Archive for 28 febrero 2010

Poema. (El mundo me necesita)

28 febrero 2010

El mundo me necesita

cinco minutos más.

¡Lástima que no lo sepa!

Pido el veredicto de las voces

que me sorprenden,

salen de bocas y de rostros

que esculpen la tarde.

Aún no ha crecido la noche

y ya se despierta la tristeza.

Un licor de guindas

en La Guindalera.

Necesito el mundo

cinco minutos más.

¡Lástima no haberlo sabido

a tiempo!

Volvemos a la sala de los ruidos

cada vez menos solidarios

porque las voces, al final, se independizan

como pájaros de plumaje diferente

que no se conocen.

Sigo indagando: nadie me nombra,

eso debe ser que ignoran

cuánto me necesitan.

¡Lástima! ¡Podría haberles dado tanto!

Alguien corre, persigue su sombra

o la de otro que huye. No le alcanza.

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Micro-relatos (M) Absit.

28 febrero 2010

ABSIT

M. giró el pescuezo como un autómata de poltergeist. No sólo había olvidado el título del libro –su libro- sino que ahora el contenido, que existía, sin duda, era una sopa de gachas. M. pensó que así debía ser la demencia, y anduvo cierto tiempo persiguiendo el rabo de unos perros andaluces. Cerró los ojos un segundo, quizás para huir de la evidencia, que se tornó diáfana –conforme a su propio ser, claro- y oprimió su nuca de clavo adolescente. “Borges no debió hacer el ‘elogio del libro’ –pensó- pues eso hará que mucha gente deje de leer”. O no comience. Le parecía insultante que los tigres ciegos tuvieran ese talento oriental para desmochar mandrágoras. M. salió a la canícula con su botonadura completa y un corbatín de náufrago. A su lado disertaban sus amigos, que parecían ignorarle, y M. percibió su invisibilidad al cruzarse frente a ellos una vitrina de espejo. “No tengo dinero ni amigos ni esperanza; soy el hombre más feliz del mundo”, sonrió en el iris de Miller, o no era Miller, qué más da. M. conocía el sabor del rape pasado, pero lo prefirió siempre al sabor mareante de los falsos ricos, tan gorrones. Cuando se despertó el dinosaurio no estaba, claro, pero Monterroso sí, cabreado. Dibujando pirámides azules en el rollo de papel higiénico M. se entretuvo un rato, porque la próstata jodida estaba recordándole que ya había cumplido los cuarenta. ¡Una pena! musitó uno de sus falsos amigos a la farola, que, en aquel momento, ocultaba la figura del otro. Bajaron los tres por la Gran Vía, pero M. ya había pagado la comida y las copas, de modo que era el más pobre del grupo.

Laura en el país de los asombros (2)

28 febrero 2010

Entonces llegó Boob. Laura le habló como si llevara a su lado todo el tiempo.

– Y sin reflejos en el agua, Boob; te digo que era como si me asomara a un pozo, y allí abajo, alguien oculto en el agua, me absorbiera, me absorbiera…

– ¡Calla, calla! -Boob cruzó los dedos, tocó madera, y arrojó sal tras su hombro apenas perfilado-. ¡Pues no te suceden a ti pocas cosas, hijita!. Apenas sales de un asunto gordo, te metes en otro mayor…

– Pero Boob, no te comprendo… ¿Por qué tienes tantísimo miedo?. Sólo te he dicho que…

– ¡Que no me digas nada, hombre!. Si ya te he oído, así que no me repitas nada. ¿eh?, ¿de acuerdo?. -Boob se fue corriendo-.

A Laura se lo explicó después Jano:

“El caso es que ahora los genios no podían transformar en imágenes sus palabras y dibujos -cosa que le habían prometido- pues se dedicaban a convertir en realidad los pensamientos de Laura, e incluso a dar respuesta a sus preguntas… Y eso había provocado una tremenda conmoción en todo el valle, y en… sus raíces, y en sus columnas invisibles, porque… ¿acaso no significaba la más desafiante postura de los poderosos genios ante los mensajes del Gran Señor?. Jano le explicó más aún:

– El Gran Señor habita en el Fondo de los Pozos y desde allí -y desde el agua y los espejos, cuando quiere- absorbe los espíritus de quienes pretenden reflejarse.

Y Laura le preguntó:

– ¿Por qué, Jano?. ¿Acaso es tan malo el Gran Señor que castiga a quien se mira en el arroyo?. Si es así, está mal elegido el nombre de Grande para ese supuesto Señor…

Laura estaba, en verdad, muy, muy enojada…

Por la mañana, a Laura le pesaba la voz, como a Mariquilla los viernes, después de atizarse la cazalla. El abuelo la regañaba siempre, porque tenía olfato de pachón.

