EL INMORTAL

21 agosto 2017

Acabo de ver un reportaje fascinante en TV. Día 21 de agosto de 2017, a las 16 horas.

¡Al fin vamos a ser dioses, o mejor, Dios! Ya no necesitaremos la religión, ni las plegarias, ni la piedad, ya se terminará la odiosa imaginería que construyó catedrales y esculturas, el policromado, los Beatos, el miedo, la fe.

¡Nos tendremos a nosotros mismos, la humanidad científica, el nuevo y definitivo Dios!

Sí. Los físicos, finalmente, han captado la mirada del infinito, que se llama manipulación del ADN y de otra cosa similar, XN, o algo así, una novedad que les ha puesto contentísimos.

Los padres diseñarán a sus hijos, elegirán entre distintos patrones o incluso, si tienen capacidad económica -cómo no- para ello, podrán hacer niños a medida. No habrá enfermos, los dientes ahuyentarán las caries y todo el mundo tendrá tableta en vez de barriguita, y así…

 

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Orwell, Huxley, toda esa caterva de iluminados queda obsoleta. Lo que previeron o imaginaron se hace realidad, pero exponencialmente.

 

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Algo hablan también los teóricos de esta física teológica de que sus descubrimientos puede servir para curar o mejorar, pero lo dicen tan de soslayo que uno piensa, malignamente, que esos son requisitos para obtener dinero, subvenciones o inversiones. La meta final es más noble, qué digo, la insuperable nobleza, la divinidad, o eso que así se llamaba jocosamente, antes de que los agnósticos decidieran asumir ese rol impreciso y caduco.

 

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Porque no se dan cuenta de que están interpretando el odioso papel que han venido rechazando, y que incluso violentan los cimientos de la divina evolución que les tiene tan fascinados. Comienza el juego, el juego de ser dioses, que un próximo futuro dividirá la especie entre seres perfectos, tal vez clones al estilo Matrix, y los otros, los seis de Huxley, las razas pervertidas de antes del toque maestro. ¿Y los políticos, y los banqueros, y los magnates, seguirán o no? Nada de esto se dice, pero como mi formación judeo cristiana me hace recordar, hay muchos escalones hasta llegar al trono del Altísimo, así que, siguiendo la pauta, habrá para todos.

 

 

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Este complejo por ser inmortales y perfectos indica una vez más que nuestra especie, más allá de la inquietud de Agustín, está loca de remate. No es que, bendito de Hipona, nuestro corazón esté inquieto porque nos hizo el Señor para Él, sino porque queremos ser Él, en sus atributos más destacados, porque, claro, como gente de razón, hacemos listas. Un listado por importancia, desde la cúspide de la pirámide a su base manipulada y expoliada. Primero, la inmortalidad, y luego, a diseñar, a jugar, con el cuerpo, con la psique, con eso que algunos, erróneamente, llaman espíritu, y que ya no servirá para nada.

¿Y los impuestos? ¿De verdad habrá un mundo sin impuestos? ¿O buscaremos otros mundos para explotarles, haciéndoles siervos de la gleba o autónomos, habrá una casta de funcionarios y empleados, un grupo de comerciantes y mineros, qué se yo, e incluso farmacéuticos y médicos para los foráneos y residuales?

Y a los que vivimos más o menos precariamente, ¿nos van a dar ya el soma psico somático que nos vuelva felices? ¿Será la eternidad sólo para los elegidos?

Y cuando la vida quiera apagarse para surgir de nuevo, ¿qué camino recorrerá esa especie, ya tributaria de sí misma, una generación tras otra de dioses clónicos, que acabarán, supongo, guerreando como todos los mitológicos, que, a lo mejor, son un trasunto de los nuevos?

Lo que sí me costa es que habrá un Zeus, o un Yahvé, o un Alá, o un Dios, o sea, un mandamás. Tendrá oficinas en algún lugar de la nueva City, y una cohorte de esclavos, un ejército de ángeles o una pandilla de muhaidines con sus nuevos papeles de, quién sabe, proveerse de material explotable, como hace hoy la AEAT, y actuar castigando mediante el sistema de retroacción, o sea eliminar lo que se dio y convertir a los enemigos en réprobos del infierno.

 

 

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¿Eliminará esto a los infernales fanáticos de hoy, que se sostienen en sus dioses sanguinarios y su corrupta mente para matar a los infieles? ¿O es que este plan es parte de ese fanatismo, más cruento y menos aparentemente sanguinario? ¡Cuánto se parece el objetivo de eliminar al que no responde a mi religión con hacer una nueva y homogénea! Cuánto se parece al plan antropomórfico de los falsos dioses.

A todos los que recibís esta noticia con alborozo, enhorabuena. Hay que vivir con ilusión. Pero recordad que, al fin y al cabo, seréis dioses menores o hijos de un dios menor.

Yo, entretanto, voy a tomar mi pastillita con el descafeinado, no vaya a darme la arritmia.

 

Desde algún lugar no conquistado de Las Galias divinas, un Obelix imperfecto dice eso de ‘Están locos estos… humanos’.

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IRPF O LA CASA DE LOS HORRORES

8 diciembre 2016

IRPF O LA CASA DE LOS HORRORES

 

Foster Wallace se volvió más loco de lo que afortunadamente estaba intentando desentrañar los rituales de la Hacienda USA, que, comparada con la española, es una casita de muñecas. Los manuales del IRPF, que suena a mortuorio, son tan crípticos que ni Javier Sierra podría encontrar una explicación, y mira que está capacitado para ello, que hasta ve alfabetos en los dibujos y figuras en las letras.

 

 

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Por cierto, estoy releyendo ‘El maestro del Prado’, y lo paso la mar de bien, espectador de un paisaje tan aparentemente elaborado y tan lleno de tópicos pseudo culturalistas como los que en mi otra edad alentaba nuestra Escuela de estudios esotéricos (EEE). Tópico no es un término despectivo, y lo aclaro porque no escribo para iniciados. Y lo de pseudo… viene a cuento del esfuerzo en imbricar formas de pensamiento heterogéneas, como si a los aborígenes quisiéramos educarles tirando libros sobre sus cabezas desde helicópteros.

 

 

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Lo de la renta es, cada año, un memorial de angustias. Los pobres autónomos se miran en las aguas turbulentas, y ven su torturada efigie perseguida por los demonios. La luna no riela, lo que se refleja en las casillas de esos impresos ahora virtuales es un dedo corazón haciendo la higa: ‘Esto no desgrava, esto no deduce, párrafo tal del epígrafe tal partido por dos, y como te pases te fundo, que te tengo fichado, pringadillo’.

