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Mi psiquiatra y yo. (15)

30 marzo 2010

He tenido tres sueños. Mi psiquiatra dice que se los cuente. A veces invento cosas, para comprobar si es fiel a su tesis de que la realidad oscila. Pero cuando me observa con su mirada opaca de besugo a la bilbaína, suelo rectificar y me atengo más o menos a los recuerdos. Por ejemplo, cuido un niño, o … me sucede que recuerdo los tres, pero si anoto uno, olvido el resto, como si mi conciencia fuese la guardiana de un secreto intraducible. Los otros son algo así como un lío o cambio de coches y un cisco con el trabajo o el ocio. Es decir, en esta imprecisión resumo la esencia de mi vida. Cuando he ido a comprar el pan, sólo quería una baguette, pero de ver tanta gente ansiosa esperando, haciendo cola, he comprado seis piezas; confío en fastidiar a algún idiota que llegue a última hora: “Lo siento, pero se nos han terminado”, tipo Mister Bin.

Luego he estado a punto de hacer la buena acción del día, cuando una viejecita vendedora de lotería, llorando en una esquina atrajo mi morbo y le ofrecí comprar todo. “Es que no vendo nada y todo me sale mal” – “Pues le compro todo”. “No, todo no”. O sea, ni siquiera sirvo para hacer gasto. La viejecita me ha conocido: tal vez incluso pensaba que quería engañarla; de un tipo como yo recela hasta el Herpes Zoxter.

Diario de Anita. (El cole).

30 marzo 2010

El Cole

He dicho a mi papá que venga a buscarme al cole, pero luego se lo he explicado a mami. “Quiero que venga papá contigo y con el niño”. Hemos hecho una planita -así llama papá a los cuadernos, porque es un poco antiguo- y me han dado un aplauso porque mis colores eran los más bonitos. Ana, la profe de pintura, dice que trabajo cuando quiero. Y es que a veces pienso y se me ocurren cosas que no puedo explicar. Por eso me dicen que soy vaguilla, y es que los mayores son un poco tontuelos. Mamá se pone un poco pesada con las letras, que son dibujitos de mayores para explicar las palabras, y las palabras son esos dibujos y trazos juntos para explicar las cosas, pero es muy difícil pronunciarlas porque juegan entre ellas y se encabalgan en la lengua. Como tardo en aprender se ponen nerviosos y dicen que soy un poco lenta, así que me recuerdan que este verano quisieron enseñarme. “Yo te llamaba para hacer los deberes”, dice mamá. “Pues yo no te oía, mami”, le contesto. Papá dice que con los niños sólo hay que jugar, aunque él de vez en cuando se olvida y me grita, aunque luego dice que soy su nena. “Menos tontunas”, dice mamá, y papi dice que con sus niños tiene que ser así. Mi hermanito no va al cole. Tampoco fue a mi cumple, que este año lo celebramos en McDonalds porque el día de mi cumple llueve –papá dice que se ha pasado con las rogativas, que es pedir que llueva, porque los mayores se creen esa cosas- porque estaba muy lleno. Es una excusa de papá para quedarse cuidándole y rehuir el mogollón. La monjita dice “narices” es clase, pero le he dicho a mamá que no la regañe, porque papi dice cosas parecidas y no pasa nada.

El narrador de historias. (La máquina de los sueños).

30 marzo 2010

LA MÁQUINA DE LOS SUEÑOS

Cuando le ofrecieron una nueva terapia para el insomnio pensó que sería otro fracaso más. El doctor le recordaba, con su laboratorio cibernético, al gabinete del doctor Caligari. Se le antojó un mixto de Mr. Hide, Frankenstein y Orwell. El primer día despertó aterido, después de un sueño inquieto de seis horas.

-¿Viaje astral? Habladurías.

Eso pensaba, pero los sueños recurrentes comenzaron a inquietarle.

-Cuénteme –el doctor disimulaba un interés excesivo.

Lo hizo. Una cárcel –así lo sintió entonces- que era un falansterio. Pero también un hotel enorme, una especie de reducto urbanizado tipo multipropiedad, en el que eran perfectos desconocidos. Tenía una misión pero sólo huyendo –era la palabra- podía cumplirla. Indagaba formas de hacerlo. Casi tenía la clave.

Eran seres polimorfos. Él uno de ellos, con un tentáculo reconocedor de especimenes. Lo usaba como un periscopio explorador. ‘No sé. Algo natural’.