El narrador de historias. (El escribano)

28 febrero 2010

EL ESCRIBANO

Gengis Khan humedeció, según su costumbre, el labio inferior y sintió reseca la lengua. Al mismo tiempo alzó los ojos, sin mover la cabeza, al modo de los guerreros sunis, alerta y severo. La pluma que presionaba suavemente con su mano de mármol era de ánade silvestre, y Gengis Khan machacaba con ella la tensa caligrafía zen. “Trazos de hielo, como huellas del halcón en el aire”, musitó, releyendo los ideogramas que trenzaban novísimos esquejes de una lengua imperial. “Hijos de los dioses. La inventaron ellos, para hacernos soñar”. El gran Khan se sentía humillado ante el abismo de la escritura. Las palabras, y sus significados, se multiplicaban estremecidas, en una orgía sin límites. De cada rayo brotaban, como los rayos negros de los ojos dulces que amaba en silencio, símbolos que se veía incapaz de comprender. Hacía mucho tiempo que olvidara las caricias y los rincones de un hogar, pero su ánimo luchaba por regresar. “Nunca se regresa”, le aseguró el oráculo; pero eso fue cuando se atrevió a cruzar la Muralla. Había leído en los vapores grises del lago que un antiguo adalid de espada corta embrujó las aguas de los ríos del destino con un conjuro de fuego: ‘alea jacta est’. Las palabras de la muerta lengua sobrevivían en los cascos hendidos de sus monturas. También él había ganado la batalla del destino. Volvería, pues, sería el primero en hacerlo, y lo haría envuelto en una capa de armiño, con las manos rezumando la sangre y el hálito de las entrañas de sus enemigos. “Tristeza. Este es su signo”. Le molestaba la herida de la pierna, un flechazo superficial, cerca del tendón. Recordó al héroe griego, hijo de la diosa, muerto al descuido en el asedio de una ciudad imposible. Miró la noche, y con el instinto de un niño, se arrebujó en su pelliza de lobo.

Diario de un chimpancé (1)

28 febrero 2010

DIARIO DE UN CHIMPANCÉ

(adaptado)

Jueves, 31

Fin de mes. Los guripas están contentos, porque han cobrado. Expelen un tupo a puta ciega que apesta, el olor de las hormonas. Maqui dice que los guris y sus socios engañan al cuerpo, hacer creer a sus encimas que la cosa está guay. Cuando cobran, cuando joden, cuando comen… Ahora pasa Mixfo, ese no huele. Debe estar casi muerto, dice Maqui, con el tono grisáceo de la piel y el amarillo sucio de los ojos. Yo creo que está triste, siempre solo. Yo le digo a Maqui que no huelen lo mismo después de echar un polvo que después de cobrar. Tampoco cuando comen, porque entonces la mezcla de aires externos e internos con el sudor se parece más a un lote de basura, esa mierda colorista de los desechos humanos, antes de la putrefacción. Un hombre no huele igual que una mujer.

La Susi huele lo mismo todo el tiempo, a desagüe viejo. Aunque no es mayor, como la Boss, Maqui dice que tampoco tiene el celo. A mí me parece que las hembras humanas lo tienen de otra manera, pero no digo nada porque Maqui es sabia y celosa, y además mi compañera, y ya sabéis que a los chimpancés no nos gusta dormir solos. Maqui me espulga con cierta pereza, y eso me disgusta, pero tampoco lo digo. Aunque no hay rejas en este lugar, como dicen que en otros, he explorado bien, y no puedo salir más allá de los abedules. Estamos condenados a la compañía, supongo. Aquí cerca vive el Gran Ñu, y puedo ver desde la roca grande casi todo el recinto. Los tigres también, gordos y vagos, como banqueros o luchadores jubilados. El león, aburrido, los rinocerontes, campeones de sumo en paro. Los niños se detienen frente a nosotros más que ante nadie. Somos las estrellas del circo. Cuando pasan delante del recinto- no es la jaula de mi abuelo- me dan un poco de pena. O eso creo, porque siento que ser humano es una soberana majadería. ¡Cómo nos miran! Creen que nos observan, cuando sucede exactamente al revés. A nosotros nos cuidan, nos alimentan, nos libran de las fatigas de la vida. Vivir mal, es rematadamente jodido, creedme. En cambio, esto de pasar el día observando el cielo y el aire, como en una pantalla de la tele siempre cambiante, mola cantidad. Maqui, que es una existencialista, no opina siempre lo mismo. Como todos los filósofos, cambia de opinión aunque dice que mantiene siempre los mismos juicios. Yo creo que un día se convertirá en mujer, evolucionará, según dicen ellos, los humanos, y entonces estará perdida. Mientras tanto procuraré solazarme con ella, está divina, con esos pelitos suaves de seda entre las nalgas, con esos pellejos de terciopelo viejo en los muslos, con ese tetamen glotoncete y esos belfos de yegua, la muy cachonda. Aquí estamos tranquilos, sin la prisa que vemos en ellos, los humanos de ojos inquietos. Maqui dice que a mí me da igual que el mundo estalle. No es eso, aunque si lo hiciese supongo que no me daría cuenta de nada. Ella está ausente a veces, como los humanos, incluso los niños que te penetran con su mirada, indicando que somos lo único que tienen de verdad. Los niños me gustan, les doy mi tiempo y las cabriolas que mi especie debe regalarles. Maqui la flaca dice que son crueles y mezclan piedras con los cacahuetes; no todos son iguales, claro. Pero con ellos me siento mejor, más alegre, generoso, desprendiendo del día parte de la confusa luz que me aturde. A veces me tienden la mano, quieren tocar, hacerse más cercanos y darme también algo de ellos mismos. Casi siempre, de principio tienen miedo, como todos los cachorros, y más aún los de esta pobre especie desnudos.