 

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Por ejemplo, lo de las amortizaciones. Un autónomo pide un préstamo para comprar su oficina, y no puede deducirse las cuotas. Sólo una extraña cosa de ínfimo porcentaje que se llama ‘amortización. Alguien descubrió en Hacienda que la hipoteca para adquirir un local de negocio u oficina o despacho podía suponer un fomento de la inversión y un estímulo para el ahorro, y decidió, desde su alto triclinio, como Eneas narrando la Eneida, que por eso se llama así, que ‘verdes las han segado’, y que de alegría nada. El indigno Shakespeare ya advirtió en uno de sus ‘reyes’:’ A nadie encontrarás aquí que no tenga el rostro triste y sombrío’. Justo. Foster Wallace emplea quinientas páginas en encontrar una sonrisa en el tinglado de los tributos, y ni con novela, historias alternadas, protagonistas infiltrados…Allí todo es llanto y crujir de dientes.

 

Portada

 

Hacienda se queja de la economía sumergida, y la economía sumergida se cisca en Hacienda. Los que estamos controlados, tipo Gran Hermano, vamos alimentando el monstruo cada año, y Leviatán engorda, devorando de vez en cuando réprobos, como corresponde a los pecadores.

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El Estado persigue con el látigo en la mano, como los pésimos maestros de Dickens a los niños huérfanos, que somos todos más o menos, porque no hay asesor que lo resista.

Y encima todas las instituciones, protegiéndose a sí mismas, se congratulan o compinchan: los SER, los multazos, las tasas, los IBIS o catastrazos, los saraos, las cámaras, las retenciones, los IVAS. ¡Ah, los IVAS! Poco es el veintiuno. Más castigo debería haber al comercio de esta carne podrida que es el laborioso autónomo. ¡Leña al mono! Pero de deducirse gastos tan evidentes como las cuotas de una hipoteca por adquisición de oficina o local, nada. ¡A amortizar, que son dos días!

Pero no olviden los contribuyentes: ¡qué acertado nominalismo, digno de San Anselmo y sus argumentos ontológicos! que ser invocado al Sancta Santorum hacendístico, o sea, requerido por el Altísimo, léase AEAT, dignifica, le transforma en ente digno de atención, con uno o más funcionarios dedicados a su espulgue.

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¡Con razón quieren todos los autonómicos la transferencia del poder, además de los dineros! Esa es la clave, junto con la muerte, de la necesidad que guía el paso del hombre sobre la Tierra. ¡Ah, el poder! Ahora que el gran Kirk Douglas cumple cien añs viene a cuento recordar esa frase del magnífico guionista Dalton Trumbo: «Esa oscura ansia de poder que acecha en todos nosotros, esa perversión del amor que es secuela inevitable del poder, el perverso, exquisito placer del poder absoluto”. ¿Y qué poder más absoluto que meterte las manos en el bolsillo y rascártelos cataplines?

Mientras no te llame Hacienda no eres nadie, chaval.

Te vas a enterar de las cosas que existen en ese mundo auténtica esotérico de la fiscalidad, Hacienda Pública lo llaman, y es que es un poco ramera. Hay cosas, libros, apuntes, sustratos, copias, registros, que te exigen los cancerberos de las mazmorras, verdugos del orden, que no has oído nombrar en tu vida, y cuya inteligibilidad y atención absorberían, como propia del vampirismo de sus mandantes, las 24 horas de tu tiempo, una burocracia que iluminaría tu impuro, indigno trabajo de mal ciudadano y peor pagador.

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Pero ojo al dato, que decía El Butanito, que la ignorancia del follón no impide su cumplimiento y ellos tienen siempre razón. Monopolio de la violencia, más o menos jurídico, o con más o menos Weber en la calle, sótanos de la moderna Inquisición, castillo de Kafka, surrealismo de Welles pasado por el gabinete de Caligari.

Y no vale eso de echar la culpa a un Ministerio cuya imaginación se queda en aumentar impuestos y controlar hasta las fotocopias del autónomo. De eso nada: lo que te parece patético ejemplo de incompetencia es en política pura fantasía, talento a raudales. ¡Vaya gestores nos han llovido de las urnas y componendas!

 

Monedas y billetes

Menos mal que aún no gobiernan -es un eufemismo- los otros, bocazas a topa y seguidores del falso paraíso, los que quieren aumentar aún más el gasto público y los impuestos. Ni Nostradamus ha predicho tanta catástrofe bien o mal traducida, como hizo la EEE en un librito del 82, cuando la guerra de Las Malvinas, que envío a quien me lo pida.

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Franqueo o sellos incluidos. De los que me quedan de la colección antes de que sea confiscada.

 

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Eso sí, gratis, pero con gastos de envío a su cargo.

Que desgrava.

 

 

carta de quimera a los magos de españa

22 septiembre 2016

 

CARTA DE QUIMERA A LOS MAGOS DE ESPAÑA, MARIANO, PEDRO, PABLO, ALBERTO,  Y DEMÁS.

 

Queridos bienhechores.

Soy quimera, una figura antes mitológica, hoy real como la vida misma, en este reino de España.

Mis orígenes fueron griegos, y, de hecho, en ese bello país del Egeo, ya he reanudado mi presencia, de la mano de los partidos políticos, mis mentores. Hoy toca en el vuestro, y disculpad el posesivo, ya que es imprescindible para una indeseada sintaxis. Porque ya me anticipo: el objetivo es que deje de serlo.

Aunque os supongo enterados, ya que sois omniscientes como esos narradores de las novelas clásicas, los mitos son la auténtica historia. Y yo represento lo que a lo largo de ella ha supuesto el tinglado de quienes aman el poder. Todo poder corrompe, naturalmente, y eso es casi lo único bueno que tiene. Y quienes lo ansían, que es vuestro caso, ya tienen esa ventaja previa: sois corruptos in pectore, o más bien genéticos. ¡Gracias, gracias, gracias!

¿Por qué os doy las gracias? Porque nunca me llamaréis monstruo, esa infamante calificación con que me obsequian los perdedores. Vosotros me entendéis y me buscáis. Más aún, vosotros me hacéis, me construís de nuevo, me renováis… sois un amor. Mis héroes.

Aquí tenéis mi imagen, sin Photoshop. Tal cual soy desde que nací, engendrada por la confusión y la mentira, con aderezos de burla y de infamia.

 

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Aquí estoy más guapa. Porque varío, según el espejo en el que me miran y me miro. El espejo de Alicia, esa chica tan tontita.

