuras, una organización. Entonces todo irá bien”. Sobre la mesa interminable los mapas desplegados, colinas desiguales, que la brisa de mayo ondulaba. El Führer gesticulaba y su dinamismo agradecía el hierático protocolo de los funcionarios y los generales.

ULISES

En el fondo de un pozo de cristal vio los recuerdos. Asomado allí era una pupila tibia, algo desvaída y sucia, en el gran ojo de Polifemo. El gigante de la dimensión del mundo. Pero no era cristal, era la niebla gris que brotaba de su boca, un aliento sólido como de ajos agrios. Y no se apoyaba nadie en el brocal de piedra, nadie había labrado sus aristas. Lanzó un grito al vacío -¿o era al revés, le devolvía la sima una voz de acero?- y aguardó su eco, como se aguarda la segunda mirada, la mirada que garantiza un instante feliz.

LATENS

Se resistió. Si abría los ojos iba a descubrirlo todo. Aguantaba oprimiendo con fuerza los párpados, apretando las mandíbulas, en tensión los músculos. Luego se relajó. La realidad se filtraba por las ranuras del tiempo destruyendo los seres del aire. Sentía su cuerpo y los sentidos que lo habían definido hundirse profundamente en el colchón, que era su refugio. Las voces del alba resonaban cada vez más nítidas, anunciándose. La angustia le daba náuseas, y el intolerable dolor en la nuca. Los motores cercaban ya el edificio, ascendían como olas negras hasta las ventanas rompiendo el aislamiento de los gruesos cristales. Había desaparecido el sueño y no había lugar ya para imaginar ni admirar ni sorprender. El sentido de toda ilusión era un concepto vacío.

GRITOS

La última voz fue directa hasta la cumbre del Gólgota. El soldado se desperezó después de la bofetada. Del costado de la chica brotaba una gota de agua, que tenía sal anclada como las anchoas de Santutxi.

REVIVAL

Lo contó al fin. De noche, cuando todos dormían, jugaba con su papá, y por la mañana le recordaba, sabiendo que debía ser feliz y que el cariño de todos no se pone nunca.

FATA

Morgana ofreció el ticket con una sonrisa. “El espectáculo comienza enseguida”, anunció a la pareja. Rudolf cedió el paso a una dama rubia, de trenzas obscenas.

HACKER

El virus escrutó el largo pasillo, abierto al fondo de la ‘puerta trasera’, el ojo de Orus. “Voy a buscarte”, pensó mientras se lanzaba al encuentro de la luz.

TEMPUS

Deberíamos darles algo más de tiempo. Se les va todo en un suspiro”. Brahma retiró su parpadeo. Las estaciones y los cataclismos aguardarán unos millones de años.

AXIS2

La diferencia entre hacer y no hacer es tan sutil, que no sé si vale la pena”.

GRACIAS POR VENIR

Ser padre a los 50. ¡Cómo se vive! Gracias por venir.

NOFINIS

La galería sin fin. Los espejos ocultan o deforman -¿no es igual?- los crímenes de la galería del Vaticano.

PLACER DEL ALMA

La estética del amor” –se atusó el mostacho, anacrónico y decorativo como un pastiche de Picasso. “Es la paradoja salvífica” –miró a su alrededor, como echando de menos un auditorio de Cyrano. “Saber que se vive equivocado y no hacer nada, pero nada –remachó con regusto- para rectificar…”. Se detuvo un momento, buscando el apoyo de la razón, que vino en las alas de un ángel dormido. “Claro, eso voluntariamente…Luego están los surcos de las lágrimas, quiero decir –meneó la mano, abanicando el aire- ya saben, los contumaces hechos, la obligación que se asoma en la vigilia con ojos insomnes y llama a capítulo, el orden, señores, el orden…”.

VAMP

La reunión había terminado, pero como siempre quedaban las despedidas, interminables. Más aún si, como era el caso, la tertulia había cerrado en falso. “No estoy de acuerdo”. El anfitrión se defendía, acosado por la tintura en declive de dos damas provectas. “Es como la muerte: no hace falta probarla, todos saben que existe”. Las últimas cabezas residentes se volvieron hacia él, y sonrieron, pero eso no lo reflejaron los espejos del ancho vestíbulo.

SEVILLA

Don Juan dio carta. El Comendador apostó a órdago, como siempre. Golpeando el tapete, Tenorio alzó la voz:

-La cosa no tiene mérito si se sabe el resultado. O lo que es lo mismo, si se espera la salvación, mientras los otros se condenan.

Una partida indecente”, pensó Mejía.

Cuentos. (Laura en el país de los asombros). 86

27 julio 2010

HISTORIA DE LOS DOS HERMANOS

A LAURA le parecía que aquello era como las mil y una noches, cuando SHEREZADE contaba historias al sultán. Sólo que ellos las vivían. En cierto modo alguien las narraba, y como el pensamiento hecho palabras que aprendieron del PÁJARO SOÑADOR, los cuentos se hacían realidad. O eran realidades antes de ser narrados, quizás. La posibilidad de un mundo al revés no era tan descabellada. Una vez pensó en esa idea, una vida que comenzara cuando se acababa, y tal vez una vida que pasase de la vejez -una edad común, porque habrían desaparecido, lógicamente, esos estadíos intermedios, en los que la gente se muere antes de tiempo- a la madurez, a la juventud, y progresivamente a la infancia y al seno materno, como decían los sabios, pero ahí ya se perdía, porque entonces, ¿qué había de pasar?. ¿Una nueva vida, o un retorno a la célula, o al mundo de lo posible? Laura resoplaba en esos momentos de reflexión, y se acordaba de la abuela. Ella la abrazaba, y la hacía sentirse segura incluso cuando estaba enfadada o triste. Fuera de esos momentos, pocas veces alcanzaba esa lucidez de no necesitar tanto pensamiento, que llegaba a convertirse en un laberinto sin salida.

-Todo tiene salida. Incluso los cuartos cerrados –decía la abuela. Acuérdate…

Y señalaba la biblioteca, en el estante donde reposaba el armario de Narnia.

EL VALLE DE ALGODÓN amaneció nevado, y la nieve era más oscura que las nubes que lo cubrían, cuya blancura, reflejada en los LAGOS DE PLATA, daba ese brillo antártico a sus praderas interminables, vestidas de una hierba blanda que cubría todo el terreno, dándole esa apariencia que justificaba su nombre.

-Claro. Las cosas se dan a sí mismas el nombre que les corresponde.

-Bueno. De eso ya hemos hablado mucho.

La mañana era fresca, pero no tanto como cabía presagiar la nevada. Los DOS SOLES, que a Laura le recordaban algo que había oído de pequeña, aparecían con frecuencia entre las nubes, a las que daban unas sombras profundas, como si se recostasen en ellas, acunados por su propia luz.

YOVI señaló al fondo. Se le daba muy bien, con sus ojos de águila y las dotes de precognición que había rescatado de la herencia de las HADAS.

-Es la CASA SIN PUERTAS. Los hermanos ya nos habrán visto. –Indicó un punto en el cielo. Parecían aves de metal-. O sus indicadores les habrán informado.

ALFONSO se inquietó.

¿Indicadores? ¿Es que hay por aquí satélites espía? ¡No me digas que seguimos inmersos en el proceloso universo de las tecnologías!

YOVI sonrió.

-¿Y qué te creías? ¿Que nos comunicábamos con tam-tam? –Dudó un momento- ¡Ah, ya sé! –Movió la cabeza como si hubiera resuelto un sudoku difícil- ¡No, hombre! Eso de la clarividencia, la telepatía, en fin, las facultades paranormales, pues sí, están más explotadas… Bueno, los INFERI las utilizan mucho, pero es por comodidad. En su ambiente resulta más ergonómico que encender pilas de uranio o los interconexores de plutonio.

ALFONSO puso cara de minero. En realidad parecía un cantautor rico poniendo cara de su abuelo

-¿Uranio? ¿Plutonio? Pareces un físico nuclear.

-Hace mil años, en la parte del universo que nos concierne, o sea, algo así como cien mil de la Tierra –porque esa ecuación del tiempo va siempre al revés, o sea que cuando volváis ni os habrán echado de menos, pero también para nosotros transcurre a la inversa- pues hace mucho se descubrió la energía sin desgaste y sin riesgo. Hay quien opina que no fue un descubrimiento, sino un regalo.

-¿Un regalo de los dioses? –Laura musitó- ‘Timeo Danaos…’

-Et dona ferentes’ –terminó la cita una voz de contralto, alta y clara, que surgió de la maleza. O eso parecía.

-¡MIRTA!

El HADA CONSEJERA besó a los pequeños, que dormían aún en el carrito de las AVES ZANCUDAS. Luego abrazó a los demás. Laura no le soltaba la mano.

-No es que vayáis a necesitarme, pero al saber que andabais por aquí…

-Vamos, MIRTA, no disimules… Esto estaba preparado.

Lo dijeron al unísono. El HADA fijó los ojos en el extremo del VALLE, donde se alcanzaba a ver un punto oscuro inmóvil. Luego miró al cielo. Los pájaros de metal habían desaparecido.

Parece que no les interesamos mucho… En fin. –Se dirigió a YOVI-. Dicen que están con DARMUZ. Estudiando una lengua nueva.

-¿Pero de quienes habláis?

Mirta y Yovi contestaron a la vez.

Ya lo habéis oído. Los HERMANOS. Unos gemelos tan semejantes que más que univitelinos parecen clones. Lo aprendían todo tan rápido que hicieron para ellos una escuela, la universidad de BABEL. Saben cien lenguas, la mitad de ellas extinguidas, con las que pueden comunicarse con todo ser viviente, incluyendo los animales y las plantas.

-Crecen muy despacio. Son aún niños, adolescentes, quizás. Son tan independientes que el mismo LUZBEL ha desistido de captarles para su EJÉRCITO DE MENTES MALIGNAS.

-Pues que le vaya bien –dijo ALFONSO. ¿Qué tienen que ver con nosotros?

MIRTA le zarandeó cariñosamente.

-¡Pareces un senador vitalicio italiano discutiendo presupuestos! ¡Yo a lo mío! ¿No? Pues todo nos afecta. Y es verdad. Quizá no tanto como eso de la mariposa que mueve sus alas en el otro extremo del mundo… Pero nos afecta.