Luego estaba la playa oscura. Y el desierto. Y los pájaros sin sombra. Y las lunas rojas. Pero sobre todo la galaxia y las constelaciones de mil soles.

Micro-relatos. (Luz)

30 marzo 2010

LUZ

“Han tenido que pasar cincuenta años para darme cuenta de que la poesía se escribe en el mismo papel con que se envuelven las sardinas en aceite”. M. había tenido ya dos pensamientos brillantes aquel día, y estaba agotado. El otro aún le atormentaba al llegar a casa y rebuscar las llaves de la puerta. “¿Por qué los humanos tenemos siempre las manos ocupadas?”. El resto de las especies apenas las utilizan para comer, desplazarse y hacerse la toilette. M. se avergonzaba de mirar los escarceos manuales de los antropoides en el zoo. Pero ahí estaban, como prueba de soltura digital. Frente a ello, como símbolo de la divinidad, las voces gritonas de los humanos. En el principio era el verbo, pero en imperfecto. A M. en el fondo le hubiera gustado pronunciar frases lapidarias como “me quedan tres meses de vida” –sería el único que lo supiera con certeza- o “me llamo M. y soy alcohólico”, pero ni podía medir un segundo la duración de su tiempo ni tomaba más allá de dos cañitas días alternos. Por eso M. odia las letras de las canciones, que se refieren habitualmente a gente decidida. M. pasea por Madrid como si soñase, y sus ausencias son el mismo ser de la muerte. Por eso cuando subió al autobús y se sentó al lado de la chica, no pudo ni pestañear. “Me llamo M. y te necesito”, le decía a la barra del asiento, que no le contestaba. A su lado, ella pensaba: “Ya ni siquiera me miran”. Y es que tendrían que pasar otros cincuenta años para percatarse de que somos tan parecidos como las gotas de agua. Sólo que disimulamos, y eso nos mancha. M. escribió en el billetito una de sus frases, y se la entregó a la pasajera flotante. Pero ésta ya se había bajado, y ahora caminaba por una acera gris y sucia de palomas.

Poemas. (Te busco para pecar)

30 marzo 2010

Te busco

para pecar. Pero ya es difícil

incluso eso, atraer la mirada

que hace cómplices

a los sentidos.

¡Viejas endorfinas

recelosas!

Poemas. (La vecina ve la tele).

30 marzo 2010

La vecina ve la tele,

supongo. O se ha dormido

a pesar de ello, y me deja

intrigado, con las voces desplegadas

entre nuestros pisos,

como una bandera enemiga.

Conspiración.

28 marzo 2010

A este paso todos los curas del mundo van a resultar pederastas, y todas las monjas alcahuetas. A los reclamantes, corifeos, manifestadores y víctimas -de todo habrá- se les va a quedar pequeña la vocera, porque el universo estará plagado de católicos perdularios, más pecadores que Nerón, a quien apenas se le fue la mano cuando lo del incendio. Al mismísimo Papa le están sacando los colores, porque algún día pudo conocer a alguien que se rindió al nefasto vicio que tantos profesores, políticos y padres de familia practican, sin que la vocinglería quiera acabar con la enseñanza, los referendum y el Código civil. Pero con la Iglesia antes se topaba uno y ahora se la topa, que está de moda hacer leña y quemar residuos, haciendo un fétido humo que respiran los pulmones estercolados de los acusadores. Esto me recuerda lo de Nüremberg, cuando los arrasadores de Dresde y de Nagasaky juzgaban al rector de la Universidad porque no se había ciscado en el Führer. Esto, en realidad, me recuerda el Evangelio, cuando Jesús ya dijo que los suyos iban a ser perseguidos y escarnecidos e insultados, pero que la Iglesia no iba a perecer. O cuando hablaba de ellos, los verdugos parloteadores,  como de  sepulcros blanqueados, que por fuera parecen tan monos y por dentro ya veis, no tienen más que podredumbre. A este paso, a quienes hemos estudiado en colegios religiosos nos van a mirar por la calle o por facebook como violados y maltrechos alumnos de los íncubos a contrario, con su roquete bordado en rosa al estilo de Rock Hudson, ese mocetón a quien aún no le han sacado el complejo de niño manejado por algún cura réprobo. Mientras damos subvencioes a los travestis, gays, putas y transexuales, creamos una historia fementida y atacamos todo lo que huela a incienso o suene a plegaria. Una cosa es el odio a la infamia y otra el odio a la verdad. Y no es verdad que la Iglesia sea un pozo de corrupción y todos sus miembros prosélitos de una masonería pederástica. Los que de verdad nos meten mano son otros, los que manejan ese tinglado de mierda y buscan el mal de la buena gente. La otra, la mala, está por todas partes, incluso en nuestra propia cocina. No sólo en las sacristías.