Diario de Anita bebé (día 46)

28 febrero 2010

Día 46

Mi papá está muy contento conmigo, y dice que soy una niña muy colaboradora. Es que el médico dijo que no pasara un día sin hacer caca, así que me han puesto sobre el colchoncito de mudarme, y han estado dándome masajes en la tripita y ayudándome a hacer gimnasia con las piernas. Luego además me cantaban canciones de niños y otras que se inventa mi papá con unas letras muy tontas, pues yo estaba la mar de entretenida. Entonces mi mamá ha tomado una ramita de perejil y me ha hechos cosquillas, y papá decía que aquello era como aderezar ensaladas. El caso es que he hecho mucha caca y lo he puesto todo perdido, y no me explico por qué a pesar de eso se ha puesto tan contentos. Por eso dice papá que soy estupenda, porque he colaborado muy bien, apretando y apretando, hasta sentirme la mar de a gusto.

Mi psiquiatra y yo (1)

28 febrero 2010

Día 31 (Cont. Diario de Guerra. Un año después …) (Sueltos coleccionables)

A. me ha abandonado. Esto me suena. La historia se repite, claro. Creo que el objetivo principal de A. en esta vida, es abandonarme. ¿Disfrutará con ello?. Salgo a la calle. Hay especímenes curiosos, que me miran. No tengo ganas de mirarlas. Esa se parece a A., con la falda aún más ceñida. ¿Es eso posible?. Me pongo celoso, de quienes están ahora con A. Odio a todo el mundo, especialmente a mi psiquiatra. Los especímenes me preguntan si busco a alguien. Busco a A., claro, pero no pueden imaginarlo. Y A. tan feliz, sin mí, cosa que soporto difícilmente. Un espécimen me sonríe. Creo que le dirijo una mirada asesina. Rectifico. La espécimen no tiene la culpa de mis traumas. He pasado mi vida en ambientes demasiado selectos; no conozco la calle. Es tarde para hacerme taxista. No me gustaría ser portero de Club. Tengo pinta de espectro, y atraigo por eso a las vampiras. Creo que estoy perdiendo mi estilo: perder con elegancia, y conocer. Conocer a alguien que me devuelva el estilo. Desde luego aquí no. Salgo despacio, como si conociera a las especímenes desde siempre. Los especímenes que aisladamente las acompañan no se inmutan. Mi psiquiatra tampoco entenderá esto. Sospecho que ha estudiado en la UNED, como A. Asocio las ideas artificialmente, con tal de pensar en ella. La última espécimen me saluda, mientras se mueve como una mata de enebro. Le pido paso con el gesto, para evitar tocarle el culo. Mi estupor es inenarrable, supongo; supongo; pero queda bien. A A. le da vergüenza salir conmigo. Me tiene en conserva, la pobre. Mi psiquiatra dice que eso es normal. Exhibirme puede acabar con el prestigio de A., precisamente al contrario de lo que me sucede a mí. Le mando a la mierda. Voy a La Parrillita. Es la una de la madrugada. Al salir del coche pierdo la tapa del mando del garaje. Al entrar en el restaurante se me cae la pila. Voy dejando rastros por doquier. Pido algo de cenar. Me miran. La cocina está cerrada, claro. No doy cuenta. Intento observar mi cara, para modelar un gesto diferente; busco disimuladamente un espejo. A mi alrededor habitan botellas, vasos, vidrios, y miradas atónitas. Por fin me veo: un bacalao hervido sobre fondo azul. No: es la etiqueta del atún. Decido soslayar el apuro. Me traen una “Pascualina” recalentada, y algo para picar. Pienso llevar a A. a sitios cálidos, algo exóticos; ella estará bien por el calor, y yo por todo lo demás. Habrá que cuidar su piel. Yo me encargaré de cuidarla enterita, para que se me conserve. Últimamente la he querido demasiado deprisa; es natural. Mi psiquiatra dice que tengo horror al vacío, o sea a perder a A. , y que debe estar (ella) hasta el gorro de tanta posesión. Mi psiquiatra dice que soy torpe como un topillo despistado. Vamos a tomar unas copas -al Pub, solitario, sin ligues ni molestias- Rosa, la mujer del socio, alguien más y yo. Pido Whisky. Me preguntan si estoy enfermo. Pido otro más. Y fumo. Todos vuelven a mirarme; insisten en que algo raro me sucede. ¿Qué será? Regreso bordeando S. Juan de la Cruz. Me gustaría estar borracho, o ser un poquitín sinvergüenza. Pienso en A. Pienso en A.