-Como el cuerpo místico. O el karma.

YOVI sonrió.

-Tenemos una buena empanada de conceptos. Es la moda de la mística oriental, que os invade. Pero eso es como la comida de los restaurantes chinos de Madrid, que está muy rica pero no se parece en nada a la Han auténtica…

Se oyó un ruido sordo y profundo. Las hierbas parecieron peinarse en la pradera. Se movió el suelo. Los pequeños se despertaron, inquietos.

-¡Qué pasa!

-¡Un terremoto! –A Laura le espantaba incluso el nombre.

MIRTA les tranquilizó. O eso intentaba.

-Es un sonar de ultrafrecuencia. Lo mandan ellos –señaló en la misma dirección, hacia el punto oscuro, que estaba más cerca y parecía un cubo de metal-. Quieren saber cómo somos, cuantos, si suponemos un riesgo… En fin, ve a saber lo que han aplicado a su técnica, que era ya superior hace años.

El PÁJARO SOÑADOR parecía enfadado. De verdad. No como cuando Anita lanza sus lagrimones por cualquier cosa.

-¿Sabéis lo que os digo?

No esperó la respuesta. Los niños le miraban, además, sin saber qué decir. También esperaban algo malo, o algo diferente. El PÁJARO SOÑADOR batió su ala derecha.

-¡Mala señal! –susurró Alfonso-. Si fuera la izquierda… –Se encogió de hombros- ¡Cada cual tiene sus manías! Mamá cuando está relajada se pellizca el pie y se atusa el pelo, ya ves.

Laura le lanzó una mirada asesina. Pero antes de que pudiera hablar…

-¡Pues que os vais con la alfombra!

YOVI se tapó la boca con la mano. De todas formas se le escapó algo de risa. Y parecía viva, y rápida, fugitiva como un lepidóptero huidizo.

-¡La alfombra! Vamos a tener agujetas.

Le miraron como si fuera a suspender el concierto del boss.

-Parece un híbrido de baile y gimnasia… No se me ocurre nada gracioso, ya veis.

ALFONSO entrecerró los ojos, como si pensara.

-¿No se tratará de…?

-¡Una alfombra voladora!

YOVI habó en susurros.

-Cosas de ondas y de física, no creáis. Pero aún no está perfeccionada… ¡A veces se cae!

LAURA recitó:

-‘Quandocumque bonus dormitat HOMERUS…’

Alfonso asintió. El abuelo le había enseñado algo de latín.

-¡La perfidia de la física! O sea, que la magia siempre está cerca de la ciencia.

YOVI tomó la mano de ANITA. ALEX se agarraba a la niña como una lapa.

-Más aún de lo que creemos… Y hablando de fe, es algo confuso… Pero también se le parece.

ANITA quiso soltarse. YOVI la regañó:

-¡Ana, por favor! ¡Lo único que faltaba es que te perdieras ahora!

Los pequeños se miraron. Eso es lo que les gustaría. Que les dejaran en paz, en aquel sitio tan maravilloso.

ALFONSO retomó la idea. Es lo que hacen los ingenieros. Para despistar.

-Cosa de ondas… Las mil y una noches. Las botas de siete leguas… ¡La máquina del tiempo!

-Y repetir los actos de los dioses –dijo YOVI-. Por cierto…

Señaló al oeste. En la colina se hizo una luz dorada. Del centro de la tierra se alzó un rumor musical, grave.

-Ahí viene un consejero… O eso se cree.

-¡Vaya! Ahora nos tocará negociar.

-Tú llamas así a hacer lo que nos dicen… Bueno; es lo habitual cuando no se quiere discutir.

ANITA y ALEJANDRO habían desparecido. La hierba alta, como el velt de sudáfrica, se movía, cruzada por algo pequeño e invisible.

-¡El territorio de los dientes de sable! ¡Es muy peligroso! ¡Comen gente!

Salieron disparados. Pero los pequeños no estaban moviendo la hierba. Al contrario; les miraban escondidos tras el tronco de un árbol, jugando como quería Alex siempre. El árbol ronroneaba como un gato meloso. Un baobab de ramas enormes, como los brazos de gigantes.

La luz avanzaba como un alba de mayo, a raudales, y el sonido de la tierra conmovía la superficie, a la que llegó una voz metálica. Su dueño, como el espantajo de Oz, tenía el corazón de chatarra vieja.

-¡Se parece a la de papá! Siempre estaba mal de la garganta. –Los pequeños estaban con la boca entreabierta, como dos angelitos resfriados a punto de estornudar.

LAURA movió la cabeza, negando.

-Es demasiado tarde. No podremos rescatarla…

YOVI le dio un toquecito en la espalda, un tic de colega.

-Ya veremos… Estos –dijo señalando a los peques- son una bomba de energía… Y positiva.

-Ya lo sé. -LAURA les abrazó, y ellos se dejaron, por una vez, como dos cachorritos mimosos-.Pero ni siquiera sabemos si él estaría de acuerdo.

YOVI negó esta vez, gesticulando.

-Le engañaron, seguro. Pensó que podían recuperarla, y de repente vio que aquel juego le iba muy mal. Entonces ya no pudo volver.

-WERTER –dijo ALFONSO-. El viejo truco del mal. Y el secreto de tantas desapariciones. -¡Plaf!

LAURA rechazó con las manos el gesto.

-No hagas eso… Él volverá.

-Sí. Como MacArthur. Con la sexta flota –señaló alrededor-. Ahora que se han extraviado dos cruceros ligeros y los japos nos lanzan el banzai.

Los niños se asomaron. La luz les precedía, a la distancia de un pensamiento gris.

-Pero…¿somos amigos?

El gemelo la miró como nunca lo había hecho antes. O eso le parecía a Laura. En el fondo de sus ojos latía un destello rojizo, como el rescoldo de una hoguera.

-Queríamos ir con vosotros. Pensamos que era…

-La única forma de librarnos de nosotros mismos. O de lo que nos hicieron. –El otro hermano terminó la frase, que parecía pronunciado por uno sólo.

-Somos amigos –respondió Laura, sin saber muy bien a quien-. Y podéis acompañarnos, claro, cuando queráis y todo el tiempo que os parezca bien.

Movieron la cabeza.

-No se trata de eso. ¿Sabes? Aún no has comprendido dónde estás, y para qué. –Hablaba uno y seguía el otro. A Laura comenzó a dolerle la cabeza-. Él si lo comprende –señaló a Ales, que les miraba muy serio-. Lo mismo pasó con nuestra hermana. Hasta que se marchó.

Los gemelos callaron. Algo se interponía ahora entre la realidad y sus recuerdos, como una tela que separa los espacios de una habitación.

-El tiempo… –Laura dudaba, tenía miedo de equivocarse hablando. El silencio, sí, era mejor que las palabras, muchas veces. En ese momento, seguro. Sin embargo, no podía callar, no le era posible, porque todas la observaban-. El tiempo –siguió- pasa aquí mucho más lento. Mirad, vosotros no habéis cambiado, sois…

Los hermanos sonrieron.

-Mutantes. –Se echaron a reír, convulsivamente-. También lo pensamos nosotros a veces. Pero no. La explicación es muy sencilla, mucho más que todo eso… Se trata de las dimensiones. Las ecuaciones espacio-temporales, que son más complejas de lo que cabe imaginar. –Suspiraron al tiempo-. ¡Es el secreto de Dios!

-¡Y de Luzbel!

Todos miraron a Anita, que se agarró fuertemente a la mano de Alfonso.

Puede ser”, pensó Laura. Pero no se atrevió a decirlo.

El narrador de historias. (Eclesiastés, Ano, Vado, Fugit, Nox, Dicta, Stultus, Coelum, Jueves).

22 julio 2010

ECLESIASTÉS

-El número de los idiotas es infinito,

y yo los conozco a casi todos.

ANO

No le había preocupado, hasta entonces, la imprecisión. Mejor dicho, no le había preocupado, hasta entonces, su imprecisión. Pero aquel día, al limpiarse, anduvo un buen rato buscándose el esfínter. “Estuvo”. “¿Cómo?”. “Digo que estuvo, salvo que lo buscara al tiempo que se desplazaba”.

VADO

Buscaba entre los escombros, había tantos que el resto del mundo perdía sentido, también perdido en los restos de sí mismo, como los supervivientes de un cataclismo, soldados tras la matanza, mercenarios de almas congeladas. Y todo a la recherche de un niño cansado que se hiere, porque a nadie se atreve a herir más y con más dolor que a lo suyo. “Y ahora”. El viejo de barba cana miraba los estragos del poniente en las nubes bajas, rotas para siempre, y ordenó a su alma beber hasta embriagarse, porque en el sueño estaría la respuesta. El viejo de barba cana deseaba morir, pero no se atrevía a pensarlo por si su deseo era el sueño del joven dios que le asistía en aquellos instantes del ocaso, cuando los altos vencejos buscaban ya la oquedad inerte del silencio. “Nunca me excusaré, pues lo que hice fue inevitable. Me lo ordenó el destino”. El joven tiró al suelo la mochila de campaña, y supo que iba a ser difícil cruzar el ancho y lejano río.

FUGIT

Había sido un frágil y nervioso discípulo, pero compensaba sus carencias con una voluntad insomne. Cuando llegó la hora, rasgó sin vacilar la piel tensa de su pecho con una obsidiana caliente. “Sentiré el dolor de tu partida, maestro”, musitó mientras la sangre endulzaba sus pies desnudos. En la montaña oculta rugía la camada rubia del jaguar. “Huye, no es el tiempo de la gloria”, le decían, y su respiración agotaba el tiempo, lo único que realmente amaba.

NOX

-El tiempo se me va –la miraba con ojos tristes; “de simio”, pensaba ella. “No es el tiempo, eres tú –le susurró.

DICTA

-Su Inminencia está a punto de llegar.

-Su Entidad descansa en la silla siestatoria.

STULTUS

El perro galopaba como una exhalación. Yo estaba fijo en su lengua hipnótica, de aquí para allá, de allá para acá, un badajo de fresa. Ya era tarde cuando me percaté de que había olvidado su nombre.