 

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Quizás parte de vuestro público necesite saber por qué os escribo. Voy a explicarme para que incluso ellos me comprendan.

Veréis. Soy un animal fabuloso. Me lo tengo muy creído, soy un compuesto heterogéneo, es decir, múltiple, variado, confuso, teratológico, contra natura, poderoso y doy un poco de miedo, sólo que no puedo matar con la mirada, como mi amigo el basilisco, ni renacer de mis cenizas, como el presumido Fénix. Ojo con esto, por si la liamos.

En el cuento voy engullendo rebaños, no es por nada, y con perdón si alguien se da por aludido, y de mis coyundas salen bichos magníficos, como la esfinge y el león de Nemea. Ya me hubiera gustado parir la hidra, la de cien cabezas, que tanto se me parece, pero eso está en vuestras manos poderosas, y acabaréis consiguiéndolo.

Me pintan con cuerpo de cabra, cola de una serpiente y cabeza de león. En realidad, como el viejo Cerbero y como vosotros, tengo tres cabezas, la de león, la de macho cabrío, y la de serpiente o dragón, como en la foto. Ando por ahí vomitando fuego por la boca y el trasero, como corresponde, para dejar claro por donde van las cosas a mi cargo.

 

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Os advierto que al final pudieron conmigo. Me mató un asesino de tiranos y domador de caballos voladores y encima al servicio de un rey. Tanta analogía me estremece, recordando las cuartetas del viejo Nostradamus y el sombrero, que siempre se los hacía grandes para taparle la cabezota.

Pero vosotros conseguiréis parar la lanza o el plomo del matador. Esta vez triunfaremos.

Hechas esta introducción, voy a explicar al otro cincuenta por ciento de vuestros creadores a qué viene este resurgimiento de mi egregia figura.

Todo nació un veinte de diciembre, cuando la soberanía popular, manipulada a su pesar por los embustes y la ignorancia, que son mi piel y mis huesos, decidió que yo debía volver. Decirlo así parece insultar a la inteligencia del votante. Pero no lo digo yo, lo decís vosotros, vosotros sois quienes la insultáis y despreciáis, mis dilectos creadores. Porque si preguntarais ahora, ¿queréis a Quimera? Tal vez no os respondieran con el entusiasmo que vosotros ponéis en hacerme real.

Demasiado tarde. Ya estoy aquí.

Los políticos sois unos pervertidos. Sí, pervertís el sentido de lo que ofrecéis y de quienes os han votado. Todos ganáis, sois como yo, y eso me da fuerzas para seguir viva. Pero no siempre aprovecháis la oportunidad que os brinda mi existencia. Ahora sí. Gracia, gracias, gracias, de nuevo. Y gracias por la elección de la corbata navideña de su majestad.

Todo juega a mi favor en este reino.

Ya andan diciendo por ahí que no soy un monstruito, que las individualidades que forman mi conjunto -qué bien suenan estas frasecitas demagógicas- se parecen. Son prácticamente iguales. Y que, por tanto, la unión es coherente y bienhechora, un favor que se hace al pueblo. Porque el pueblo es siempre el destinatario de las fechorías, la causa essendi de los filósofos, el amor intellectualis de los teólogos, que tanto me han citado.

No puedo negar que esa concesión a la aquiescencia me fastidia. Yo soy un bicho terrible, y no un hada benéfica. Mis atributos son lo que son, y así quiero continuar. Disimular mis achaques como si fueran granitos de acné desdice mucho de la finalidad con que fui engendrada y de mi uso como instrumento de la perversión.

Pero, en fin. Otros monstruos se utilizan, como los jinetes del apocalipsis, como el hambre, la peste, la guerra, por este sabio ser humano tan hecho a la imagen de dios, sin que nadie se extrañe. De modo que unirse ahora para que el rebaño tenga lo que dicen que se ha buscado, transformando su voluntad como los compadres de Odiseo fueron convertidos en cerdos, con perdón, por esa maga divina, mi amada Circe.

La nueva quimera es este animal monstruoso de varias cabezas, distintas colas, lomos diferentes, y voraces ansias. No necesita este reino recurrir a las fábulas, no precisa del mito, va sobrado por él mismo, en manos de los divinos reyezuelos, de sus acólitos, de sus comparsas y de los necios que jalean la miseria y el fracaso. Es la modernidad, el piercing en la lengua del voto.

 

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Mi egregia figura está siendo muy utilizada en el reino. Concretamente su capital, Madrid, regida por una de mis secuelas, está tomando decisiones que me hacen justicia. El cambio de nombre de las calles, por ejemplo. Los Caídos de la División Azul. Era ridículo que un montón de héroes que dieron su vida por sus ideales, o simplemente mostraron un valor por encima del deber, y que han sido ejemplo para el mundo, tuvieran una calle como homenaje. Se reía de ello todo el mundo, que, bien es sabido, aborrece la hombría y la generosidad, falsas cualidades que ahora se suplen muy fácilmente. Y como este caso, muchos, algunos con nombres de general, cuya ejecutoria noble y leal sirve como trampolín para su derribo, ya que, dicen los magnates del municipio, ahora me toca a mí. No sé cuánto durará mi reinado, pero estoy pasándolo de lo lindo con estas coyundas políticas, que más hubieran querido los torpes griegos que me crearon.

Por cierto, propongo estos nombres: En vez de Plaza de España, Plaza del padrecito Stalin. Paseo de la Castellana, Paseo del 17 de octubre. Mártires de Paracuellos, 18 de Brumario, etc.

Os envío esta carta algo tarde. Esperaba que después de la repetición de elecciones no intentarías fabricarme de nuevo, pero veo que eso es un desiderátum inútil, así que, para no morirme de asco en el cajón de mi fabricante, me lanzo al aire de este blog volandero.

Con mis mejores deseos para esta nueva etapa de confusión y pillaje, os envío un espantoso rugido, toda vuestra,

Quimera.

Las tribulaciones de un bachiller.

20 septiembre 2016

Resumen de texto

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Mi hija de 15 años -casi 16- me pide ayuda. Tiene que resumir un texto poético. De Bécquer, por más señas. Un poco peñazo. Y tiemblo, porque ¿Cómo se resume un poema? Eso es de nota. Quiero ayudarla, y, naturalmente, lo hago mal.

Después de que su profesor desaprobara el ‘resumen’ que hizo mi hija con la torpe ayuda de su padre, miré en esto de internet cómo la ortodoxia resume un poema, y descubrí la forma de hacer un comentario de textos hic et nunc que diría el despechado.