Cosas de softnews (adaptadas)

28 febrero 2010

-¿Cómo te fías de internet? Dicen que el 70% de la información que se saca de internet es falsa.

-¿Y de dónde has sacado esa información?

-De internet.

Entra un esqueleto en un bar y pide :

-¡Una cerveza! ¡Y una fregona!

-Pues este va a ser el año del consumismo.

-¡Qué dices! Con la crisis que hay…

-Pues por eso: Con su mismo abrigo, con su mismo televisor, con su mismo coche…

-Pero si este programa va perfectamente. Los usuarios están contentísimos con él. Apenas tiene fallos… ¿Por qué quieren sacar otro?

-¡Poco futuro tiene usted en la empresa, amigo!

-Pues este test de la maquinita no me va nada. Yo no sé historia.

-¿Y qué te pregunta de historia?

-Mira: ¿De qué color era el caballo blanco de Santiago?

-Pues mi novia está embarazada.

-¡Pero si la conoces sólo del chat!

-¡No estarás insinuando que me es infiel…!

-Este pc tiene muy poca memoria. Tendrás que añadir lo que sea.

-¿Y cuánta necesita?

-Pues lo suficiente para que se acuerde de mi nombre y contraseña, porque me lo pregunta cada día.

-Se me ha colgado el pc. ¿Qué hago?

-Salga y vuelva a entrar.

-¿Salgo de la habitación o también de casa?

-Voy a enviar este correo a trescientos contactos, para que no me pase nada malo.

-¡Vaya superstición! ¿Cómo te crees esas cosas?

-Pues no soy el único,  porque me lo enviaste tú.

(Si tienes ocasión mira las viñetas de softonic.com/softnews)

Poema. (Cuando estoy sano).

27 febrero 2010

Cuando estoy sano

me da pena vivir

¡con tanta tristeza!

Cuanbdo estoy enfermo

me da miedo morir

¡sin estar sano y fuerte!

Así que tengo hechos un lío

al ángel de la vida

y al ángel de la muerte.

¡Y me alegro con eso!

Poema. (Deus ex machina).

27 febrero 2010

DEUS EX MACHINA

Me hablaba con tanta seguridad
de su tibieza
que no supe responder: yo era
un anticuado creyente,
el rescoldo
de una historia quemada, triste
y llena de vergüenza.

Negaba con tanta convicción
que Dios se alejaba poco a poco
del diálogo, como un extraño
en la fiesta del decano,
cuando quienes no se conocen
miran el escudo
y aceptan sin más al compañero.

Pero qué iba a defender
si no me aceptas a tu lado
y cada noche te vuelves oscuro
como un silogismo decadente
y la pirueta del saltimbanqui
en le cirque du soleil,
donde nace una flor de oro,
se suspende en el aire.

No tienes que pedirme nada
porque mi derecho es mayor,
nací cuando tú eras el mismo,
y yo he ido cambiando
comme il faut,
sin tanta ontología
que busca su figura en el espejo,
vanidosa, narcisista.

¿Por qué entonces tengo
la mala conciencia de siempre?
La benzodicepina
Zálata, zálata,
el mar,
el mar,
que se asoma como la gran madre
de la Tierra.

Será así hasta el final,
echaré de menos esa firmeza
en el error, en el acierto, qué más da,
dejaré pasar el viento
por la jarcia y el mástil
para que abrace la vela, su novia
que aguarda arrebolada
y me suelta la mano
despacio.