Manual para padres

LA SIESTA

Al padre mayor le gusta echarse la siesta. La necesita, y sólo le falta su osito para disfrutarla por completo.

¿Disfrutarla?

La siesta se convierte en un combate. Llega la bendita hora, el sábado por la tarde –impensable a diario, por enésimas razones que son las sinrazones de la época- y el padre mayor dice:

-Me voy a echar un rato.

Y añade, para dar un poco de pena y justificar el descanso del guerrero:

-¡Es que duermo tan mal por la noche!

La mamá le mira, radiografiando la próstata del padre mayor, que está adquiriendo dimensiones sobrenaturales.

El papá cierra la puerta se pone el pijama –porque la siesta es sagrada, y no se puede tomar echando una cabezadita en el sofá, que es un invento foráneo y desnaturalizado- y abre las sábanas, acogedoras y frescas o calentitas según el tiempo. Antes de cerrar los ojos se oye una voz cercana.

-Papi, ¿puedo dormir la siesta contigo?

-Sí, anda, ve a ponerte el pijama.

-Ayúdame.

El padre mayor se levanta, y es como si el ejército de Napoleón se pusiera en marcha, porque le parece arrastrar una recua de mulas. Acude a oficiar de ayuda de cámara e inicia el retorno a su habitación.

-Espera, que hago un pipí.

Asiente, sobresaltado. Una meadita vespertina, y en su cama, puede resultar incómodo.

Aproximadamente cada veinte segundos, su acompañante da una vuelta completa en la cama, musita plegarias o invocaciones escolares, y tiene los ojos como platos.

-No me puedo dormir.

Ya lo había notado. Él tampoco.

-Si no quieres echar la siesta te vas.

-Es que no me tapas.

El diálogo sigue el tiempo que podría durar, exactamente, la siesta. Por eso el papá mayor, pensando en la salud de sus neuronas y de sus arterias, hace prórroga. Se ha quedado solo de nuevo y ya comienza a soñar.

En ese momento se hace la luz. ¡El inicio del Génesis! Una bomba nuclear que le aturde acompañado de otra voz infantil

Es el retoño que le busca. Y parece haberle encontrado.

En todo ese lapso de tiempo la mamá está ocupada en graves cosas, naturalmente. Ignora por completo al papá mayor, que debe imponer por sí solo la autoridad que corresponde al paterfamilias.

El padre mayor escribe en su Manual los consejos a la fauna homóloga:

He aquí el pentálogo de la siesta.

Primer mandamiento. No eches tu siesta en vano. Si te acuestas, duérmela.

Segundo mandamiento. Planifica la siesta, no dejes nada al azar.

Tercer mandamiento. Cierra herméticamente la habitación, insonorízala.

Cuarto. Impón tu autoridad a distancia, informando que te vas, sin dar otra opción.

Quinto y último. No te limites al fin de semana; date una siesta cada día.

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