Poemas. (Quedan tantas cosas por decir).

28 marzo 2010

Quedan tantas cosas por decir,

tantas cosas

cuando ya han pasado el gesto y las palabras

y sólo quedan, en los pliegues

de la noche, sólo quedan inquietos resortes,

los sueños de la gente buena

que salen a dar su paseo por el asfalto.

Quedan tantas cosas cuando

ya nada puede decirse

porque se ha retirado a su nido la paloma

y el misterio se guarda

en el nicho de oro,

y el canto, el cántico latino de la vieja coral

acaba cediendo

y se asila entre las notas arrastradas

del pueblo.

Cuando todo y nada queda

y la fiebre se desliza bajo la puerta

buscándonos porque alguien nos ha nombrado,

entonces suena el recuerdo

y el color de esa esquina marchita

que dejaron atrás las máquinas

en su avance estratégico hacia el fin del mundo.

Micro-relatos. (Translator).

28 marzo 2010

TRANSLATOR
M. cerró el sobre con el CD a prueba de hongos. Había terminado el prototipo de música para bebés insomnes, gracias al nuevo fenómeno de traducción simultánea. Un forajido enano, antiguo desescombrador de favelas, que encontró en los senderos del Parque de Berlín. Al amanecer, recogía jeringas y plasticuchos para entrenar. Le había importado un matrimonio bienpensante, y engrosaba las filas tristes de los desplazados. Claro que eso era un privilegio. M. supo pronto que carecía de talento real y que debía vampirizarlo para hacer el paripé. Engañar a todos todo el tiempo, como Lincoln. Por eso viajaba: la estadística no podía fallarle, ahora que la identificaba como una mentirosa aliada. De aquí y allá obtenía la información y extraía los datos, siempre a lomos de marginados. ¿Cuántos Newton habrán muerto en los campamentos del exilio interior, mientras el Dalai Lama se tiñe de azafrán? Así había conquistado los tiernos oídos de las adolescentes drogatas de Ámsterdam con los ritmos sincopados de las campanas nepalíes. Un best-seller artificioso, construido por tres convictos malayos, que la crítica calificó de ‘nuevo Papillón’. Había diseñado un pene flotante que se inflaba a pelo, y que no tuvo el éxito esperado por desuso: al parecer ese adminículo

estaba destinado a una evolución regresiva. Los últimos avances de M. y sus anónimos acólitos en el terreno de la gerontología proporcionaron a cien mil usuarios porno en 3-D, que les devolvía los años de gloria en el estanque dorado. Un sistema de venta discretísimo le convirtió en distribuidor de grandes laboratorios. Así pudo reinventar la calotanatia, que superaba con creces el impopular dominio de la eutanasia, su prima. Sólo le faltaba traducirse a sí mismo, pero por libre.

El narrador de historias. (Talento prestado).

28 marzo 2010

TALENTO PRESTADO

Hizo –qué verbo, de cocina blanca algo alongada, como sobre la proa de un navío que perteneció a un antepasado de Neruda, así, entre los recuerdos fúnebres del mascarón, la sirena varada y el mar confuso y torpe, las algas maduras como en la sopa primigenia- pues a pesar de todo hizo una novela de citas. No se puede decir escribió, que es un lenguaje, o un oficio meditabundo y vacilante, como el suspiro ronco de un infante enfermo. ¡Cuánto tiempo sin leer, sin ver a Arrabal, estará en el arrabal con el cochecito! En esa novela de citas mi talento –una posesión diabólica- mi talento es prestado, y así parece la moneda de cambio, el hartazgo de la parábola, los celemines, ay, nostálgicos, aventados en la trilla del centeno que ha perdido su guardián o su guardián es un mulo, un objeto de culto para los fanáticos de Asimov. Y mi talento es prestado porque es humo, no, porque tomo el iter del protagonista de las citas de otros. ¿Algo habría, algo cabría más pedante, insuflado de crema y de manzana? Basta con leer en las agendas, pero es que basta con leer, y la narración es la lava y el moco, según, la sequedad paliduchocérea de una agente de movilidad que inmoviliza, un furioso Ariosto.