Sigo sin saber cómo se resume un poema, pero he aprendido que los trabajos del colegio o el instituto hay que hacerlos como dicen los manuales, ateniéndose a reglas. En fin, que mi hija ha perdido, gracias a Dios y a mi ignorancia, un torpe báculo para sus letras. Este pobrecito hablador.

No seré yo quien discuta si el sistema está bien o mal. Pero voy a intentar analizar un contenido modélico, que encuentro en la red, este engendro de vicios y virtudes del mundo. No escojo, simplemente tomo el primero que encuentro. Y es éste:

¿Volver? Vuelva el que tenga,

tras largos años, tras un largo viaje,

consciencia del camino y la codicia

de su tierra, su casa, sus amigos.

Del amor que al regreso fiel le espere.

Más ¿tú? ¿Volver? Regresar no piensas,

sino seguir libre adelante,

disponible por siempre, mozo o viejo,

sin hijo que te busque, como a Ulises,

sin Ítaca que guarda y sin Penélope.

Sigue, sigue adelante y no regreses,

fiel hasta el fin del camino y tu vida,

no eches de menos un destino más fácil,

tus pies sobre la tierra antes no hallada,

tus ojos frente a lo antes nunca visto.

Luis CernudaPeregrino

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TEMA:

La conformidad del poeta a vivir en el exilio junto a su sentimiento de desarraigo.

RESUMEN:

Cernuda expone la contradicción del sentimiento que siente hacia el exilio y los exiliados. Como entiende y acepta a quienes sufren la llamada de su tierra y comparte el sentimiento de aquellos que no necesitan buscar en sus raíces la comodidad de una vida más sencilla.

 

Luego siguen:

Organización de ideas

Comentario crítico

Etc.

 

Lo primero que se me ocurre es que habrá aún gente que diga que esto de las letras es fácil. Yo creo que es mucho más complicado que unas cuantas formulitas, logaritmos y problemillas. Aquí te la juegas con algo más etéreo, pero concreto, difuso, pero no confuso, o confuso, pero no difuso, tautológico pero diferenciado, y me paro a descansar, porque acabaré pasándome a ciencias.

Lo inmediato a esto es que entre Tema y Resumen se intenta colocar una barrera diferencial estricta y a mí se me escapa. Como no soy el examinando y mi ausencia de las Academias me concede el lujo del anonimato, planteo ese dilema, irresoluble como todos, de si el tema no se confunde con el resumen y viceversa.

Y esas referencias mitológicas o más concretamente la recurrencia de la odisea, como tumulto y vorágine de lo que va y regresa, un Eneas y un Ulises, Virgilio y Homero, me hacen pensar en el gran Dámaso Alonso y su exégesis del Polifemo, cuando era del año la estación florida. Así que convoco a las musas del teclado y tropiezo con que otros factores de la gramática suprimen, tras el epígrafe Tema lo del Contenido, y pasan a Estructura. Me parece más razonable, no sé si más racional… Porque, de resumir el contenido sin citar esos puntales del verso, parecería que estábamos soslayando la esencia del poema. Resumen, que yo sepa o supiera o supiese, es o era exposición breve de las ideas principales o partes de un asunto o materia.

O sea que un poema no se puede resumir. Y si se intenta debe contener parte de lo que dice, que siendo poesía no es tautología.

Otra cosa es comentar, es decir, entrar en la estructura.

¿Qué diría el gran Cernuda a Gerardo Diego o Aleixandre de este resumen, así llamado, de su poema? Imagino a Lorca o Valle Inclán, y desde luego al Darío cuyo centenario soportamos, contemplar segados por el bolígrafo de los temarios de estudios sus sufridas letras y llevar a galeras a sus ejecutores.

Juego intelectual liberador del raciocinio lógico, esa es la magia de la palabra poética. Por favor, dejad que los alumnos digan lo que quieran, pues de otro modo acabarán leyendo aún menos.

Y por si mi ignorancia no pudiera ser bendecida por un ápice de comprensión por parte del sabio, tropiezo con este otro trabajo de Hércules. Es lo que dicen que debe contener un comentario de textos poéticos. Debe haberlo fabricado el gran Sadoc, oculto en su mesa de tareas Masoc:

EL COMENTARIO DE TEXTOS POÉTICOS 1. Lectura comprensiva 2. Localización y contextualización Como texto literario (género, subgénero, prosa o verso…) Como texto inserto en la Historia de la literatura (autor, obra a la que pertenece el texto, fecha de composición, época, escuela literaria…). 3. Breve resumen del texto y tema – Tema o idea central – ¿Tópico literario? – ¿Tema habitual del autor? 4. Estructura – Externa – Interna 5. Forma Nivel pragmático-textual – Funciones del lenguaje – La voz poética y el tú receptor Nivel fónico – Esquema rítmico – Figuras literarias – Encabalgamiento e interrogación retórica Nivel morfosintáctico – Estilo nominal/verbal – Tipo de oración – Orden de los elementos oracionales – Figuras literarias 5.4. Nivel léxico-semántico – Frecuencia de determinados tipos de palabras – Riqueza léxica – Arcaísmos, cultismos, neologismos, vulgarismos… – Homonimia, polisemia, antonimia. – Figuras literarias 6. Valoración crítica ANEXOS I. Métrica II. Tópicos literarios III. Principales subgéneros

Etc.

Creo que Einstein introdujo una llamada ‘constante cosmológica’ en sus ecuaciones, para que le cuadrase eso de la curvatura del espacio tiempo… un capricho intuitivo con el que acertó. Nosotros introducimos la variable del instinto. Hay que leer, leer y escribir, y, por favor, más libertad de pensamiento y lenguaje. Menos estructura o acabaremos todos en el nomenclátor.

 

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El comentario sobre Cernuda termina así:

“Finalmente podemos concluir diciendo que en la actualidad la personas que pueden llegar a arriesgar su vida por sus ideales son escasas.

Con esta obra Cernuda se despedirá finalmente de la escritura, siendo ésta su expresión más clara y apasionada de la vida y de su deseo más apremiante: El encuentro con la deseada libertad”.

Y digo yo: ese hegeliano punto final… cuanto más puro bien definido y espléndido es el edificio del entendimiento… más fuerte es el deseo de la vida por escapar de él hacia la libertad… ¿No será una trampa para mixtificar la igualdad?

¿De verdad querría eso Cernuda, sería esa su voluntad poética?