COELUM

El contador de historias alzó levemente la mirada, pero no en busca de inspiración, sino porque el airecillo que movía las hojas del carballo iba en aumento y una panza de burra aflojaba ya las primeras gotas del chaparrón. “Será de burro”. “Bueno, es panza, y no Sanchico”. Este diálogo nunca se produjo de veras y es soliloquio sin amo, como galgo derelicto.

El contador de historias se refugió con su pequeña corte de títeres en el cobertizo, del que habían sido expulsadas las vacas locas, que sí entendieron, sí que se volverían locas, porque eran locas burócratas, o sea por Decreto.

Allí, a cubierto, mientras el primer trueno otoñaba el lugarón, el contador de historias parpadeó dos o tres o quizás cuatro veces, para aclarar una mirada algo présbita o un pelín diatónica, el caso es que no podía apañarse con manzanilla amarga o un colirio ad hoc.

Y cuando sonó el segundo trueno junto con la cascada gris que descargaba sin tino y sin mesura sobre las cepas y los huertos y el bosquecillo de eucaliptos voraces y el asfalto de las calzadas y los laxes del río, y las truchas de metal se ocultaban en las cuevecitas de las piedras que eran como bocas pintadas entre el musgo o como túneles del tiempo, el contador de historias dijo a su clientela: “Os voy a contar ahora una historia que viene al pelo, y que me contó a mí un viejo pastor sin ganado, en un aprisco como éste, que aún huele al calor de sus morros fríos, ya me entendéis”, dijo, y nadie le entendía.

La historia era ésta: una niña no quiso ir al cielo porque allí no estaría su padre, que era guardia, y su madre, que era lavandera, y su hermana mayor, que era un poco pendona, ni su perrito, que era un perro aunque a veces no lo parecía, ni su maestro, que bebía un aguardiente blanco, o mejor transparente como las pupilas ciegas de su amiga Belisaria, la niña que perdió los ojos y volvió a encontrarlos y a perderlos de nuevo, en una pugna reiterada entre ángeles y demonios que acabó, al parecer, con éstos vencedores. Y es que la niña, que se llamaba Eulalia y había tenido una tatarabuela griega o turca o medio rusa, y aún conservaba de ella una postal escrita con claras letras extrañas, pisadas de gavilán en el rocío, pues tampoco iba a entrar en el cielo. “¿Y eso?”. “Es que dice que no lo entiende”. “¿Y quién?”. “Resignación”.

Había una vez un niño que cada noche rezaba su oración, y pedía por todos, o sea, pedía porque estuvieran buenos y no pasaran calamidades. Pero no daba resultado aquello de pedir y entonces preguntó y le dijeron que luego, al morirse, irían al cielo y allí todo estaría bien y cosas así. Entonces el niño dijo que si era como lo de los moros, porque en su enciclopedia escolar hablaban del paraíso y le dijeron que mejor pero distinto. Y cuando se lo pensó dos veces y además supo que algunos no irían, pues dijo que mejor hablaban con alguien para bajar a Jesús de la cruz y apañarse fuera de ese cielo tan lejano y oscuro que tronaba ahora por tercera, por cuarta, por quinta vez…

JUEVES

Es un ente biológico”… “¿Y?”… “Intestino, sinuoso, discontinuo…” Un conflicto –pensó- como explican los historiadores… “¿Un ente?” Le observaba con la cifosis a escala planetaria, lejos el arquetipo. Aún así, por las escamas, recordaba al ancestro. Frotó los maxilares, que chirriaron como los conceptos electivos. “Florentino. Suena a gerente del fisco”. “Fiscal, diría. Un renacer”. Aquella conversación en clave iba a terminar pronto, con cualquier ruido. Con cualquier bostezo o sueño, que era un material inconsistente. “Somos todos. Adivina, adivinanza”. “No había caído”. Cerró el ojo de cristal, verdeacuoso. “En realidad, aún no caigo”.

El narrador de historias. (Eclesiastés, Ano, Vado, Fugit, Nox, Dicta, Stultus, Coelum, Jueves).

22 julio 2010

ECLESIASTÉS

-El número de los idiotas es infinito,

y yo los conozco a casi todos.

ANO

No le había preocupado, hasta entonces, la imprecisión. Mejor dicho, no le había preocupado, hasta entonces, su imprecisión. Pero aquel día, al limpiarse, anduvo un buen rato buscándose el esfínter. “Estuvo”. “¿Cómo?”. “Digo que estuvo, salvo que lo buscara al tiempo que se desplazaba”.

VADO

Buscaba entre los escombros, había tantos que el resto del mundo perdía sentido, también perdido en los restos de sí mismo, como los supervivientes de un cataclismo, soldados tras la matanza, mercenarios de almas congeladas. Y todo a la recherche de un niño cansado que se hiere, porque a nadie se atreve a herir más y con más dolor que a lo suyo. “Y ahora”. El viejo de barba cana miraba los estragos del poniente en las nubes bajas, rotas para siempre, y ordenó a su alma beber hasta embriagarse, porque en el sueño estaría la respuesta. El viejo de barba cana deseaba morir, pero no se atrevía a pensarlo por si su deseo era el sueño del joven dios que le asistía en aquellos instantes del ocaso, cuando los altos vencejos buscaban ya la oquedad inerte del silencio. “Nunca me excusaré, pues lo que hice fue inevitable. Me lo ordenó el destino”. El joven tiró al suelo la mochila de campaña, y supo que iba a ser difícil cruzar el ancho y lejano río.

FUGIT

Había sido un frágil y nervioso discípulo, pero compensaba sus carencias con una voluntad insomne. Cuando llegó la hora, rasgó sin vacilar la piel tensa de su pecho con una obsidiana caliente. “Sentiré el dolor de tu partida, maestro”, musitó mientras la sangre endulzaba sus pies desnudos. En la montaña oculta rugía la camada rubia del jaguar. “Huye, no es el tiempo de la gloria”, le decían, y su respiración agotaba el tiempo, lo único que realmente amaba.

NOX

-El tiempo se me va –la miraba con ojos tristes; “de simio”, pensaba ella. “No es el tiempo, eres tú –le susurró.

DICTA

-Su Inminencia está a punto de llegar.

-Su Entidad descansa en la silla siestatoria.

STULTUS

El perro galopaba como una exhalación. Yo estaba fijo en su lengua hipnótica, de aquí para allá, de allá para acá, un badajo de fresa. Ya era tarde cuando me percaté de que había olvidado su nombre.

COELUM

El contador de historias alzó levemente la mirada, pero no en busca de inspiración, sino porque el airecillo que movía las hojas del carballo iba en aumento y una panza de burra aflojaba ya las primeras gotas del chaparrón. “Será de burro”. “Bueno, es panza, y no Sanchico”. Este diálogo nunca se produjo de veras y es soliloquio sin amo, como galgo derelicto.

El contador de historias se refugió con su pequeña corte de títeres en el cobertizo, del que habían sido expulsadas las vacas locas, que sí entendieron, sí que se volverían locas, porque eran locas burócratas, o sea por Decreto.

Allí, a cubierto, mientras el primer trueno otoñaba el lugarón, el contador de historias parpadeó dos o tres o quizás cuatro veces, para aclarar una mirada algo présbita o un pelín diatónica, el caso es que no podía apañarse con manzanilla amarga o un colirio ad hoc.

Y cuando sonó el segundo trueno junto con la cascada gris que descargaba sin tino y sin mesura sobre las cepas y los huertos y el bosquecillo de eucaliptos voraces y el asfalto de las calzadas y los laxes del río, y las truchas de metal se ocultaban en las cuevecitas de las piedras que eran como bocas pintadas entre el musgo o como túneles del tiempo, el contador de historias dijo a su clientela: “Os voy a contar ahora una historia que viene al pelo, y que me contó a mí un viejo pastor sin ganado, en un aprisco como éste, que aún huele al calor de sus morros fríos, ya me entendéis”, dijo, y nadie le entendía.

La historia era ésta: un niña no quiso ir al cielo porque allí no estaría su padre, que era guardia, y su madre, que era lavandera, y su hermana mayor, que era un poco pendona, ni su perrito, que era un perro aunque a veces no lo parecía, ni su maestro, que bebía un aguardiente blanco, o mejor transparente como las pupilas ciegas de su amiga Belisaria, la niña que perdió los ojos y volvió a encontrarlos y a perderlos de nuevo, en una pugna reiterada entre ángeles y demonios que acabó, al parecer, con éstos vencedores. Y es que la niña, que se llamaba Eulalia y había tenido una tatarabuela griega o turca o medio rusa, y aún conservaba de ella una postal escrita con claras letras extrañas, pisadas de gavilán en el rocío, pues tampoco iba a entrar en el cielo. “¿Y eso?”. “Es que dice que no lo entiende”. “¿Y quién?”. “Resignación”.

Había una vez un niño que cada noche rezaba su oración, y pedía por todos, o sea, pedía porque estuvieran buenos y no pasaran calamidades. Pero no daba resultado aquello de pedir y entonces preguntó y le dijeron que luego, al morirse, irían al cielo y allí todo estaría bien y cosas así. Entonces el niño dijo que si era como lo de los moros, porque en su enciclopedia escolar hablaban del paraíso y le dijeron que mejor pero distinto. Y cuando se lo pensó dos veces y además supo que algunos no irían, pues dijo que mejor hablaban con alguien para bajar a Jesús de la cruz y apañarse fuera de ese cielo tan lejano y oscuro que tronaba ahora por tercera, por cuarta, por quinta vez…

JUEVES

Es un ente biológico”… “¿Y?”… “Intestino, sinuoso, discontinuo…” Un conflicto –pensó- como explican los historiadores… “¿Un ente?” Le observaba con la cifosis a escala planetaria, lejos el arquetipo. Aún así, por las escamas, recordaba al ancestro. Frotó los maxilares, que chirriaron como los conceptos electivos. “Florentino. Suena a gerente del fisco”. “Fiscal, diría. Un renacer”. Aquella conversación en clave iba a terminar pronto, con cualquier ruido. Con cualquier bostezo o sueño, que era un material inconsistente. “Somos todos. Adivina, adivinanza”. “No había caído”. Cerró el ojo de cristal, verdeacuoso. “En realidad, aún no caigo”.

Micro-relatos. (Preces, Vita, Vacua, Clasic, Vita, ¿?, Seven).

22 julio 2010

PRECES

Lo único que M. no hacía en las catedrales era rezar. Le gustaba atravesar el atrio imaginándose en los tiempos antiguos, aún golpeando los muros el buril de los canteros, sabios y nómadas de piedra. Cuando el frío granito no rezumaba su invierno de musgo, M., sentado en uno de los largos bancos de nogal, o, si posible, recostado en un sitial del coro, aceptaba en silencio una felicidad transparente. Porque desde que sus manos coincidieron con las del Apóstol en el pórtico de Santiago, M. reconocía en los atrios gastados, en las emplomadas vidrieras, en las pilas de cristianar, labradas en mármoles eternos, una voz que le comprendía porque era su propio silencio. En ello demoraba unos instantes que M. suponía impregnados en Dios. “O en los dioses”, le susurraba una pulga masónica que saltó del collar del galgo. Entonces vio la letra de Juan, bajo su cruz: silencioso amoroso, eso es la oración. Y supo también que rezaba cuando tras colocar la sabanita de sus hijos, les miraba largamente, largamente, callado.

VITA

“Acabo de comprenderlo… Sólo me ha costado toda la vida”. M. cerró el libro, y con ese gesto aquella última frase saltó de entre las páginas como una pulga amaestrada. “Eso me está pasando a mí. He necesitado toda mi vida para comprenderla”. Movió la cabeza, buscando la pulga tal vez, aunque estaba seguro de haberla visto ya con su hato de peregrino al hombro, camino del Circo Mundial. “Ahora me dará por escribirla, y eso sí que resultará aburrido. Porque en adelante no va a pasarme ya nada”. En el DVD habitaba la flauta mágica, en voces e imágenes siempre nuevas, y eso era, pensó M. finalmente, eso era lo importante.

VACUA

Aquella tarde M. se había sentido viejo. Frente al NH de Príncipe de Vergara, mientras se despedían a la española, extendiendo la charla como un tentáculo interminable, como los dos ¿últimos? cazos de la sopa en casa de la tía Angelina. Escuchaba atentamente, asentía, y comprobó cómo en el mosaico de la conversación él no colocaba ninguna tesela. “Se me han perdido las palabras”, musitó, tristemente, porque llevaba un buen rato buscándolas.

CLASIC

Andaba M. buscando la frase, pues le habían dicho que la precisión era el alma del pensamiento. Le sucedía a M. lo que a esos estudiantes pícaros, que se preparan las lecciones de puntillas, en el último momento, y las olvidan tan de repente que parece como si nunca las hubieran aprendido. “Esto, del ingenio debe ser, o de la cultura, y todo ello, lo que sea, en profundidad, y yo, M., soy diletante y de poco intelecto, así que mal me va la respuesta precisa y oportuna”. Porque pensaba en esas ocasiones en las que el gesto del interlocutor denotaba su menosprecio, o su desdén, y como Calígula en las letrinas su culo se encogía, por muy emperador que fuese en el imperio de los burócratas, agazapados tras su mesa al estilo de las retaguardias de intendencia en las trincheras. “Es que la opereta no es tan chusca tras las bambalinas”, le dijo en alemán un suizo poeta, y M. recordó la sonrisa nueva del embajador en el umbral del palacete, cuando la sombra del ángel exterminador se cernía sobre las aguas fecales; y también en el gesto de Jano que albergaba las fauces de los polis según hablasen al pueblo o a sus próceres. El caso es que siguió buscando la frase precisa incluso después de quedarse profundamente muerto.

VITA

Cuando M. se dio cuenta de lo asquerosa que era la vida…ya llevaba mucho tiempo disfrutando de ella. Así que decidió continuar como si nada, pensando tal vez en el guarro genial: No tengo dinero, ni amigos, ni esperanza: soy el hombre más feliz del mundo.

¿?

Se dio cuenta M., quizás ya tarde. Porque la sombra que le derribaba era su yo, aunque quisiera sustituirla por los otros. Sobre todo por los cercanos, así de fácil. “Me absorbe la alegría, me debilita”, musitaba viéndola. En el espejo su sosias sonreía, pagado de sí mismo, con monedas del mismísimo Lucifer.

SEVEN

Las torres envolvían el mundo. Un fragor de cometas y el polvo interminable de los escombros grises y negros, el aire muerto. Todo caía, derribado como la primera Babel. “Soberbia, el inicio de los siete”, dijo M., temblando. Habían elegido al más torpe, quizás porque les agradaba el tembleque de su índice pulsando los resortes. Las ciudades que quisieron llegar a lo más alto iban cayendo, y la historia seguía ignorada. “¡Vaya con los dioses!”, musitó M., más tranquilo, quizás ya muerto.

Cuentos. (Laura en el país de los asombros). 85

22 julio 2010

EN LA GUARIDA DE LUZBEL

-¿Puedes sentirlo?

Anita lo preguntó como si diera por supuesto que estaba allí. Sólo se trataba de determinar la forma.

-¡Vaya! Puesto así… –Miró alrededor, buscándole-. ¡No hay duda de que está con nosotros!

Anita sonrió. Ya no echaba tanto de menos a papá. En cierto modo, sólo en cierto modo, lo prefería así, seguro de que estaba bien, y de que él también podía sentirla.

-El cielo es un día de felicidad… –Suspiró-. ¡Qué cosas! Eso es porque la eternidad es el instante, ¿no?

-Pues si es eterno, dará lo mismo cualquier tiempo en que se encuentre, así que sí… Compro poco coco así que como poco coco, un trabalenguas facilón; dabale arroz a la zorra el abad, un palíndromo, como serrar el serrín…

Alfonso puso cara de ingeniero.

-¿De qué vais, niñas? Sobre todo la grande, que nos ilustra malamente sobre figuras…¿se llaman retóricas?

-¿Ves como nos tienen miedo, Anita? –Laura miró a Alex, que dormía abrazado a un tigre de goma-. Bueno, cuando crecen un poco…

-Nos va a hacer falta –suspiró de nuevo-. ¡Anda, vamos!

El camino hasta la guarida de LUZBEL olía a huevos podridos. Pero se pasaba enseguida. Pronto, sí, desembocaba en un palacio que parecía de hielo, aunque era cálido como el peluche de un sueño.

Las nubes se agolpaban en la colina, arropándola, como la estola de visón al cuello de una vieja dama.

Al pie de la colina, justo en los bordes del jardín, se alzaba un pabellón de mármol, o eso parecía. Un arco de medio punto adornaba la entrada, por la que se asomaba una fuente sin susurros. En el frontispicio de la puerta ondulaba una bandera de nombres. YOVI señaló con el dedo índice, esa costumbre romana.

-El LISTADO DE PERSONAJES. Ahora están en plenos ejercicios espirituales.

Alfonso saltó.

-¡No! Esto es una locura… ¿Ejercicios de los de San Ignacio, esos que hacían en el siglo XIX los meapilas?

-Tu abuelo y tu padre eran del siglo XX y los hacían. Y eso les dio, posiblemente, más lucidez, no sé. Estuvo de moda mucho tiempo, entre la gente guapa. También era un regreso a los orígenes de la paz y la longevidad, y ya sabes, eso no se compra.

-La religión y la fe como moneda de cambio. No hay creyente deprimido, o casi. Lo del opio del pueblo, pero en fino.

Yovi siguió indicando la BANDERA DE NOMBRES.

-Ellos están ahí. Su nombre les preserva la vida. Se enclaustran para renovarse, como dicen que hizo el conde CAGLIOSTRO… Bueno… Se intercambian entre ellos y dialogan. En el diálogo encuentran las soluciones.

-¿Y qué solucionan?

-Todo… Son el sustrato del pensamiento lógico, de la invención y de los argumentos. Menos, pero algo también, la creatividad. Todo ello reposa un tiempo, se macera y en su momento regresa al MUNDO. ¿No os acordáis del EUREKA?

-O sea que no tiene mérito la formación, el trabajo, la organización…

-¡Claro que sí! ¿No dijo Cela –o fue tal vez Picasso- que la inspiración existe, pero debe encontrarnos trabajando?

LOS ÁNGELES ACUDEN EN AYUDA DE LOS NIÑOS

-Mirad –dijo Laura- Bueno, esto no es Indiana Jones, ni todo eso de fantasías para adolescentes… ¡Esto va en serio!

Anita la miró, agarrando fuerte a Alex, que tenía los ojos muy abiertos.

-¿Como lo de Harry Potter? ¿Como lo de Narnia, o lo de Alicia, o lo del mundo de tinta?

-¡Vaya! –dijo Alfonso… Menos mal que no se lee en este país… Quiero decir –apuntó con la mano en todas las direcciones, y al final la bajó, como resignado- quiero decir, en el otro, el nuestro… Ya me entendéis… ¡En fin! –se resignó.

Laura tenía el gesto serio de las facturas de mamá.

-No sé… Todo tiene su enigma. Incluso las oraciones, cuando invocamos algo, o a alguien que no podemos tocar, o…cuando lo pensamos, y ese pensamiento, como el del PAJARO SOÑADOR, se hace realidad… Una realidad que es también imagen, y sueño… Me acuerdo de los mundos de PLATÓN, pero es algo tan obvio…

Alfonso asintió.

-Aquí maduramos –dijo. Fíjate en el pequeñín. Observa con tanta atención… Y es como si la fuerza estuviera en el equipo, como en el fútbol.

Laura se enfurruñó.

-¡Pues vaya ejemplo! Tenéis una imaginación de boniato… Digo los hombres –Le miró de arriba abajo- O los hombrecitos, por decir algo… –Arrugó la frente, y se le veía el hoyito de la caída- ¿Recuerdas el libro de Don Matías?

-¡De Don Matías! ¡Menudo farsante! Ese tiene de cura lo que yo de…

Laura le cortó. Los pequeños se habían sentado a disfrutar de la conversación de sus hermanos. Les gustaban esas discusiones, cortas e intensas como una degustación de juegos.