No opino sobre ciertos adjetivos, que resultan impropios, a mi juicio, como el ‘escasas’, atributo de persona…

Pero me da igual. Por lo de igualdad, claro. No me interesa ahondar más. Inter-esse, lo que está entre nosotros. La voz a ti debida.

Si hasta hay obras para mirar y no para leer…

 

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EL PACTO

1 septiembre 2014

EL PACTO

Le encontraba todos los días en el mismo banco del Parque de Berlín, a la misma hora, cuando el sol daba sus últimos tumbos -¿o eran pinceladas?- por el horizonte, dejando sus matices de ocre y sueño, según el caso, en todos los cristales.

Así se lo parecía a él, no es cosa mía.

-¿Ves? El sol se tropieza ahora, justo con el tendido eléctrico que esas torres sostienen como las venas de un cíclope.

Luego, reflexionando, me miraba, los ojos grises algo nublados siempre.

-En realidad es el ojo del cíclope. Tal vez se haya despistado con la montaña.

El Escorial también reflejaba, al sur del monasterio, eso que llamamos rayos del sol. Él no pretendía ser poético. Nunca escribía, por otra parte. Yo me apresuraba a anotar sus comentarios, con la plena conciencia de hacerlos míos, un plagio inerte, esa trampa con que se nutre la falta de talento.

-Está pintándose los labios. No sé si es una chica o un travesti.

Reía con el impreciso ritmo de una asístole, como si su corazón y sus pulmones fueran de otro y estuviera acostumbrándose a ese cuerpo extraño.

Esa sí era mi reflexión. Nunca se la trasladé. Él era consciente de que yo estaba allí para acompañarle, y mi presencia no estorbaba su soledad. La acogía casi siempre con un minuto de silencio. Luego, el rito del sol, la risa a borbotones. La eterna mirada gris.

-Sé lo que estás pensando…

Abrió los brazos como un predicador dirigiéndose a los amadísimos hermanos, como un charlatán en la feria, como… Pero no, era otra cosa. Como si fuera a volar.

-Piensas que estoy loco. –Asintió, dándose la razón-. Pues claro. Lo estoy. –Hizo un gesto con los dedos, pellizcando el aire-. Pero no lo suficiente. Si estuviera lo suficientemente loco, el Estado se haría cargo de mí. Así, a medias, nada, ni caso.

Sacó del bolsillo un papel sucio, arrugado, que estiró concienzudamente sin dejar de mirar el último rasgo del poniente. Tarareaba unos compases de Vivaldi. ‘La primavera’. Me tendió el papel llevando el ritmo, un director de orquesta con la extraña batuta del papelazo. Lo leí.

Era una receta. Medio borradas, las prescripciones que debían ser psicofármacos o algo por el estilo.

-De mi psiquiatra. Cuando iba a verle. Decía que con esto me encontraría mejor… -Se echó a reír como nunca. A carcajada limpia. Con el ritmo sinusal, una regularidad de patio de butacas repleto de público fervoroso. Yo había pensado antes en ese tipo de risa, en el grito colectivo y unánime que a veces logran los cómicos, y les hace grandes. Luego pensé en la radio, en la tele… En las carcajadas facilotas de las tertulias y los telefonazos que líderes de opinión arrancan con esos realities de tres al cuarto: ‘A ver, cuéntenos qué le sucedió cuando…’. Él reía con lágrimas, pero no me contagiaba. Casi incómodo, le devolví la receta.

-¡No, no! ¡Quédatela, de recuerdo…! Me marcho mañana, y como has sido mi amigo este tiempo, te regalo parte de mi vida.

Me dejó sin palabras. Quiero decir, con la mente en blanco, porque ya digo que en aquellos encuentros yo hablaba poco, tomaba notas… ¡Las notas! Ya había conseguido un pequeño diccionario de citas, pensaba intercalarlas como si fueran de distintos autores en alguno de mis artículos de ‘El cultural hebdomadario’. Brindárselas, por gala de creador, al crítico del periódico…

Pensé en esos autores que encuentran una fuente… y de ella mana todo cuanto son. Artesanos hábiles de un agua fresa y radiante, oculta en la montaña, cernida a laderas de otro, ausente o muerto, o desconocido, o falseado. Yo ni siquiera tenía esa habilidad, o esa fortuna. La mía era el trabajo duro, Salieri de tercera frente a tanto Mozart. Había leído obras que copiaban autores del fecundo siglo XVI, del travieso XVII. Personajes, aventuras, dichos, todo estaba allí. Pero nunca se me ocurrió señalar con el dedo, quevedianamente, porque, en el fondo, era envidia y no celo lo que sentía.

“Dejemos esto” –me dije en aquel momento, cuando él ya rebullía inquieto en el banco, porque después del poniente regresaba a San Rafael para cenar y dormir, acogido por los hermanos de San Juan de Dios y los voluntarios. Y luego, en voz alta, seguí, escuchándome a mí mismo:

-¡Pero qué vas a hacer, hombre! –Le miré a los ojos. Había recogido en ellos un dorado suelto, la pincelada chorreante del sol en un espejo sucio-. ¡Aquí podemos cuidarte, aquí estás bien! Mira –señalé la receta, cuyo tacto me pareció de pluma seca y dura, una paloma disecada- Mañana te compraré estos medicamentos. ¡Te sentarán bien!

Me di cuenta de que había pronunciado sus mismas palabras, con una variante tan ligera que las hacía aún más despreciables. Sonrió. Luego, pausadamente, se levantó y alzó los brazos, estirándose, desperezándose, tan tranquilo.

-Lo hago mucho. Como los gatos. Me sienta bien. Tú deberías hacerlo, para poner más derechas esas cervicales –señaló mi cuello, como quien informa de una señal de tráfico-. Aunque vosotros tenéis poco remedio.

Vosotros… ¿A quién se referiría? No pregunté. Esa cuestión quedaba para mí. Se marchó despacio, con su periódico atrasado bajo el brazo. Al poco, se volvió.

-Sólo me preocupa el pacto.

Se detuvo. Me daba la espalda, pero seguía hablando. Me aproximé.

-¿El pacto?

-Sí, verás. Todos tenemos una misión que cumplir en el mundo. ¿Lo sabes, no? ¡Claro! Lo sabe todo el mundo… Es el pacto con la vida. Tú, por estar vivo, tienes que intentar hacer las cosas lo mejor posible. Y me preocupa no cumplirlo. Por eso, a veces, pienso que debería tomarlas… -Señaló el papel que aún tenía yo en la mano-. Porque si uno está bien, hará bien… Y si no…

Parecía enfrentarse a un dilema crucial. ¿Acaso era la primera vez? No. Comprendí que era el leiv motiv de su sinfonía. Un movimiento desparejado en la pieza musical. Tarareó de nuevo a Vivaldi. Acordes de ‘El invierno’. Los entremezclaba. Me guardé la receta en el bolsillo y le pasé el brazo por los hombros.