-Lo que tú de adicto al sushi, o sea la mitad de lo que eres, porque una cosa es la tapadera y otra la mentira. Así fue en los monasterios, o en las catedrales, o en los conventos, o en las universidades antiguas, y en las órdenes militares, y todo eso… Algo encubrían, porque es parte de la verdad, lo que está oculto, y es peligroso darlo a conocer a todos.

-¡Un arma! Como la bomba atómica… Cuando se ha divulgado el secreto de la fuerza, ésta ha sido mal utilizada.

-Y antes. Los hombres siempre usan mal su poder. –Suspiró-. Me temo que es una de las razones de que estemos aquí…

-Pero somos humanos… También la usaremos mal nosotros.

Quedaron en silencio. Se habían percatado de que tenían miedo. Siempre es un inocente el elegido. No importa su edad. Tampoco el nombre que se le de. A veces, un lego barrendero. Otras el marqués o la monja de clausura. Una madre que cuida a su bebé enfermo. El brujo, el misionero, la panadera, el niño que aprieta la mano de su padre antes de dormir.

-¡Pero todo tiene un punto de unión!

El silencio, denso como un atardecer en el trópico, se había quebrado, como un vaso de cristal que contuviera mercurio y fuese tan grande como el mundo.

-¡Nosotros! Vuestros…

¡Ángeles! –gritó Anita, mientras Alex aplaudía como los niños en el cine cuando viene su héroe.

Eran cuatro, cuatro figuras corpóreas, gigantescas en el aire, pero que se veían cercanas, un efecto óptico, un milagro, un juego de los sentidos. Y tras ellos una legión de sombras, pero no sombras grises y oscuras, no; eran sombras de luz, una paradoja más que contenía respuestas a preguntas aún no pronunciadas. Esas preguntas eran el miedo y la debilidad, y a ellas respondía una fortaleza invencible y el valor.

-¡Hola! ¡Hola! Alex y Anita les saludaban. Laura sonrió.

-¡Lo sabía! Todo el tiempo lo he sabido.

-¡Faltaría más! –Dijo Alfonso, que esta vez parecía impresionado de verdad-. Lo que tú no sepas.

-No hombre… Quiero decir, el enigma del libro… ¡Lo hemos descubierto a su manera! Seguimos sin conocerlo, pero lo conocemos…

-Estupendo… Lógica femenina pura.

-¡No! ¡Lógica…divina! –Dudó-. O por lo menos –señalaba a sus guardianes- por lo menos, lógica angélica… Como la de Santo Tomás.

-Panis angelicus…fit panis hominum…Mamá lo tocaba al piano… Ya recuerdo.

-¿Lo ves? Tampoco ella sabía por qué eligió ese texto, y seguro que la música encierra algo… Como un timbre que abre las puertas…las puertas…

-¡Vale, vale! Tampoco vamos a volvernos tarumba ahora… Será la puerta de lo que sea, pero por ahí han salido… Y parecen muy dispuestos a dar caña…

-No frivolices. Son nuestro ejército. Y seguro que la caña de que hablas no son los palos de siempre. Estos parecen más finos. Y más fuertes. No necesitan armas ni gritos para convencer.

¿Y para vencer? Al final, hermanita… todo es la historia de las guerras.

Laura reflexionó.

¿Y si estuviéramos aquí para algo más? Digo para algo más que lo de la alegría, recuperar ese objeto de pasión y de goce que Luzbel ha robado, como si Prometeo se llevase de nuevo el fuego al Olimpo? ¿Y si esta misión –o lo que sea- encumbra otra, que tal vez estén llevando a cabo por otro lado, y seamos un cebo?

-¡A mí no me mires! De cebo nada, monada.

-Sí… Percibo que hay algo más… El libro… El libro también puede ser un señuelo… Como es arriba… –Miró el lago, que reflejaba las luces de los ángeles, o tal vez unas estrellas invisibles-. Sería maravilloso… Sólo pensarlo…

-¿Pero de qué hablas?

-Laura llamó a los pequeñines.

-Este es el secreto… Mira sus ojos. No son sólo ellos, tiene dentro…No sé. Un segundo, una eternidad… El tiempo es tan relativo…

-Tan relativo como las hipotecas. Si no lo tienes no lo tienes, y si no tienes pasta no la pagas. Lo de Einstein es para las pizarras.

-Y para las dimensiones. No me lo niegues. –Movió la cabeza, con los ojos entrecerrados-. Así lo veo mejor… Los iniciados, los maestros, todos ellos, han querido traer la paz.

-Pues Jesús dijo que no traía la paz sino la guerra. Y se cabreó con los mercaderes del Templo, y…

-Vale, vale… Todo eso es simbólico. Al final su mansedumbre encubría la mayor fortaleza del universo.

-Eso también es simbólico, dirán algunos.

Laura suspiró. Dio en el suelo una patadita.

-Pues digo lo de Galileo… E pur si muove!

-Creo que voy entendiéndote –dijo Alfonso-. No estaría mal… Una jugada para engañar al Diablo… ¿Pero no será tan listo como Dios?

-¡No digas herejías, muchachito! Además, Dios no actúa, deja que lo hagamos nosotros.

-Claro, claro… La excusa de siempre…Así no nos enteramos nunca de si existe de verdad… Con lo fácil que sería mostrarse un poquito… claramente.

-Será nuestro eterno dilema… Y no le demos vueltas. Las cosas son como son, ¿o no?

Alfonso se echó a reír.

-Pues no sé…Pregunta a estos chicos, que por lo visto quieren cambiarlas… o ayudarnos a hacerlo.

-¡Ahí está la cosas, guapo! El cambio, por fin. La supresión del mal, el retorno al Paraíso con la pérdida del pecado original…que viene a ser como una maldición de la especie, o una mancha genética, o…

Alfonso alzó los brazos. Alex y Anita se habían aproximado a ellos y ahora estaban los cuatro juntos, con un ángel al costado de cada uno, y tras ellos una hilera plateada interminable.

-Perdónalos porque no saben lo que hacen…-Laura musitaba estas palabras, y otras similares, como en sueños-… No saben, no saben…Es decir, no saben el daño que hacen, ni sus efectos… Como los terroristas, los asesinos, los violadores… Si conocieran la magnitud del mal los secuestradores de niños, los maltratadores, los genocidas, los pederastas… El mal se les oculta, con la sombra de…

-Con la sombra no, con la oscuridad total, hermanita.

Los ángeles les cubrieron con una coraza invisible. Parecía un campo de fuerza. Un campo de protección antes de la batalla. Los niños sintieron que su mente se aligeraba, que los pensamientos fluían como un río de aire limpio.

-La destrucción definitiva del mal. El retorno a la edad dorada. La pureza de la creación… Algo de todo eso, sí, recordadlo, de ello se ha hablado mucho, desde siempre… –Se estremeció-. ¿Por qué no va a ser este el momento? ¡No todo tiene que ser malo en la vida de Iván Desinovich!

-Me parece que era Denisovich, y se hablaba de un día… –Alfonso estaba mosqueado-. Y te estás poniendo solemne… como todos los salvadores… Por cierto, a Jesús le llaman Salvador.

-Y lo es, pero de todos, no sólo de los católicos. Él no era católico…precisamente…

Entre la filas de los ángeles se detectaba un revuelo, pero tranquilo, una inquietud quieta, otra paradoja. Como si quisieran llamar la atención de alguien. Los cuatro se mantenían cercanos, tanto que parecían fundirse con los niños.

Laura dio un respingo.

-¡Otra vez! La figura que indica al ángel el camino…

-¡Nosotros! ¡Digo…tú! ¡Están esperando!

Laura tragó saliva.

-Eso parece… ¿Y qué hacemos?

-Qué haces. –Alfonso la miraba fijamente-. Qué haces tú. Te tocó la china.

-Pensar, pensar….No, así no… Con el recuerdo interior, como los colores del alma…Algo así, el centro de las cosas y la superficie de las cosas, las mil pequeñas verdades que hacen la verdad; una palabra, una palabra que son todas las palabras.

-Imposible.

-No, no es imposible. Es otra palabra. La que significa todo lo posible.

-Digo que es imposible, que no se puede, que no hay, eso. Y lo reitero, después de tu explicación, que parece un sudoku.

Laura miró a su ángel. Tenía unas facciones transparentes, y también él la miraba. Laura vio en sus pupilas imágenes de muchas vidas, y quizás el futuro. ¿O era el pasado, un pasado que no le pertenecía?

-Caridad. El amor.

-¿Pero hablas en serio? Si algo no existe entre las personas es eso, precisamente. Hasta un villancico lo dice. Pero los de izquierdas han entendido que eso merece el infierno, y no el cielo.

-Nadie tan soberbio como los autodenominados intelectuales de izquierdas. No admiten que haya nadie superior, ni en el deseo de hacer el bien.

-Porque el bien para ellos es humillante. Así piensa el diablo, y tiene muchos seguidores…

-No me digas.

-¡Pobre mamá! Un día papá le dijo que lo de dar limosna, como se decía antes, era una muestra de mezquindad, porque se da siempre poco y lo que sobra, pero sobre todo de vanidad, como propio de los fariseos y cosas así. Ese día lloró, pero ya nunca más lo hizo.

-¿Y el amor de verdad? El generoso y el oculto, el que da sin publicidad, el del silencio.

-Eso queda para la literatura –dijo Alfonso.

-De todas formas, ahora creo que lo entiendo… Es lo de siempre, en este extraño viaje. Estaremos unidos –miró de nuevo a su ángel- porque creemos, y no deseamos el mal. Como en la democracia, nuestra fragilidad es nuestra fuerza.

Alfonso señaló las legiones que ocultaba el horizonte.

-Es como Alien, pero en guapo… ¡Vaya colección! ¿Y qué piensan hacer ahora?

Laura suspiró.

Ya lo están haciendo, bobo. Lo que vemos es su símbolo. ¿Has oído hablar del Cuerpo Místico?

-¿Una especie de karma? La unión hace la fuerza, o todo lo que hagas influye en los otros…

-Pasable… Una definición de diletante, así que vale. Oye, ¿no te parece que esto es como una peli?

Alfonso sujetó de las manos a Alex, que se deslizaba como un gazapillo hacia el fondo del valle.

-¡Espero que lo sea! Porque no estamos en condiciones de dar lecciones a nadie. A mí me daría vergüenza, por lo menos.

-Bueno. Es que alguien tiene que hacerlo. Quien critica tal vez lo haga porque le gustaría a él… No sé…Una amiga de mamá se tiñe de rubio los meses impares, y de negro los pares. Febrero es para el rojo o el caoba.

-Improvisa, Laurita, improvisa… Mira lo que viene por ahí…

Allí estaban. Las sombras. Se detuvieron inquietas, y el tiempo regresó. Ya había pasado aquello, o no iba a suceder, pensaba Laura, y los chiquitines, de repente, se soltaron y fueron junto a sus custodios. Porque eso eran, claro, y ellos lo sabían. Y los cuatro hermanos sintieron que no podía caber en su pecho una estrella de luz mayor, y en ella estaba todo lo bueno que deseaban, a todos, a todo lo creado, ahora y para siempre.

La batalla seguía, sin embargo, y desde el otro lado del espejo era dura y cruel, como todas las luchas, en los mundos vivos.

Micro-relatos. (Voyage, Hipo, Hipnos, Palabra).

20 julio 2010

VOYAGE

Los párpados hinchados guardaban una pelota de goma en movimiento hacia la portería o la canasta o el palo-dolmen de ese juego infantil llamado rugby. Tal vez era un gorrión agonizante, prisionero en la redecilla de un sádico cazador de pajaritos. O la gata sobrina del gatopardo, taquicardia al recibir el camafeo con el perfil romano de su pretendiente suburbial. M. le miró, justo cuando sonaba un regüeldo y la figura inerte en el resto de su anatomía cobró vida, resoplando como la chimenea de un crucero fluvial movido a noria y buscando el envés ciego de una pared recién pintada de gris. “Viaja”, repitió -porque creyó que alguien le escuchaba, y lo explicó seguidamente, como si hubiera leído el epígrafe de un relato esperado. “Ahora circumnavega el mundo, sólo que haciendo surf, y eso le lleva algo de tiempo. Es una de sus cualidades, la paciencia”. “La esperanza, mejor”, dijo el otro, “que es una teologal”. A M. le gustaban esas sutilezas, como salidas de un guión cortado al bies, que es el corte de los chorizos y de las tediosas derrotas. “Llegará, pero tarde”, se oyó, y M. buscó entre los limoneros la sonrisa el gato de Cheseare o como se diga, que lo surreal, al fin y al cabo, es lo único que puede inventarse o desfigurarse o deformarse, sin que lo parezca en absoluto.

HIPO

Los veía, neblinosos. Distantes ellos, él inútil. Los ojillos aún más ojillos, o sea menos ojos, pegados a los restos de un cerebrillo nada marcial, más bien lo contrario, o sea de andar por casa, una casa en penumbra, nada de desfiles al sol. Ritmo era un sonsonete pardo, como el de las máquinas insomnes que guardan en su estómago la indigestión de nuestros pesares. Él creía, M. que la culpa era de los otros, seres odiosos que siempre iban deprisa o le miraban como si fuese a pedirles el óbolo. Pero al fin supo, por un azar y una lectura hebdomadaria –a más no llegaba, lento y apagado como un rocín famélico- que la culpa era del biorritmo.

HIPNOS

M. recordó el maletín, como se recuerda la línea gris de un horizonte inventado. Lentamente desplazó su memoria, que era un atributo denso, fatigándose en el camino hasta el lugar donde, quizás pocas horas antes, dejó su carga. Estaba M. harto de las líneas agudas como pensamientos de Adriano que reventaban su propia estimación y se instalaban entre las sienes como un parásito. Le dolía su mediocridad, tal vez lo único de lo que M. era verdaderamente consciente. En el maletín reposaban los planos. Un hallazgo inusual, la solución de enigmas que importarían a muchos, y por lo que iban a pagar cantidades que a M. le parecían ofensivas. “Estamos locos de la peor locura”, musitó, deteniéndose, y pensando que tenía sueño. Objetos cotidianos ocupaban ahora el paisaje, las habitaciones que ruidos continuos aturdían, sumiéndolos en una neblina ocre. A través del tiempo, M. supo que ya no le importaban las mismas cosas, porque se había doblado la servilleta. “Una ecuación desvelada. Dios habla a través de la recta razón”. “Razón un adjetivo. La receta de una nouvelle theologie”. Tosió sin rubor, y la salivilla infectada recorrió los espacios de luz habitados por el polvo en suspensión del mundo.

PALABRA

A M. no le satisfizo comprenderlo, al fin. Había pasado los últimos años, una década y un lustro al menos, indagando el por qué. La mirada oblicua de su orondo psiquiatra le traspasaba cada jueves, como en un acto antinatural, y eso le preocupó durante mucho tiempo. La primera fase de su comprensión holística llegó durante una siesta, justo el día que murió Cela, quizás al mismo tiempo. Supuso que el custodio del genio –Dalí nunca habló de él, porque se lo censuraba el viejo présbita mezquino- había huido avergonzado, ya que ellos, ellos, sí, querían hablar directamente con Dios. Le rieron la gracia, en la Corte, y el séquito de paniaguados ni siquiera se percató de aquella sombra en el párpado del monarca. Por ella ascendió M., trasunto de bacillus oftalmicus, y lloraron juntos, desnudos en el himeneo. Pero la segunda fase de la Apocalipsis fue traumática. Cargaba las bolsas del súper mirando al suelo de Madrid, regado de inmundicias, que reflejaba las últimas colusiones de la Moncloa, cuando ya los ruiseñores, todos, habían sido devorados por los agentes de Gallardón el cementero movible. “M., M., por qué me persigues”, escuchó con la clara luna del ungido. Alzó la mirada; en el piso 13 del bloquecito de Concha Espina se apagó la luz. El túnel de ventilación del infraurbano expelía sus decibelios incontrolados, y jugaba el Bernabéu alguna copilla de oros. “Las palabras, hemos perdido las palabras”. Se detuvo. Asintió, como cuando el descifrador de enigmas comprendió la clave del último Banzai, precursor del 6 de agosto del 45. “Es el poder de las palabras, la magia de las palabras. Se ha perdido”. Tanto ocultar el pensamiento con la verborrea había sido superior a los poderes del sortilegio, incluso a las invocaciones brujas de la bella Hermione, sobrina de Hermes. ¿Entonces? Entonces ya nada valía la pena, porque eso, aquello, era el todo.

Cuentos. (Laura en el país de los asombros). 84

20 julio 2010

EL LENGUAJE DE DIOS

-Las instrucciones en clave de una sola célula llenarían mil volúmenes…¡Y sólo para el ADN! Entonces, ¿cómo quieres entender la lengua de lo infinito?

Algo no funcionaba bien, al menos no de la forma esperada. Porque si podía leerme el pensamiento, meterse en mi cerebro como un virus, debería saber que yo no pretendía tal cosa… Bueno, no exactamente… Recordaba, como si frente a mí pasaran las imágenes de una proyección de cine, los relatos que conocía sobre el lenguaje de Dios. Sobre todos ellos me impresionó el de los nombres, cuando el universo se extingue, se apaga poco a poco como los imperios y las luciérnagas, cuando ya no quedan nombres de Dios en el cómputo de las palabras. Si nombras a Dios, dice la Torá, algo inefable puede ocurrir; por eso es El Innombrable.

LUZBEL miraba de frente, y una vez me hubo traspasado, se detuvo en el espejo del fondo, donde albergaba quizás la memoria del mundo.

-Stultorum numerus…! No hay mejor definición para los humanos. ¡Qué desperdicio de genes inteligentes! No tenéis más que echar un vistazo a cualquier situación… Y si es con los retoños… –me miró otra vez, como si yo fuese una cría de oveja y no pudiera engordarme demasiado rápidamente- ¡Esos padres mentecatos que fomentan su estupidez…!

Me sentí como la última gota de un cóctel demasiado fuerte, deseando que alguien la apurara antes de caer por el sumidero. En realidad no me sentía, porque creí que se dirigía a otra persona. Mis hermanos seguían dormidos, con un gesto en la cara que reflejaba su alegría de vivir. Esto exasperaba al campeón. Yo también podía leer algo de su pensamiento, y es que basta para ello liberar la mente y dejar que fluya la energía, como el agua por el cauce de un arroyo.

-Luego están los ‘salvadores’ –ambos sabíamos a quién se refería, especialmente-. Los llaman ‘iniciados’ –sonrió-. Por algo deben empezar… Es curiosa la creación de los significados, que oscilan como una realidad que no se aguanta a sí misma…

LUZBEL hablaba como un escéptico desencantado, frisando los cincuenta, en la barra de un bar selecto, y lo hacía a un barman de corbata impecable que ejercitaba los triceps batiendo angostura. Por un momento pensé que se le había pegado mucho de nosotros, y que tal vez tuviera las mismas debilidades. Sobre todo la vanidad.

Me atreví a hablar.

-Es porque saben cosas que la mayoría ignora…

-Sí –se apresuró. Supongo que estaba esperando que dijera precisamente eso-… Pero es que la mayoría ignora casi todo… Todo, más bien, porque lo que sabe es eso que llamáis ‘pasar’, o discutirlo, nunca jamás aceptarlo y enriquecerlo.

Ahora sí parecía un pedagogo. Raro, pero maestro al fin. Me salió una risa sorda, y supe, por su expresión, que los que nunca ríen facilitan la causa de Luzbel. Supe también, pero eso llegó a ser una deducción lógica, que los prepotentes y soberbios son esclavos del MAL.

El SEÑOR DE LA PARADOJA corrió las cortinas del fondo, y se abrió ante nosotros una ventana sin bordes. Tuve una sensación de inestabilidad, casi de vértigo. Mostró, al fondo, una galaxia dorada.

-Aquí lo tienes. A escala. –Arrugó la frente, pero ese gesto no le envejecía en absoluto- Curioso ese cerebro vuestro… Una obra de experto, diría yo. –Meditó-. Desde luego el ingeniero no fue Rafael, ese pelota cósmico… Tenéis tanta capacidad como la de un sistema de cien millones de variables, y no utilizáis más que una infinitésima parte. Y eso en sueños.

La galaxia era tan hermosa que empecé a marearme. Era un placer exógeno que me invadía y me absorbía. Estaba fuera, y sólo sentía un reflejo lejano. NO habría podido resistirlo por completo. ¿Sería esa la visión de Dios?