-Vamos, te acompaño al hotel.

SUBPRIME

11 septiembre 2013

SUBPRIME

11 septiembre 2013

SUBPRIME

La sala Guirau del Teatro Fernán Gómez tiene unos sillones tan cómodos que si no te aburre la función te echas un sueñecito, y en paz. O te relajas plácidamente dejando pasar el tiempo. En el Amaya, por ejemplo, eso es imposible si mides o pesas algo más de la media hispana de los sesenta, antes de las vitaminas y la dieta mediterránea con tostadas al aceite de oliva virgen extra primer prensado en frío. Lo mismo pasa en otras salas ya anticuadas, y en los cines; de ahí que sean una gozada las del Kinépolis, Cinesa, Dreams Palacio de hielo…

Con ‘Subprime’ no te duermes, ni te aburres. Si acaso, no te enteras. No te duermes porque los actores gritan como posesos, no sé si para corregir una acústica deficiente, por orden del director de la pieza, o porque los ejecutivos agresivos, los políticos y los pacifistas chantajistas saben que para hacerse oír hay que chillar. Y no te aburres porque el guión impone atención constante al movimiento de los actores, y los magníficos efectos audiovisuales coordinados –no sé si se llaman efectos o es simple técnica de la que hoy maneja cualquier adolescente espabilado- te mantienen en suspense, como los reality shows.

Lo de enterarse, pues tal vez sea harina de otro costal. Un diálogo de noventa minutos con los trapicheos de las trapisondas financieras y políticas, todo ese conjunto terminológico de males sin mezcla de bien alguno que es el infierno capitalista, requiere una traducción simultánea.

En ocasiones uno teme que los actores sufran cierta apoplejía, con la tensión que imponen sus personajes y lo bien que la asumen, porque para ser un tiburón de las finanzas o un vicepresidente del gobierno hay que desayunar estrés con mantequilla de cacahuete, importada de los USA. Claro que el entorno del Ibex 35 y el petróleo de Canarias simplifica mucho el genio celtibérico, que a lo mejor copió Michael Douglas en sus papeles de La City.

SUBPRIME aporta al teatro tradicional un recurso muy bien impostado, el de la tecnología audiovisual, y lo que el autor llama con acierto vivencia on line de los acontecimientos de la historia. Una historia técnicamente bien llevada, bien interpretada –con algún exceso, esa sobreactuación más que ocasional- y confusamente creíble, que es la manera más verosímil de creer algo, porque las apariencias engañan siempre.

Sobre todo con las mujeres: no te fíes de ninguna, ni de la propia, especialmente si se pone demasiado cariñosa así por las buenas. Algo tiene que ocultar, o algún plan tiene del que tú ni te enteras.

Por eso la única mujer que sale en SUBPRIME no habla ni actúa sobre las tablas, y a pesar de ello es el personaje más importante de la trama.

Adeu, seny, adiós.

11 septiembre 2013

Hitler en Buckeberg (1934), en medio de la parafernalia nazi

ADEU, SENY, ADIÓS.

¿Os lo digo ya? Creo que la cosa está hecha. Ya se ha pactado una consulta light -¿se escribe así? Me niego a contrastar lo escrito con los estúpidos correctores  del gúguel et alia- y más tardé, verem… Creo que se acentúa. Pero soy castellá, de los de la sangre bermella, -o vermella, que entre el pedantísismo Vaugham, su gurú Elenita cuentacuentos y la subida a los alturas del british estoy de idiomas hasta el occipucio-. Además, mi ignara generación, en la que sólo leíamos, hacíamos doctorados, diplomaturas, cosas simples, carreritas en universidades repletas de docentes que se preparaban las clases y escribían libros… pues por desgracia cultivaba menos las lenguas extranjeras, entre las que no se incluía el euskaldún o euskera, el catalá, o tributario de la madre occitana, la lengua de OC, el depauperado galelo, los brillantres valenciá, balear o malloquí, que no es lo mismo que el mahonés, algo galibritanizado o los extraños andalusí, castúo, ovetense –te juro que hoy no compruebo nada, viva el altheimer- y el errabundo pitido de El Hierro… En esto de mi generación et circa no entran los muchos que dominaban el alemán –sobre todo filósofos- el francés lenguaje de los diplomáticos, y el perenne, pero no omnipresente y cansino, como ahora, inglés.

Y la cosa está hecha, digo, porque la política, si no es guerrera, es cobarde, y toca aguantar. Las palabras que oímos, las imágenes que vemos, los comentarios que leemos, son demoledores. Esto se cae, como las tetas y la llave inglesa.

Hace un porrón de poco tiempo, que son tres días, allá por los treinta –las figuras literarias sirven para contradecirse- una nación, histórica, con proyecto común, centenaria, castigadas por guerras de religión y de las otras, si es que hay otras, … No: No es España y el 31… ¡Malpensados!- la pangermania, elevó a los altares del imperio milenario a un líder, que llevó al mundo al caos un tiempecito. Todo el mundo estaba contento: les había convencido -¡a millones!- de que vivían injusticias históricas y era ya el tiempo de liberarse, de independizarse de las servidumbres del resto del mundo, que les oprimía, y sobre todo de quienes hasta entonces eran sus allegados, los ciudadanos que le había procurado riqueza y bienestar. ¡Todo fue estigmatizado, con la alegría y el consenso del ‘pueblo’. ¿Todo el pueblo? ¡No! ¡Pero ellos, los del desfile, decían que sí! Los mismo que luego en España, en el 36, unos se llevan las reservas de oro, y otros se arrogan el palio y las albercas, unos asesinan en Paracuellos, otros en donde toque, etc, etc.

Esas falacias sirven para que ‘los buenos’ diseñen falsos días de la infamia, como cuando  engañaron al mundo diciendo que no sabían que el sol naciente iba a atacar el puerto de la perla, -por eso se llevaron a los portaaviones-lo mismo que en el 98 dijeron que los españoles eran unos peligrosos asesinos  hundiendo sus propios barcos,  y haciendo trizas los restos decrépitos del imperio hispano.

La venganza -que es lo único divino que nos asemeja al hacedor- estaba escrita, en forma de H y A. Lo mismo sucedió cuando el lugarteniente del líder cósmico visitó al egregio gordo del puro, que no quiso pactar porque guardaba toneladas de bombas para Dresde y un porrón de trazos en los mapas del mundo.