LUZBEL cerró de golpe. Todo se desvaneció. Lejos quedaba la luz que le daba nombre. ¿Qué había sucedido? Sólo pretendió poseer algo que el MAGNO le había prometido, y ÉL no podía mentir. La sabiduría. ¿Acaso no estuvo justificada su oposición al CREADOR cuando su enviado le ordenó cesar en su empeño? ¡Su empeño! El hombre sería siempre limitado y dependiente si no alcanza el libre discernimiento, conocer el BIEN y el MAL… El PARAÍSO no era más que un simulacro de don, algo que ocultaba el auténtico. Aquellos seres hechos a imagen de DIOS no eran libres. Nadie puede serlo si está demasiado cerca del PODER. Y EL BARBAS lo encarnaba, necesariamente. ¿Por qué esa debilidad hacia el especimen que habitaba EL TERCER PLANETA? Recordó las noches de ORIÓN, el largo estío de las cien lunas, y su espíritu se estremeció. ‘Cum subit illius tristissima noctis imago… –Susurró- quae mihi supremum tempus in urbe fuit…’. ¡Nunca se había sentido tan deseoso de mortalidad como en aquel momento del exilio! GABRIEL parecía un adolescente humano dando lecciones de organización a un catedrático de metafísica. ¡Diablos! –rezongó, invocándose-. Se había limitado a mostrarles la naturaleza del saber, y ellos lo llamaron tentación y violación de la promesa. Lo importante era el resultado, y eso siempre se lo deberían los hombres –Movió la cabeza, como si negase su propio pensamiento- aunque seguían considerándole el arquetipo del MAL.

Ahora, por fin, llegaba el momento. Había encontrado la forma de vencer, y esta vez las legiones del CIELO no iban a superarle. Pero estaba aquel escollo: los niños del País de los Asombros. Aquella era su sede, y no podía combatirles debido a la gran magia ancestral de la fe y la inocencia. Su misión –que era como las constelaciones, arbitraria e irrevocable- les protegía. Le sorprendió una risa que movía su garganta, como si un barman novato le hubiera preparado el cóctel del siglo. ¿No se habían dado cuenta de que el auténtico mal era esa parte del hombre que le convierte en una plaga para sí mismo? ¡Ese era el que llamaban diablo! Los animales salvajes sienten pánico cuando olfatean por vez primera al ser humano, y huyen… ¡Por algo será!

Cuentos. (Laura en el país de los asombros). 83

20 julio 2010

LOS SEIS DE ALBERT

-Pero… ¿Por qué estamos AQUÍ?

Había pasado tiempo. Ellos, los CUATRO, habían ido y habían vuelto… Y sabían ya ALGO importante: el TIEMPO no era el mismo en su casa de INTERLAND que en el VALLE DE ALGODÓN… por ejemplo… Pero…

-¿Por qué estamos aquí?

LISA les miró con asombro. Parecía extrañarse con cualquier cosa.

-¿Cómo? ¿Me lo preguntáis en serio…? Vamos… Vosotros lo sabéis…

-¡No! –Contestaron al unísono.

-¡Ete! ¡Caca! –dijo Alejandro, entusiasmado.

-Pues para aprender… Y luego, cuando llegue el momento…

-¿Qué?

-Cuando llegue el momento…actuaréis…. Vamos… Sois como unos… ¿héroes?

LISA se reía con una suavidad que a Laura se le antojaba algo… extravagante… No lo dijo porque era algo así como su anfitriona, o su guía, o su maestra… ¡Qué sé yo! –pensaba- Pero…

-¿Como Harry Potter?

Todos miraron a Anita. LISA se sorprendió.

-¿Le conocéis?

-¡Claro! ¿Quién no le conoce?

-Pues aquí pasa desapercibido… Siempre estudiando en ese horrible CASTILLO del PAÍS OCULTO…

-¿SERES A EXTINGUIR? –BELTRIX se reía al tiempo que miraba a JACKING, su doméstico mensajero, y la pregunta era hueca, como la retórica de un ejecutivo agresivo, made in Hillipolandia.

-¡Seres a extinguir!…O sea…¡vosotros! –Esta vez dirigió su mirada a los niños.

-La cosa es más grave, Milord –el criado empleó el titulillo, copiado de la Star Wars, que complacía a la cohorte de LUZBEL-. EL LEÓN Y LA GACELA son amigos. O sea que…

-¡O sea, que la naturaleza está al revés, o peor aún, ya no existe! ¡Un buen logro, diría yo! ¿Y para ese viaje hacían falta estas…alforjas?

ALFONSO musitó.

-Las alforjas somos nosotros..-dijo al oído de Laura-. Me da la impresión de que no va a usarnos para meter su equipaje. O sí… Según lo veas.

Y el otro iba viendo, viendo, mientras se rascaba la perilla.

-Veamos… A grandes males… El león acabará merendándose a la gacela… Es cuestión de tiempo… Todo vuelve a su cauce… –Hizo un gesto con el brazo, como si le estorbase la capa que no llevaba-. Incluso la torrentera, cuando se lleva por delante esos ridículos habitáculos que construyen los humanos… Casas las llaman. Sí. ¿El nombre arquetipo de la cosa? Puede, sí…

-La FÁBRICA DE CUENTOS está funcionando. Se perfeccionan narrándolos, y hay ya unos cuantos rapsodas.

-¡Viejo sueño, LITLE HERMES! Viejo sueño interrumpido. Somnius interruptus, ya que nos ponemos…Los rapsodas acaban de amanuenses o con demencia, inventándose historias de uno o dos segundos…. Claro que eso… sería suficiente, bien aprovechado… Pero ellos no lo saben… Por eso huyen del tiempo, como si fuera un enemigo. ¡Bendita humanidad, tan torpe! Dime, Jacking… ¿Has visto al amo?.

-Le rendí cuentas de parte de Milord, hace poco.

-¡Poco, poco! ¡Mucho, mucho! Se te adhiere a la mandíbula la ambigüedad de esa raza y la imprecisión de sus ideas. ¡Ese mundo es un virus! Cuando tenemos que resolver estos…problemillas, ya sabes, pues me viene a la mente esa pintura de EL BOSCO, nuestro muchacho, en la que PARAÍSO E INFIERNO flanquean el MUNDO. ¡Qué elemental orgía la del ser humano! Siempre perdido en su nimiedad como si beber del desierto calmara la sed… ¡Mátalos!

El criado se convulsionó, como tocado por un dardo eléctrico.

-¡No puedo, Milord! ¡Están protegidos!

El diablo de protocolo perdió su buen talante. En su cara aparecieron surcos negros y profundos, como si acabase de deshollinar la chimenea y Mary Poppins aún no hubiera aparecido con un trapo húmedo.

-¡Pues cómpralos, que viene a ser lo mismo! Convénceles de que son los mejores, y que se merecen una vida mejor… Y un señor que les estime, y se lo demuestre… Por ejemplo, diles que se acabó la angustia existencial, eso les viene preocupando desde que los muy memos perdieron la inmortalidad del Paraíso…

-Para eso les digo que se busquen un amante. –La mirada rojiza de Beltrix taladró el espacio que mediaba entre ambos, que se redujo como un globo desinflado. Jacking continuó, como explicándose-… No, no es tan bueno como eso que piensas…

-Creí por un momento que tenías imaginación, mi lamentable sombra.

-Gracias. Es un modo de engañarles, que se busquen algo que les distraiga de todo lo demás.

-¡No! Pueden ocurrírseles rezar, o peor aún, buscar la fe, que aguarda como un líquido transparente al doblar cualquier rincón de ese artilugio extraño que llaman espíritu, para llenarlo.

-Sin problemas. Están demasiado ocupados tomando remedios para la edad…o sea, para tenerla o para dejarla. Y en el lindero de ambas chorradas estamos nosotros, como JANO, mirándoles y aguardando.

-Bueno, bueno… El caso es que todo eso resulte eficaz. LUZBEL tiene poca paciencia, y la conspiración para acabar con la alegría –y de paso con el bien- va con cierto retraso. –Dudó un instante-. Estos niños… ¿no serán un obstáculo, verdad?

-Nada de eso… ¡Tengo un topo! Uno de sus mentores, o amigos, o consejeros, como quieran llamarlos porque están muy burocratizados, es de los nuestros.

Beltrix se rascó la perilla.

-¿Sólo uno? Deberías haber infiltrado más… Al menos cuatro, o tres, porque el pequeñín ni se entera.

El criado, que aspiraba a un puesto en el CONSEJO DE SECUNDARIOS, suspiró, y le salieron unas chispas azules por la nariz.

-No hay que menospreciar a los pequeños… Ese es mi trabajo, jefe… Pero ya he visto que tiene ángeles muy poderosos.

-También lo somos nosotros. Ángeles, desde luego, y poderosos. ¿O no? Por cierto… ¿Una guerra nueva, qué tal?

-Están ya hasta arriba. No son tan evidentes, pero las tenemos por todas partes. Y luego están las Cumbres.

-¿Qué tienen que ver las montañas, salvo por el mal genio de los enanos?

-No es eso –sonrió- Las llaman así porque son tan petulantes, ya sabes, que suponen que están en lo más alto… Se reúnen a negociar cómo explotar mejor a todo el mundo. Es una idea directa del BOSS.

Beltrix, el GUÍA DEL MAL, guardó silencio. Aquel aprendiz se estaba poniendo impertinente, pero caía bien a SU MAJESTAD. No era el momento de fulminarle. Además… necesitaba al pequeño Hermes, le era útil y podía suplirle en algunas tareas enojosas.

………………………….

CERBERO

-¿Por qué todos los guardianes tienen tres cabezas?

El CANCERBERO de la CUEVA se desperezaba como si no hubiera hecho otra cosa en su vida. Alex le imitaba, estirando los bracitos y rugiendo como un cachorro de león.

-¡Vas a hacerte daño en la garganta!

El niño se enfrentaba como un campeón al monstruo lejano, que si les había visto u oído no lo parecía. Ni siquiera olfateaba en la dirección del grupo, como hubiera sido natural si hubiera detectado alguna presencia extraña.

YOVI lo aclaró.