 Cobardes apoyando sus mentiras en la buena gente, carne de cañón o de mani.

La historia se escribe en los contubernios de El Mundo, digo del mundo, y tiene las líneas más torcidas que un astigmata sin anteojos.

Ahora, por acortar el meandro, la cosa es más leve. Pero sigue siendo de cobardes. Cobardes los enmascarados que queman símbolos respetables y agreden a a quienes no piensan como ellos, los detentadores de la verdad. Y cuando se toleran sus atropellos a los derechos que todos pagamos, cobardes son quienes nos custodian. Cobardes y estúpidos los políticos empeñados en guadañarse las piernas con gilipolleces mientras el Congreso se llena de cagadas de paloma, mezcladas con la lluvia de estos providenciales goterones del otoño. Un aviso del cielo. La-Joy, el mandarínd de la paciencia, ordenará espelal. Y mientras tanto, como sucedió a los romanones, digo a los romanos, los bárbaros se apoderan de Bizancio. Y todos a cagar.

Adiós, seny, adiós. Cuando un montón de gente, cuatrocientos mil, se une de las manos, y dicen que son millones, aunque no salgan las cuentas de los metros ni de las pastas, no, de las patas no, del parné: Dicen que han pagado doce euros por persona, lo que multiplicado por dos millones –sin exagerar…- son 24 millones de eurazos, que da para un atraco. Digo para un reparto. Los políticos en Expaña son ricos, y Bar el Cenas lo sabe. Por eso andan tranquilos, los Bildu, con el presupuesto que les regaló el Constitucional, han acudido al país de Oc, ellos, que tampoco han tenido NUNCA un proyecto independiente histórico político. El mito de las nacionalidades históricas es un timo genial. Hace más de mil años que todos ellos se unieron a la gran Castilla, esquilmada para defenderlos, a lo largo de los siglos. Es pobre porque ha dado todo. Como Alejandro, que tenía sus tesoros en los bolsillos de sus amigos, ésos que acabaron asesinándolo porque aún querían más. Mas. Los que se cargaron a Julio porque era César, y mandaba. Mas.

Esta mañana, día de la Diada, conmemoración de un patriota español, Casanova, a quien se le atribuyen más mentiras que los textos académicos catalanes a la historia de España, los ángeles de la Providencia divina se han meado en el Congreso. A Obama también le ha pasado, aunque como ellos son más, -no digo Mas, porque este hombre, desde que sueña, se está oscureciendo como Luther- pues lo mismo es popó, en marronazo y está que trina porque le habría encantado, entre discursito y discursito, apretar el botoncito. Y los agujeros del techo, esa parte, allá por lo alto, tapando el cielo, o el raso, o al vecino de arriba, esa parte de la casa común que sirve para guarecer a sus habitantes y librarlos de las inclemencias del tiempo –oh tempora, oh mores!- esas caóticas goteras que han empapado los legajos y los Ipod, los Ipad, los Blutz, los móviles con sus wasas, o guasas, mensajitos, portátiles lloenos de faces y de twiters, las calvorotas coronillas y las melenas o desmelenas de las polis y sus prête a porter, son un símbolo que ya quisiera interpretar en el baño el bueno de Sigmund –el del Nibelungo, claro- o sea que esto no hay quien lo remedie, y hasta el cielo está contra el Estado.

-¡Ya mea el cielo,y no meo yo!

Mi tío Pepe lo recitaba, falso Zorrillo, Don Juan orgiveño, para mofarse del ripio: Llamé al cielo, y no me oyó.

¿Qué tal irá de próstata el president? ¡Mira que si encima duerme de un tirón!

Otras entradas de mi blog: www. amadorgarciacarrasco.wordpress.com

Pequeño homenaje a las mamás de alumnos de 3º de primaria del cole San Francisco de Asís.

23 mayo 2013

El Espíritu Santo como paloma blanca

                               LA PALOMA DEL RÍO JORDÁN

Caminaba el buen aquinatense, orondo y coloradote, como una manzana Redlove, pensando en sus cosas, a saber, el Pange lingua, la Suma Theologica, el Tantum ergo… cuando se le ocurrió.

            -¡Dios habla a través de la recta razón!

Un fámulo acarreador de incunables, que iba a su zaga, por encargo del prior, llevando los recados de lectura y escritura –la inspiración llega en cualquier momento, si estás preparado- dio un respingo.

            -¡Maestro! ¿Acaso debo haber escuchado algo importante que venga de…

Señaló una nube color panza de burro allí arriba. Si se demoraba el paseo, iba a pillarles la tormenta.

Tomás se echó a reír. Una costumbre que le molestaba, porque sabido es que la alegría engorda y esas expansiones añadían unos gramos a su nutrida anatomía. Contestó en silencio, o sea, que no dijo nada, pero eso ya era habitual –por algo le llamaban ‘el mudo’– y nadie lo consideraba ni siquiera descortés. Bastaban sus gestos, y, desde luego, lo que seguidamente escribiría, con esa facilidad de expresión que torturaba a los jesuitas.

No, no era esa clase de voces. Miró el río, como, supuso, debió hacerlo  el gran Heráclito, y en el agua, que nunca era la misma, hundió sus manos rollizas. Imaginó al niño-ángel junto al mar, cuando Agustín de Hipona quiso meter el infinito en una hoya de la arena con un cubo de juguete… Símbolos. Eso era todo. En el centro del cauce, las aguas comenzaban a agitarse. La gran nube se abrió ligeramente, y un haz de luces plateadas, los habituales rayos del sol que se escapan justo antes o después de la lluvia, cayó sobre el agua.

Tomás miró atentamente hacia lo alto. Acudían a su memoria los versículos de los sinópticos, Mateo, Marcos, Lucas… ¿De dónde habrían sacado los glosadores esa imagen de la paloma? El caso es que así era el literal del texto canónico: Descendió sobre Jesús el Espíritu Santo en forma de paloma… y del cielo abierto una gran voz anunció: “Este es mi Hijo muy amado…”

El Paráclito, el emisor de la fuerza, que desde ese momento iba a aportarla al Hijo del hombre y más tarde a sus discípulos, a María, su madre, en Pentecostés. Entonces bajo la figura de lenguas de fuego, de viento impetuoso

Como si la naturaleza leyera su pensamiento, una ráfaga de aire alborotó los hábitos del dominico. El fámulo resguardaba como podía los materiales y pertrechos que cargaba, y a punto estuvo, como la burra de Balaam, de protestar a su amo, pero en realidad no era el maestro quien le castigaba, sino la impaciencia. Era martes, y el refitolero preparaba ese día su plato favorito. A esa hora, la gazuza le cosquilleaba los entresijos, y miró suplicante a Tomás. Éste le devolvió la mirada, y, cosa insólita, empezó a hablar. No como predicador y príncipe de la oratoria, sino como un compañero que explica la lección a su condiscípulo.