-No estáis ahora en su dimensión. Fijaos bien: hay un campo de fuerza a su alrededor, que se percibe como un cendal transparente.

-Sí, parece que está detrás de un plástico que se mueve. Como en LA INVASIÓN DE LOS CLONES –dijo Anita.

Alfonso la miró curioso.

-¿Y tú qué sabes de eso? ¡Si no ha visto las pelis!

-Que te lo has creído. Las tenía papá en la zona oscura.

Laura se echó a reír.

-¿La zona oscura? ¡Pues sí que se te ha pegado el vocabulario!

-La descubrió Alex un día que mamá se olvidó las llaves del mueble. Como siempre estaba cerrada pensábamos que contenía cosas muy interesantes. Y era verdad.

-¡Ya lo creo! –Dijo Alfonso-. ¡Allí está mi colección de DVD’s!

-Bueno, tanto como colección… –Laura era muy rigurosa con las definiciones-. Más bien una muestra…

Yovi interrumpió la conversación extravagante y retomó el hilo.

-Es como un holograma para vosotros, pero real. Las dimensiones pueden juntarse en cualquier momento, pero hace falta el CONJURO o la orden directa del GUÍA.

-Yovi…¿Por qué hay un guía del mal? No debería ser así…

-Mira, Anita… El bien y el mal están muy cerca uno del otro… Sí… A veces incluso se confunden, como las dos caras de una moneda, y es difícil distinguirlos… Claro que eso pasa con la gente, sobre todo los humanos, que se comportan como si tuvieran dos vidas…

Laura le interrumpió.

-¿Y cómo lo sabes, Yovi? ¿Has vivido en la otra parte?

-Todos lo hemos hecho…alguna vez. –Arrugó la frente y abrió los brazos, como un predicador-. En todos los mundos se da la misma raíz, porque EL GRANDE nos pensó al mismo tiempo…¡Bueno! Yo no soy maestro, sólo acompañante, así que…

-¡Menos mal! ¡Creí que íbamos a ser adoctrinados o a sufrir una clase de mistifilosofía! La verdad, con tanto charlatán y tanta secta, ya estamos un poco hartos de que nos digan cómo tenemos que respirar y cómo colocar la cabeza…

Laura no estaba de acuerdo con Alfonso en esta interpretación del Yin y el Yang, que era el resumen de la cuestión: el equilibrio. Por eso le corrigió.

-Hay muchas personas que se esfuerzan en ser mejores y en hacer mejor lo que nos rodea… Así que no seas tan escéptico.

-‘La incredulidad es la causa de la decadencia del gusto y del genio’… Lo dijo un francés con nombre de filete, creo.

-Chateaubriand –confirmó Laura sonriendo-. Los románticos hacen frases muy largas. Ya no se llevan.

Anita y Alex se habían acercado a la entrada de la guarida del Cerbero. De pronto éste gruñó, babeando. Enseñó los colmillos de la cabeza más próxima a los peques, que podía engullir de un bocado.

-¡Se ha deshecho el campo de fuerza! –Yovi miraba asustado a su alrededor-. ¿Habéis notado algo, una presencia extraña, unas palabras en voz alta…?

Alex apuntó con sus manitas a la frente del monstruo. Luego echó hacia atrás una pierna y lanzó el brazo contrario como un látigo.

-¡Yo soy Iter Pan! ¡Eno una espada!

-Y se puso a rugir al tiempo, imitando al Rey León. Anita tiraba de él.

-Vamos Alex, que me da mucho miedo.

-¡Él no puede salir! ¡No os acerquéis! –Yovi y los mayores llegaron corriendo-. Vamos, tenemos qué averiguar qué ha pasado.

En ese instante sonó una melodía.

-La segunda de Brahms… ¿De qué va esto? –Preguntó Alfonso.

Las tres cabezas fueron doblándose. Finalmente el enorme cuerpo se deslizó unos metros hacia el interior de la gruta, recostándose en el suelo. Pronto unos ronquidos opacos apagaron la sinfonía. Una sombra gris cubrió el grupo.

-Hola chicos… –sonó monótonamente la voz, que era bien timbrada y profunda-. ¿Necesitáis ayuda?

Yovi temblaba. Armándose de valor, después de tragar saliva, dijo:

-Muchas gracias señor Beltrix… Estamos bien… Su…su mascota… está dormida.

El GUÍA DEL MAL sonrió. Por su garganta se deslizaron unas sílabas extraviadas que buscaban cómo manifestarse. Era el conjuro sordo de los seres oscuros. Pero tropezaban con la fuerza contraria, invencible, de los ÁNGELES BUENOS.

-Prefiero que me llames ‘Milord’, muchacho… Tú eres…

-Yovi…Milord. –Y añadió para cubrirse las espaldas-. Soy el ayudante del HADA CONSEJERA, que está a punto de llegar.

El demonio alzó su capa como para embozarse.

-No sé… –Miro alrededor-. No detecto tanta belleza, al menos no tan cerca… ¿No estaréis…perdidos?… De todas formas, ya sabes que yo soy un estupendo guía… Es mi trabajo.

-Sí… Lo sé… –dijo Yovi-. Pero estamos bien… Nos paramos un poco a descansar, y…

-¿Descansar? –Beltrix parecía interesado en la parte más floja de la historia-. ¿Descansar? –Repitió-. ¿Venís de muy lejos, entonces? ¿O es que vais aún más allá de la MONTAÑA DRAGONA?.

-Pues…

-No importa –le cortó-. Mi amigo GARRAS FINAS duerme, hibernado como un mito griego… Ya ves… Mientras, la gran consorte se encarga de…todo… Id, id…-invitó… Y como no puedo elegir el destino, seguiré siendo guía… tan cerca como pueda…

Soltó una carcajada que parecía un trueno interminable. Los niños le miraban perplejos, inmóviles. Beltrix se esfumó literalmente dejando un rastro ocre en el aire.

-¿Sabes? –Dijo Laura… Esto es como la salud… Dice papá que sólo se aprecia cuando no se tiene. Pues yo aprecio ahora, y no sabes cuánto, la ausencia del mal, que es como una opresión en la cabeza.

-Ya que ser libre siempre es imposible –sentenció Alfonso- seámoslo un ratito…Y a disfrutar de ello. ¿Quién dijo que el cielo es un día de felicidad?

-Pues seguro que la abuela, porque se quejaba siempre de que no podía estar ni cinco minutos en paz.

Pero los niños, y Yovi, estaba inquietos.

-Aquí se aprende a la fuerza –dijo Laura- Es como hacer prácticas de campo. Sólo nos falta el laberinto.

Yovi se detuvo.

-¿Por qué hablas de eso ahora?

Laura se sorprendió.

-Pues no sé… Como ‘el capas’ decía algo sobre los mitos… Luego está el viaje, que es iniciático, como todos, pero parece que vamos y volvemos, y ese cielo de noche, con las estrellas cambiantes…

Yovi señaló un punto sobre ellos. En el crepúsculo, aún era apenas visible.

-ALGOL. La estrella del diablo. Está junto a PERSEO…-Reflexionó- Es la marca de Beltrix, y éste no es sino un lacayo de LUZBEL. Imaginaos…Vosotros habéis sido enviados también para combatir a la Medusa, puede decirse…

Alfonso le interrumpió.

-Puede decirse lo que quieras, porque si es por imaginación…Bueno, es que me acuerdo de los Boy Scouts…-Puso cara de ‘William the conqueror’-. ¡Siempre los he odiado, tan puestecitos, con esa cara de buenos, y un monitor enseñando las canillas…!

Los otros se rieron.

-Pues ¿sabes una cosa? A veces te equivocas queriendo hacerlo bien… Mamá se quedó cortadísima un día en el patio del cole. Llovía a mares y ofreció su paraguas a otra señora. Éste lo rehusó y dijo que le encantaba mojarse. ¡Parecía haber estado aguardando la lluvia como un berenjenal!

-Cuando llegó a casa y lo comentó, papá dijo algo así como que lo peor que se puede hacer a alguien es tratar de hacerle un favor… ¡Me parece que tampoco le gustaban los chicos exploradores…

Micro-relatos. (Hacker. Digital. Homo).

20 julio 2010

HACKER

“Es inexpugnable”. Cierto, pensó M. Lo sabía tan bien como que deseaba acabar con esa cualidad manteniéndose dentro de ella. “Necesito una ayuda, pero está dentro”. Miraron la fortaleza, que se erguía en 3D frente al horizonte. “Para entrar necesitas esa ayuda, y para tener esa ayuda necesitas entrar”. Se iluminó una sonrisa en sus ojillos. “Tengo la solución”, dijo. Todos asintieron, aguardando. M. calló.

DIGITAL

Sentía que la pareja de negro le miraba como si fuese un papel de estraza situado en la caseta destinada a celulosa fina, en el baño del hotel, a las dos de la madrugada.

-Es analógico -dijo ella.

El otro, que vestía un conjunto de cuero y botas recién lustradas, asintió. Ya se iban, sin molestarle, cuando llegó el triángulo.

-Mueve el dial como un tornillo sin fin.

Todos rieron, excepto M.

HOMO

El universo quedaba reducido a una pálida nota musical –seguramente en tono menor- que prestigiaba la luz blanca, una blanca luz sin átomos azules o dorados, envolvente y sincera, como los sueños de un niño. M. agradeció la invitación, y con una leve sacudida el vehículo se puso en marcha. “Son los engranajes del tiempo”, oyó a su ángel portador, un eufemismo delicado que apenas podía aguantar sus náuseas. “Creo que voy a parir”, le dijo, y el ángel portador se rió en silencio, como siempre. “Les hemos dado los electrones y la capacidad de comprender cómo funcionan. Pero ellos han construido latas de sardinas”. A M. los vehículos, el invento de un chatarrero loco, le habían parecido siempre cajas metálicas en las que tarados al volante ejercitaban su neurona, una solo y disminuida sinapsis que en el mejor de los casos alcanzaba unos doscientos grados en las escala del millón. “¿Y para qué mejor uso, dominus?”, preguntó el cortesano, ojeando un catálogo de Masseratti. El creador echó un vistazo a la carlinga y bostezó, como un psiquiatra pillado en su enésimo renuncio.