                  -El Espíritu, en el bautismo del Señor, hizo gala de una representación de lujo, malandrín. –El término, dicho por el sabio, sonaba hasta cariñoso-. Fíjate: El agua, que se convierte en el signo sacramental del nuevo nacimiento. La gran nube y la luz, sus símbolos más destacados. Así descendió sobre la Virgen María para “cubrirla con su sombra”. Y lo mismo fue en el Monte Tabor, en la Transfiguración, y el día de la Ascensión. ¿Recuerdas el Libro? Aparece como una sombra y una nube… ¡Y la paloma: En el Bautismo de Jesús, el Espíritu Santo aparece en forma de paloma y se posa sobre Él.

      -¡Y entonces la paloma lanza una voz impetuosa, que dice: Éste es mi hijo amado, seguid sus instrucciones!

      Tomás, boquiabierto, detuvo la perorata del aprendiz con un gesto de las manos, y al hacerlo recordó que también esa era una manifestación del Espíritu: la imposición de manos los Apóstoles y luego de los Obispos. Al fin, le reprendió.

      -¡Pero, hombre! ¿Te imaginas al ave dando voces sobre el río, en medio de una multitud? ¡Saldrían todos corriendo despavoridos. La voz venía de arriba –en esto resonó el primer trueno, otro símbolo- y no del pico de la paloma… En fin… ¡Quien habla es el Padre, por eso le llama Hijo!

      -O sea, están los tres juntos.

      -No seas irreverente, Calixto. Tienes nombre del Papa que primero señaló el Camino de Santiago, y su Codex es guía de peregrinos; pero andas muy desencaminado a veces… Aunque en este caso aciertes, como el burro de la fábula griega, el que hace sonar la flauta por casualidad.

      -¡Que no es casualidad, maestro! ¡Que lo he comprendido! ¡El Padre, el Espíritu Santo y el Hijo! ¡La Santísima Trinidad!

      -Misterio inefable, amigo mío. –Tomás entrecerró los ojos. Lo hacía cuando pensaba en algo incomprensible, y cuando tenía hambre. Calixto rezó para que fuera lo segundo. La teología, e incluso la filosofía, con esas respuestas incomprensibles a problemas insolubles, no era para él. Otras cosas le hacían feliz, y no envidiaba el talento del gran hombre a quien servía.

      -¡Y ahora, vámonos, que pronto tocará el Ángelus, y además vamos a empaparnos! ¡Otra señal del Bautismo de Cristo!

Calixto recogió pletórico sus vituallas. Había comprendido bien el lenguaje simbólico de Tomás de Aquino. ¡Iban a comer! Hicieron muy rápido el viajecillo de regreso. El portero abrió las escotillas por las que a duras penas, arañando las paredes, se introdujo la humanidad del aquinatense. Se resistía a que le abriesen la puerta grande, presumiendo de que él cabía por cualquier entrada, y como figura egregia de la Orden, todos respetaban su excentricidad. Tomás era humilde y callado, pero muy cabezota también.

Cuando llegaron al refectorio ocuparon su lugar en la mesa. Y comenzó el ritual del condumio. El cocinero abrió la gran perola, y sirvió dos cazos del guiso en un cuenco rústico, de barro cocido, muy limpio. Lo llevó, junto con una cuchara de madera, hasta el sitio de Tomás. Éste bajó la cabeza, oró unos instantes, y olfateó sobre el plato.

      -¡Patatas con costillas! ¡Bendito sea Dios!

Luego tomo un bocado de caldo con carne, masticó despacio, tragó delicadamente. A continuación repitió, miró sonriente al prior, y golpeó el brazo del refitolero. Era la señal. Fueron sirviendo a todos la comida, y un aroma al plato preferido de Calixto se extendió por el refectorio, como el más exquisito perfume.

Tomás susurró al oído del cocinero.

      -Que santa Marta, hermana de Lázaro el resucitado y de María, la primera que vio al Señor cuando salió del sepulcro, tu patrona, siga favoreciéndote con sus dones.

El lector, desde su pequeño púlpito, leía el capitulo tercero del Evangelio de San Lucas. Cuando el texto llegó al Bautizo del Jesús, Calixto recordó su imagen de la paloma dando grandes voces sobre el Jordán  Estaba seguro de haberlo leído así. Tal vez en los escolios de algún copista. Echó un vistazo a su maestro, que tenía los ojos cerrados, degustando su segundo plato de guisillo. ‘La actividad intelectual desgasta mucho’, pensó.

Tomás, en aquel momento, dudaba si aportar un corolario al argumento ontológico de Anselmo, sobre la existencia de Dios, o diferenciarlo con otro lógico, al estilo del viejo Aristóteles, su amigo.

Fuera, arreciaba la tormenta. Los cristales de la grande y austera sala iban empañándose poco a poco.

Fábulas (10) de Xi-Pan-Ya.

7 abril 2013

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13.- EL DUQUE VANIDOSO

LA-XUÍ, primer ministro del reino de XI-PAN, salió en su carroza. Sumido en sus pensamientos, preocupado por los graves problemas del reino, adoptaba una actitud reflexiva y serena, sin darse importancia alguna. Quienes le saludaban admiraban lo sencillo que era, sin darse ninguna importancia.

En medio de la carretera el coche del primer ministro tuvo que dejar paso a una enorme carroza, guiada por fogosos caballos negros, enjaezados ricamente. Hasta el cochero parecía más importante que LA-XUÍ.

-¿De quién es esa carroza tan lujosa, guiada con tal prepotencia que hasta el primer ministro tiene que apartarse para evitar un choque mortal? –Se preguntaba la gente, sacudiéndose el polvo levantado al galope de las caballerías.

-Es del duque de PU-YÓ –contestaron algunos, con los ojos llenos de miedo y de envidia. Viene a pedir dinero para los gastos de su gobierno.

-¡Pues ya podía comportarse con más modestia! ¡Más que a pedir, por su conducta parece que viene a tomar algo por la fuerza! ¡Ese LA-XUÍ debería darle una lección!

 

De las crónicas de YEN-SI. El duque vanidoso.

 


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